ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA
La Diosa Fama.
Coronando la fachada de la puerta principal del Rectorado, antigua Real Fábrica de Tabacos, se alza la elegante escultura de la diosa Fama, flanqueada por jarras de azucenas marianistas, símbolo de pureza.
Hecha en mármol por Cayetano Da Costa en 1755; las alas son de cobre, en su día sobredoradas.
Mirando al sol naciente, proclama el
poderío de los Borbones que mandan hacer este monumental edificio, en su época,
el mayor de Europa de tipo fabril. Con un sólo clarín, -posiblemente, el de la
verdad- y su ropa agitada por los vientos, domina el edificio y el orbe,
difundiendo su mensaje.
Fachada Principal del Rectorado
Con el paso del tiempo esta imagen ha
trascendido para convertirse en el emblema oficial de la Universidad de Sevilla
y en uno de los perfiles más reconocibles del paisaje urbano sevillano.
Escultura de la diosa Fama flanqueada por las jarras de azucena
Detalle de la diosa Fama
En la mitología
griega esta divinidad recibe el nombre de Feme (Phēmē) u Osa (Óssa), mientras
que los romanos la identificaron con la diosa Fama. Era la personificación de
la voz pública, de la reputación y del rumor, encargada de difundir por el
mundo cuanto acontecía entre dioses y mortales, sin distinguir entre verdades,
exageraciones o falsedades. Su misión consistía en propagar las noticias con
una rapidez extraordinaria, razón por la que en ocasiones asumió atributos
iconográficos propios de Mercurio, tradicional mensajero de los dioses. También
aparece en la Ilíada como una de las mensajeras de Zeus, junto con Iris.
Según la
tradición romana, Fama era hija de la diosa Tierra, Tellus, y representaba la
incesante “voz pública”. Virgilio, en la Eneida, la describe como un ser alado
de extraordinaria velocidad, cubierto de innumerables plumas, cada una de ellas
provista de un ojo vigilante, un oído atento y una boca siempre dispuesta a
repetir cuanto escuchaba. Nunca descansaba: de noche recorría el cielo como una
sombra silenciosa y, al amanecer, se posaba sobre los tejados, las torres y los
palacios para divulgar noticias ciertas y falsas con idéntico entusiasmo.
El mismo
Virgilio sitúa su morada en el centro del mundo, un inmenso palacio de bronce
abierto a los cuatro puntos cardinales, con innumerables puertas y ventanas por
las que penetraban todas las voces de la humanidad. En aquel inquietante
recinto convivían con ella la Credulidad, el Error, la Falsa Alegría, el
Terror, la Sedición y los Falsos Rumores, una alegoría de cómo las noticias, al
propagarse de boca en boca, podían deformarse y alterar la realidad.
La iconografía
tradicional representa a la diosa como una joven alada, generalmente provista
de una larga trompeta o clarín con el que anuncia los acontecimientos al mundo
entero. Este atributo simboliza la difusión universal de la fama y explica la
presencia del instrumento en la escultura que corona la antigua Fábrica de
Tabacos.
En torno a esta
imagen surgió además una curiosa tradición popular. Durante generaciones se
contó que, cuando las cigarreras cruzaban las puertas de la fábrica para
comenzar su jornada, la estatua hacía sonar misteriosamente su trompeta. Nadie
supo nunca explicar el origen de aquel supuesto prodigio ni por qué se producía
de forma aparentemente caprichosa.
Más allá de su significado mitológico, la Fama ha adquirido con el paso de los siglos un profundo valor simbólico para Sevilla. De mensajera de los dioses pasó a representar el prestigio, la difusión del conocimiento y la proyección universal de la institución que hoy ocupa el edificio. Por ello, la antigua figura alegórica que un día presidió la mayor fábrica de tabacos de Europa se ha transformado, como hemos comentado, en el emblema oficial de la Universidad de Sevilla y en uno de los símbolos más queridos e identificables de la ciudad.
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