jueves, 2 de julio de 2026

AREA CENTRO 2

Calle Laraña.

La calle Laraña constituye una de las principales arterias del centro histórico de Sevilla. Se extiende desde la plaza de la Encarnación hasta la confluencia con las calles Orfila y Cuna y la plaza de Villasis, formando parte del histórico eje que comunica la Campana con la Puerta Osario. Su trazado, amplio y rectilíneo, es hoy el resultado de las grandes reformas urbanísticas desarrolladas durante el siglo XX, aunque su historia se remonta a varios siglos atrás y refleja la evolución religiosa, universitaria y comercial de la ciudad.

Desde finales del siglo XVI fue conocida como calle de la Compañía o de la Casa Profesa, debido al establecimiento en este lugar de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, fundada en 1557. Los jesuitas levantaron aquí uno de sus conjuntos religiosos más importantes, presidido por la iglesia de la Anunciación, concluida en 1579, cuya imponente fachada continúa dominando la calle. La presencia de la orden convirtió este espacio en uno de los más transitados de la Sevilla barroca, pues hasta él acudían carruajes, literas y numerosos fieles para asistir a los oficios religiosos y a las predicaciones de los jesuitas.

Calle Laraña 1925

Calle Laraña 1928

La expulsión de la Compañía de Jesús decretada por Carlos III en 1767 marcó un punto de inflexión en la historia de la calle. En 1771 el antiguo colegio jesuita pasó a albergar la Universidad Literaria de Sevilla, circunstancia que hizo que progresivamente comenzara a conocerse como calle de la Universidad. Ambas denominaciones convivieron durante décadas hasta que la reforma del callejero de 1845 oficializó este último nombre. Durante casi dos siglos la vía estuvo estrechamente vinculada a la vida universitaria sevillana, convirtiéndose en lugar de paso cotidiano para profesores y estudiantes. Las crónicas de la época describen incluso la solemne procesión con la que fue trasladada la Universidad al antiguo edificio jesuita, un cortejo académico presidido por el rector, doctores y estudiantes que recorrió las principales calles del centro de Sevilla.

En 1903 la calle recibió el nombre de Laraña en homenaje a Manuel Laraña y Fernández (1815-1903), ilustre abogado, catedrático, rector de la Universidad de Sevilla y senador del Reino. No obstante, el nombre de calle de la Universidad continuó utilizándose durante varios años en documentos oficiales y entre los propios sevillanos, hasta que la nueva denominación terminó imponiéndose definitivamente. En 1935 pasó a denominarse oficialmente Laraña y Fernández, recuperándose en 1949 la forma abreviada de calle Laraña, que conserva en la actualidad.

Calle Laraña. Finales de los años 40

La calle ha sido históricamente objeto de numerosas intervenciones urbanísticas. Ya en 1585 el Ayuntamiento solicitó a los jesuitas que retranquearan la fachada de su edificio para ampliar el espacio público y facilitar el tránsito, una actuación que dio origen a largos litigios con los propietarios de los terrenos colindantes y que no quedó completamente resuelta hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, la transformación definitiva llegaría durante el siglo XX. Los proyectos de ensanche del eje Campana-Osario, aprobados en 1906 y 1911, comenzaron a ejecutarse por fases durante las décadas siguientes. En los años veinte se remodeló el tramo comprendido entre la Encarnación y la calle Arguijo, mientras que durante los años cincuenta se completó la alineación hasta la plaza de Villasis, otorgando a Laraña el aspecto amplio y despejado que presenta en la actualidad.

El patrimonio monumental de Laraña constituye uno de sus mayores atractivos. En la acera de los impares se alza la iglesia de la Anunciación, una de las mejores muestras del manierismo sevillano y antigua iglesia de la Casa Profesa de los jesuitas. Bajo ella se encuentra el Panteón de Sevillanos Ilustres, creado en 1970, donde reposan destacadas figuras de la historia y la cultura andaluzas, entre ellas Benito Arias Montano, Gustavo Adolfo Bécquer, Alberto Lista, Rodrigo Caro, José Gestoso y Amador de los Ríos, además de miembros de las familias Ponce de León y Perafán de Ribera.

Iglesia de la Anunciación

Junto al templo se levanta la actual Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, inaugurada en 1975 sobre el solar que durante casi dos siglos ocupó la antigua Universidad Literaria. Completa este frente urbano el palacio de los marqueses de la Motilla, construido en la década de 1920 según proyecto de los arquitectos Gino Coppedè y Vicente Traver. Inspirado en los palacios renacentistas toscanos, constituye uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura regionalista sevillana, destacando especialmente su esbelta torre.

Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla

Años 40. Paso del Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad  de los Estudiantes. Gira desde Laraña por la plaza de Villasís hacia Orfila

En la acera opuesta sobresalen varios edificios representativos de la arquitectura del siglo XX. Entre ellos figura el inmueble regionalista proyectado por Juan Talavera y Heredia y Ramón Balbuena en 1922, el antiguo teatro Álvarez Quintero, inaugurado en 1950 con el estreno de la comedia Lo que hablan las mujeres, y el edificio de viviendas diseñado por Luis Gómez Estern en 1957, bajo cuyo subsuelo apareció un pozo de noria de época islámica, testimonio del rico pasado arqueológico de la ciudad.

Laraña esquina con Cuna

La proximidad del antiguo mercado de la Encarnación convirtió durante mucho tiempo a Laraña en una calle muy animada. Sus aceras acogían numerosos vendedores ambulantes que abastecían a quienes acudían al mercado, mientras los comercios tradicionales se mezclaban con cafés, pequeños negocios y establecimientos de toda índole. A finales del siglo XIX incluso funcionó aquí la fábrica de cerveza y gaseosas alemana de Dekinder y Unzalu, reflejo del dinamismo económico que caracterizó a esta zona del casco histórico.

Hoy la calle Laraña mantiene su condición de importante eje comercial y de comunicación. Las antiguas viviendas han dado paso en buena medida a oficinas, establecimientos comerciales y locales de hostelería, mientras la Facultad de Bellas Artes conserva el carácter universitario heredado de siglos anteriores. A pesar de las profundas transformaciones urbanísticas experimentadas durante el siglo XX, Laraña sigue siendo una calle donde conviven el legado de la Sevilla jesuítica, la memoria de la antigua Universidad y el intenso dinamismo comercial que continúa definiendo el corazón histórico de la ciudad.

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