ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA
Los Recoveros.
Durante
buena parte del siglo XX, y especialmente en los difíciles años de la posguerra
española, la supervivencia de miles de familias rurales dependió de una
economía basada en el autoconsumo, el aprovechamiento de todos los recursos
disponibles y el intercambio de productos. En ese contexto surgió una figura
imprescindible, hoy prácticamente desaparecida y casi olvidada: el recovero.
Durante buena
parte del siglo XX, y especialmente en los difíciles años de la posguerra
española, la supervivencia de miles de familias rurales dependió de una
economía basada en el autoconsumo, el aprovechamiento de todos los recursos
disponibles y el intercambio de productos. En ese contexto surgió una figura
imprescindible, hoy prácticamente desaparecida y casi olvidada: el recovero.
Los
recoveros eran comerciantes ambulantes que recorrían pueblos, aldeas y cortijos
transportando sus mercancías a lomos de mulos, burros o caballos, y más tarde
en pequeñas furgonetas cuando mejoraron las comunicaciones. Su labor iba mucho
más allá de la simple venta de productos. Actuaban como intermediarios entre el
mundo rural y las poblaciones de mayor tamaño, llevando hasta los lugares más
aislados aquellos artículos que las familias campesinas no podían producir por
sí mismas.
La economía de muchas comarcas españolas apenas
generaba dinero en efectivo. Los jornales eran escasos y mal remunerados,
mientras que las familias obtenían la mayor parte de su sustento de sus propias
huertas, corrales y pequeños rebaños. Sin embargo, necesitaban adquirir telas,
calzado, azúcar, arroz, café, jabón, utensilios domésticos, menaje, pescado en
salazón o herramientas. Para conseguir estos bienes recurrían al trueque, sistema
en el que el recovero desempeñaba un papel fundamental.
Los productos entregados como pago eran muy variados.
Los huevos constituían la principal moneda de cambio debido a su gran demanda
en las ciudades, aunque también se intercambiaban gallinas, pollos, conejos,
pavos, trigo, cebada, lana recién esquilada, productos de la huerta, pieles de
animales e incluso leña en determinadas comarcas serranas. Aunque el pago se
realizaba en especie, cada mercancía era valorada en pesetas para facilitar la contabilidad.
El recovero anotaba cuidadosamente las operaciones en una libreta y ajustaba
las cuentas según la cotización semanal de los productos, especialmente la del
huevo, cuyo precio variaba según la época del año.
En torno al comercio del huevo llegó a desarrollarse
toda una actividad económica. Los recoveros recorrían las aldeas recogiendo
docenas que después protegían cuidadosamente con paja o virutas dentro de cajas
y jaulas de madera para evitar roturas durante el transporte. Una vez reunidas
grandes cantidades, los cargamentos eran enviados en camiones hacia las ciudades,
donde eran vendidos en mercados y tiendas de alimentación. En algunas zonas
incluso surgieron pequeñas explotaciones avícolas para abastecer esta creciente
demanda.
El recovero no solo comerciaba. Era también recadero,
mensajero e incluso portavoz de noticias. Transportaba cartas, encargos y
pequeños paquetes entre pueblos, transmitía avisos familiares y mantenía
informadas a las personas que vivían en cortijos alejados de cualquier núcleo
urbano. En una época sin teléfono, televisión ni buenas carreteras, su llegada
suponía conocer las novedades de la comarca: nacimientos, bodas, fallecimientos
o cualquier otro acontecimiento importante. Para muchas familias era el único
contacto periódico con el exterior.
El oficio requería un profundo conocimiento del
territorio y una enorme resistencia física. Las jornadas comenzaban antes del
amanecer y podían prolongarse durante varios días recorriendo caminos de montaña,
veredas embarradas y senderos prácticamente intransitables. Además, era
necesario disponer de una autorización municipal para ejercer legalmente la
actividad, conocida popularmente como matrícula o licencia de ropavejero.
El
declive de los recoveros comenzó a finales de la década de 1960. La
mecanización del campo, el éxodo rural, la mejora de las carreteras, la
aparición de nuevas explotaciones ganaderas próximas a las ciudades y el
desarrollo del comercio tradicional hicieron innecesaria su labor.
Hoy la figura del recovero forma parte de la memoria
colectiva de la España rural. Representa una época marcada por la escasez, el
ingenio y la solidaridad vecinal, en la que el intercambio de productos
permitió sobrevivir a miles de familias. Su trabajo no solo facilitó el
abastecimiento de las aldeas más aisladas, sino que contribuyó a mantener
unidos territorios enteros mediante una red de confianza construida sobre el
esfuerzo, la palabra dada y el conocimiento mutuo. Aunque el progreso económico
acabó haciendo desaparecer este singular oficio, los recoveros dejaron una
huella imborrable en la historia cotidiana del mundo rural español como
auténticos enlaces entre el campo y la ciudad.


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