jueves, 2 de julio de 2026

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Palacio del marqués de la Motilla.

El palacio del marqués de la Motilla ocupa una privilegiada esquina entre las calles Laraña y Cuna, en pleno centro histórico de Sevilla. Se trata de uno de los edificios más singulares de la arquitectura sevillana del siglo XX, cuya inconfundible silueta, presidida por una elevada torre almenada de inspiración florentina, constituye uno de los perfiles más reconocibles de esta zona de la ciudad.

Palacio del marqués de la Motilla

Palacio del marqués de la Motilla

Su construcción está estrechamente ligada a las grandes reformas urbanísticas emprendidas en Sevilla durante las primeras décadas del siglo XX. El ensanche de la calle Laraña obligó a modificar profundamente la antigua residencia de los marqueses de la Motilla, levantando una nueva fachada adaptada a la alineación de la vía. Para ello, el propietario encargó el proyecto al prestigioso arquitecto italiano Gino Coppedè, uno de los máximos representantes del eclecticismo europeo, mientras que la dirección técnica de las obras recayó en el arquitecto valenciano Vicente Traver y Tomás. El proyecto fue concebido entre 1921 y 1924, aunque las obras avanzaron lentamente debido a las dificultades derivadas de la remodelación urbana y no concluyeron hasta 1931.

La construcción responde plenamente al gusto historicista que caracterizó buena parte de la arquitectura de comienzos del siglo XX. Frente al predominio del regionalismo sevillano de aquellos años, el marqués optó por un lenguaje arquitectónico inspirado en la Italia medieval y renacentista, dando lugar a un edificio absolutamente excepcional dentro del panorama urbano hispalense.

El elemento más llamativo del conjunto es su torre-mirador, de planta rectangular y unos veinticinco metros de altura, realizada en ladrillo visto y rematada por una poderosa corona de almenas. Su diseño está inspirado directamente en la célebre torre del Palazzo Vecchio de Florencia, uno de los edificios civiles más emblemáticos del medievo italiano. Esta influencia se aprecia no solo en las almenas, sino también en el característico denticulado del voladizo superior y en las ventanas geminadas de arcos apuntados, separadas por delicadas columnillas, que evocan la arquitectura gótica florentina.

Torre-mirador

Torre-mirador

El resto de la fachada que se abre a la calle Laraña mantiene el mismo lenguaje arquitectónico. Un coronamiento almenado recorre todo el edificio y, bajo él, una elegante galería de arcos de medio punto aporta al conjunto el aspecto de un palacio urbano italiano. La combinación de ladrillo, piedra y elementos decorativos cuidadosamente proporcionados dota a la fachada de una notable monumentalidad, muy diferente a la arquitectura tradicional sevillana.

Galería

Detalle de la puerta de entrada por la calle Laraña

Detalle de la puerta de entrada por la calle Laraña
Detalle de la puerta de entrada por la calle Laraña

La fachada a la calle Cuna, presenta un cuerpo de carácter regionalista presidido por un elegante mirador. Ambos frentes quedaron unidos mediante un original muro en ángulo, inspirado igualmente en modelos medievales, abierto por una sucesión de arcos apuntados y presidido por un amplio balcón volado con antepecho de piedra calada. 

Detalle del balcón

Tras este cerramiento se dispuso un pequeño patio-jardín, una solución poco habitual en la arquitectura doméstica sevillana, ya que rompe con el tradicional esquema del patio central para convertir el jardín en un elemento visible desde el espacio urbano.

Aunque su aspecto recuerda a un castillo medieval, el edificio incorpora soluciones constructivas propias de la arquitectura contemporánea de su tiempo, convirtiéndose en una brillante síntesis entre tradición e innovación. 

Detalle de ventana germinada

El interior del palacio conserva amplios salones, patios, escalinatas y una importante colección artística reunida por la familia durante generaciones. Entre las obras que tradicionalmente albergó destacan un retrato del general Antonio Ricardos realizado por Francisco de Goya y un lienzo de la Crucifixión atribuido a El Greco, además de valioso mobiliario histórico, pinturas y artes decorativas. El hecho de haber permanecido habitado durante casi un siglo contribuyó a la excelente conservación de buena parte de este patrimonio.

Galería de entrada 

Patio de entrada

Patio Principal (CC BY 3.0)

Detalles decorativos sobre los capiteles del patio principal (CC BY 3.0)

Escultura de mármol en la galería del patio (CC BY 3.0)

Escalera principal (CC BY 3.0)

Detalles decorativos en la escalera principal del interior del patio (CC BY 3.0)

Armadura de la escalera principal (CC BY 3.0)

Patio secundario (CC BY 3.0)

Estancia anexa al patio secundario (CC BY 3.0)

Salón Coppedè (CC BY 3.0)

Por su extraordinario valor arquitectónico, el edificio ha despertado también el interés del mundo cinematográfico. Sus estancias sirvieron como escenario para varias producciones audiovisuales, entre ellas la serie La Peste, cuya recreación de la Sevilla del siglo XVI encontró en este palacio un marco de gran autenticidad y belleza.

Durante décadas fue la residencia de la familia Solís, marqueses de la Motilla, convirtiéndose en uno de los palacios privados más conocidos de Sevilla. Desde sus balcones numerosas personalidades han contemplado el paso de las procesiones de Semana Santa, mientras que sus salones han acogido acontecimientos familiares y sociales de la aristocracia sevillana. En 2023 el inmueble cambió de propietario tras ser adquirido por el empresario cordobés Mario López Magdaleno, poniendo fin a casi un siglo de vinculación con la familia que impulsó su construcción.

Hoy, el palacio del marqués de la Motilla continúa siendo una residencia privada y no puede visitarse habitualmente. 

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