jueves, 10 de septiembre de 2026

AREA CENTRO 1

Ayuntamiento.

HISTORIA

El Ayuntamiento de Sevilla, heredero del antiguo Cabildo y Regimiento de la ciudad, hunde sus raíces en la reorganización política y administrativa emprendida tras la conquista de Sevilla por Fernando III en 1248. La ciudad recibió entonces el Fuero de Toledo, adaptado a sus circunstancias particulares, y comenzó a configurarse una estructura municipal que, con numerosas transformaciones a lo largo de los siglos, ha llegado hasta nuestros días.

El poder municipal quedó inicialmente en manos de los caballeros Veinticuatro y de los Jurados (leer mas), representantes de los distintos sectores de la sociedad sevillana, aunque con el paso del tiempo estos cargos fueron quedando cada vez más vinculados a las familias de la nobleza local.

La primera sede conocida del Cabildo municipal se encontraba en el llamado Corral de los Olmos, en las inmediaciones de la actual plaza de la Virgen de los Reyes, junto a la Catedral y al Palacio Arzobispal. El conjunto, propiedad del Cabildo Catedralicio, acogía tanto las instituciones religiosas como las municipales, de manera que el poder civil y el eclesiástico compartían un mismo espacio. El edificio municipal, de carácter mudéjar, fue objeto de diversas reformas, entre ellas las realizadas en 1437, y a comienzos del siglo XVI contó incluso con una nueva portada mudéjar.

Corral de los Olmos. Pórtico y Torre de la Sala de Rentas según hipótesis de Francisco Granero Martín. Perspectiva desde la cara interior de la Puerta de Palos. (ver) (CC BY 3.0)

La transformación experimentada por la ciudad durante los primeros años del siglo XVI hizo necesaria una sede propia, más amplia y representativa. El establecimiento en Sevilla de la Casa de la Contratación de Indias en 1503 convirtió a la ciudad en el principal centro de distribución del comercio americano y provocó un extraordinario crecimiento económico y demográfico. Sevilla se convirtió en una de las grandes capitales de la Monarquía Hispánica y en la puerta de entrada y salida del tráfico con el Nuevo Mundo.

En este contexto, el Cabildo decidió construir una nueva Casa Consistorial en un lugar especialmente significativo: la plaza de San Francisco. Era entonces uno de los principales espacios públicos de la ciudad, vinculado al comercio y situado junto a la Real Audiencia de los Grados y a la Casa Grande de San Francisco. El nuevo edificio situaba al poder municipal en uno de los centros políticos, económicos y urbanos de Sevilla y, al mismo tiempo, suponía abandonar la antigua convivencia espacial con el poder eclesiástico.

La decisión coincidió además con un acontecimiento de extraordinaria importancia: la estancia en Sevilla del emperador Carlos I, futuro Carlos V, con motivo de su matrimonio con Isabel de Portugal, celebrado en marzo de 1526.

Las obras de la nueva Casa Consistorial comenzaron en el último trimestre de aquel mismo año y su primera fase estuvo dirigida por Diego de Riaño.

La nueva construcción abandonaba en buena medida la tradición local de las fábricas de ladrillo para utilizar la piedra como principal material y se convirtió en uno de los primeros grandes edificios civiles renacentistas de la ciudad. 

Ayuntamiento de Sevilla en el Siglo XVI (ver) (CC BY 3.0)

La decoración exterior responde a un complejo programa iconográfico destinado a exaltar la grandeza de Sevilla y las virtudes que debían presidir el gobierno de la ciudad, de tal modo que sobre la piedra se despliega una extraordinaria colección de relieves con motivos vegetales, grutescos, medallones, escudos, figuras mitológicas y personajes históricos. Entre ellos aparecen Hércules y Julio César, vinculados tradicionalmente a los orígenes legendarios de Sevilla, junto a representaciones alusivas a la justicia, la prudencia, la fortaleza y el buen gobierno. La decoración convertía la fachada en una auténtica declaración política, destinada a proclamar la antigüedad, nobleza y poder de la ciudad.

La construcción avanzó con dificultades. Durante 1527 y 1528 llegaron importantes partidas de piedra procedentes de Utrera y de otros lugares, mientras numerosos canteros y entalladores, procedentes de Sevilla, otras regiones peninsulares y Francia, intervenían en el proyecto.

Las dificultades económicas provocaron una interrupción a finales de 1529, aunque los trabajos se reanudaron en 1532. Fue entonces cuando comenzó con mayor intensidad la ejecución de los relieves escultóricos, en los que participaron artistas como Nicolás de León, Diego Guillén Ferrant y Jacques Gonçalo Herrandes.

La muerte de Diego de Riaño en Valladolid, el 30 de noviembre de 1534, no supuso el abandono de su proyecto, porque su aparejador, Juan Sánchez, asumió la dirección de las obras y continuó desarrollando las trazas originales.

En 1535 se amplió la construcción mediante la incorporación de unas casas contiguas que habían servido como almacén durante las obras. En este sector se levantó el Juzgado de los Fieles Ejecutores, relacionado con las funciones de control de pesos, medidas y abastecimientos de la ciudad.

La planta baja quedó prácticamente concluida hacia 1540 y se procedió a levantar el primer piso. La escalera monumental quedó terminada alrededor de 1545, con intervención de Roque Balduque (ver) en su decoración.

Entre 1550 y 1561 se construyó el cuerpo superior bajo la dirección de Juan Sánchez, que contó posteriormente con la colaboración de Hernán Ruiz el Joven. En 1562 se completaron las cubiertas de madera, incluida la correspondiente al archivo.

La relación del edificio con la plaza de San Francisco fue reforzada pocos años después mediante una monumental galería porticada de dos pisos. Hernán Ruiz el Joven diseñó esta logia, construida entre 1563 y 1564, que permitía contemplar desde el Ayuntamiento los espectáculos celebrados en la plaza. Aquella estructura desapareció en el siglo XIX, pero su existencia queda documentada tanto por las fuentes como por representaciones pictóricas de la antigua plaza de San Francisco.

Ayuntamiento de Sevilla en el Siglo XVI (ver) (CC BY 3.0)

Auto de Fe en la Plaza San Francisco de Sevilla en 1660. A la derecha, las arcadas del Ayuntamiento, realizadas por Hernán Ruiz, las cuales desaparecieron en el siglo XIX. (Anónimo. Colección Particular. Iglesia de la Magdalena. Sevilla)

Durante la segunda mitad del siglo XVI continuaron las obras y la ornamentación interior. En la década de 1570 se construyó la capilla del Cabildo y se completaron dependencias representativas.

A finales de 1573 quedó terminada la sala capitular alta, dotada de un rico artesonado dorado, vidrieras y rejas. De este modo, la Casa Consistorial se convirtió no sólo en un centro administrativo, sino también en un edificio concebido para representar solemnemente la autoridad municipal.

Como hemos comentado, el funcionamiento del Cabildo reflejaba la compleja estructura política del Antiguo Régimen. A su frente se encontraba el Asistente de Sevilla, representante de la Corona y encargado, entre otras atribuciones, de la administración de justicia y del control de las rentas. Junto a él actuaban los regidores o Veinticuatros, cuyo número fue variando con el tiempo, y los Jurados (leer mas), que habían nacido como representantes de las parroquias y como instrumento de vigilancia de la actuación de los regidores. Con el transcurso de los siglos, sin embargo, ambos cargos perdieron buena parte de su primitivo carácter representativo y quedaron vinculados a las oligarquías locales.

En el siglo XVIII numerosos oficios municipales se habían convertido en cargos patrimoniales, transmisibles e incluso vendibles, fenómeno favorecido en ocasiones por la propia Corona. La administración municipal quedaba así estrechamente ligada a las familias privilegiadas de la ciudad. Sevilla, además, figuraba entre las llamadas ciudades de estatuto, cuyos cargos municipales estaban sometidos a requisitos de hidalguía, limpieza de sangre y exclusión de determinados oficios. Esta estructura revela la distancia existente entre el municipio del Antiguo Régimen y el concepto moderno de administración local.

Grabado de 1735 Procesión del Corpus, a la derecha la logia de Hernán Ruiz II, sobre ésta, la cúpula y espadaña del convento de San Francisco (ver) (CC BY 3.0)

Las sesiones ordinarias del Cabildo se celebraban tradicionalmente varios días a la semana y podían desarrollarse en la sala capitular alta o baja según la estación. El Ayuntamiento defendía celosamente sus privilegios frente a otras instituciones, especialmente frente a la Real Audiencia, con la que mantuvo durante siglos una compleja relación de rivalidad y competencia.

La gran transformación de la Casa Consistorial llegó en el siglo XIX. El vecino convento de San Francisco, que había condicionado durante siglos el aspecto de la plaza, sufrió graves daños durante la ocupación francesa. Las tropas napoleónicas lo ocuparon en 1810 y lo utilizaron como cuartel, mientras numerosas obras de arte fueron expoliadas. Ese mismo año un incendio afectó gravemente al conjunto. Aunque los franciscanos regresaron posteriormente e intentaron repararlo, la situación del convento quedó definitivamente comprometida por la exclaustración y la desamortización de 1835.

1840 Ayuntamiento de Sevilla – Theophile Gautier Eugene Piot. (ver) (CC BY 3.0)

1844 Ayuntamiento de Sevilla y Plaza de San Francisco – Nicolás Chapuy, con la fuente del dios Mercurio de Bartolomé Morel. (ver) (CC BY 3.0)

La demolición del convento en 1845 permitió transformar por completo este sector de Sevilla. En 1850 el Estado cedió al Ayuntamiento los terrenos correspondientes al antiguo convento de San Francisco y a otras propiedades desamortizadas. Poco después comenzó la formación de la actual plaza Nueva, concebida como uno de los grandes espacios urbanos de la Sevilla decimonónica.

1845 Demolición del convento de San Francisco del que solo quedará la capilla de San Onofre oculta actualmente tras una fachada de la Plaza Nueva.

La ampliación de la Casa Consistorial se planteó en este nuevo escenario. En 1857 el Ayuntamiento expropió diversas casas anejas para conseguir la propiedad de toda la manzana y ampliar sus dependencias. Incluso llegó a realizarse un curioso trampantojo monumental para mostrar a Isabel II, durante su visita a Sevilla, el aspecto que tendría la futura ampliación. 

Pintura de 1850, con la pila del pato en primer término (ver) (CC BY 3.0)


Las obras comenzaron en 1858 bajo la dirección del arquitecto municipal Balbino Marrón y Ranero (ver). El nuevo proyecto modificó profundamente la configuración del edificio y creó una amplia fachada hacia la plaza Nueva, concebida en un lenguaje neoclásico. Esta nueva fachada, terminada en 1867, presenta una composición mucho más sobria y ordenada que la exuberancia ornamental del sector renacentista.

La intervención decimonónica tuvo también consecuencias importantes sobre la parte del siglo XVI. En 1866 se consideró que la antigua galería de Hernán Ruiz el Joven se encontraba en estado ruinoso y se decidió su demolición. La medida provocó la protesta de importantes personalidades del mundo artístico, entre ellas José Amador de los Ríos y Federico Madrazo, pero finalmente la galería fue desmontada. En su lugar, Demetrio de los Ríos prolongó la fachada plateresca hacia la plaza de San Francisco mediante una nueva arquitectura de inspiración neoplateresca.

1855-1868 Ayuntamiento de Sevilla, demolición de la logia de Hernán Ruiz II y reconstrucción de Demetrio de los Ríos de dos tramos en la plaza de San Francisco, el primero tallado y el segundo sin tallar, así como la fachada neoclásica de plaza Nueva (ver) (CC BY 3.0)

Esta ampliación explica la singular apariencia actual del Ayuntamiento. El edificio es, en realidad, el resultado de la superposición de diferentes momentos históricos: el núcleo renacentista del siglo XVI, la ampliación neoplateresca decimonónica y la fachada neoclásica abierta hacia la plaza Nueva. La prolongación de la fachada de San Francisco tampoco llegó a recibir toda la decoración prevista. En varios puntos pueden observarse bloques de piedra cuya talla quedó inconclusa, testimonio visible de las dificultades económicas que acompañaron la construcción.

La decoración de esta fachada continuó, además, durante las primeras décadas del siglo XX. Diversos escultores fueron completando los relieves entre finales del XIX y el XX, de manera que el conjunto actual no puede atribuirse exclusivamente a los artistas del siglo XVI. Esta circunstancia convierte la fachada en un auténtico compendio de la evolución de la escultura sevillana y de la recuperación historicista del Renacimiento durante los siglos XIX y XX.

También los espacios interiores fueron transformándose. La ampliación decimonónica incorporó nuevos salones y dependencias de carácter representativo, entre ellos el Salón Colón, concebido hacia 1870 y decorado con una galería de monarcas españoles.

En 1928 se adaptó el antiguo espacio del Juzgado de los Fieles Ejecutores para instalar en él la Alcaldía.

El carácter monumental de la Casa Consistorial fue reconocido oficialmente en 1931, cuando fue declarada Monumento Histórico-Artístico, quedando integrada posteriormente en la categoría de Bien de Interés Cultural.

Uno de los elementos más curiosos de la historia reciente del edificio fue la colocación, en 1914, de una gran reja neorrenacentista delante de la fachada del siglo XVI. Diseñada inicialmente por Francisco Aurelio Álvarez Millán, había sido enriquecida con motivos inspirados en la reja de la capilla de la Visitación de la Catedral. Sin embargo, lejos de proteger o realzar la fachada, terminó dificultando su contemplación y fue retirada en 1919.

La Casa Consistorial conserva asimismo un importante patrimonio histórico y artístico relacionado con la propia historia municipal. Entre sus bienes más significativos se encuentra el pendón de la ciudad, símbolo de la autoridad municipal, junto con pinturas, esculturas, artesonados, elementos arquitectónicos y piezas vinculadas a la larga trayectoria institucional del Ayuntamiento.

Una de las peculiaridades menos visibles de su emplazamiento se relaciona con la propia geografía histórica de Sevilla. El Ayuntamiento se levanta sobre un espacio profundamente transformado por la evolución del antiguo sistema fluvial de la ciudad. Tradicionalmente se ha señalado la existencia de un antiguo brazo del Guadalquivir, que discurría por este sector urbano y cuya huella se relaciona con el trazado de la actual avenida de la Constitución, la plaza de San Francisco y la calle Sierpes, hasta llegar a la laguna de la Alameda de Hércules. Las excavaciones realizadas en diferentes momentos han permitido documentar estructuras portuarias y restos relacionados con la actividad fluvial de la Sevilla romana, demostrando hasta qué punto la ciudad antigua estuvo condicionada por el agua.

La Casa Consistorial de Sevilla es, por tanto, mucho más que la sede administrativa del municipio. Sus muros resumen una parte esencial de la historia de la ciudad: la organización municipal surgida tras la conquista castellana, el ascenso de Sevilla como gran capital comercial de la Monarquía Hispánica, el esplendor renacentista asociado al comercio americano, la compleja estructura política del Antiguo Régimen, la profunda transformación urbana del siglo XIX y la consolidación de la Sevilla contemporánea.

Su extraordinaria singularidad reside precisamente en esa condición estratificada. La fachada plateresca de Diego de Riaño proclama el poder y la grandeza de la Sevilla del Renacimiento; la ampliación neoplateresca del XIX evoca deliberadamente aquel pasado glorioso, mientras la fachada neoclásica de la plaza Nueva refleja las aspiraciones de modernización y monumentalidad de la ciudad decimonónica. Entre ambas se desarrolla la historia de una institución que, desde el medieval Corral de los Olmos hasta la actual Casa Consistorial, ha sido uno de los principales escenarios de la vida pública sevillana.

EXTERIOR

El exterior del Ayuntamiento de Sevilla constituye uno de los conjuntos más singulares de la arquitectura civil española del Renacimiento. Su fachada, concebida en buena parte en estilo plateresco, convierte el edificio en un auténtico programa de piedra en el que arquitectura, escultura, heráldica e inscripciones se combinan para transmitir una determinada imagen de la ciudad, de su historia y de los ideales de justicia y buen gobierno.

Las primeras trazas del edificio se deben a Diego de Riaño, quien dirigió la construcción de la parte más antigua de la Casa Consistorial a partir de 1526. Esta primera campaña afectó especialmente al sector situado junto al Arquillo y a la plaza de San Francisco. El proyecto respondía a la voluntad del concejo sevillano de dotarse de una sede monumental acorde con la importancia que había adquirido la ciudad durante el siglo XVI, en plena expansión económica y comercial tras el descubrimiento de América.

Fachada a la Plaza de san Francisco

La fachada renacentista presenta una extraordinaria riqueza decorativa. El conjunto se levanta sobre un pequeño podio, circunstancia que contribuye a darle una presencia monumental en el espacio urbano. Sus dos plantas originales se articulan mediante pilastras en el nivel inferior y columnas en el superior, mientras que los espacios intermedios se cubren con relieves de inspiración italiana, especialmente florentina. Guirnaldas, grutescos, medallones, figuras mitológicas, escudos y emblemas se suceden por toda la superficie, formando una suerte de repertorio simbólico destinado a exaltar las virtudes cívicas y la grandeza de Sevilla.

Fotografía que muestra en su totalidad la fachada del Ayuntamiento a la Plaza de San Francisco (ver) (CC BY 3.0)

Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 

Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 
Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 
Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 
Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 
Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 
Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 
Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 
Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 
Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 
Guirnaldas, grutescos figuras mitológicas 

Uno de los elementos más característicos es el Arquillo, que comunica la plaza de San Francisco con la plaza Nueva. Su origen está relacionado con el antiguo convento de San Francisco, que ocupaba buena parte de este sector de la ciudad hasta su desaparición tras la desamortización del siglo XIX. El paso conserva una decoración en la que se entremezclan referencias civiles y religiosas. 

Vista del Arquillo desde la plaza de san Francisco

Vista del Arquillo desde la Avda. de la Constitución

Vista del Arquillo desde la plaza Nueva

Placa Cervantina en el interior del Arquillo

Sobre el arco aparece un medallón con la Virgen María entre dos ángeles, mientras que a ambos lados se disponen escudos con las Cinco Llagas de Cristo acompañadas por cordones franciscanos, clara alusión al convento al que antiguamente daba acceso.

Detalle del Arco

Medallón con la Virgen María entre dos ángeles y escudos con las Cinco Llagas de Cristo

Detalle de la Virgen María entre dos ángeles

El Arquillo está flanqueado por dos hornacinas que albergan las esculturas de Hércules y Julio César. La presencia de ambos personajes responde a una antigua tradición legendaria según la cual Hércules habría fundado Sevilla y Julio César habría intervenido posteriormente en su fortificación y engrandecimiento. De este modo, la fachada incorpora a la propia arquitectura municipal una interpretación mítica de los orígenes de la ciudad.

Hércules

Julio César

En los relieves del conjunto aparecen también las columnas de Hércules, acompañadas por el lema Plus Ultra, expresión vinculada a la expansión de la monarquía hispánica más allá de los límites que la Antigüedad había considerado infranqueables. Junto a ellas se encuentran referencias a la Corona y al poder imperial, entre las que destaca el Toisón de Oro y la cruz de San Andrés, símbolos relacionados con la monarquía de los Austrias.

Columnas de Hércules, acompañadas por el lema Plus Ultra

Columnas de Hércules, acompañadas por el lema Plus Ultra

Cruz de San Andrés

Cruz de San Andrés

Especial interés tienen los medallones con bustos de personajes históricos y mitológicos. Entre ellos se identifica a Julio César, bajo cuya representación aparece la inscripción S. P. Q. HIS., abreviatura de Senatus Populusque Hispalensis, es decir, “el Senado y el Pueblo de Sevilla”. La fórmula constituye una adaptación local del célebre S. P. Q. R. romano y revela hasta qué punto el Ayuntamiento quiso presentar a Sevilla como una ciudad heredera de la tradición política y urbana de la Antigüedad.

Julio César

Julio César

La tradición popular identifica a dos medallones con las actrices Ava Gardner y Grace Kelly. Un artículo de ABC de 2014 relaciona uno de ellos con la visita de Grace Kelly a Sevilla en 1966, señalando que el escultor y catedrático Manuel Echegoyan, impresionado por su belleza, pudo representarla en la fachada del Ayuntamiento. Sin embargo, no está confirmado quién realizó el medallón atribuido a Ava Gardner.

Ava Gardner

Grace Kelly

Como hemos comentado, otros bustos se refieren personajes históricos y mitológicos que no he conseguido identificar claramente.









En uno de los rincones de la fachada oriental se encuentra además una cruz de piedra cuya interpretación ha dado lugar a diferentes hipótesis. Tradicionalmente se ha relacionado con los autos de fe celebrados por la Inquisición en la plaza de San Francisco, asociación que ha alimentado numerosas referencias populares.

Sin embargo, la documentación gráfica demuestra que la cruz ya existía antes del último auto de fe celebrado en Sevilla, en 1781. Tanto el grabado de la procesión del Corpus realizado por Pedro Tortorello en 1735 como una obra de la serie de la Gran Mascarada de Domingo Martínez, fechada en 1748, permiten comprobar su presencia en el lugar con anterioridad.

Por ello, parece más razonable buscar su origen en otra circunstancia histórica. 

Una de las hipótesis más aceptadas relaciona la cruz con la memoria de los fallecidos durante la gran epidemia de peste de 1649, que tuvo consecuencias demográficas devastadoras para Sevilla y redujo enormemente su población. Según esta interpretación, el monumento podría señalar o recordar un espacio de enterramiento colectivo situado en las inmediaciones de la plaza (leer mas)

Fachada

Cruz de la Inquisición

Sobre una de las ventanas de la zona del apeadero se encuentra otro relieve particularmente significativo: el escudo de Sevilla, representado con Fernando III sentado en su trono y acompañado por san Isidoro y san Leandro. La elección de estos personajes sintetiza diferentes momentos de la historia sevillana: la conquista cristiana de la ciudad, encarnada por el rey santo, y su vinculación con la tradición visigoda y con los dos grandes obispos hispalenses.

Otro relieve semejante, sobre el escudo de NO8DO podemos observar en la pared oriental.

 

Zona del apeadero

Fernando III sentado en su trono y acompañado por san Isidoro y san Leandro

La puerta del apeadero presenta asimismo relieves de carácter moral y religioso: en su zona superior aparecen dos soldados asociados a las columnas de Hércules. 

Puerta del apeadero

Dos soldados asociados a las columnas de Hércules

Dos soldados asociados a las columnas de Hércules

En la parte intermedia, inscripciones latinas tomadas de distintos pasajes bíblicos, concretamente de Ezequiel y del libro de la Sabiduría.

Una inscripción es una adaptación de un pasaje del capítulo 6 del Libro de la Sabiduría (Sabiduría 6, 1-6), dirigido a jueces y gobernantes, donde se advierte a quienes ejercen el poder que su autoridad está sometida al juicio divino. En la cartela aparecen las palabras abreviadas y separadas mediante puntos.

La traducción al español del texto que se lee en la tabla es: “Oíd, pues, reyes, y entended; aprended, jueces de los confines de la tierra. Prestad oído, vosotros que gobernáis a las multitudes y os gloriáis del poder sobre los pueblos. Porque el poder os ha sido dado por el Señor y la autoridad por el Altísimo, quien examinará vuestras obras y escudriñará vuestros pensamientos. Pues, siendo ministros de su reino, no juzgasteis rectamente, ni guardasteis la ley de la justicia, ni caminasteis según su voluntad. Terrible y rápidamente se os manifestará, porque un juicio severísimo espera a quienes gobiernan.”

Primera inscripción latina: IUDICES TERRAE, QUI NON CUSTODISTIS LEGEM IUSTITIAE, NEQUE RECTE IUDICASTIS, DURISSIMUM IUDICIUM APPAREBIT VOBIS.

La segunda tabla recoge, con abreviaturas, el pasaje de Ezequiel 45, 9-10, dirigido expresamente a los “príncipes de Israel”: “Esto dice el Señor Dios: ¡Basta ya, príncipes de Israel! Abandonad la violencia y las rapiñas, practicad el derecho y la justicia; apartad vuestras exacciones de mi pueblo, dice el Señor Dios. Tendréis una balanza justa, un efá justo y un bato justo.”

Segunda inscripción latina: PRINCIPES IIQVITATES ET RAPINA INTERMITITTE ET IVDICIV ET IVSTICA FACITE SIT STATERA VRA IVSTA ET DEVUS IVSTVS ERIT VOBIS DICENS DNS

En la parte inferior de la puerta destacan igualmente dos relieves alegóricos.

En uno de ellos se muestra un interesante relieve plateresco en el que dos figuras masculinas, a modo de tenantes, flanquean una fuente o recipiente del que emerge una profusa decoración vegetal y frutal. Sobre la composición destaca una cabeza de león, símbolo tradicional de fuerza, autoridad y vigilancia. El conjunto parece desarrollar una alegoría de la abundancia y prosperidad, asociada al buen gobierno de la ciudad, dentro del complejo programa iconográfico renacentista de la Casa Consistorial. 

Parte inferior de la puerta

En el otro relieve se distinguen dos figuras femeninas semidesnudas de inspiración clásica, vestidas con largos paños, que sostienen una amplia tela que enmarca una cabeza masculina de rasgos fantásticos, de cuya boca parten los extremos de la tela. En la zona inferior aparecen frutos, hojas, conchas y otros motivos vegetales. Aunque no se conoce una identificación iconográfica precisa de la composición, su repertorio permite interpretarla, igualmente, como una alegoría de la abundancia y la prosperidad, integrada en el discurso simbólico del edificio sobre las virtudes del buen gobierno, la armonía y la justicia. Las figuras y los elementos vegetales responden al lenguaje de inspiración clásica y de grutescos característico de la decoración plateresca del Ayuntamiento de Sevilla.

Parte inferior de la puerta

Así, todo este repertorio pretendía recordar a quienes accedían al espacio municipal la responsabilidad, la justicia y la rectitud que debían presidir el ejercicio del poder y recuerda a que su poder no es absoluto y que deben ejercerlo con justicia, rectitud y responsabilidad.

La heráldica ocupa igualmente un lugar destacado. En determinados puntos de la fachada aparecen las armas imperiales junto a las de Sevilla, mientras que el conocido NO8DO, emblema tradicional de la ciudad, se incorpora a la decoración arquitectónica. Este símbolo aparece también en las proximidades de las puertas y ventanas y establece una identificación directa entre el edificio y la propia ciudad.

Fernando III sentado en su trono y acompañado por san Isidoro y san Leandro, sobre el escudo NO8DO

NO8DO, emblema tradicional de la ciudad

NO8DO, emblema tradicional de la ciudad
NO8DO, emblema tradicional de la ciudad
NO8DO, emblema tradicional de la ciudad
NO8DO, emblema tradicional de la ciudad

La puerta oriental, abierta hacia la plaza de San Francisco, constituye otro magnífico ejemplo del carácter simbólico de la decoración. En ella aparecen enfrentados el escudo imperial y las armas de Sevilla, mientras que en la parte inferior se dispusieron dos cartelas en texto latino. 

Puerta hacia la plaza de San Francisco

Escudo imperial

Escudo de armas de Sevilla

De las cartelas, una se corresponde al comienzo del Salmo 14 (13 según la numeración de algunas tradiciones):

“Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién descansará en tu monte santo? El que camina sin mancha y obra con justicia; el que habla la verdad en su corazón; el que no ha cometido engaño con su lengua; el que no hace mal a su prójimo ni acepta el oprobio contra él.”

Es un texto de carácter moral: establece las cualidades que debe reunir quien es digno de acercarse a Dios. La “habitación en el tabernáculo” y el “monte santo” son expresiones simbólicas de la presencia divina, mientras que la respuesta del salmo insiste en la integridad de la conducta: vivir justamente, hablar con sinceridad, no calumniar ni perjudicar al prójimo.

DOMINE, QUIS HABITABIT IN TABERNACULO TUO? AUT QUIS REQUIESCET IN MONTE SANCTO TUO? QUI INGREDITUR SINE MACULA ET OPERATUR IUSTITIAM, QUI LOQUITUR VERITATEM IN CORDE SUO, QUI NON EGIT DOLUM IN LINGUA SUA, QUI NON FECIT PROXIMO SUO MALUM ET OPPROBRIUM NON ACCEPIT ADVERSUS PROXIMUM SUUM.

La inscripción de la segunda tabla continúa el texto del salmo que aparece en la imagen anterior. Se trata del Salmo 14 de la Vulgata (Salmo 15 en la numeración hebrea), y recoge la parte final, dedicada a las virtudes que debe poseer quien desea vivir en presencia de Dios.

ADVERSUS PROXIMOS SUOS AD NIHILUM DEDUCTUS EST IN CONSPECTU EIUS MALIGNUS, TIMENS AUTEM DOMINUM GLORIFICAT, QUI IURAT PROXIMO SUO ET NON DECIPIT, QUI PECUNIAM SUAM NON DEDIT AD USURAM ET MUNERA SUPER INNOCENTEM NON ACCEPIT.
QUI FACIT HAEC NON MOVEBITUR IN AETERNUM.

La traducción al español sería: “Contra sus prójimos no ha obrado mal. El malvado es tenido por nada ante sus ojos, pero honra a los que temen al Señor. El que hace un juramento a su prójimo y no lo defrauda; el que no presta su dinero con usura ni acepta regalos contra el inocente. Quien hace estas cosas no será conmovido jamás”.

En conjunto con la inscripción de la primera imagen, el sentido completo del salmo es muy claro. Comienza preguntando quién puede habitar en el santuario de Dios y quién puede permanecer en su monte santo, para responder enumerando las condiciones morales necesarias: caminar con rectitud, practicar la justicia, decir la verdad, no calumniar ni perjudicar al prójimo, respetar los compromisos, no practicar la usura y no dejarse corromper mediante regalos o sobornos.

Resulta especialmente interesante que el texto esté tallado en una cartela de madera ornamentada con roleos, paños y una cabeza de león con argolla. La combinación entre la inscripción y la decoración convierte el conjunto en una pieza de carácter moralizante: la belleza ornamental sirve de marco a una enseñanza religiosa sobre la conducta que debe observar el cristiano para alcanzar la vida eterna.

Entre los numerosos detalles escultóricos de la fachada merece una mención especial un motivo de carácter moralizante en el que dos niños sostienen sendas calaveras. Se trata del conocido tema del “Nascendo Moritur”, expresión latina que alude a la fugacidad de la existencia: desde el mismo instante en que nacemos comenzamos a morir. La presencia de este motivo, propio de la tradición de la vanitas, introduce en medio de la exaltación de la ciudad, de sus gobernantes y de sus símbolos una reflexión sobre la inevitable condición mortal del ser humano.

Niño sosteniendo calavera

También nos podemos detener a observar las rejas que acompañan a las puertas o vanos dirigidas a la plaza de san Francisco que constituye un magnífico ejemplo de la integración entre arquitectura y ornamentación en la Casa Consistorial de Sevilla y una prolongación en hierro del programa ornamental de la fachada.

Puerta o vano

Parte superior 

Dos criaturas fantásticas afrontadas ocupan el centro del vano. Por su anatomía —cuerpo de ave, alas desplegadas y aspecto de animal fabuloso— deben interpretarse como seres híbridos de carácter mitológico, próximos al repertorio de grutescos renacentistas que pueden entenderse como guardianes simbólicos del edificio público.

Parte inferior 

En la parte inferior de la reja aparece un elaborado relieve de carácter renacentista compuesto por dos cisnes afrontados, con las alas desplegadas, rodeados de roleos vegetales, frutos y seres de apariencia fantástica. Los cisnes, tradicionalmente asociados a la belleza, la pureza y la armonía, se integran aquí en un repertorio de carácter alegórico en el que la vegetación y los frutos evocan la abundancia y la prosperidad.

Puerta 

Parte superior 

En el centro de cada una de las dos hojas aparecen sendas figuras masculinas barbadas, integradas entre la vegetación. Evocan la Antigüedad y el humanismo, mientras que la simetría y la riqueza ornamental confieren al acceso una imagen de orden, nobleza y autoridad.

Parte inferior 

Las aves enfrentadas representan simbólicamente la vigilancia y la elevación, mientras que su disposición simétrica expresa equilibrio y armonía. El elemento central, semejante a una cartela heráldica, introduce la idea de identidad y dignidad institucional.

Puerta 

Parte superior 

Los recipientes o cestos de los que parecen brotar los frutos introducen una clara evocación de la abundancia y la fertilidad. La vegetación exuberante, los frutos y la vid pueden interpretarse, en conjunto, como símbolos de prosperidad, riqueza y fecundidad.

Parte inferior 

En la parte inferior aparece un motivo heráldico formado por dos mazas ceremoniales cruzadas, dispuestas en aspa y rematadas por una corona.

Las mazas cruzadas adoptan una disposición en aspa que puede recordar formalmente a la cruz de San Andrés, pero constituyen uno de los símbolos tradicionales de la dignidad y autoridad del Cabildo sevillano. 

El uso de las mazas por el Ayuntamiento de Sevilla se encuentra documentado desde el siglo XV y posteriormente quedaron incorporadas a la propia representación heráldica de la ciudad. La corona situada sobre el conjunto introduce la referencia a la Corona y a la vinculación histórica entre la ciudad y la Monarquía.

Puerta 

Parte superior 

La reja presenta una composición simétrica de inspiración neorrenacentista, integrada por dos grandes águilas afrontadas, de alas desplegadas, entrelazadas con una exuberante decoración de roleos, hojas, flores y formas serpentiformes.

Todo el conjunto se encuentra enmarcado por un arco profusamente ornamentado con grutescos, mascarones y motivos vegetales, siguiendo el lenguaje decorativo de la fachada plateresca del Ayuntamiento.

El águila, desde la Antigüedad, constituye un poderoso símbolo de autoridad, victoria, fortaleza y elevación, y durante el Renacimiento fue asimismo uno de los emblemas asociados al poder imperial.

Parte inferior 

En los paneles inferiores de la rejería aparecen dos aves afrontadas, dispuestas simétricamente a ambos lados de un recipiente del que brotan motivos vegetales y florales. Bajo ellas se entrelazan dos formas serpentiformes, mientras que todo el conjunto queda envuelto por una abundante decoración de hojas, flores y roleos.

El motivo de las aves afrontadas junto a vasos, fuentes o elementos vegetales podían adquirir significados relacionados con la vida, la renovación y la eternidad.

Así, la decoración renacentista no se limita a embellecer el edificio. Cada figura, cada escudo y cada inscripción participa de un discurso destinado a presentar el Ayuntamiento como sede de una comunidad política con una historia ilustre y unas responsabilidades concretas. 

El lenguaje clásico, las referencias mitológicas, los símbolos cristianos y las alusiones a la monarquía se integran en un programa concebido para legitimar la autoridad municipal y ensalzar la grandeza de Sevilla.

A esta construcción renacentista se añadieron posteriormente otras partes del edificio. La fachada que mira a la actual Plaza Nueva responde fundamentalmente a una intervención neoclásica, de composición más sobria que contrasta con la exuberancia escultórica del frente de San Francisco.

Fachada a la Plaza Nueva

Detalle del reloj y debajo el escudo de la ciudad

De este modo, el Ayuntamiento ofrece dos imágenes arquitectónicas diferentes: una vinculada al lenguaje clásico y académico de los siglos XVIII y XIX, y otra que conserva la extraordinaria fantasía ornamental del Renacimiento sevillano.

Y, como suele ocurrir con los monumentos sevillanos, tampoco falta la tradición popular. Una antigua leyenda asegura que quien atraviesa el Arquillo no llegará a casarse. La historia, muy repetida entre los sevillanos, ha convertido el paso bajo el arco en escenario de bromas y supersticiones. 

Contemplar hoy el exterior del Ayuntamiento de Sevilla supone, en definitiva, enfrentarse a una verdadera enciclopedia de piedra:

Hércules y Julio César, Fernando III, san Isidoro y san Leandro, las columnas de Hércules, el Toisón de Oro, el NO8DO, las armas imperiales, las Sagradas Escrituras, las Cinco Llagas y hasta las calaveras de la vanitas conviven en una fachada que habla simultáneamente de la historia, la mitología, la religión, la monarquía y la condición humana. 

Pocas fachadas civiles sevillanas expresan con tanta riqueza la voluntad del Renacimiento de convertir la arquitectura en un lenguaje capaz de narrar la identidad y la memoria de toda una ciudad.

INTERIOR


Del interior solo he tenido oportunidad de fotografiar el Vestíbulo y la Sala Capitular de la planta baja.

Vestíbulo

La entrada por la puerta principal, a la plaza Nueva, da acceso a la escalera Imperial renacentista, ejecutada por Juan Sánchez y cubierta con una hermosa cúpula obra de Hernán Ruiz. En el centro y los laterales del primer descanso destacan tres grandes cuadros.

En el centro, la Paz de Wad-Res de Joaquín Domínguez Bécquer, y en los laterales, Una vista de Sevilla, anónimo de 1276 y el Curso del Guadalquivir, anónimo de 1760.

 

La escalera desde la puerta de entrada al Consistorio 

La Paz de Wad-Ras. Joaquín Domínguez Bécquer. 1870.Óleo sobre lienzo. 317 x 587 cm. Ayuntamiento de Sevilla (Leer mas)

Vista de Sevilla. Anónimo sevillano. 1276

Detalle. Vista de Sevilla. Anónimo sevillano. 1276

Curso del rio Guadalquivir desde Sevilla hasta su desembocadura. Anónimo sevillano. 1760

Detalle. Curso del rio Guadalquivir desde Sevilla hasta su desembocadura. Anónimo sevillano. 1760

Destacan los cuadros de San Gabriel y san Rafael, obras de Alonso Miguel de Tovar, que los pintó representados con un horizonte bajo para resaltar la monumentalidad de su figura. El pintor se basó en los repertorios iconográficos de la Corte, en concreto de Antonio Ducca, grabados por Jerónimo Wierix. El cuadro del arcángel Rafael tiene gran paralelismo con la estética de Murillo.

San Gabriel. Alonso Miguel de Tovar. Óleo sobre lienzo. 1,76 x 1,10 m. Procede del Asilo de la Mendicidad de San Fernando de Sevilla

San Rafael. Alonso Miguel de Tovar. Óleo sobre lienzo. 1,76 x 1,10 m. Procede del Asilo de la Mendicidad de San Fernando de Sevilla

Un cuadro de San Fernando y dos cuadros religiosos de los que no tengo información.

San Fernando



Finalmente, se presenta una serie de maquetas de las puertas de Sevilla.

Puerta del Arenal. Originariamente almohade. Derribada en 1566 y reedificada de nueva planta. Demolida en 1864

Puerta del Sol. Originariamente almohade. Derribada en la segunda mitad del siglo XIX. El origen de su nombre es un enorme Sol sobre el dintel de la puerta como símbolo de orientación a levante

Puerta de Jerez. De época almohade. Daba salida natural a la ciudad de Jerez con lapida;” Hércules me edificó-Julio Cesar me cercó de muros y torres altas- El Rey santo me ganó con Garcí Pérez de Vargas

Puerta de Triana. Puerta almohade. Considerada artísticamente la más importante de la Ciudad. Derribada y reedificada en 1585. Demolida en 1868.

Sala Capitular


La Sala Capitular Baja del Ayuntamiento de Sevilla es, sin duda, uno de los espacios de mayor interés artístico y simbólico de la Casa Consistorial.

Concebida en el siglo XVI como lugar de reunión del cabildo municipal, mantuvo esta función durante varios siglos, hasta 2007.

Su arquitectura y, sobre todo, su extraordinario programa escultórico convierten la estancia en una auténtica síntesis de los ideales políticos, religiosos y morales que debían presidir el gobierno de la ciudad en la época de Carlos I.

La sala forma parte de la gran ampliación renacentista de las Casas Capitulares emprendida bajo la dirección de Diego de Riaño, arquitecto también relacionado con la Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla.

Se trata de una estancia de proporciones solemnes, concebida para las deliberaciones de los caballeros Veinticuatro y los jurados, representantes del gobierno municipal. El carácter institucional del recinto queda anunciado ya en el acceso, sobre cuya puerta aparece un relieve con el escudo de Sevilla acompañado de la inscripción latina “Sconcilii Nobilissime Civitatis Hispalensis”, es decir, “Consejo de la Noble Ciudad Hispalense”.

Puerta de entrada a la Sala Capitular Baja

Relieve sobre el dintel de la puerta con el escudo de Sevilla

El elemento que primero atrae la mirada es la extraordinaria bóveda de piedra que cubre la estancia. Su superficie aparece dividida en treinta y seis casetones, decorados con figuras de monarcas castellanos y españoles, desde Alfonso III el Magno hasta Carlos V. En la realización de las esculturas y de los numerosos elementos ornamentales participaron distintos artistas, circunstancia que explica la riqueza y variedad de soluciones presentes en la bóveda.

La decoración original estuvo además policromada. Los nervios recibieron dorados, mientras que los relieves del friso, los motivos vegetales de los casetones y diversos detalles de las figuras —vestiduras, coronas, cetros, galones, joyas, rosarios, cordones y espadas— estuvieron enriquecidos mediante el color y el oro. En determinadas zonas se empleó pintura al fresco para conseguir las tonalidades verdes y azules, mientras que otras superficies de la piedra recibieron veladuras destinadas tanto a protegerla como a proporcionar una determinada entonación cromática. Esta policromía, hoy mucho menos perceptible que en origen, debió de otorgar al espacio una apariencia extraordinariamente suntuosa.

Detalle de la bóveda de piedra

Los muros, deliberadamente sobrios en sus partes inferiores, están recorridos por bancos corridos de piedra que ocupaban los miembros del cabildo. 

Detalle de los muros y de los por bancos corridos de piedra que ocupaban los miembros del cabildo.

Sobre ellos se desarrolla un amplio programa decorativo concentrado principalmente en los frisos y testeros, que recorre todo el perímetro de la estancia. 

En él se suceden relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas, escudos, medallones y bustos, entre los que se identifican figuras como Carlos I, Isabel de Portugal y Hércules. 

La utilización de personajes históricos y mitológicos junto a símbolos religiosos y municipales revela la voluntad de construir un discurso complejo sobre el origen, la legitimidad y las obligaciones del poder.

Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.

Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.
Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.
Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.
Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.
Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.
Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.
Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.
Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.
Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.
Detalle de algunos relieves, grutescos, motivos vegetales, figuras alegóricas.

Especial importancia tienen las inscripciones latinas que podemos contemplar bajo el friso.  

La primera inscripción corresponde a Éxodo 23, 2.:” NON SEQUERIS TURBAM AD FACIENDUM MALUM, NEC IN IUDICIO PLURIMORUM ACQUIESCAS SENTENTIAE, UT A VERITATE DEVIES.” (“No seguirás a la multitud para hacer el mal, ni en un juicio te inclinarás por la opinión de la mayoría para apartarte de la verdad.”)

El texto de la segunda inscripción latina parece corresponder a Deuteronomio 1, 16-17: “AUDITE ILLOS, ET QUOD IUSTUM EST IUDICATE, SIVE CIVIS SIT ILLE SIVE PEREGRINUS. NULLA ERIT DISTANTIA PERSONARUM, ITA PARVUM AUDIETIS UT MAGNUM, NEC ACCIPIETIS CUIUSQUAM PERSONAM, QUIA DEI IUDICIUM EST”. (“Escuchadlos y juzgad lo que sea justo, tanto si se trata de un ciudadano como de un extranjero. No haréis distinción entre personas; escucharéis al pequeño como al grande y no tendréis acepción de personas, porque el juicio pertenece a Dios.”)

El texto de la tercera inscripción latina parece corresponder a Salustio, concretamente a la Conjuración de Catilina (51, 1): “OMNES HOMINES, QUI DE REBUS DUBIIS CONSULTANT, AB ODIO, AMICITIA, IRA ATQUE MISERICORDIA VACUOS ESSE DECET. HAUD FACILE ANIMUS VERUM PROVIDET, UBI ILLA OFFICIUNT”. (“Conviene que todos los hombres que deliberan sobre asuntos dudosos estén libres de odio, amistad, ira y misericordia. Difícilmente el ánimo percibe la verdad cuando esos sentimientos se interponen.”)

En conjunto, las tres inscripciones forman un verdadero programa moral del buen gobierno: no dejarse arrastrar por la mayoría, juzgar sin distinción entre las personas y mantener la mente libre de odio, amistad, ira o compasión cuando estas puedan impedir alcanzar la verdad.

Uno de los principales conjuntos se encuentra en el testero frontal. En su centro aparece Cristo crucificado en el Calvario, acompañado por la Virgen María y san Juan Evangelista. 

Calvario

A ambos lados se incorporan escenas relacionadas con el sacrificio de Isaac: Abraham aparece dispuesto a sacrificar a su hijo, mientras un ángel interviene para impedirlo. La escena  puede entenderse como un precedente simbólico del sacrificio de Cristo y, dentro del programa general de la sala, contribuye a establecer una relación entre la justicia divina y la actuación de quienes tenían la responsabilidad de administrar la justicia terrenal.

Sacrificio de Isaac 

Detalle del ángel

A ambos lados aparecen además cartelas con el conocido emblema de Sevilla, el NO8DO.

Sacrificio de Isaac y cartela con el emblema de Sevilla, el NO8DO

Detalle de cartela con el NO8DO

El testero situado frente al Calvario desarrolla otro de los grandes ejes conceptuales de la decoración: las virtudes que debían orientar el ejercicio del poder. 

Allí se representan las siete virtudes fundamentales de la tradición cristiana y moral de la época: las tres teologales —Fe, Esperanza y Caridad— y las cuatro cardinales —Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza—El programa recordaba a los gobernantes que sus decisiones debían estar sometidas a principios morales y, de manera muy especial, a la justicia.

Las siete virtudes

Esperanza

Fe

Caridad

Justicia

Templanza

Prudencia

Fortaleza

Los otros dos testeros completan el discurso histórico y político. En el muro oriental aparecen referencias a Carlos I, cuyo reinado constituye el contexto fundamental de la construcción de las nuevas Casas Capitulares. Destaca el escudo imperial, acompañado por Hércules y Julio César, personajes vinculados simbólicamente con la tradición histórica y legendaria de Sevilla y con la grandeza de la monarquía. También aparecen las columnas de Hércules con el lema “Plus Ultra”, expresión del carácter universal de la monarquía de Carlos V, así como la cruz de Borgoña o de San Andrés y el toisón de oro.

Escudo imperial, acompañado por Hércules y Julio César

Columnas de Hércules con el lema “Plus Ultra”

Cruz de Borgoña o de San Andrés

El testero occidental, por su parte, remite a la conquista cristiana de Sevilla y a la figura de san Fernando. El escudo de la ciudad se integra en un conjunto en el que aparecen jinetes enfrentándose a sus enemigos, un castillo y grupos de prisioneros musulmanes. De esta manera, la decoración relacionaba el presente político de la ciudad con su pasado medieval y con la conquista de Sevilla por Fernando III en 1248.

San Fernando en el escudo de la ciudad

Jinetes

Jinetes

Prisioneros

Un castillo

Entre las obras incorporadas posteriormente destaca el lienzo (óleo sobre lienzo de 1,68 x 2,75 cm) de las santas Justa y Rufina realizado por Juan de Espinal en 1760 por encargo del cabildo municipal. La presencia de las dos santas sevillanas añade una dimensión propiamente local a un programa que, desde su origen, había buscado relacionar la historia universal, la monarquía, la religión y la identidad de Sevilla.

“El terremoto de 1755 del que se cuenta que se salvó la ciudad gracias a la milagrosa aparición de la intervención de las santas Justa y Rufina, llevó al Cabildo Municipal a encargarle el 17 de mayo de 1759 a Juan de Espinel este lienzo con la imagen de estas santas, no finalizándolo hasta el 15 de febrero del año siguiente. Es la única obra que permanece aún en la Sala Capitular para la que se pintó”.

Santas Justa y Rufina. Juan de Espinal. 1760. Óleo sobre lienzo. 1,68 x 2,75 cm

Y El Tríptico del Maestro de la Mendicidad, “este tríptico es una obra maestra del primer renacimiento en Sevilla. La tabla central representa a la Virgen entronizada a la manera de las Madonas italianas de principio del siglo XVI y al Niño Jesús sosteniendo un jilguero. Las tabas laterales representan a San Bartolomé y al arcángel San Miguel. La Iglesia de Santa María de Carmona conserva otro tríptico de la misma mano dedicado a Santa Marta”.

Tríptico del Maestro de la Mendicidad. Hacia 1525. Óleo sobre tabla. 1,68 x 0,81 cm. Procede del Asilo de la Mendicidad (leer mas)

Finalmente, destacamos la figura de San Fernando y el escudo de la ciudad en las puertas de entrada a la sala capitular, un arcón con las columnas de Hércules y un sofá con el escudo de la ciudad.

San Fernando

Escudo de la ciudad

Arcón con las columnas de Hércules

Sofá con el escudo de la ciudad

Así, la Sala Capitular Baja no debe contemplarse únicamente como un magnífico ejemplo de arquitectura y escultura renacentistas. Todo en ella responde a una idea: quienes gobernaban la ciudad debían hacerlo bajo la mirada de la historia, de la religión y de la justicia. Los monarcas de la bóveda, las escenas bíblicas, las virtudes, los símbolos de Carlos V, las referencias a san Fernando y las máximas latinas forman un programa unitario destinado a recordar que el poder municipal llevaba aparejada una responsabilidad moral. Precisamente por esa perfecta integración entre arquitectura, escultura, iconografía e historia, la Sala Capitular Baja puede considerarse uno de los espacios más sobresalientes y elocuentes de todo el Ayuntamiento de Sevilla.