AREA CENTRO 1
Ayuntamiento.
HISTORIA
El Ayuntamiento de Sevilla, heredero
del antiguo Cabildo y Regimiento de la ciudad, hunde sus raíces en la
reorganización política y administrativa emprendida tras la conquista de
Sevilla por Fernando III en 1248. La ciudad recibió entonces el Fuero de Toledo,
adaptado a sus circunstancias particulares, y comenzó a configurarse una
estructura municipal que, con numerosas transformaciones a lo largo de los
siglos, ha llegado hasta nuestros días.
El poder municipal quedó inicialmente
en manos de los caballeros Veinticuatro y de los Jurados (leer mas), representantes de los distintos sectores de la
sociedad sevillana, aunque con el paso del tiempo estos cargos fueron quedando
cada vez más vinculados a las familias de la nobleza local.
La primera sede conocida del Cabildo
municipal se encontraba en el llamado Corral de los Olmos, en las inmediaciones
de la actual plaza de la Virgen de los Reyes, junto a la Catedral y al Palacio
Arzobispal. El conjunto, propiedad del Cabildo Catedralicio, acogía tanto las
instituciones religiosas como las municipales, de manera que el poder civil y
el eclesiástico compartían un mismo espacio. El edificio municipal, de carácter
mudéjar, fue objeto de diversas reformas, entre ellas las realizadas en 1437, y
a comienzos del siglo XVI contó incluso con una nueva portada mudéjar.
La transformación experimentada por la
ciudad durante los primeros años del siglo XVI hizo necesaria una sede propia,
más amplia y representativa. El establecimiento en Sevilla de la Casa de la
Contratación de Indias en 1503 convirtió a la ciudad en el principal centro de
distribución del comercio americano y provocó un extraordinario crecimiento
económico y demográfico. Sevilla se convirtió en una de las grandes capitales
de la Monarquía Hispánica y en la puerta de entrada y salida del tráfico con el
Nuevo Mundo.
En este contexto, el Cabildo decidió
construir una nueva Casa Consistorial en un lugar especialmente significativo:
la plaza de San Francisco. Era entonces uno de los principales espacios
públicos de la ciudad, vinculado al comercio y situado junto a la Real
Audiencia de los Grados y a la Casa Grande de San Francisco. El nuevo edificio
situaba al poder municipal en uno de los centros políticos, económicos y
urbanos de Sevilla y, al mismo tiempo, suponía abandonar la antigua convivencia
espacial con el poder eclesiástico.
La decisión coincidió además con un acontecimiento
de extraordinaria importancia: la estancia en Sevilla del emperador Carlos I,
futuro Carlos V, con motivo de su matrimonio con Isabel de Portugal, celebrado
en marzo de 1526.
Las obras de la nueva Casa Consistorial
comenzaron en el último trimestre de aquel mismo año y su primera fase estuvo
dirigida por Diego de Riaño.
La nueva construcción abandonaba en
buena medida la tradición local de las fábricas de ladrillo para utilizar la
piedra como principal material y se convirtió en uno de los primeros grandes
edificios civiles renacentistas de la ciudad.
Ayuntamiento de
Sevilla en el Siglo XVI (ver) (CC BY 3.0)
La decoración exterior responde a un
complejo programa iconográfico destinado a exaltar la grandeza de Sevilla y las
virtudes que debían presidir el gobierno de la ciudad, de tal modo que sobre la
piedra se despliega una extraordinaria colección de relieves con motivos
vegetales, grutescos, medallones, escudos, figuras mitológicas y personajes
históricos. Entre ellos aparecen Hércules y Julio César, vinculados
tradicionalmente a los orígenes legendarios de Sevilla, junto a
representaciones alusivas a la justicia, la prudencia, la fortaleza y el buen
gobierno. La decoración convertía la fachada en una auténtica declaración
política, destinada a proclamar la antigüedad, nobleza y poder de la ciudad.
La construcción avanzó con
dificultades. Durante 1527 y 1528 llegaron importantes partidas de piedra
procedentes de Utrera y de otros lugares, mientras numerosos canteros y
entalladores, procedentes de Sevilla, otras regiones peninsulares y Francia,
intervenían en el proyecto.
Las dificultades económicas provocaron
una interrupción a finales de 1529, aunque los trabajos se reanudaron en 1532.
Fue entonces cuando comenzó con mayor intensidad la ejecución de los relieves
escultóricos, en los que participaron artistas como Nicolás de León, Diego
Guillén Ferrant y Jacques Gonçalo Herrandes.
La muerte de Diego de Riaño en
Valladolid, el 30 de noviembre de 1534, no supuso el abandono de su proyecto,
porque su aparejador, Juan Sánchez, asumió la dirección de las obras y continuó
desarrollando las trazas originales.
En 1535 se amplió la construcción
mediante la incorporación de unas casas contiguas que habían servido como
almacén durante las obras. En este sector se levantó el Juzgado de los Fieles
Ejecutores, relacionado con las funciones de control de pesos, medidas y abastecimientos
de la ciudad.
La planta baja quedó prácticamente
concluida hacia 1540 y se procedió a levantar el primer piso. La escalera
monumental quedó terminada alrededor de 1545, con intervención de Roque
Balduque (ver) en su decoración.
Entre 1550 y 1561 se construyó el
cuerpo superior bajo la dirección de Juan Sánchez, que contó posteriormente con
la colaboración de Hernán Ruiz el Joven. En 1562 se completaron las cubiertas
de madera, incluida la correspondiente al archivo.
La relación del edificio con la plaza
de San Francisco fue reforzada pocos años después mediante una monumental
galería porticada de dos pisos. Hernán Ruiz el Joven diseñó esta logia,
construida entre 1563 y 1564, que permitía contemplar desde el Ayuntamiento los
espectáculos celebrados en la plaza. Aquella estructura desapareció en el siglo
XIX, pero su existencia queda documentada tanto por las fuentes como por representaciones
pictóricas de la antigua plaza de San Francisco.
Ayuntamiento de
Sevilla en el Siglo XVI (ver) (CC BY 3.0)
Auto de Fe en la Plaza San Francisco de Sevilla en 1660. A la
derecha, las arcadas del Ayuntamiento, realizadas por Hernán Ruiz, las
cuales desaparecieron en el siglo XIX. (Anónimo. Colección Particular. Iglesia de la Magdalena.
Sevilla)
Durante la segunda mitad del siglo XVI
continuaron las obras y la ornamentación interior. En la década de 1570 se
construyó la capilla del Cabildo y se completaron dependencias representativas.
A finales de 1573 quedó terminada la
sala capitular alta, dotada de un rico artesonado dorado, vidrieras y rejas. De
este modo, la Casa Consistorial se convirtió no sólo en un centro
administrativo, sino también en un edificio concebido para representar
solemnemente la autoridad municipal.
Como hemos comentado, el funcionamiento
del Cabildo reflejaba la compleja estructura política del Antiguo Régimen. A su
frente se encontraba el Asistente de Sevilla, representante de la Corona y
encargado, entre otras atribuciones, de la administración de justicia y del
control de las rentas. Junto a él actuaban los regidores o Veinticuatros, cuyo
número fue variando con el tiempo, y los Jurados (leer mas), que habían nacido como representantes de las
parroquias y como instrumento de vigilancia de la actuación de los regidores.
Con el transcurso de los siglos, sin embargo, ambos cargos perdieron buena
parte de su primitivo carácter representativo y quedaron vinculados a las
oligarquías locales.
En el siglo XVIII numerosos oficios
municipales se habían convertido en cargos patrimoniales, transmisibles e
incluso vendibles, fenómeno favorecido en ocasiones por la propia Corona. La
administración municipal quedaba así estrechamente ligada a las familias
privilegiadas de la ciudad. Sevilla, además, figuraba entre las llamadas
ciudades de estatuto, cuyos cargos municipales estaban sometidos a requisitos
de hidalguía, limpieza de sangre y exclusión de determinados oficios. Esta estructura
revela la distancia existente entre el municipio del Antiguo Régimen y el
concepto moderno de administración local.
Las sesiones ordinarias del Cabildo se
celebraban tradicionalmente varios días a la semana y podían desarrollarse en
la sala capitular alta o baja según la estación. El Ayuntamiento defendía
celosamente sus privilegios frente a otras instituciones, especialmente frente
a la Real Audiencia, con la que mantuvo durante siglos una compleja relación de
rivalidad y competencia.
La gran transformación de la Casa
Consistorial llegó en el siglo XIX. El vecino convento de San Francisco, que
había condicionado durante siglos el aspecto de la plaza, sufrió graves daños
durante la ocupación francesa. Las tropas napoleónicas lo ocuparon en 1810 y lo
utilizaron como cuartel, mientras numerosas obras de arte fueron expoliadas.
Ese mismo año un incendio afectó gravemente al conjunto. Aunque los
franciscanos regresaron posteriormente e intentaron repararlo, la situación del
convento quedó definitivamente comprometida por la exclaustración y la
desamortización de 1835.
1840 Ayuntamiento
de Sevilla – Theophile Gautier Eugene Piot. (ver) (CC BY 3.0)
La demolición del convento en 1845 permitió
transformar por completo este sector de Sevilla. En 1850 el Estado cedió al
Ayuntamiento los terrenos correspondientes al antiguo convento de San Francisco
y a otras propiedades desamortizadas. Poco después comenzó la formación de la
actual plaza Nueva, concebida como uno de los grandes espacios urbanos de la
Sevilla decimonónica.
La ampliación de la Casa Consistorial
se planteó en este nuevo escenario. En 1857 el Ayuntamiento expropió diversas
casas anejas para conseguir la propiedad de toda la manzana y ampliar sus
dependencias. Incluso llegó a realizarse un curioso trampantojo monumental para
mostrar a Isabel II, durante su visita a Sevilla, el aspecto que tendría la
futura ampliación.
Pintura de 1850, con la pila del pato en primer término
(ver) (CC BY 3.0)
Las obras comenzaron en 1858 bajo la
dirección del arquitecto municipal Balbino Marrón y Ranero (ver). El nuevo proyecto modificó profundamente la configuración
del edificio y creó una amplia fachada hacia la plaza Nueva, concebida en un
lenguaje neoclásico. Esta nueva fachada, terminada en 1867, presenta una
composición mucho más sobria y ordenada que la exuberancia ornamental del
sector renacentista.
La intervención decimonónica tuvo
también consecuencias importantes sobre la parte del siglo XVI. En 1866 se
consideró que la antigua galería de Hernán Ruiz el Joven se encontraba en
estado ruinoso y se decidió su demolición. La medida provocó la protesta de
importantes personalidades del mundo artístico, entre ellas José Amador de los
Ríos y Federico Madrazo, pero finalmente la galería fue desmontada. En su
lugar, Demetrio de los Ríos prolongó la fachada plateresca hacia la plaza de
San Francisco mediante una nueva arquitectura de inspiración neoplateresca.
Esta ampliación explica la singular
apariencia actual del Ayuntamiento. El edificio es, en realidad, el resultado
de la superposición de diferentes momentos históricos: el núcleo renacentista
del siglo XVI, la ampliación neoplateresca decimonónica y la fachada neoclásica
abierta hacia la plaza Nueva. La prolongación de la fachada de San Francisco
tampoco llegó a recibir toda la decoración prevista. En varios puntos pueden
observarse bloques de piedra cuya talla quedó inconclusa, testimonio visible de
las dificultades económicas que acompañaron la construcción.
La decoración de esta fachada continuó,
además, durante las primeras décadas del siglo XX. Diversos escultores fueron
completando los relieves entre finales del XIX y el XX, de manera que el
conjunto actual no puede atribuirse exclusivamente a los artistas del siglo
XVI. Esta circunstancia convierte la fachada en un auténtico compendio de la
evolución de la escultura sevillana y de la recuperación historicista del
Renacimiento durante los siglos XIX y XX.
También los espacios interiores fueron
transformándose. La ampliación decimonónica incorporó nuevos salones y
dependencias de carácter representativo, entre ellos el Salón Colón, concebido
hacia 1870 y decorado con una galería de monarcas españoles.
En 1928 se adaptó el antiguo espacio
del Juzgado de los Fieles Ejecutores para instalar en él la Alcaldía.
El carácter monumental de la Casa
Consistorial fue reconocido oficialmente en 1931, cuando fue declarada
Monumento Histórico-Artístico, quedando integrada posteriormente en la
categoría de Bien de Interés Cultural.
Uno de los elementos más curiosos de la
historia reciente del edificio fue la colocación, en 1914, de una gran reja
neorrenacentista delante de la fachada del siglo XVI. Diseñada inicialmente por
Francisco Aurelio Álvarez Millán, había sido enriquecida con motivos inspirados
en la reja de la capilla de la Visitación de la Catedral. Sin embargo, lejos de
proteger o realzar la fachada, terminó dificultando su contemplación y fue
retirada en 1919.
La Casa Consistorial conserva asimismo
un importante patrimonio histórico y artístico relacionado con la propia
historia municipal. Entre sus bienes más significativos se encuentra el pendón
de la ciudad, símbolo de la autoridad municipal, junto con pinturas,
esculturas, artesonados, elementos arquitectónicos y piezas vinculadas a la
larga trayectoria institucional del Ayuntamiento.
Una de las peculiaridades menos
visibles de su emplazamiento se relaciona con la propia geografía histórica de
Sevilla. El Ayuntamiento se levanta sobre un espacio profundamente transformado
por la evolución del antiguo sistema fluvial de la ciudad. Tradicionalmente se
ha señalado la existencia de un antiguo brazo del Guadalquivir, que discurría
por este sector urbano y cuya huella se relaciona con el trazado de la actual
avenida de la Constitución, la plaza de San Francisco y la calle Sierpes, hasta
llegar a la laguna de la Alameda de Hércules. Las excavaciones realizadas en
diferentes momentos han permitido documentar estructuras portuarias y restos
relacionados con la actividad fluvial de la Sevilla romana, demostrando hasta
qué punto la ciudad antigua estuvo condicionada por el agua.
La Casa Consistorial de Sevilla es, por
tanto, mucho más que la sede administrativa del municipio. Sus muros resumen
una parte esencial de la historia de la ciudad: la organización municipal
surgida tras la conquista castellana, el ascenso de Sevilla como gran capital
comercial de la Monarquía Hispánica, el esplendor renacentista asociado al
comercio americano, la compleja estructura política del Antiguo Régimen, la
profunda transformación urbana del siglo XIX y la consolidación de la Sevilla
contemporánea.
Su extraordinaria singularidad reside
precisamente en esa condición estratificada. La fachada plateresca de Diego de
Riaño proclama el poder y la grandeza de la Sevilla del Renacimiento; la
ampliación neoplateresca del XIX evoca deliberadamente aquel pasado glorioso,
mientras la fachada neoclásica de la plaza Nueva refleja las aspiraciones de
modernización y monumentalidad de la ciudad decimonónica. Entre ambas se
desarrolla la historia de una institución que, desde el medieval Corral de los
Olmos hasta la actual Casa Consistorial, ha sido uno de los principales
escenarios de la vida pública sevillana.
EXTERIOR
El exterior del Ayuntamiento de Sevilla constituye uno de
los conjuntos más singulares de la arquitectura civil española del
Renacimiento. Su fachada, concebida en buena parte en estilo plateresco,
convierte el edificio en un auténtico programa de piedra en el que
arquitectura, escultura, heráldica e inscripciones se combinan para transmitir
una determinada imagen de la ciudad, de su historia y de los ideales de
justicia y buen gobierno.
Las primeras trazas del edificio se deben a Diego de Riaño,
quien dirigió la construcción de la parte más antigua de la Casa Consistorial a
partir de 1526. Esta primera campaña afectó especialmente al sector situado
junto al Arquillo y a la plaza de San Francisco. El proyecto respondía a la
voluntad del concejo sevillano de dotarse de una sede monumental acorde con la
importancia que había adquirido la ciudad durante el siglo XVI, en plena
expansión económica y comercial tras el descubrimiento de América.
Fachada
a la Plaza de san Francisco
La fachada renacentista presenta una extraordinaria riqueza
decorativa. El conjunto se levanta sobre un pequeño podio, circunstancia que
contribuye a darle una presencia monumental en el espacio urbano. Sus dos
plantas originales se articulan mediante pilastras en el nivel inferior y
columnas en el superior, mientras que los espacios intermedios se cubren con
relieves de inspiración italiana, especialmente florentina. Guirnaldas,
grutescos, medallones, figuras mitológicas, escudos y emblemas se suceden por
toda la superficie, formando una suerte de repertorio simbólico destinado a
exaltar las virtudes cívicas y la grandeza de Sevilla.
Guirnaldas,
grutescos figuras mitológicas
Uno de los elementos más característicos es el Arquillo, que
comunica la plaza de San Francisco con la plaza Nueva. Su origen está
relacionado con el antiguo convento de San Francisco, que ocupaba buena parte
de este sector de la ciudad hasta su desaparición tras la desamortización del
siglo XIX. El paso conserva una decoración en la que se entremezclan referencias
civiles y religiosas.
Vista
del Arquillo desde la plaza de san Francisco
Vista
del Arquillo desde la Avda. de la Constitución
Vista
del Arquillo desde la plaza Nueva
Placa
Cervantina en el interior del Arquillo
Sobre el arco aparece un medallón con la Virgen María entre
dos ángeles, mientras que a ambos lados se disponen escudos con las Cinco
Llagas de Cristo acompañadas por cordones franciscanos, clara alusión al
convento al que antiguamente daba acceso.
Detalle
del Arco
Medallón
con la Virgen María entre dos ángeles y escudos con las Cinco Llagas
de Cristo
Detalle
de la Virgen María entre dos ángeles
El Arquillo está flanqueado por dos hornacinas que albergan
las esculturas de Hércules y Julio César. La presencia de ambos personajes
responde a una antigua tradición legendaria según la cual Hércules habría
fundado Sevilla y Julio César habría intervenido posteriormente en su
fortificación y engrandecimiento. De este modo, la fachada incorpora a la
propia arquitectura municipal una interpretación mítica de los orígenes de la
ciudad.
Hércules
Julio
César
En los relieves del conjunto aparecen también las columnas
de Hércules, acompañadas por el lema Plus Ultra, expresión vinculada a la
expansión de la monarquía hispánica más allá de los límites que la Antigüedad
había considerado infranqueables. Junto a ellas se encuentran referencias a la
Corona y al poder imperial, entre las que destaca el Toisón de Oro y la cruz de
San Andrés, símbolos relacionados con la monarquía de los Austrias.
Columnas
de Hércules, acompañadas por el lema Plus Ultra
Cruz
de San Andrés
Especial interés tienen los medallones con bustos de
personajes históricos y mitológicos. Entre ellos se identifica a Julio César,
bajo cuya representación aparece la inscripción S. P. Q. HIS., abreviatura de
Senatus Populusque Hispalensis, es decir, “el Senado y el Pueblo de Sevilla”.
La fórmula constituye una adaptación local del célebre S. P. Q. R. romano y
revela hasta qué punto el Ayuntamiento quiso presentar a Sevilla como una
ciudad heredera de la tradición política y urbana de la Antigüedad.
Julio
César
Julio César
La tradición popular identifica a dos
medallones con las actrices Ava Gardner y Grace Kelly. Un artículo de ABC de
2014 relaciona uno de ellos con la visita de Grace Kelly a Sevilla en 1966,
señalando que el escultor y catedrático Manuel Echegoyan, impresionado por su
belleza, pudo representarla en la fachada del Ayuntamiento. Sin embargo, no
está confirmado quién realizó el medallón atribuido a Ava Gardner.
Ava Gardner
Grace Kelly
Como hemos comentado, otros bustos se refieren personajes
históricos y mitológicos que no he conseguido identificar claramente.
En uno de los rincones de la fachada oriental se encuentra además una cruz de piedra cuya interpretación ha dado lugar a diferentes hipótesis. Tradicionalmente se ha relacionado con los autos de fe celebrados por la Inquisición en la plaza de San Francisco, asociación que ha alimentado numerosas referencias populares.
Sin embargo, la documentación gráfica
demuestra que la cruz ya existía antes del último auto de fe celebrado en
Sevilla, en 1781. Tanto el grabado de la procesión del Corpus realizado por Pedro
Tortorello en 1735 como una obra de la serie de la Gran Mascarada de Domingo
Martínez, fechada en 1748, permiten comprobar su presencia en el lugar con
anterioridad.
Por ello, parece más razonable buscar su origen en otra circunstancia histórica.
Una de las hipótesis más aceptadas relaciona la cruz con la memoria de los fallecidos durante la gran epidemia de peste de 1649, que tuvo consecuencias demográficas devastadoras para Sevilla y redujo enormemente su población. Según esta interpretación, el monumento podría señalar o recordar un espacio de enterramiento colectivo situado en las inmediaciones de la plaza (leer mas).
Fachada
Cruz
de la Inquisición
Sobre una de las ventanas de la zona del apeadero se
encuentra otro relieve particularmente significativo: el escudo de Sevilla,
representado con Fernando III sentado en su trono y acompañado por san Isidoro
y san Leandro. La elección de estos personajes sintetiza diferentes momentos de
la historia sevillana: la conquista cristiana de la ciudad, encarnada por el
rey santo, y su vinculación con la tradición visigoda y con los dos grandes
obispos hispalenses.
Otro relieve semejante, sobre el escudo de NO8DO podemos observar en la pared oriental.
Zona
del apeadero
Fernando
III sentado en su trono y acompañado por san Isidoro y san Leandro
La puerta del apeadero presenta asimismo relieves de carácter moral y religioso: en su zona superior aparecen dos soldados asociados a las columnas de Hércules.
Puerta
del apeadero
Dos
soldados asociados a las columnas de Hércules
En la parte intermedia, inscripciones latinas tomadas de
distintos pasajes bíblicos, concretamente de Ezequiel y del libro de la
Sabiduría.
Una inscripción es una adaptación de un pasaje del
capítulo 6 del Libro de la Sabiduría (Sabiduría 6, 1-6), dirigido a jueces y
gobernantes, donde se advierte a quienes ejercen el poder que su autoridad está
sometida al juicio divino. En la cartela aparecen las palabras abreviadas y
separadas mediante puntos.
La traducción al español del texto que
se lee en la tabla es: “Oíd, pues, reyes, y entended; aprended, jueces de los
confines de la tierra. Prestad oído, vosotros que gobernáis a las multitudes y
os gloriáis del poder sobre los pueblos. Porque el poder os ha sido dado por el
Señor y la autoridad por el Altísimo, quien examinará vuestras obras y
escudriñará vuestros pensamientos. Pues, siendo ministros de su reino, no
juzgasteis rectamente, ni guardasteis la ley de la justicia, ni caminasteis
según su voluntad. Terrible y rápidamente se os manifestará, porque un juicio
severísimo espera a quienes gobiernan.”
Primera
inscripción latina: IUDICES TERRAE, QUI NON
CUSTODISTIS LEGEM IUSTITIAE, NEQUE RECTE IUDICASTIS, DURISSIMUM IUDICIUM
APPAREBIT VOBIS.
La segunda tabla recoge, con
abreviaturas, el pasaje de Ezequiel 45, 9-10,
dirigido expresamente a los “príncipes de Israel”:
“Esto dice el Señor Dios: ¡Basta ya, príncipes de Israel! Abandonad la
violencia y las rapiñas, practicad el derecho y la justicia; apartad vuestras
exacciones de mi pueblo, dice el Señor Dios. Tendréis una balanza justa, un efá
justo y un bato justo.”
Segunda
inscripción latina: PRINCIPES IIQVITATES ET RAPINA INTERMITITTE ET IVDICIV ET
IVSTICA FACITE SIT STATERA VRA IVSTA ET DEVUS IVSTVS ERIT VOBIS DICENS DNS
En la parte inferior de la puerta destacan igualmente dos
relieves alegóricos.
En uno de ellos se muestra un
interesante relieve plateresco en el que dos figuras masculinas, a modo de
tenantes, flanquean una fuente o recipiente del que emerge una profusa
decoración vegetal y frutal. Sobre la composición destaca una cabeza de león,
símbolo tradicional de fuerza, autoridad y vigilancia. El conjunto parece
desarrollar una alegoría de la abundancia y prosperidad, asociada al buen
gobierno de la ciudad, dentro del complejo programa iconográfico renacentista
de la Casa Consistorial.
Parte
inferior de la puerta
En el otro relieve se distinguen dos
figuras femeninas semidesnudas de inspiración clásica, vestidas con largos
paños, que sostienen una amplia tela que enmarca una cabeza masculina de rasgos
fantásticos, de cuya boca parten los extremos de la tela. En la zona inferior
aparecen frutos, hojas, conchas y otros motivos vegetales. Aunque no se conoce
una identificación iconográfica precisa de la composición, su repertorio
permite interpretarla, igualmente, como una alegoría de la abundancia y la prosperidad,
integrada en el discurso simbólico del edificio sobre las virtudes del buen
gobierno, la armonía y la justicia. Las figuras y los elementos vegetales
responden al lenguaje de inspiración clásica y de grutescos característico de
la decoración plateresca del Ayuntamiento de Sevilla.
Parte
inferior de la puerta
Así, todo este repertorio pretendía recordar a quienes
accedían al espacio municipal la responsabilidad, la justicia y la rectitud que
debían presidir el ejercicio del poder y recuerda a que su poder no es absoluto
y que deben ejercerlo con justicia, rectitud y responsabilidad.
La heráldica ocupa igualmente un lugar destacado. En
determinados puntos de la fachada aparecen las armas imperiales junto a las de
Sevilla, mientras que el conocido NO8DO, emblema tradicional de la ciudad, se
incorpora a la decoración arquitectónica. Este símbolo aparece también en las
proximidades de las puertas y ventanas y establece una identificación directa
entre el edificio y la propia ciudad.
NO8DO,
emblema tradicional de la ciudad
La puerta oriental, abierta hacia la plaza de San Francisco,
constituye otro magnífico ejemplo del carácter simbólico de la decoración. En
ella aparecen enfrentados el escudo imperial y las armas de Sevilla, mientras
que en la parte inferior se dispusieron dos cartelas en texto latino.
Puerta
hacia la plaza de San Francisco
Escudo
imperial
Escudo
de armas de Sevilla
De las cartelas, una se corresponde
al comienzo del Salmo 14 (13 según la numeración de algunas tradiciones):
“Señor, ¿quién
habitará en tu tabernáculo? ¿Quién descansará en tu monte santo? El que camina
sin mancha y obra con justicia; el que habla la verdad en su corazón; el que no
ha cometido engaño con su lengua; el que no hace mal a su prójimo ni acepta el
oprobio contra él.”
Es un texto de carácter moral:
establece las cualidades que debe reunir quien es digno de acercarse a Dios. La
“habitación en el tabernáculo” y el “monte santo” son expresiones simbólicas de
la presencia divina, mientras que la respuesta del salmo insiste en la
integridad de la conducta: vivir justamente, hablar con sinceridad, no
calumniar ni perjudicar al prójimo.
DOMINE, QUIS HABITABIT IN TABERNACULO TUO? AUT QUIS
REQUIESCET IN MONTE SANCTO TUO? QUI INGREDITUR SINE MACULA ET OPERATUR
IUSTITIAM, QUI LOQUITUR VERITATEM IN CORDE SUO, QUI NON EGIT DOLUM IN LINGUA
SUA, QUI NON FECIT PROXIMO SUO MALUM ET OPPROBRIUM NON ACCEPIT ADVERSUS
PROXIMUM SUUM.
La inscripción de la segunda tabla
continúa el texto del salmo que aparece en la imagen anterior. Se trata del
Salmo 14 de la Vulgata (Salmo 15 en la numeración hebrea), y recoge la parte
final, dedicada a las virtudes que debe poseer quien desea vivir en presencia
de Dios.
La traducción
al español sería: “Contra sus prójimos no ha obrado mal. El malvado es tenido
por nada ante sus ojos, pero honra a los que temen al Señor. El que hace un
juramento a su prójimo y no lo defrauda; el que no presta su dinero con usura ni
acepta regalos contra el inocente. Quien hace estas cosas no será conmovido
jamás”.
En conjunto con la inscripción de la primera imagen, el
sentido completo del salmo es muy claro. Comienza preguntando quién puede
habitar en el santuario de Dios y quién puede permanecer en su monte santo,
para responder enumerando las condiciones morales necesarias: caminar con
rectitud, practicar la justicia, decir la verdad, no calumniar ni perjudicar al
prójimo, respetar los compromisos, no practicar la usura y no dejarse corromper
mediante regalos o sobornos.
Resulta especialmente interesante que el texto esté tallado
en una cartela de madera ornamentada con roleos, paños y una cabeza de león con
argolla. La combinación entre la inscripción y la decoración convierte el
conjunto en una pieza de carácter moralizante: la belleza ornamental sirve de
marco a una enseñanza religiosa sobre la conducta que debe observar el
cristiano para alcanzar la vida eterna.
Entre los numerosos detalles escultóricos de la fachada
merece una mención especial un motivo de carácter moralizante en el que dos
niños sostienen sendas calaveras. Se trata del conocido tema del “Nascendo
Moritur”, expresión latina que alude a la fugacidad de la existencia: desde el
mismo instante en que nacemos comenzamos a morir. La presencia de este motivo,
propio de la tradición de la vanitas, introduce en medio de la exaltación de la
ciudad, de sus gobernantes y de sus símbolos una reflexión sobre la inevitable
condición mortal del ser humano.
Niño
sosteniendo calavera
También nos podemos detener a observar las rejas que
acompañan a las puertas o vanos dirigidas a la plaza de san Francisco que constituye un
magnífico ejemplo de la integración entre arquitectura y ornamentación en la
Casa Consistorial de Sevilla y una prolongación en hierro del programa
ornamental de la fachada.
Puerta o vano
Parte
superior
Dos criaturas fantásticas afrontadas ocupan el centro del
vano. Por su anatomía —cuerpo de ave, alas desplegadas y aspecto de animal
fabuloso— deben interpretarse como seres híbridos de carácter mitológico,
próximos al repertorio de grutescos renacentistas que pueden entenderse como guardianes
simbólicos del edificio público.
Parte
inferior
En la parte inferior de la reja aparece un elaborado relieve
de carácter renacentista compuesto por dos cisnes afrontados, con las alas
desplegadas, rodeados de roleos vegetales, frutos y seres de apariencia
fantástica. Los cisnes, tradicionalmente asociados a la belleza, la pureza y la
armonía, se integran aquí en un repertorio de carácter alegórico en el que la
vegetación y los frutos evocan la abundancia y la prosperidad.
Puerta
Parte
superior
En el centro de cada una de las dos hojas aparecen sendas
figuras masculinas barbadas, integradas entre la vegetación. Evocan la
Antigüedad y el humanismo, mientras que la simetría y la riqueza ornamental
confieren al acceso una imagen de orden, nobleza y autoridad.
Parte
inferior
Las aves enfrentadas representan simbólicamente la
vigilancia y la elevación, mientras que su disposición simétrica expresa
equilibrio y armonía. El elemento central, semejante a una cartela heráldica,
introduce la idea de identidad y dignidad institucional.
Puerta
Parte
superior
Los recipientes o cestos de los que
parecen brotar los frutos introducen una clara evocación de la abundancia y la
fertilidad. La vegetación exuberante, los frutos y la vid pueden interpretarse,
en conjunto, como símbolos de prosperidad, riqueza y fecundidad.
Parte
inferior
En la parte inferior aparece un motivo heráldico formado por dos mazas ceremoniales cruzadas, dispuestas en aspa y rematadas por una corona.
Las mazas cruzadas adoptan una disposición en aspa que puede recordar formalmente a la cruz de San Andrés, pero constituyen uno de los símbolos tradicionales de la dignidad y autoridad del Cabildo sevillano.
El uso de las mazas por el Ayuntamiento de
Sevilla se encuentra documentado desde el siglo XV y posteriormente quedaron
incorporadas a la propia representación heráldica de la ciudad. La corona situada sobre el conjunto introduce la referencia a la Corona y
a la vinculación histórica entre la ciudad y la Monarquía.
Puerta
La reja presenta una composición simétrica de inspiración neorrenacentista, integrada por dos grandes águilas afrontadas, de alas desplegadas, entrelazadas con una exuberante decoración de roleos, hojas, flores y formas serpentiformes.
Todo el conjunto se encuentra enmarcado por un
arco profusamente ornamentado con grutescos, mascarones y motivos vegetales,
siguiendo el lenguaje decorativo de la fachada plateresca del Ayuntamiento.
El águila,
desde la Antigüedad, constituye un poderoso símbolo de autoridad, victoria,
fortaleza y elevación, y durante el Renacimiento fue asimismo uno de los
emblemas asociados al poder imperial.
En los paneles inferiores de la rejería aparecen dos aves afrontadas, dispuestas simétricamente a ambos lados de un recipiente del que brotan motivos vegetales y florales. Bajo ellas se entrelazan dos formas serpentiformes, mientras que todo el conjunto queda envuelto por una abundante decoración de hojas, flores y roleos.
El motivo de las aves afrontadas junto a vasos, fuentes o elementos vegetales podían adquirir significados relacionados con la vida, la renovación y la eternidad.
Así, la decoración renacentista no se limita a embellecer el edificio. Cada figura, cada escudo y cada inscripción participa de un discurso destinado a presentar el Ayuntamiento como sede de una comunidad política con una historia ilustre y unas responsabilidades concretas.
El
lenguaje clásico, las referencias mitológicas, los símbolos cristianos y las
alusiones a la monarquía se integran en un programa concebido para legitimar la
autoridad municipal y ensalzar la grandeza de Sevilla.
A esta construcción renacentista se añadieron posteriormente
otras partes del edificio. La fachada que mira a la actual Plaza Nueva responde
fundamentalmente a una intervención neoclásica, de composición más sobria que contrasta
con la exuberancia escultórica del frente de San Francisco.
Fachada
a la Plaza Nueva
Detalle
del reloj y debajo el escudo de la ciudad
De este modo, el Ayuntamiento ofrece dos imágenes
arquitectónicas diferentes: una vinculada al lenguaje clásico y académico de
los siglos XVIII y XIX, y otra que conserva la extraordinaria fantasía
ornamental del Renacimiento sevillano.
Y, como suele ocurrir con los
monumentos sevillanos, tampoco falta la tradición popular. Una antigua leyenda
asegura que quien atraviesa el Arquillo no llegará a casarse. La historia, muy
repetida entre los sevillanos, ha convertido el paso bajo el arco en escenario
de bromas y supersticiones.
Contemplar hoy el exterior del Ayuntamiento de Sevilla supone, en definitiva, enfrentarse a una verdadera enciclopedia de piedra:
Hércules y Julio César, Fernando III, san Isidoro y san Leandro, las columnas de Hércules, el Toisón de Oro, el NO8DO, las armas imperiales, las Sagradas Escrituras, las Cinco Llagas y hasta las calaveras de la vanitas conviven en una fachada que habla simultáneamente de la historia, la mitología, la religión, la monarquía y la condición humana.
Pocas fachadas civiles sevillanas expresan con tanta riqueza la voluntad del
Renacimiento de convertir la arquitectura en un lenguaje capaz de narrar la
identidad y la memoria de toda una ciudad.
INTERIOR
Del interior
solo he tenido oportunidad de fotografiar el Vestíbulo y la Sala Capitular de la
planta baja.
Vestíbulo
La entrada por la puerta principal, a la plaza Nueva, da
acceso a la escalera Imperial renacentista, ejecutada por Juan Sánchez y
cubierta con una hermosa cúpula obra de Hernán Ruiz. En el centro y los
laterales del primer descanso destacan tres grandes cuadros.
En el centro, la Paz de Wad-Res de Joaquín Domínguez Bécquer, y en los laterales, Una vista de Sevilla, anónimo de 1276 y el Curso del Guadalquivir, anónimo de 1760.
La escalera
desde la puerta de entrada al Consistorio
Vista de Sevilla.
Anónimo sevillano. 1276
Curso del rio
Guadalquivir desde Sevilla hasta su desembocadura. Anónimo sevillano. 1760
Destacan los cuadros de San Gabriel y san Rafael, obras de
Alonso Miguel de Tovar, que los pintó representados con un horizonte bajo para
resaltar la monumentalidad de su figura. El pintor se basó en los repertorios
iconográficos de la Corte, en concreto de Antonio Ducca, grabados por Jerónimo
Wierix. El cuadro del arcángel Rafael tiene gran paralelismo con la estética de
Murillo.
San Gabriel. Alonso
Miguel de Tovar. Óleo sobre lienzo. 1,76 x 1,10 m. Procede del Asilo de la
Mendicidad de San Fernando de Sevilla
San Rafael. Alonso
Miguel de Tovar. Óleo sobre lienzo. 1,76 x 1,10 m. Procede del Asilo de la
Mendicidad de San Fernando de Sevilla
Un cuadro de San Fernando y dos cuadros religiosos de los
que no tengo información.
San Fernando
Finalmente, se presenta una serie de maquetas de las puertas
de Sevilla.
Puerta del Arenal.
Originariamente almohade. Derribada en 1566 y reedificada de nueva planta.
Demolida en 1864
Puerta del Sol. Originariamente
almohade. Derribada en la segunda mitad del siglo XIX. El origen de su nombre
es un enorme Sol sobre el dintel de la puerta como símbolo de orientación a
levante
Puerta de Jerez. De
época almohade. Daba salida natural a la ciudad de Jerez con lapida;” Hércules
me edificó-Julio Cesar me cercó de muros y torres altas- El Rey santo me ganó
con Garcí Pérez de Vargas
Puerta de Triana. Puerta
almohade. Considerada artísticamente la más importante de la Ciudad. Derribada
y reedificada en 1585. Demolida en 1868.
Sala Capitular
La Sala Capitular Baja del Ayuntamiento
de Sevilla es, sin duda, uno de los espacios de mayor interés artístico y
simbólico de la Casa Consistorial.
Concebida en el siglo XVI como lugar de
reunión del cabildo municipal, mantuvo esta función durante varios siglos,
hasta 2007.
Su arquitectura y, sobre todo, su
extraordinario programa escultórico convierten la estancia en una auténtica
síntesis de los ideales políticos, religiosos y morales que debían presidir el
gobierno de la ciudad en la época de Carlos I.
La sala forma parte de la gran
ampliación renacentista de las Casas Capitulares emprendida bajo la dirección
de Diego de Riaño, arquitecto también relacionado con la Sacristía Mayor de la
Catedral de Sevilla.
Se trata de una estancia de
proporciones solemnes, concebida para las deliberaciones de los caballeros
Veinticuatro y los jurados, representantes del gobierno municipal. El carácter
institucional del recinto queda anunciado ya en el acceso, sobre cuya puerta
aparece un relieve con el escudo de Sevilla acompañado de la inscripción latina
“Sconcilii Nobilissime Civitatis Hispalensis”, es decir, “Consejo de la Noble
Ciudad Hispalense”.
Puerta de entrada a la Sala Capitular Baja
Relieve sobre el dintel de la puerta con el escudo de
Sevilla
El elemento que primero atrae la mirada
es la extraordinaria bóveda de piedra que cubre la estancia. Su superficie
aparece dividida en treinta y seis casetones, decorados con figuras de monarcas
castellanos y españoles, desde Alfonso III el Magno hasta Carlos V. En la
realización de las esculturas y de los numerosos elementos ornamentales
participaron distintos artistas, circunstancia que explica la riqueza y
variedad de soluciones presentes en la bóveda.
La decoración original estuvo además
policromada. Los nervios recibieron dorados, mientras que los relieves del
friso, los motivos vegetales de los casetones y diversos detalles de las figuras
—vestiduras, coronas, cetros, galones, joyas, rosarios, cordones y espadas—
estuvieron enriquecidos mediante el color y el oro. En determinadas zonas se
empleó pintura al fresco para conseguir las tonalidades verdes y azules,
mientras que otras superficies de la piedra recibieron veladuras destinadas
tanto a protegerla como a proporcionar una determinada entonación cromática.
Esta policromía, hoy mucho menos perceptible que en origen, debió de otorgar al
espacio una apariencia extraordinariamente suntuosa.
Detalle de la bóveda de piedra
Los muros, deliberadamente sobrios en
sus partes inferiores, están recorridos por bancos corridos de piedra que
ocupaban los miembros del cabildo.
Detalle de los muros y de los por bancos corridos de
piedra que ocupaban los miembros del cabildo.
Sobre ellos se desarrolla un amplio programa decorativo concentrado principalmente en los frisos y testeros, que recorre todo el perímetro de la estancia.
En él se suceden relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas, escudos, medallones y bustos, entre los que se identifican figuras como Carlos I, Isabel de Portugal y Hércules.
La
utilización de personajes históricos y mitológicos junto a símbolos religiosos
y municipales revela la voluntad de construir un discurso complejo sobre el
origen, la legitimidad y las obligaciones del poder.
Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras
alegóricas.
Especial importancia tienen las inscripciones latinas que podemos contemplar bajo el friso.
La primera inscripción corresponde a Éxodo 23, 2.:” NON SEQUERIS TURBAM AD FACIENDUM MALUM, NEC IN IUDICIO
PLURIMORUM ACQUIESCAS SENTENTIAE, UT A VERITATE DEVIES.” (“No seguirás a la
multitud para hacer el mal, ni en un juicio te inclinarás por la opinión de la
mayoría para apartarte de la verdad.”)
El
texto de la segunda inscripción latina parece corresponder a Deuteronomio 1,
16-17: “AUDITE ILLOS, ET QUOD IUSTUM EST IUDICATE, SIVE CIVIS SIT ILLE SIVE
PEREGRINUS. NULLA ERIT DISTANTIA PERSONARUM, ITA PARVUM AUDIETIS UT MAGNUM, NEC
ACCIPIETIS CUIUSQUAM PERSONAM, QUIA DEI IUDICIUM EST”. (“Escuchadlos y juzgad
lo que sea justo, tanto si se trata de un ciudadano como de un extranjero. No
haréis distinción entre personas; escucharéis al pequeño como al grande y no
tendréis acepción de personas, porque el juicio pertenece a Dios.”)
El texto de la tercera
inscripción latina parece corresponder a Salustio, concretamente a la Conjuración de Catilina (51, 1): “OMNES
HOMINES, QUI DE REBUS DUBIIS CONSULTANT, AB ODIO, AMICITIA, IRA ATQUE
MISERICORDIA VACUOS ESSE DECET. HAUD FACILE ANIMUS VERUM PROVIDET, UBI ILLA
OFFICIUNT”. (“Conviene que todos los hombres que deliberan sobre asuntos dudosos
estén libres de odio, amistad, ira y misericordia. Difícilmente el ánimo
percibe la verdad cuando esos sentimientos se interponen.”)
En
conjunto, las tres inscripciones forman un verdadero programa moral del buen
gobierno: no dejarse arrastrar por la mayoría, juzgar sin distinción entre las
personas y mantener la mente libre de odio, amistad, ira o compasión cuando
estas puedan impedir alcanzar la verdad.
Uno de los principales conjuntos se
encuentra en el testero frontal. En su centro aparece Cristo crucificado en el
Calvario, acompañado por la Virgen María y san Juan Evangelista.
Calvario
A ambos lados se incorporan escenas
relacionadas con el sacrificio de Isaac: Abraham aparece dispuesto a sacrificar
a su hijo, mientras un ángel interviene para impedirlo. La escena puede entenderse como un precedente simbólico del sacrificio
de Cristo y, dentro del programa general de la sala, contribuye a establecer
una relación entre la justicia divina y la actuación de quienes tenían la
responsabilidad de administrar la justicia terrenal.
Detalle del ángel
A ambos lados aparecen además cartelas
con el conocido emblema de Sevilla, el NO8DO.
Sacrificio de Isaac y cartela con el emblema de Sevilla,
el NO8DO
Detalle de cartela con el NO8DO
El testero situado frente al Calvario desarrolla otro de los grandes ejes conceptuales de la decoración: las virtudes que debían orientar el ejercicio del poder.
Allí se representan las siete
virtudes fundamentales de la tradición cristiana y moral de la época: las tres
teologales —Fe, Esperanza y Caridad— y las cuatro cardinales —Justicia, Prudencia,
Fortaleza y Templanza—El programa recordaba a los gobernantes que sus
decisiones debían estar sometidas a principios morales y, de manera muy
especial, a la justicia.
Las siete virtudes
Esperanza
Fe
Caridad
Justicia
Templanza
Prudencia
Fortaleza
Los otros dos testeros completan el
discurso histórico y político. En el muro oriental aparecen referencias a
Carlos I, cuyo reinado constituye el contexto fundamental de la construcción de
las nuevas Casas Capitulares. Destaca el escudo imperial, acompañado por
Hércules y Julio César, personajes vinculados simbólicamente con la tradición
histórica y legendaria de Sevilla y con la grandeza de la monarquía. También
aparecen las columnas de Hércules con el lema “Plus Ultra”, expresión del
carácter universal de la monarquía de Carlos V, así como la cruz de Borgoña o
de San Andrés y el toisón de oro.
Escudo imperial, acompañado por Hércules y Julio César
Columnas de Hércules con el lema “Plus Ultra”
Cruz de Borgoña o de San Andrés
El testero occidental, por su parte,
remite a la conquista cristiana de Sevilla y a la figura de san Fernando. El
escudo de la ciudad se integra en un conjunto en el que aparecen jinetes
enfrentándose a sus enemigos, un castillo y grupos de prisioneros musulmanes.
De esta manera, la decoración relacionaba el presente político de la ciudad con
su pasado medieval y con la conquista de Sevilla por Fernando III en 1248.
Entre las obras incorporadas
posteriormente destaca el lienzo (óleo sobre lienzo de 1,68 x 2,75 cm) de las
santas Justa y Rufina realizado por Juan de Espinal en 1760 por encargo del
cabildo municipal. La presencia de las dos santas sevillanas añade una
dimensión propiamente local a un programa que, desde su origen, había buscado
relacionar la historia universal, la monarquía, la religión y la identidad de
Sevilla.
“El terremoto de 1755 del que se cuenta
que se salvó la ciudad gracias a la milagrosa aparición de la intervención de
las santas Justa y Rufina, llevó al Cabildo Municipal a encargarle el 17 de
mayo de 1759 a Juan de Espinel este lienzo con la imagen de estas santas, no
finalizándolo hasta el 15 de febrero del año siguiente. Es la única obra que
permanece aún en la Sala Capitular para la que se pintó”.
Santas Justa y Rufina. Juan de Espinal. 1760. Óleo sobre
lienzo. 1,68 x 2,75 cm
Y El Tríptico del Maestro de la
Mendicidad, “este tríptico es una obra maestra del primer renacimiento en
Sevilla. La tabla central representa a la Virgen entronizada a la manera de las
Madonas italianas de principio del siglo XVI y al Niño Jesús sosteniendo un
jilguero. Las tabas laterales representan a San Bartolomé y al arcángel San
Miguel. La Iglesia de Santa María de Carmona conserva otro tríptico de la misma
mano dedicado a Santa Marta”.
Tríptico del Maestro de la Mendicidad. Hacia 1525. Óleo
sobre tabla. 1,68 x 0,81 cm. Procede del Asilo de la Mendicidad (leer mas)
Finalmente, destacamos la figura de San
Fernando y el escudo de la ciudad en las puertas de entrada a la sala
capitular, un arcón con las columnas de Hércules y un sofá con el escudo de la
ciudad.
San Fernando
Escudo de la ciudad
Arcón con las columnas de Hércules
Sofá con el escudo de la ciudad
Así, la Sala Capitular Baja no debe contemplarse únicamente como un magnífico ejemplo de arquitectura y escultura renacentistas. Todo en ella responde a una idea: quienes gobernaban la ciudad debían hacerlo bajo la mirada de la historia, de la religión y de la justicia. Los monarcas de la bóveda, las escenas bíblicas, las virtudes, los símbolos de Carlos V, las referencias a san Fernando y las máximas latinas forman un programa unitario destinado a recordar que el poder municipal llevaba aparejada una responsabilidad moral. Precisamente por esa perfecta integración entre arquitectura, escultura, iconografía e historia, la Sala Capitular Baja puede considerarse uno de los espacios más sobresalientes y elocuentes de todo el Ayuntamiento de Sevilla.