sábado, 8 de agosto de 2026

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

Manolito Gázquez. 

Entre los vecinos más populares de la calle Sagasta destacó Manolito Gázquez, personaje célebre por su ingenio y sus extravagantes historias, inmortalizado por Estébanez Calderón y recordado por Álvarez Benavides como un hombre de extraordinaria imaginación para inventar embustes.

Calle Sagasta

Serafín Estébanez Calderón (1799-1867), escritor, político y destacado observador de las costumbres andaluzas, lo convirtió en protagonista de uno de los cuadros más conocidos de sus Escenas andaluzas, obra publicada por primera vez en Madrid en 1847.

El relato lleva por título “El asombro de los andaluces o Manolito Gázquez, el sevillano” y presenta al personaje como la quintaesencia del sevillano ingenioso, fantasioso y extraordinariamente dotado para contar historias.

Manolito era velonero, es decir, fabricante o reparador de velones y objetos de latón y estaño destinados a la iluminación, pero sus habilidades no terminaban ahí. También era cazador, músico aficionado y entendido en asuntos taurinos, y el escritor le atribuye una extraordinaria capacidad para desenvolverse en las más diversas circunstancias. Cada conversación podía convertirse en una aventura extraordinaria y cada recuerdo, en una narración llena de episodios sorprendentes.

Lo más interesante del personaje es que Estébanez Calderón no lo presenta simplemente como un mentiroso. Su imaginación es de tal intensidad que parece borrar la frontera entre la realidad y la fantasía. El propio narrador explica que Manolito no exageraba deliberadamente sus historias por vanidad o deseo de engañar: su imaginación le hacía contemplar como verdaderos los acontecimientos que relataba. De este modo, la supuesta mentira se transforma literariamente en una forma de imaginación creadora y en una expresión del carácter popular sevillano.

En uno de los pasajes del relato aparece Manolito sentado sobre su capa, junto al Guadalquivir, en un paraje situado frente a Triana, mientras escucha la lectura de la Gaceta. La escena sitúa al personaje en un espacio cotidiano de la Sevilla decimonónica, entre el río, Triana y los lugares de reunión de las gentes ociosas.

Estébanez Calderón convierte al personaje en una auténtica encarnación literaria de una determinada manera de ser sevillana. Su gracia verbal, su facilidad para la exageración, su afición a las historias extraordinarias y su capacidad para convertir cualquier episodio cotidiano en una aventura memorable hacen de él un personaje profundamente ligado a la imagen romántica y costumbrista de Sevilla.

El personaje vive de contar y escuchar historias, de compartir noticias, comentarios y ocurrencias en espacios públicos donde la conversación era una forma esencial de entretenimiento.

La primera edición de Escenas andaluzas apareció en 1847 y fue ilustrada por Francisco Lameyer; entre sus estampas figuraba precisamente una representación de El asombro de los andaluces o Manolito Gázquez, el sevillano, prueba del interés que despertó el personaje desde la propia publicación de la obra. La Biblioteca Virtual de Andalucía conserva, asimismo, una edición de 1883 de las Escenas andaluzas, dentro de su colección digital. 

Serafín Estebánez Calderón, Escenas andaluzas. Ilustraciones de Francisco Lameyer. Madrid. Baltasar González. 1847. (Ver) (CC BY 3.0)

Así, Manolito Gázquez ha quedado como una figura literaria inseparable de la Sevilla romántica: un humilde artesano transformado por la literatura en maestro de la fantasía, contador infatigable de aventuras y símbolo de esa proverbial capacidad sevillana para adornar la realidad con ingenio, gracia y exageración. Gracias a la pluma de Estébanez Calderón, aquel personaje popular, probablemente perdido hace mucho tiempo entre las calles, tabernas, paseos y orillas del Guadalquivir, continúa formando parte de la memoria literaria de la ciudad.