ALGUNOS PERSONAJES HISTÓRICOS EN LAS CALLES DE SEVILLA
Gaspar Melchor de Jovellanos.
Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-Puerto de
Vega, 1811) fue una de las figuras más destacadas de la Ilustración española.
Jurista, escritor, pensador y político, dedicó buena parte de su vida a
promover la modernización económica, educativa y cultural de España,
defendiendo la necesidad de superar los privilegios y las estructuras que
dificultaban el progreso del país. Entre sus obras más importantes destacan el
Informe sobre la Ley Agraria y la Memoria sobre la educación pública.
Su vinculación con Sevilla comenzó en 1767, cuando,
después de completar su formación jurídica, fue nombrado alcalde de la Sala del
Crimen de la Real Audiencia. Durante los años sevillanos entró en contacto con
el ambiente ilustrado que comenzaba a cobrar fuerza en la ciudad y participó en
las tertulias promovidas por Pablo de Olavide en los Reales Alcázares. Aquel
círculo, frecuentado por intelectuales y reformistas, se convirtió en uno de
los principales focos de difusión de las nuevas ideas ilustradas en la Sevilla
del siglo XVIII. En estas reuniones Jovellanos tuvo ocasión de presentar su
comedia El delincuente honrado, una de las obras más representativas de su
producción literaria.
Su actividad sevillana no se limitó al ejercicio de la
magistratura. En 1774 fue nombrado oidor de la Real Audiencia y, al año
siguiente, participó en la creación de la Sociedad Patriótica Sevillana, de la
que ejerció como secretario de Artes y Oficios. Esta institución respondía al
espíritu reformador de las Sociedades Económicas de Amigos del País, orientadas
a fomentar la agricultura, la industria, el comercio y la educación. La
experiencia sevillana contribuyó así a consolidar sus inquietudes económicas y
sociales y a ponerle en contacto directo con algunos de los principales
representantes de la Ilustración española.
En 1778 se trasladó a Madrid, donde desarrolló una
intensa actividad política, jurídica y cultural. Fue miembro de la Real Academia
de la Historia, de la Real Academia de San Fernando y de la Real Academia
Española, y participó activamente en instituciones destinadas al fomento de la
economía y la educación. Su pensamiento reformista quedó especialmente
reflejado en el Informe sobre la Ley Agraria, donde defendió la liberalización
de la propiedad y explotación de la tierra y cuestionó privilegios que
consideraba incompatibles con el desarrollo económico.
La evolución
política de España durante los últimos años del siglo XVIII dificultó la
aplicación de muchas de sus ideas. Tras un periodo de alejamiento de la Corte,
regresó a Asturias, donde continuó trabajando por la modernización del
Principado. Impulsó la creación en Gijón del Real Instituto Asturiano de
Náutica y Mineralogía, fundado en 1794, concebido como un centro de enseñanza
práctica inspirado en los principios de la Ilustración. También estudió las
posibilidades de explotación del carbón asturiano y defendió la mejora de las
comunicaciones y de las infraestructuras necesarias para favorecer el
desarrollo económico.
En 1797
fue nombrado ministro de Gracia y Justicia, desde donde intentó introducir
reformas en la administración de justicia y limitar determinados privilegios
eclesiásticos. Su permanencia en el Gobierno fue breve y en 1798 tuvo que
abandonar el cargo. Poco después, en 1801, fue detenido por orden de Godoy y
enviado a Mallorca, donde permaneció encarcelado hasta 1808, primero en la
Cartuja de Valldemosa y posteriormente en el castillo de Bellver. Aquellos años
de prisión estuvieron marcados por el aislamiento, el deterioro de su salud y
una creciente religiosidad.
Liberado tras
el motín de Aranjuez, Jovellanos rechazó colaborar con el gobierno de José
Bonaparte y se incorporó a la Junta Central como representante del Principado
de Asturias. Desde esta institución participó en los esfuerzos políticos
destinados a organizar la resistencia frente a la invasión napoleónica y a
preparar la convocatoria de Cortes. Cuando las tropas francesas avanzaron por
Andalucía, la Junta hubo de abandonar Sevilla y trasladarse a Cádiz. Este
episodio explica la segunda gran vinculación de Jovellanos con Sevilla: décadas
después de su primera estancia en la ciudad, regresó a ella como miembro de la
Junta Central Suprema durante uno de los momentos más dramáticos de la Guerra
de la Independencia.
Finalmente,
después de una vida marcada por el estudio, la actividad política y la defensa
de las reformas ilustradas, Jovellanos murió en Puerto de Vega, Asturias, el 27
de noviembre de 1811, cuando trataba de regresar a su tierra en medio de la
guerra y de la presencia de las tropas francesas. Su figura quedó asociada a la
defensa de una España más culta, próspera y abierta a las ideas de
modernización propias de la Ilustración.
La ciudad de Sevilla quiso perpetuar su memoria
dedicándole una de sus calles. La denominación definitiva se estableció en
1845, cuando el Ayuntamiento acordó honrar a quien había mantenido una relación
especialmente estrecha con la ciudad durante sus primeros años de actividad
pública. El nombre de Jovellanos en el callejero sevillano recuerda así no solo
al gran reformista asturiano, sino también la importancia que tuvo Sevilla en
su formación intelectual y en la difusión de las ideas ilustradas en la España
del siglo XVIII.
Calle Jovellanos
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