martes, 28 de julio de 2026

AREA CENTRO 1

Real Fabrica de Tabacos.

La Real Fábrica de Tabacos constituye uno de los edificios más sobresalientes de la arquitectura civil e industrial del siglo XVIII en Europa y una de las construcciones más emblemáticas de Sevilla. Concebida para centralizar y racionalizar la producción del tabaco, fue durante casi dos siglos el mayor centro manufacturero de la ciudad y símbolo del poder económico de la Corona. En la actualidad alberga el Rectorado y varias facultades de la Universidad de Sevilla, conservando intacta la monumentalidad que la convirtió en una de las obras más ambiciosas de la ingeniería ilustrada española.

La estrecha relación entre Sevilla y el tabaco comenzó poco después del descubrimiento de América. La planta del tabaco fue estudiada en el siglo XVI por Nicolás Monardes, que tenía un huerto con especies del Nuevo Mundo en la calle Sierpes de Sevilla. Gracias al monopolio del comercio con las Indias ejercido por la ciudad a través de la Casa de la Contratación, el tabaco procedente principalmente del Caribe llegaba al puerto sevillano para ser transformado y distribuido por toda Europa.

La primera fábrica de tabacos europea fue fundada en 1620 por el armenio Juan Bautista Caraffa, en unas casas cercanas a la actual plaza de Cristo de Burgos, donde la creciente demanda obligó a sucesivas ampliaciones.

El Estado se hizo con el monopolio de la renta del tabaco en 1636. El Estado arrendaba las fábricas a un intermediario para que produjese y poder obtener ganancias. Entre 1684 y 1687 se suprimió a este intermediario y la Real Hacienda tomó el control directo de las fábricas (antecedente de lo que ocurriría en el siglo XVIII). En 1701 el Estado limitó el sistema de arriendos del tabaco a las producciones al por menor. En 1730 el Estado asumió el control completo de las fábricas de tabacos.

El constante aumento de la producción y la progresiva intervención del Estado en el monopolio del tabaco hicieron necesaria la construcción de un edificio mucho mayor y adaptado a las nuevas necesidades industriales.

La Corona decidió levantar una nueva fábrica fuera del recinto amurallado, en un amplio solar conocido como “las Calaveras”, junto a la Puerta de Jerez, el Colegio de San Telmo y el convento de San Diego, llamado así por haberse asentado sobre una antigua necrópolis romana. Su emplazamiento resultaba estratégico: próximo a la Puerta de Jerez, al río Guadalquivir y al Palacio de San Telmo, facilitando tanto el abastecimiento de la materia prima como la salida de la producción. Las obras comenzaron en 1728 y se prolongaron durante más de cuarenta años, convirtiéndose en uno de los proyectos constructivos más complejos de la España ilustrada.

La dirección de los trabajos recayó sucesivamente en tres ingenieros militares. Ignacio Sala redactó el proyecto inicial y ejecutó la cimentación y el encauzamiento del arroyo Tagarete, que corría por la actual calle de San Fernando, para desembocar al pie de la Torre del Oro; Diego Bordick Deverez reformó el diseño adaptándolo a las nuevas exigencias productivas; pero sería el ingeniero flamenco Sebastián Van der Borcht, con la colaboración de arquitectos y aparejadores locales como Vicente Catalán Bengoechea, Pedro de Silva y Lucas Cintora, quien otorgaría al edificio su configuración definitiva. Bajo su dirección se levantaron la gran fachada principal, los patios, las galerías, buena parte del foso y los edificios anexos destinados a capilla y cárcel, elementos que todavía hoy forman parte inseparable del conjunto monumental.

Las dimensiones de la fábrica son impresionantes. Su planta rectangular, de aproximadamente 185 por 147 metros, sólo era superada en España por el monasterio de El Escorial. Todo el edificio se encontraba rodeado por un amplio foso atravesado originalmente por puentes levadizos, circunstancia que, unida a la presencia de garitas y cuerpos de guardia, le confería el aspecto de una auténtica fortaleza industrial. Esta singular combinación de monumentalidad palaciega y funcionalidad fabril llevó al viajero inglés Richard Ford a definirla como el “Escorial tabaquero”, mientras que el historiador Antonio Bonet Correa la calificó como un auténtico “Palacio de la industria”.

Arquitectónicamente constituye una brillante síntesis del clasicismo y el barroco. La organización general responde a esquemas renacentistas inspirados en Palladio y Serlio, con ecos de la severidad herreriana, mientras que la portada principal introduce un lenguaje plenamente barroco. Diseñada por Van der Borcht y enriquecida con la decoración escultórica del portugués Cayetano de Acosta, presenta una composición de extraordinaria riqueza iconográfica. Sobre ella destaca la alegoría de la Fama, convertida en emblema del edificio, junto con los jarrones de azucenas y los relieves alusivos al descubrimiento de América y a la elaboración del tabaco. En el interior sobresalen igualmente las fuentes monumentales de mármol, los amplios patios y las galerías iluminadas mediante elegantes lucernarios.

La fábrica alcanzó una enorme importancia económica y social. Durante los siglos XVIII y XIX llegó a emplear a miles de trabajadores, aunque fueron las cigarreras, en el siglo XIX, quienes otorgaron al establecimiento una personalidad inconfundible. Su habilidad para elaborar cigarros y cigarrillos manualmente, unida a su independencia económica y a su fuerte carácter, las convirtió en protagonistas del imaginario popular sevillano. Su figura trascendió las fronteras de España gracias a la literatura, la pintura y, sobre todo, a la célebre ópera Carmen de Georges Bizet, inspirada en una cigarrera sevillana.


Cigarrera del siglo XIX en la Real Fábrica de Tabaco (ver) (CC BY 3.0)


Cigarreras en el embarcadero y cruzando el río para incorporarse a sus puestos de trabajo en la fábrica de Tabacos. De la Fototipia Laurent, año 1.903.

Cigarreras. Año 1930



Cigarreras entrando en la Fábrica de Tabacos desde la calle San Fernando. Año 1.910.

Interior de la Fábrica de Tabacos. Boceto 1911.Bilbao Martínez, Gonzalo. Óleo sobre lienzo. 81 x 64 cm. Museo de Bellas Artes. Sala XII. Adquisición de la Junta de Andalucía en 1994 (ver)

Las Cigarreras. Bilbao Martínez, Gonzalo. 1915. Óleo sobre lienzo. 305 x 402 cm. Museo de Bellas Artes. Sala XII. Donación de Doña María Roy Lhardy en 1939 (ver)

En 1883 una zona del este del edificio fue destinada a cuartel del Regimiento Montado de Artillería. En 1929, encontrándose en este lugar el Tercer Regimiento de Artillería, estas tropas fueron trasladadas al nuevo cuartel de Pineda. A partir de este traslado pasó a llamarse Regimiento de Artillería n.º 14. 

Cuartel de Artillería en 1880. Entrada facultad de Derecho

A finales del siglo XIX y comienzos del XX la introducción de maquinaria transformó profundamente los sistemas de producción. La mecanización redujo progresivamente la mano de obra y alteró el tradicional funcionamiento de la fábrica.

En 1945 se creó Tabacalera S.A., que gestionaría la producción del tabaco. La factoría se trasladó a unas instalaciones en el barrio de Los Remedios. Tabacalera S.A. tendrá la concesión para el monopolio del tabaco en España durante 25 años, concesión que fue renovada en 1971. En 1999 se fusionará con la francesa Seita creando Altadis. La fábrica Altadis de Sevilla cerró en 2007. 

Finalmente, entre 1954 y 1956 el histórico edificio fue adaptado para convertirse en sede de la Universidad de Sevilla, una transformación dirigida por los arquitectos Alberto Balbontín de Orta, Delgado Roig y Toro Buiza, que permitió conservar uno de los conjuntos monumentales más extraordinarios del patrimonio español.

Hoy, la antigua Real Fábrica de Tabacos continúa siendo un referente imprescindible de la ciudad. A su excepcional valor arquitectónico se suma un importante patrimonio artístico custodiado por la Universidad, entre el que destacan la capilla, presidida por el Santísimo Cristo de la Buena Muerte de Juan de Mesa, la monumental escalera principal, los patios históricos y la prestigiosa Gipsoteca universitaria. Todo ello convierte este edificio en un espacio donde confluyen la memoria industrial, el arte barroco y la tradición académica, reflejando como pocos la evolución histórica de Sevilla desde el comercio con las Indias hasta su condición de gran ciudad universitaria.

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