viernes, 31 de julio de 2026

AREA CENTRO 1

Rectorado.

El actual edificio del Rectorado de la Universidad de Sevilla constituye uno de los monumentos civiles más extraordinarios de la ciudad y una de las obras maestras de la arquitectura industrial europea del siglo XVIII. Concebido originalmente como la Real Fábrica de Tabacos, fue la primera gran manufactura tabaquera establecida en Europa y un edificio levantado para responder a las necesidades de una industria estratégica para la Corona española. Desde mediados del siglo XX alberga el Rectorado de la Universidad de Sevilla y diversas dependencias universitarias, manteniendo viva una construcción que ha sabido adaptarse a nuevos usos sin perder su extraordinario valor histórico y artístico.

Su construcción comenzó en 1728 y se prolongó durante varias décadas bajo la dirección de destacados ingenieros militares como Ignacio Sala, Diego Bordick y, especialmente, Sebastián Van der Borcht, autor de la configuración definitiva del edificio. No resulta casual que fueran ingenieros militares quienes proyectaran la fábrica, pues debían resolver simultáneamente problemas estructurales, defensivos e industriales. El resultado fue un edificio singular que combina el aspecto de un palacio barroco, la solidez de una fortaleza y la funcionalidad de una gran instalación fabril, una tipología prácticamente única en la arquitectura europea del Antiguo Régimen.

El edificio ocupa una inmensa planta rectangular de aproximadamente 185 por 147 metros, lo que lo convierte en uno de los mayores inmuebles históricos de España. Se desarrolla en dos alturas y presenta un diseño rigurosamente simétrico, reforzado por salientes en sus cuatro esquinas que acentúan su carácter monumental. Su arquitectura refleja una equilibrada síntesis de influencias renacentistas, barrocas, herrerianas e incluso neoclásicas, fruto de las diferentes fases constructivas y de las posteriores reformas.

Real Fábrica de Tabacos (ver) (CC BY 3.0)

La distribución original respondía a criterios estrictamente funcionales. La mitad septentrional estaba destinada a residencia de los altos cargos de la fábrica, mientras que la meridional acogía las instalaciones industriales donde se elaboraba el tabaco. Las amplias naves abovedadas permitían alojar la maquinaria y facilitar futuras transformaciones del proceso productivo, demostrando un avanzado concepto de flexibilidad arquitectónica poco habitual en el siglo XVIII.

Cimentación

Uno de los aspectos más admirables de la construcción es su complejo sistema de cimentación. Debido a la proximidad del antiguo arroyo Tagarete y del río Guadalquivir, el terreno era especialmente inestable y fangoso. Para solucionar este problema se diseñó una innovadora red de galerías subterráneas sustentadas por arcos invertidos, un sistema único en España que proporcionó una extraordinaria estabilidad al edificio y explica que apenas sufriera daños durante el terremoto de Lisboa de 1755. Entre los pilares de piedra se emplearon incluso conchas de ostión para amortiguar los movimientos del terreno, un recurso constructivo tan ingenioso como eficaz.

Cimentación (ver) (CC BY 3.0)


Fachada y Puertas

La fachada principal, orientada hacia la actual avenida de San Fernando, constituye una de las grandes obras del barroco civil sevillano. Ejecutada con piedra procedente de las canteras de Morón y Estepa, fue diseñada por Sebastián Van der Borcht y enriquecida con la exuberante decoración escultórica realizada por el portugués Cayetano de Acosta. 

El monumental arco de ingreso aparece flanqueado por columnas dobles que sostienen un balcón abalaustrado, sobre el que se desarrolla un frontón partido presidido por el gran escudo de Fernando VI y la inscripción que recuerda la culminación de las obras en 1757. En la clave del arco se presenta el rotulo de la Fábrica de Tabacos. La cancela de entrada se realizó a partir de 1837.

Fachada principal

Fachada principal

Detalle de la Puerta principal

Detalle del balcón durante las obras de restauración

Escudo de Fernando VI y fecha de terminación de las obras

Clave del arco con el rotulo de Fábrica de Tabacos

La portada está decorada con relieves alusivos al comercio del tabaco, entre ellos ruedas de molino utilizadas para triturar las hojas, indígenas americanos (uno con arco y flechas y otro fumando tabaco), fardos de tabaco y los medallones con los bustos de Cristóbal Colón y Hernán Cortés, evocando el origen americano de este producto. La Puerta de entrada se hizo con Madera de Caoba de Guinea. Era la única puerta de entrada de la Fábrica de Tabacos.

Indio con arco y flechas 

Indio fumando tabaco

Busto de Cristóbal Colón

Busto de Hernán Cortés

Coronando la fachada se alza la elegante escultura de la diosa Fama, flanqueada por jarras de azucenas marianistas. Hecha en mármol por Cayetano Da Costa en 1755; las alas son de cobre, en su día sobredoradas. Mirando al sol naciente, proclama el poderío de los Borbones que mandan hacer este monumental edificio, en su época, el mayor de Europa de tipo fabril. Con un sólo clarín, -posiblemente, el de la verdad- y su ropa agitada por los vientos, domina el edificio y el orbe, difundiendo su mensaje. Fama es la mensajera de Júpiter. Por ello fue objeto de algunos préstamos iconográficos por parte de Mercurio, a quien tradicionalmente se había asignado esta función.

Según Morales Marín, para los romanos representaba la "Voz pública" y fue engendrada por la Tierra. Habita para Virgilio en el centro del mundo y vive en un palacio sonoro, con mil aberturas por las que penetran las voces, rodeándose de la Credulidad, el Error, la Falsa Alegría, el Terror, la Sedición y los Falsos Rumores.

Cuenta la leyenda que cuando las cigarreras entraban en la Real Fábrica de Tabacos, a menudo la estatua hacía sonar su trompeta. Lo curioso es que nadie sabe por qué tocaba la trompeta de forma aleatoria.

Con el paso del tiempo esta imagen ha trascendido su significado original para convertirse en el emblema oficial de la Universidad de Sevilla.

Escultura de la diosa Fama

Detalle de la diosa Fama

La portada de la avenida del Cid constituye uno de los accesos secundarios abiertos en la antigua Real Fábrica de Tabacos tras su adaptación como sede de la Universidad de Sevilla, a mediados del siglo XX. 

Aunque respeta el lenguaje arquitectónico del edificio dieciochesco, no pertenece al proyecto original de Sebastián Van der Borcht, sino que fue ejecutada en 1956 para facilitar el acceso a las nuevas facultades universitarias. Su decoración escultórica fue realizada por Antonio Cano Correa y Carmen Jiménez Serrano, autores también de las restantes portadas abiertas en las fachadas este, sur y oeste del edificio.

Fachada este

Arquitectónicamente responde a un planteamiento sobrio y clasicista, perfectamente integrado en la monumental fábrica de piedra que caracteriza todo el edificio. 

El vano de acceso, de proporciones monumentales, aparece enmarcado por pilastras cajeadas que sostienen un entablamento de líneas depuradas. Sobre él se dispone un amplio balcón central, mientras que el conjunto se remata mediante un frontón partido, recurso heredado del barroco clasicista.

Portada

Detalle del remate

Detalle de jarras de azucenas

En el centro del frontón se sitúa el escudo de la Universidad de Sevilla, símbolo de la nueva función docente del edificio, sustituyendo la antigua identidad industrial de la Real Fábrica de Tabacos por la de una de las instituciones académicas más antiguas de España. 

La ornamentación escultórica, combina elementos alegóricos y decorativos con un lenguaje de inspiración clásica, buscando armonizar con la arquitectura del siglo XVIII sin competir con la monumental portada principal de la calle San Fernando.

Detalle de la portada

Detalle de las bases de las columnas pareadas

Detalle de las bases de las columnas pareadas

Busto de Francisco Suarez

San Raimundo de Peñaflor

Francisco de Vitoria

Alfonso X el Sabio

San Isidoro

Fray Bartolomé de las Casas

Esta puerta ha adquirido además un importante protagonismo en la configuración actual del edificio. Tras las obras de rehabilitación concluidas en 2025, volvió a abrirse al público, recuperando el histórico eje transversal que atraviesa la antigua Fábrica de Tabacos de norte a sur. Gracias a esta intervención es posible recorrer nuevamente el edificio desde la avenida del Cid hasta la calle María de Padilla, atravesando la sucesión de patios y galerías que articulan este extraordinario ejemplo de arquitectura industrial ilustrada.

La portada de la antigua Facultad de Ciencias se abre en la calle Palos de la Frontera, en la fachada posterior del edificio de la antigua Real Fábrica de Tabacos, en contraste con la monumental portada principal que mira hacia la calle San Fernando. 

Aunque de menores dimensiones, constituye un interesante ejemplo de la arquitectura clasicista que caracteriza al conjunto diseñado por Sebastián Van der Borcht en el siglo XVIII.

Fachada de la Facultad de Ciencias

Rotulo de la Facultad

Su composición presenta un acceso adintelado enmarcado por pilastras, sobre el que se dispone un balcón principal coronado por un elegante frontón partido o roto, uno de los elementos más característicos de la arquitectura barroca clasicista. En el centro de este frontón se sitúa un escudo monumental, originalmente el escudo del régimen franquista, sostenido por dos figuras infantiles de inspiración alegórica que completan la decoración escultórica de la portada.

Escudo

La presencia de este emblema ha sido objeto de un prolongado debate durante las últimas décadas. La Ley de Memoria Histórica de 2007, posteriormente reforzada por la Ley de Memoria Democrática de 2022, establece con carácter general la retirada de los símbolos de exaltación de la dictadura franquista presentes en los edificios públicos. Sin embargo, la antigua Real Fábrica de Tabacos está declarada Bien de Interés Cultural, circunstancia que obliga a compatibilizar la protección del patrimonio histórico con el cumplimiento de la legislación sobre memoria democrática. Por ello, cualquier intervención sobre un elemento integrado en la arquitectura del inmueble requiere la autorización de los organismos competentes en materia de patrimonio.

Tras diversos informes técnicos y administrativos, se ha acordado la sustitución del escudo franquista por el escudo de la Universidad de Sevilla, una solución que permite eliminar un símbolo de la dictadura sin alterar la composición arquitectónica de la portada. De este modo, el edificio continúa adaptándose a las nuevas sensibilidades sociales sin renunciar a la conservación de uno de los conjuntos monumentales más relevantes de la arquitectura industrial del siglo XVIII en Europa.

La fachada del edificio se remata por una balaustrada, de la que emergen pináculos de diseño idéntico al de la Casa Lonja. Esta balaustrada oculta la percepción de la cubierta del edificio, resuelta en azotea, en la que se abren ocasionalmente linternas para la introducción de luz a espacios significativos, tal es el caso del paraninfo y las escaleras monumentales de las facultades.

Pináculo

Detalle del pináculo

Detalle del pináculo

Detalle de cruz y veleta

Detalle de cruz y veleta

Foso y Garitas

El edificio estuvo concebido igualmente para garantizar la seguridad de una mercancía extremadamente valiosa. Originariamente disponía de una única puerta de acceso vigilada por soldados de la Corona, reforzada por garitas distribuidas en las esquinas del recinto. 

Tres de sus lados estaban protegidos por un amplio foso que impedía el contrabando del tabaco, mientras que el lado norte quedaba naturalmente defendido por el cauce del arroyo Tagarete. 

Estos elementos conferían al conjunto un marcado aspecto militar que aún hoy puede apreciarse en las garitas, los muros perimetrales y el trazado del antiguo foso, convertido actualmente en uno de los rasgos más característicos del edificio. La tradición popular llegó incluso a afirmar que en el foso vivían caimanes traídos de América para disuadir a posibles ladrones, una pintoresca leyenda que forma parte del imaginario sevillano.

Foso

Fotografía tomada en 1932 y en la que podemos ver tras las plataneras, la antigua fábrica de tabaco, y en primer término, el foso que la recorre.

Garita del centinela de la puerta

Garita del centinela de la esquina con Doña María de Padilla

Garita del foso

Entre los numerosos árboles monumentales que enriquecen el patrimonio verde de Sevilla, uno de los más entrañables por la historia que encierra es el conocido como Ficus del Foso de la Universidad. 

Se trata de un magnífico ejemplar de Ficus macrophylla, la higuera australiana, plantado en 1970 junto al foso de la antigua Real Fábrica de Tabacos, actual Rectorado de la Universidad de Sevilla, en la calle Palos de la Frontera.

Su origen está ligado a un gesto cargado de simbolismo. Aquel año, un ciudadano, movido por un profundo sentimiento paternal y un sincero amor por la naturaleza, solicitó al Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla autorización para plantar un árbol con motivo del nacimiento de su hijo. El Ayuntamiento acogió favorablemente la iniciativa y eligió para ello un lugar privilegiado, situado entre tres de los edificios más emblemáticos de la ciudad: el Palacio de San Telmo, el Hotel Alfonso XIII y la antigua Fábrica de Tabacos. La tradición recuerda que el propio padre participó en la plantación, depositando las primeras paladas de tierra alrededor del joven árbol.

Más de medio siglo después, aquel pequeño plantón se ha convertido en un coloso vegetal. Catalogado como árbol singular y maduro de Sevilla, alcanza en la actualidad unos quince metros de altura y desarrolla una espectacular copa cercana a los veintiocho metros de diámetro. Sus enormes ramas se proyectan hacia el foso de la antigua fábrica y descienden con elegancia en busca del vacío, creando una de las estampas arbóreas más bellas y sorprendentes del entorno universitario. La fuerza de su tronco, la amplitud de su ramaje y la sombra que proyecta convierten este ficus en un auténtico monumento vivo, simbolizando el crecimiento paralelo de un árbol y de una nueva vida.

Hoy ignoramos quiénes fueron aquel padre y aquel hijo cuya historia quedó para siempre unida a este extraordinario ejemplar. 

Ficus

Detalle del ficus

Detalle del ficus
Interior

Tras la portada principal se accede a un amplio vestíbulo que conduce al zaguán y a las monumentales escaleras dobles que ascienden hasta el Paraninfo, espacio reservado para las ceremonias académicas más solemnes, como investiduras de doctores honoris causa, actos institucionales y conferencias. 

Vestíbulo

Zaguán

Detalle de la cancela con el escudo real

Detalle de una de las escaleras

La sucesión de galerías, patios y escalinatas produce una sensación de grandiosidad que recuerda simultáneamente a un palacio, un convento y una fortaleza, reflejo de la compleja historia del edificio.

Detalle de galería y al fondo el primer patio

Patios

La organización interior gira en torno a cinco grandes patios.

El Patio del Reloj es rectangular, organizado en dos plantas mediante galerías porticadas. Fue construido entre 1756 y 1759 siguiendo las trazas del ingeniero militar Sebastián Van der Borcht, principal artífice del monumental complejo fabril.

En sus orígenes este espacio era conocido como Patio de las Cuadras o Patio de los Arrieros, denominación que aludía a la intensa actividad que aquí se desarrollaba. Hasta este lugar llegaban diariamente las recuas de mulas y caballos cargadas con las hojas de tabaco procedentes del puerto o de los almacenes, donde eran descargadas antes de iniciar el proceso de elaboración. El patio era, por tanto, uno de los principales centros logísticos de la fábrica.

Con el paso del tiempo el recinto adoptó el nombre de Patio del Reloj, debido al gran reloj instalado en la fachada oriental, cuya presencia marcaba el ritmo de la actividad fabril y regulaba las jornadas de cientos de operarios. Aún hoy este elemento constituye una de las referencias visuales más características del patio.

Patio del Reloj

Detalle de la planta inferior

Detalle de la planta superior coronada por el reloj

Presidiendo el espacio se alza la estatua de bronce de Maese Rodrigo Fernández de Santaella, fundador de la Universidad de Sevilla. La escultura, realizada por Joaquín Bilbao en 1900, representa al humanista sosteniendo en sus manos la bula pontificia otorgada por el papa Julio II en 1505, documento que hizo posible la creación de la institución universitaria. La presencia de esta imagen simboliza el encuentro entre las dos grandes etapas históricas del edificio: su pasado como fábrica de tabacos y su presente como centro del saber.

Estatua de Maese Rodrigo Fernández de Santaella

Detalle

Detalle de la mano con la bula del papa Julio II

Como recuerdo de aquella intensa actividad industrial, el patio conserva también una antigua máquina de liar cigarrillos de la firma Vilaseca. Esta pieza constituye un valioso testimonio de la evolución tecnológica de la industria tabaquera.

Antigua máquina de liar cigarrillos de la firma Vilaseca

Más adelante se encuentra el Patio de la Fuente, verdadero corazón del edificio, presidido por la elegante fuente diseñada por Cayetano de Acosta, que antiguamente presidía las labores de pesaje y distribución del tabaco y que hoy constituye uno de los espacios más emblemáticos de la vida universitaria.

La fuente está rematada por la Corona Real. Bajo su posición, cuatro inocentes niños juegan con el agua.

Llegada al patio de la fuente

Trasera del reloj

Fuente

Detalle de la fuente

Detalle de la fuente
Detalle de la fuente

Detalle de la fuente

Gipsoteca y Biblioteca

El Rectorado conserva asimismo un importante patrimonio artístico y cultural. Destacan la Gipsoteca, que reúne reproducciones en yeso de esculturas de las principales civilizaciones antiguas y de grandes obras del arte universal.

Puerta de acceso a la Gipsoteca

Patio

Detalle del Patio

Detalle de la fuente



Busto de Antínoo


Alfonso X el Sabio


Cantoría de Florencia


Apoxiómeno

Detalle del pie

Detalle del pie

Tondo de la Virgen con el Niño


Busto de María Antonieta


La Biblioteca Histórica de la Universidad, cuyos orígenes se remontan a 1505. Entre sus tesoros sobresale uno de los escasos ejemplares conservados de la Biblia de Gutenberg, además de valiosos manuscritos, incunables y documentos fundamentales para la historia de Sevilla y de la propia institución universitaria.

Desde 1950, cuando la Universidad de Sevilla trasladó aquí su sede central, la antigua Real Fábrica de Tabacos inició una nueva etapa de su historia. Las reformas realizadas respetaron la monumentalidad del conjunto e incorporaron nuevas portadas y espacios docentes inspirados en la arquitectura original, logrando que este excepcional edificio continúe siendo un referente de la ciudad. Su extraordinaria dimensión, la riqueza de su arquitectura, la calidad de su patrimonio artístico y la singularidad de su historia hacen del actual Rectorado no solo el corazón administrativo de la Universidad de Sevilla, sino también uno de los edificios históricos más importantes y admirados de España.

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