sábado, 8 de agosto de 2026

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

Práxedes Mateo Sagasta. 

En 1903 el Ayuntamiento de Sevilla acordó dedicar una calle a Práxedes Mateo Sagasta (Torrecilla en Cameros, 1825-Madrid, 1903), una de las personalidades políticas más destacadas de la España de la segunda mitad del siglo XIX y uno de los principales representantes del liberalismo durante la Restauración.

Calle Sagasta

Antigua Calle Gallegos

Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, periodista y parlamentario de extraordinaria longevidad, Sagasta llegó a presidir el Consejo de Ministros en siete ocasiones y desempeñó un papel fundamental en la configuración de la vida política española entre el Sexenio Democrático y los primeros años del siglo XX.

Nacido en la localidad riojana de Torrecilla en Cameros, se tituló como ingeniero de Caminos en 1849. Su primera actividad profesional estuvo vinculada a las obras públicas, especialmente en Zamora, donde participó en proyectos de carreteras y en el estudio de nuevas líneas ferroviarias. Aquella formación técnica no tardaría en quedar eclipsada por una intensa dedicación a la política, el periodismo y la actividad parlamentaria.

Retrato de Práxedes Mateo Sagasta, obra del fotógrafo Christian Franzen, recogido en la revista española La Ilustración Española y Americana. (ver) (CC BY 3.0)

En 1854 fue elegido por primera vez diputado a Cortes por Zamora y poco después se incorporó a la redacción del periódico La Iberia, publicación desde la que contribuyó a difundir las ideas progresistas.

Su oposición al régimen de Isabel II le llevó a participar en los movimientos revolucionarios que precedieron a la Revolución de 1868. Tras el fracaso de la sublevación del cuartel de San Gil de 1866 fue detenido y condenado a muerte, aunque consiguió escapar y refugiarse en Francia.

El triunfo de la Revolución de 1868 y el destronamiento de Isabel II permitieron su regreso a España, iniciándose entonces una de las etapas más intensas de su carrera. Durante el Sexenio Democrático ocupó diversas responsabilidades ministeriales y participó activamente en la construcción del nuevo régimen surgido de la revolución.

Con la Restauración borbónica, Sagasta se convirtió en el principal dirigente del liberalismo dinástico. En 1880 fundó el Partido Liberal, que acabaría constituyendo, junto al Partido Conservador de Antonio Cánovas del Castillo, uno de los dos grandes pilares políticos de la Restauración. Ambos dirigentes, adversarios políticos pero también capaces de alcanzar acuerdos en momentos decisivos, protagonizaron el llamado turno pacífico, sistema de alternancia en el poder que pretendía garantizar la estabilidad de la monarquía de Alfonso XII y, posteriormente, de la regencia de María Cristina. El acuerdo alcanzado entre ambos en 1885, conocido como Pacto de El Pardo, consolidó aquella alternancia.

Los gobiernos presididos por Sagasta estuvieron vinculados a algunas de las principales reformas liberales de la Restauración. Entre ellas destacaron la ampliación de las libertades de prensa, reunión y asociación, la libertad de enseñanza y la aprobación de una legislación que permitió la organización de sindicatos. Su etapa política quedó especialmente ligada a la implantación del sufragio universal masculino, una de las reformas más importantes de su trayectoria, aprobada en 1890. También durante sus gobiernos se produjo la aprobación del Código Civil y se desarrolló una importante legislación en materia de libertades públicas.

Su prolongada carrera parlamentaria hizo de Sagasta uno de los grandes oradores de su tiempo. Fue diputado durante numerosas legislaturas, presidente del Congreso y jefe de Gobierno, y llegó a pronunciar centenares de discursos en las Cortes. Su capacidad retórica y su facilidad para el debate político contribuyeron a convertirlo en uno de los personajes más reconocibles de la vida pública española de su época. Una conocida anécdota parlamentaria cuenta que, durante los enfrentamientos que acompañaron a las luchas políticas del siglo XIX, un fragmento de hierro procedente de los proyectiles lanzados contra la zona del Congreso cayó junto a su escaño; Sagasta lo recogió y solicitó que se hiciera constar en acta, episodio que refleja tanto el carácter turbulento de aquellos años como su célebre sentido de la réplica.

Su carrera política, sin embargo, quedó inevitablemente marcada por la crisis colonial de finales del siglo XIX. Cuando volvió a la presidencia del Gobierno en 1897, tras el asesinato de Cánovas del Castillo, España se encontraba inmersa en la guerra de Cuba. La intervención de Estados Unidos en 1898 y la derrota española condujeron al Tratado de París, por el que España perdió Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Sagasta tuvo que afrontar directamente las consecuencias políticas de aquel desastre, que provocó una profunda conmoción en la sociedad española y convirtió su figura en uno de los principales objetivos de las críticas de la época. Aunque abandonó el poder en 1899, regresó nuevamente a la presidencia en 1901, en los últimos años de su vida.

El 18 de febrero de 1885 contrajo matrimonio en la madrileña parroquia de San Sebastián con su pareja Ángela Vidal Herrero, un mes después del fallecimiento del marido de esta última, acontecido el 17 de enero de 1885.

Su esposa murió el 3 de febrero de 1897 de hemorragia cerebral; fue enterrada en el cementerio de San Lorenzo y San José y él falleció en Madrid el 5 de enero de 1903, a los 77 años. Apenas unos meses después, el Ayuntamiento de Sevilla decidió perpetuar su memoria dando su nombre a una de las calles de la ciudad, con lo que la figura de Sagasta quedó incorporada al callejero sevillano inmediatamente después de su muerte.

El mausoleo en su honor, es obra de Mariano Benlliure, en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid. Realizado íntegramente en mármol en el año 1904, Sagasta se representa yacente, vistiendo levita y el Toisón de Oro. En la cabecera del sepulcro está sentada la Historia, representada como una mujer semidesnuda que cierra el libro de la época que termina con su muerte. A sus pies, el pueblo queda reflejado con la figura de un hombre cuyo brazo izquierdo descansa sobre los evangelios. En su mano derecha sostiene una espada en cuya empuñadura aparece la figura de la Justicia. La rama de olivo cubriendo la hoja de la espada, representa La Paz.

Tumba de Praxedes Mateo Sagasta (ver) (CC BY 3.0)

Su nombre evoca a un político de extraordinaria actividad pública, capaz de atravesar algunos de los periodos más convulsos de la España contemporánea: el final del reinado de Isabel II, la Revolución de 1868, el Sexenio Democrático, la Restauración borbónica y la crisis colonial de 1898. Su legado histórico aparece marcado por esa doble condición: protagonista esencial del sistema político de la Restauración y, al mismo tiempo, impulsor de importantes reformas que ampliaron las libertades y la participación política de los ciudadanos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario