domingo, 16 de agosto de 2026

ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA

Gaspar Melchor de Jovellanos.

Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-Puerto de Vega, 1811) fue una de las figuras más destacadas de la Ilustración española. Jurista, escritor, pensador y político, dedicó buena parte de su vida a promover la modernización económica, educativa y cultural de España, defendiendo la necesidad de superar los privilegios y las estructuras que dificultaban el progreso del país. Entre sus obras más importantes destacan el Informe sobre la Ley Agraria y la Memoria sobre la educación pública.

Gaspar Melchor de Jovellanos. Francisco de Goya y Lucientes. 1798. Óleo sobre lienzo. 205 x 133 cm. Museo del Prado. Sala 036 (ver) (CC BY 3.0)

Su vinculación con Sevilla comenzó en 1767, cuando, después de completar su formación jurídica, fue nombrado alcalde de la Sala del Crimen de la Real Audiencia. Durante los años sevillanos entró en contacto con el ambiente ilustrado que comenzaba a cobrar fuerza en la ciudad y participó en las tertulias promovidas por Pablo de Olavide en los Reales Alcázares. Aquel círculo, frecuentado por intelectuales y reformistas, se convirtió en uno de los principales focos de difusión de las nuevas ideas ilustradas en la Sevilla del siglo XVIII. En estas reuniones Jovellanos tuvo ocasión de presentar su comedia El delincuente honrado, una de las obras más representativas de su producción literaria.

Su actividad sevillana no se limitó al ejercicio de la magistratura. En 1774 fue nombrado oidor de la Real Audiencia y, al año siguiente, participó en la creación de la Sociedad Patriótica Sevillana, de la que ejerció como secretario de Artes y Oficios. Esta institución respondía al espíritu reformador de las Sociedades Económicas de Amigos del País, orientadas a fomentar la agricultura, la industria, el comercio y la educación. La experiencia sevillana contribuyó así a consolidar sus inquietudes económicas y sociales y a ponerle en contacto directo con algunos de los principales representantes de la Ilustración española.

En 1778 se trasladó a Madrid, donde desarrolló una intensa actividad política, jurídica y cultural. Fue miembro de la Real Academia de la Historia, de la Real Academia de San Fernando y de la Real Academia Española, y participó activamente en instituciones destinadas al fomento de la economía y la educación. Su pensamiento reformista quedó especialmente reflejado en el Informe sobre la Ley Agraria, donde defendió la liberalización de la propiedad y explotación de la tierra y cuestionó privilegios que consideraba incompatibles con el desarrollo económico.

La evolución política de España durante los últimos años del siglo XVIII dificultó la aplicación de muchas de sus ideas. Tras un periodo de alejamiento de la Corte, regresó a Asturias, donde continuó trabajando por la modernización del Principado. Impulsó la creación en Gijón del Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, fundado en 1794, concebido como un centro de enseñanza práctica inspirado en los principios de la Ilustración. También estudió las posibilidades de explotación del carbón asturiano y defendió la mejora de las comunicaciones y de las infraestructuras necesarias para favorecer el desarrollo económico.

En 1797 fue nombrado ministro de Gracia y Justicia, desde donde intentó introducir reformas en la administración de justicia y limitar determinados privilegios eclesiásticos. Su permanencia en el Gobierno fue breve y en 1798 tuvo que abandonar el cargo. Poco después, en 1801, fue detenido por orden de Godoy y enviado a Mallorca, donde permaneció encarcelado hasta 1808, primero en la Cartuja de Valldemosa y posteriormente en el castillo de Bellver. Aquellos años de prisión estuvieron marcados por el aislamiento, el deterioro de su salud y una creciente religiosidad.

Liberado tras el motín de Aranjuez, Jovellanos rechazó colaborar con el gobierno de José Bonaparte y se incorporó a la Junta Central como representante del Principado de Asturias. Desde esta institución participó en los esfuerzos políticos destinados a organizar la resistencia frente a la invasión napoleónica y a preparar la convocatoria de Cortes. Cuando las tropas francesas avanzaron por Andalucía, la Junta hubo de abandonar Sevilla y trasladarse a Cádiz. Este episodio explica la segunda gran vinculación de Jovellanos con Sevilla: décadas después de su primera estancia en la ciudad, regresó a ella como miembro de la Junta Central Suprema durante uno de los momentos más dramáticos de la Guerra de la Independencia.

Finalmente, después de una vida marcada por el estudio, la actividad política y la defensa de las reformas ilustradas, Jovellanos murió en Puerto de Vega, Asturias, el 27 de noviembre de 1811, cuando trataba de regresar a su tierra en medio de la guerra y de la presencia de las tropas francesas. Su figura quedó asociada a la defensa de una España más culta, próspera y abierta a las ideas de modernización propias de la Ilustración.

La ciudad de Sevilla quiso perpetuar su memoria dedicándole una de sus calles. La denominación definitiva se estableció en 1845, cuando el Ayuntamiento acordó honrar a quien había mantenido una relación especialmente estrecha con la ciudad durante sus primeros años de actividad pública. El nombre de Jovellanos en el callejero sevillano recuerda así no solo al gran reformista asturiano, sino también la importancia que tuvo Sevilla en su formación intelectual y en la difusión de las ideas ilustradas en la España del siglo XVIII.

Calle Jovellanos

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