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Palacio del marqués de la Motilla.
El palacio del marqués de la Motilla
ocupa una privilegiada esquina entre las calles Laraña y Cuna, en pleno centro
histórico de Sevilla. Se trata de uno de los edificios más singulares de la
arquitectura sevillana del siglo XX, cuya inconfundible silueta, presidida por
una elevada torre almenada de inspiración florentina, constituye uno de los
perfiles más reconocibles de esta zona de la ciudad.
Palacio del marqués de la Motilla
Su construcción está estrechamente
ligada a las grandes reformas urbanísticas emprendidas en Sevilla durante las
primeras décadas del siglo XX. El ensanche de la calle Laraña obligó a
modificar profundamente la antigua residencia de los marqueses de la Motilla,
levantando una nueva fachada adaptada a la alineación de la vía. Para ello, el
propietario encargó el proyecto al prestigioso arquitecto italiano Gino
Coppedè, uno de los máximos representantes del eclecticismo europeo, mientras
que la dirección técnica de las obras recayó en el arquitecto valenciano
Vicente Traver y Tomás. El proyecto fue concebido entre 1921 y 1924, aunque las
obras avanzaron lentamente debido a las dificultades derivadas de la
remodelación urbana y no concluyeron hasta 1931.
La construcción responde plenamente al
gusto historicista que caracterizó buena parte de la arquitectura de comienzos
del siglo XX. Frente al predominio del regionalismo sevillano de aquellos años,
el marqués optó por un lenguaje arquitectónico inspirado en la Italia medieval
y renacentista, dando lugar a un edificio absolutamente excepcional dentro del
panorama urbano hispalense.
El elemento más llamativo del conjunto
es su torre-mirador, de planta rectangular y unos veinticinco metros de altura,
realizada en ladrillo visto y rematada por una poderosa corona de almenas. Su
diseño está inspirado directamente en la célebre torre del Palazzo Vecchio de
Florencia, uno de los edificios civiles más emblemáticos del medievo italiano.
Esta influencia se aprecia no solo en las almenas, sino también en el
característico denticulado del voladizo superior y en las ventanas geminadas de
arcos apuntados, separadas por delicadas columnillas, que evocan la
arquitectura gótica florentina.
Torre-mirador
El resto de la fachada que se abre a la
calle Laraña mantiene el mismo lenguaje arquitectónico. Un coronamiento almenado
recorre todo el edificio y, bajo él, una elegante galería de arcos de medio
punto aporta al conjunto el aspecto de un palacio urbano italiano. La
combinación de ladrillo, piedra y elementos decorativos cuidadosamente
proporcionados dota a la fachada de una notable monumentalidad, muy diferente a
la arquitectura tradicional sevillana.
Galería
Detalle de la puerta de entrada por la calle Laraña
La fachada a la calle Cuna, presenta un cuerpo de carácter regionalista presidido por un
elegante mirador. Ambos frentes quedaron unidos mediante un original muro en
ángulo, inspirado igualmente en modelos medievales, abierto por una sucesión de
arcos apuntados y presidido por un amplio balcón volado con antepecho de piedra
calada.
Detalle
del balcón
Tras este cerramiento se dispuso un
pequeño patio-jardín, una solución poco habitual en la arquitectura doméstica
sevillana, ya que rompe con el tradicional esquema del patio central para
convertir el jardín en un elemento visible desde el espacio urbano.
Aunque su aspecto recuerda a un
castillo medieval, el edificio incorpora soluciones constructivas propias de la
arquitectura contemporánea de su tiempo, convirtiéndose en una brillante
síntesis entre tradición e innovación.
Detalle de ventana germinada
El interior del palacio conserva
amplios salones, patios, escalinatas y una importante colección artística
reunida por la familia durante generaciones. Entre las obras que
tradicionalmente albergó destacan un retrato del general Antonio Ricardos
realizado por Francisco de Goya y un lienzo de la Crucifixión atribuido a El
Greco, además de valioso mobiliario histórico, pinturas y artes decorativas. El
hecho de haber permanecido habitado durante casi un siglo contribuyó a la
excelente conservación de buena parte de este patrimonio.
Galería de entrada
Patio de entrada
Detalles decorativos sobre los capiteles del patio
principal (CC BY 3.0)
Escultura de mármol en la galería del patio (CC BY 3.0)
Escalera principal (CC BY 3.0)
Detalles decorativos en la escalera principal del
interior del patio (CC BY 3.0)
Armadura de la escalera principal (CC BY 3.0)
Estancia anexa al patio secundario (CC BY 3.0)
Por su extraordinario valor
arquitectónico, el edificio ha despertado también el interés del mundo
cinematográfico. Sus estancias sirvieron como escenario para varias
producciones audiovisuales, entre ellas la serie La
Peste, cuya recreación de la Sevilla del siglo XVI encontró en este
palacio un marco de gran autenticidad y belleza.
Durante décadas fue la residencia de la
familia Solís, marqueses de la Motilla, convirtiéndose en uno de los palacios
privados más conocidos de Sevilla. Desde sus balcones numerosas personalidades
han contemplado el paso de las procesiones de Semana Santa, mientras que sus
salones han acogido acontecimientos familiares y sociales de la aristocracia
sevillana. En 2023 el inmueble cambió de propietario tras ser adquirido por el
empresario cordobés Mario López Magdaleno, poniendo fin a casi un siglo de
vinculación con la familia que impulsó su construcción.
Hoy, el palacio del marqués de la Motilla continúa siendo una residencia privada y no puede visitarse habitualmente.
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