ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA
Práxedes Mateo Sagasta.
En 1903 el
Ayuntamiento de Sevilla acordó dedicar una calle a Práxedes Mateo Sagasta
(Torrecilla en Cameros, 1825-Madrid, 1903), una de las personalidades políticas
más destacadas de la España de la segunda mitad del siglo XIX y uno de los
principales representantes del liberalismo durante la Restauración.
Calle Sagasta
Antigua Calle Gallegos
Ingeniero de
Caminos, Canales y Puertos, periodista y parlamentario de extraordinaria
longevidad, Sagasta llegó a presidir el Consejo de Ministros en siete ocasiones
y desempeñó un papel fundamental en la configuración de la vida política
española entre el Sexenio Democrático y los primeros años del siglo XX.
Nacido en la
localidad riojana de Torrecilla en Cameros, se tituló como ingeniero de Caminos
en 1849. Su primera actividad profesional estuvo vinculada a las obras
públicas, especialmente en Zamora, donde participó en proyectos de carreteras y
en el estudio de nuevas líneas ferroviarias. Aquella formación técnica no
tardaría en quedar eclipsada por una intensa dedicación a la política, el
periodismo y la actividad parlamentaria.
En 1854 fue
elegido por primera vez diputado a Cortes por Zamora y poco después se
incorporó a la redacción del periódico La Iberia, publicación desde la que
contribuyó a difundir las ideas progresistas.
Su oposición al
régimen de Isabel II le llevó a participar en los movimientos revolucionarios
que precedieron a la Revolución de 1868. Tras el fracaso de la sublevación del
cuartel de San Gil de 1866 fue detenido y condenado a muerte, aunque consiguió
escapar y refugiarse en Francia.
El triunfo de
la Revolución de 1868 y el destronamiento de Isabel II permitieron su regreso a
España, iniciándose entonces una de las etapas más intensas de su carrera.
Durante el Sexenio Democrático ocupó diversas responsabilidades ministeriales y
participó activamente en la construcción del nuevo régimen surgido de la
revolución.
Con la
Restauración borbónica, Sagasta se convirtió en el principal dirigente del
liberalismo dinástico. En 1880 fundó el Partido Liberal, que acabaría
constituyendo, junto al Partido Conservador de Antonio Cánovas del Castillo,
uno de los dos grandes pilares políticos de la Restauración. Ambos dirigentes,
adversarios políticos pero también capaces de alcanzar acuerdos en momentos
decisivos, protagonizaron el llamado turno pacífico, sistema de alternancia en
el poder que pretendía garantizar la estabilidad de la monarquía de Alfonso XII
y, posteriormente, de la regencia de María Cristina. El acuerdo alcanzado entre
ambos en 1885, conocido como Pacto de El Pardo, consolidó aquella alternancia.
Los gobiernos
presididos por Sagasta estuvieron vinculados a algunas de las principales
reformas liberales de la Restauración. Entre ellas destacaron la ampliación de
las libertades de prensa, reunión y asociación, la libertad de enseñanza y la
aprobación de una legislación que permitió la organización de sindicatos. Su
etapa política quedó especialmente ligada a la implantación del sufragio
universal masculino, una de las reformas más importantes de su trayectoria,
aprobada en 1890. También durante sus gobiernos se produjo la aprobación del
Código Civil y se desarrolló una importante legislación en materia de
libertades públicas.
Su prolongada
carrera parlamentaria hizo de Sagasta uno de los grandes oradores de su tiempo.
Fue diputado durante numerosas legislaturas, presidente del Congreso y jefe de
Gobierno, y llegó a pronunciar centenares de discursos en las Cortes. Su
capacidad retórica y su facilidad para el debate político contribuyeron a
convertirlo en uno de los personajes más reconocibles de la vida pública
española de su época. Una conocida anécdota parlamentaria cuenta que, durante
los enfrentamientos que acompañaron a las luchas políticas del siglo XIX, un
fragmento de hierro procedente de los proyectiles lanzados contra la zona del
Congreso cayó junto a su escaño; Sagasta lo recogió y solicitó que se hiciera
constar en acta, episodio que refleja tanto el carácter turbulento de aquellos
años como su célebre sentido de la réplica.
Su carrera
política, sin embargo, quedó inevitablemente marcada por la crisis colonial de
finales del siglo XIX. Cuando volvió a la presidencia del Gobierno en 1897,
tras el asesinato de Cánovas del Castillo, España se encontraba inmersa en la
guerra de Cuba. La intervención de Estados Unidos en 1898 y la derrota española
condujeron al Tratado de París, por el que España perdió Cuba, Puerto Rico,
Filipinas y Guam. Sagasta tuvo que afrontar directamente las consecuencias
políticas de aquel desastre, que provocó una profunda conmoción en la sociedad
española y convirtió su figura en uno de los principales objetivos de las
críticas de la época. Aunque abandonó el poder en 1899, regresó nuevamente a la
presidencia en 1901, en los últimos años de su vida.
El 18 de febrero de 1885 contrajo matrimonio en la
madrileña parroquia de San Sebastián con su pareja Ángela Vidal
Herrero, un mes después del fallecimiento del marido de esta última, acontecido
el 17 de enero de 1885.
Su esposa murió el 3 de febrero de 1897 de hemorragia
cerebral; fue enterrada en el cementerio de San Lorenzo y San José y él falleció
en Madrid el 5 de enero de 1903, a los 77 años. Apenas unos meses después, el
Ayuntamiento de Sevilla decidió perpetuar su memoria dando su nombre a una de
las calles de la ciudad, con lo que la figura de Sagasta quedó incorporada al
callejero sevillano inmediatamente después de su muerte.
El
mausoleo en su honor, es obra de Mariano Benlliure, en el Panteón de
Hombres Ilustres de Madrid. Realizado íntegramente en mármol en el año 1904, Sagasta se representa yacente,
vistiendo levita y el Toisón de Oro. En la cabecera del sepulcro está sentada
la Historia, representada como una mujer semidesnuda que cierra el libro de la
época que termina con su muerte. A sus pies, el pueblo queda reflejado con la
figura de un hombre cuyo brazo izquierdo descansa sobre los evangelios. En su
mano derecha sostiene una espada en cuya empuñadura aparece la figura de la
Justicia. La rama de olivo cubriendo la hoja de la espada, representa La Paz.
Tumba de Praxedes Mateo Sagasta (ver) (CC BY 3.0)
Su nombre evoca
a un político de extraordinaria actividad pública, capaz de atravesar algunos
de los periodos más convulsos de la España contemporánea: el final del reinado
de Isabel II, la Revolución de 1868, el Sexenio Democrático, la Restauración
borbónica y la crisis colonial de 1898. Su legado histórico aparece marcado por
esa doble condición: protagonista esencial del sistema político de la
Restauración y, al mismo tiempo, impulsor de importantes reformas que ampliaron
las libertades y la participación política de los ciudadanos.
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