Sin embargo, la avenida actual es
relativamente reciente. Su trazado rectilíneo y su anchura son el resultado de
una larga operación de reforma urbana que comenzó a plantearse en el siglo XIX
y que se materializó principalmente durante las primeras décadas del XX. Antes
de convertirse en una sola vía, estaba formada por diferentes calles, plazas y
espacios que fueron cambiando de nombre, función y aspecto a lo largo de los
siglos.
Avenida de la
Constitución
Confluyen en ella, por la acera de los
pares, García de Vinuesa, Federico Sánchez Bedoya, Almirantazgo y Adolfo
Rodríguez Jurado; por la de los impares, Felipe Pérez, Alemanes, Fray Ceferino
González, Santo Tomás y Miguel de Mañara.
El
territorio antes de la avenida
En época romana, buena parte del
espacio que ocupa actualmente la avenida se encontraba fuera del recinto
amurallado de Hispalis. La configuración hidrográfica de Sevilla era entonces
muy diferente de la actual y por esta zona discurría uno de los antiguos brazos
del Guadalquivir, relacionado con el curso que atravesaba sectores de la actual
Alameda de Hércules, la Campana y la Plaza Nueva antes de alcanzar nuevamente
el río en las proximidades del Arenal. La transformación de estos espacios y la
progresiva colmatación o desecación de los antiguos cauces modificaron
profundamente el paisaje.
Algunas intervenciones arqueológicas
realizadas en el entorno han documentado también la existencia de
enterramientos antiguos, indicio de que determinadas zonas fueron utilizadas
con carácter funerario antes de quedar integradas plenamente en el tejido
urbano.
Con la expansión de Isbilya durante la
Edad Media, el área fue incorporándose al recinto urbano. Tras las sucesivas
incursiones y ataques que sufrió Sevilla durante la época islámica, la ciudad
hubo de reforzar progresivamente sus defensas. Especial gravedad tuvieron las
incursiones de los normandos, que en los años 844 y 859 llegaron a atacar e
incendiar la ciudad. Estos episodios pusieron de manifiesto la vulnerabilidad
de las antiguas defensas y favorecieron la ampliación y consolidación del
recinto amurallado.
Con estas nuevas fortificaciones,
determinadas zonas que hasta entonces habían quedado extramuros pasaron a
integrarse en el espacio protegido de la ciudad. Entre ellas se encontraba el
sector que posteriormente ocuparía la gran mezquita aljama, cuya inauguración
se produjo en 1176, en el entorno de la actual Avenida de la Constitución. El
acceso a esta zona se realizaba a través de la denominada puerta de San Miguel,
situada aproximadamente en el área que hoy corresponde a la calle Almirantazgo,
junto al posterior eje de comunicación entre el núcleo urbano y el puerto, o
desde la puerta de la Plata hoy conocida como Arquillo de Mañara.
Tras la conquista castellana de 1248,
la importancia del lugar aumentó todavía más.
Primer
tramo. Génova y los comerciantes extranjeros
El tramo comprendido entre la actual
Plaza Nueva y el cruce con las calles Alemanes y García de Vinuesa recibió
desde la Edad Media el nombre de Génova. La denominación estaba relacionada con
la importante colonia de comerciantes genoveses establecida en Sevilla después de
la conquista castellana.
Fernando III favoreció la instalación
de estos mercaderes, que disfrutaron de privilegios, espacios comerciales y un
área de residencia. La presencia genovesa dejó una profunda huella en la
economía sevillana, especialmente en las actividades mercantiles y financieras
vinculadas al comercio mediterráneo y, posteriormente, atlántico.
Con el paso del tiempo, la calle dejó
de ser exclusivamente genovesa. Desde el siglo XIV se documenta la presencia de
sevillanos y de numerosos artesanos y comerciantes. Allí se establecieron
plateros, cambiadores, sastres, calceteros, jubeteros y otros profesionales
relacionados con el comercio y las manufacturas.
A finales del siglo XV aparecieron
también los primeros impresores y libreros. Entre los nombres relacionados con
esta actividad figuran Menardo Ungut y Lanzalao Polono, y posteriormente Jacobo
Cromberger, Andrea de Peseioni, Varela de Salamanca y otros profesionales que
hicieron de Sevilla uno de los grandes centros de producción y circulación de
libros de la España de la Edad Moderna.
En 1897, al producirse el asesinato del
presidente del gobierno Cánovas del Castillo, se le dio su nombre.
Segundo
tramo. Las Gradas de la Catedral
El segundo gran espacio histórico de la
actual avenida corresponde a las Gradas, situadas delante de la Catedral. El
nombre al menos desde el siglo XIV, hacía referencia a los escalones y andenes
que salvaban el desnivel entre el templo y la calle.
Durante los siglos XVI y XVII las
Gradas constituyeron uno de los espacios comerciales y sociales más concurridos
de Sevilla. Su importancia creció extraordinariamente después del
descubrimiento de América, cuando Sevilla se convirtió en centro del comercio
con los territorios americanos y sede de la Casa de la Contratación.
En torno a la Catedral se concentraban
mercaderes, cambistas, escribanos, vendedores y artesanos. Se realizaban
operaciones comerciales, se anunciaban mercancías, se celebraban almonedas y se
formalizaban contratos. Las Gradas eran también un lugar de encuentro, paseo y
observación de la vida urbana.
La intensa actividad llegó a provocar
conflictos con el Cabildo Catedralicio. El movimiento de animales de carga,
vendedores y comerciantes en las inmediaciones del templo alteraba el carácter
sagrado del espacio. Las columnas unidas por cadenas que todavía pueden
contemplarse delante de la Catedral son un testimonio de aquella voluntad de
delimitar el recinto religioso.
Las Gradas se convirtieron asimismo en
un lugar asociado a la literatura picaresca. Autores como Cervantes, Mateo
Alemán, Quevedo, Castillo Solórzano, Vélez de Guevara y otros escritores del
Siglo de Oro evocaron en sus obras el bullicio, los negocios, los engaños y los
personajes que frecuentaban este espacio.
El viajero veneciano Andrea Navagero,
durante su estancia en España en el siglo XVI, dejó constancia de la enorme
concurrencia que encontraba en las Gradas, que consideraba uno de los lugares
más destacados de Sevilla.
Durante la primera mitad del s. XIX,
este tramo es conocido como Punta del Diamante, hasta que en 1845 se vuelve a
Gradas de la Catedral. En 1868 se le cambió por el de Catedral; en 1877 se le
rotula Gran Capitán, en memoria de Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), capitán
de los tercios que controlaron el reino de Nápoles para los Reyes Católicos.
Tercer
tramo. La Lonja y el comercio americano
Más allá de las Gradas se encontraba la
Lonja de Mercaderes, actual Archivo General de Indias (ver). El edificio fue construido entre 1584
y 1598 por iniciativa de Felipe II para disponer de un espacio específicamente
destinado a las operaciones comerciales.
El proyecto se relaciona con Juan de
Herrera y fue ejecutado por Juan de Mijares, con intervención de otros
maestros. El edificio sustituyó progresivamente las actividades mercantiles que
se desarrollaban al aire libre en las Gradas, aunque la costumbre tardó en
desaparecer.
En 1785, durante el reinado de Carlos
III, la antigua Lonja fue destinada a Archivo General de Indias con el
propósito de reunir la documentación relacionada con la administración de los
territorios americanos, dispersa hasta entonces por distintos archivos.
Este tercer tramo (la calle de la Lonja) iba de la Catedral a la calle Santo Tomás; no se
localiza ningún topónimo específico hasta que al levantarse la Lonja de
Mercaderes a fines del s. XVI, los espacios que la rodean, éste entre ellos,
comienzan a denominarse Lonja, como se constata en el s. XVIII , nombre con el
que se mantiene hasta 1895 , en que se le cambia por Cardenal González, en
recuerdo de fray Ceferino González (1831-1894), que fue arzobispo de esta
diócesis en 1883-1885 y 1886-1889; en 1927 se le dio el de Primo de Rivera, en
homenaje al general Miguel Primo de Rivera (1870-1930), presidente del
Directorio Militar, por las facilidades dadas para el derribo del antiguo
Colegio de Santo Tomás, que había sido Gobierno Militar y facilitaba el
ensanche de la avenida.
Cuarto
tramo. Plaza de santo Tomas
El cuarto tramo lo forma el espacio
existente entre la calle Santo Tomas y la desembocadura de Miguel de Mañara,
que desde comienzos del s. XVI se conoció como plaza de Santo Tomás, por
encontrarse en ella el Colegio Mayor y Universidad de Santa María de Jesús,
institución fundada por Maese Rodrigo Fernández de Santaella a comienzos del
siglo XVI (ver).
El conjunto universitario ocupaba un
espacio considerable en las proximidades de la actual Puerta de Jerez. De
aquella institución únicamente subsiste la denominada Capilla de Don Rodrigo o
de Santa María de Jesús (ver), pequeño templo gótico-mudéjar que
constituye uno de los testimonios más valiosos de aquel antiguo conjunto
universitario.
Durante siglos, este sector actuó como
límite físico de la continuidad de la vía. Más allá se encontraban
edificaciones, recintos religiosos y militares y, finalmente, la Puerta de
Jerez. La conexión directa entre el centro histórico y este acceso meridional
no existiría hasta las grandes reformas urbanas del siglo XX.
Ultimo
tramo
El último tramo no existió hasta que en
el primer cuarto del siglo XX se culminó un antiguo proyecto de apertura; en 1917
se le denominó Reina Mercedes, en recuerdo de la primera mujer de Alfonso XII,
cuyo noviazgo en el vecino palacio de San Telmo y su prematura muerte recuerda
el romance popular.
Segunda
Republica
Durante la Segunda República, en 1931,
la vía fue unificada bajo el nombre de Libertad. Tras 1936 volvió a dividirse:
el primer tramo, hasta Alemanes y García de Vinuesa, pasó a llamarse José
Antonio Primo de Rivera (1903- 1936), fundador de Falange Española, mientras
que el resto pasó a denominarse Queipo de Llano, que encabezó la sublevación
militar de julio de 1936 en Sevilla. Finalmente, el 26 de marzo de 1980 se
recuperó la unidad toponímica y se estableció la denominación de Avenida de la
Constitución, que permanece en la actualidad.
Una
gran reforma urbana
La transformación definitiva de la vía
fue una de las operaciones urbanísticas de mayor alcance realizadas en el casco
histórico sevillano durante el primer cuarto del siglo XX.
La necesidad de crear una gran avenida
se había planteado en 1863, cuando se estudió el ensanche del tramo comprendido
entre el Almirantazgo y Santo Tomás. En 1869 se analizaron diferentes
propuestas para establecer una gran comunicación entre la Plaza de San
Francisco y la Puerta de Jerez.
La idea volvió a aparecer en diversos
proyectos durante las décadas siguientes y fue incorporada al plan de ensanche
del casco histórico de Sáez y López de 1895. Finalmente, el proyecto definitivo
fue aprobado en 1906.
La reforma perseguía varios objetivos.
Por una parte, se pretendía mejorar la comunicación entre el centro histórico y
los nuevos espacios urbanos desarrollados hacia el sur. Por otra, se buscaba
disponer de una vía amplia y representativa capaz de absorber el creciente
tráfico de carruajes y, posteriormente, de vehículos de motor.
La expansión de Sevilla hacia el sur
había otorgado una importancia creciente a esta comunicación. La Fábrica de
Tabacos, el Palacio de San Telmo, la apertura de la calle San Fernando, el
Prado de San Sebastián, la estación ferroviaria y los preparativos de la
Exposición Iberoamericana de 1929 reforzaron la necesidad de conectar
directamente el núcleo histórico con la Puerta de Jerez.
La ejecución del proyecto exigió
expropiaciones y derribos. Entre 1907 y 1912 se actuó especialmente en el
primer tramo, entre Fernández y González y García de Vinuesa. En 1926 se
completaron nuevas operaciones de ensanche entre Fernández y González, Joaquín
Guichot y la Plaza Nueva.
En el extremo meridional, la apertura
se realizó entre 1910 y 1913 mediante la demolición de parte del antiguo
Seminario y de otras edificaciones. La operación no estuvo exenta de
dificultades y todavía durante la década de 1920 quedaban inmuebles pendientes
de derribo.
Especial importancia tuvo la
desaparición de buena parte del antiguo Colegio-Universidad de Santa María de
Jesús. La Capilla de Don Rodrigo quedó fuera de la línea de derribo y
constituye actualmente, como hemos comentado, el principal recuerdo visible de
aquella institución.
La última reforma efectuada fue el
alineamiento del tramo frontero a la Lonja, que afectaba a gran parte del
Gobierno Militar, en la esquina actual con Adolfo Rodríguez Jurado. El
Ayuntamiento adquirió la primera finca en 1911, y en 1914 llegó a un acuerdo
con dicho Gobierno sobre el valor de los terrenos necesarios para la operación
que no se dio por finalizada hasta 1926.
Actualmente la avenida posee un trazado
rectilíneo y similar anchura hasta Almirantazgo, se ensancha a continuación,
como consecuencia del retranqueo del edificio del Archivo de Indias, y se
aprecia parte de la configuración de la antigua plaza de Santo Tomás en la
planta irregular que presenta en la confluencia de Miguel de Mañara y Adolfo
Rodríguez Jurado. Finalmente, recupera la linealidad en el último tramo.
La
arquitectura regionalista
La nueva avenida se convirtió también
en un extraordinario escaparate de la arquitectura sevillana de comienzos del
siglo XX. El regionalismo, impulsado por arquitectos como Aníbal González y
José Espiau y Muñoz, encontró en ella uno de sus escenarios principales.
En el primer tramo destaca el edificio de La Adriática, esquina a
Fernández y González proyectado por José Espiau y Muñoz
entre 1914 y 1922, para la
Compañía de seguros que le da nombre y que albergaba la confitería de
Filella. Su lenguaje combina elementos
neomudéjares, regionalistas y referencias historicistas, y su torre-mirador de
esquina se convirtió en uno de los elementos característicos de la avenida, que
ha perdido su primitivo aspecto al eliminarse la
cúpula, que completaba su carácter neomudéjar.
La fachada es una auténtica obra de arte,
con una estructura que combina formas sinuosas y elementos decorativos que
recuerdan tanto a la arquitectura mudéjar como al modernismo europeo. Aunque La
Adriática no solo es un deleite para los amantes de la edificación, sino que
también representa una época de
esplendor cultural y económico en Sevilla, ya que su construcción está
estrechamente relacionada con la Exposición Iberoamericana de 1929.
Edificio
de La Adriática
Edificio de La Adriática
Edificio de La Adriática
Detalle
de la veleta
Muy cerca se
suceden varias obras de Aníbal González, entre ellas los números 6, 10, 12 y
14. Especial relevancia tiene la Casa Álvaro Dávila, construida para el marqués
de Villamarta entre 1915 y 1917, sede del antiguo Banco Popular, cuya
composición demuestra la preocupación del arquitecto por resolver de manera
monumental las esquinas y los encuentros entre calles. El elemento más
particular de este edificio es una delgada escalera exterior que se muestra con
planta poligonal.
Casa Álvaro Dávila
Casa Álvaro Dávila
Casa Álvaro Dávila
Frente a estas construcciones
regionalistas se levantó el Banco de España (ver), proyectado por Antonio Illanes del
Río y construido entre 1925 y 1928. Su monumentalismo clasicista se aparta
deliberadamente del regionalismo dominante y proporciona a este tramo un
contrapunto arquitectónico de carácter institucional.
Banco de España
Más adelante aparecen el antiguo edificio de Correos y
Telégrafos, construido entre 1927 y 1930 según proyecto de Joaquín Otamendi y
Luis Lozano, conforme a un neobarroco más madrileño que andaluz.
Edificio
de Correos y Telégrafos
Detalle
del escudo de España
El edificio Aurora, realizado entre 1933 y 1936 por Antonio
Illanes, ejemplo destacado del compromiso entre regionalismo y modernidad, que supo
introducir un cuerpo de mayor altura a la manera de mirador en un enclave de
vistas tan excepcionales.
Edificio
Aurora
Edificio Aurora
El edificio de Seguros Santa Lucia. Esta
obra forma parte del ensanche y monumentalización de este tramo de la avenida
de la Constitución tras ser derribado el convento de Santo Tomás y la primitiva
universidad que ocupaba la Puerta de Jerez. José Espiau y
Muñoz se encargó de este proyecto en el año 1910 con el
fin de crear una sede para la entidad aseguradora Santa Lucía.
Edificio de Seguros Santa Lucia
Otros bancos privados como el Central
(1952), sede actual del Banco de Santander, obra de Vicente Traver, levantarían
mucho después sus edificios en dicha acera.
En el ensanche denominado calle Adolfo Rodríguez Jurado, en
el cruce con Santo Tomás, se encuentra una buena representación de la
arquitectura moderna en el edificio de viviendas realizado en 1935-36 por el
arquitecto José Galnares Sagastizabal para el conde de Ybarra, de
estilo asociado a la arquitectura del Movimiento Moderno racionalista y que está
inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, con carácter
genérico colectivo.
Uno de los edificios más singulares es el antiguo Teatro
Coliseo España, proyectado por José y Aurelio Gómez Millán entre 1925 y 1930, sobre
el solar del antiguo convento de Santo Tomás. Su inauguración fue el 3 de
diciembre de 1931, justo ocho meses y medio después de proclamarse la II
República en España. Concebido inicialmente como
cinematógrafo (Cine Reina Mercedes) y posteriormente adaptado a teatro, inaugurado
en 1931 (Coliseo España), constituye uno de los ejemplos más representativos
del regionalismo aplicado a la arquitectura de espectáculos. El extraordinario teatro-cine desapareció con el vaciado hecho en las
obras conducentes a instalar la sede central del Banco de Vizcaya. Quedó así
reducido a su cascarón el más importante ejemplo del regionalismo en este tipo
de edificios.
Teatro
Coliseo España
Teatro Coliseo España
Teatro Coliseo España
Teatro Coliseo España
Destacamos el número 28 de la avenida
de la Constitución, que corresponde al antiguo Colegio de San Miguel (Leer mas) del que apenas
permanece su antigua portada, integrada en el edificio construido por José
Espiau y Muñoz en 1929.
Avenida
de la Constitución 28
Puerta del
antiguo Colegio de San Miguel
Monumentos
y testimonios históricos
La avenida concentra en pocos
centenares de metros una extraordinaria sucesión de monumentos.
La Catedral de Santa María de la Sede
ocupa el corazón monumental de la vía. Construida sobre el solar de la antigua
mezquita aljama, conserva la Giralda y el Patio de los Naranjos como
principales testimonios de su pasado islámico. La construcción del templo
cristiano comenzó a comienzos del siglo XV y se prolongó durante varias
generaciones.
Catedral de Santa
María de la Sede
Junto a ella se encuentra la Iglesia
del Sagrario (ver), construida entre 1618 y 1662 como prolongación
del conjunto catedralicio. En su interior destaca el monumental retablo mayor,
cuya arquitectura corresponde a Francisco Dionisio de Ribas y cuyas esculturas
se relacionan con Pedro Roldán.
Iglesia del Sagrario
Iglesia del Sagrario
Frente al conjunto catedralicio se
encuentra el Archivo General de Indias (ver), antigua Lonja de Mercaderes, uno de
los edificios más importantes de la arquitectura civil española del siglo XVI.
Junto con la Catedral y el Real Alcázar, forma parte del conjunto sevillano
inscrito por la UNESCO como Patrimonio Mundial en 1987.
Archivo General de
Indias
Más adelante
aparece la Torre Abd el Aziz, vestigio de las antiguas defensas de la ciudad,
relacionada con el sistema de murallas almohades. También se conoce como Torre del
Homenaje debido a una leyenda que dice que este fue el
primer lugar donde ondeó el peón castellano tras la conquista de la ciudad. Su
nombre procede del emir Abd al-Aziz ibn Musa, que vivió en Ishbiliya (Sevilla)
del 714 al 719. Esta torre conecta con el Postigo del Carbón y la Torre de la
Plata, y continuando al oeste con la Torre del Oro, por lo que ambas torres
pueden ser de la misma época (siglo XIII). Su presencia permite recordar que la
actual avenida discurre en buena parte sobre un espacio profundamente condicionado
por la antigua estructura defensiva de Sevilla.
Torre Abd el Aziz
Torre Abd el Aziz
Torre Abd el Aziz
Torre Abd el Aziz
También sobreviven otros fragmentos de
aquella ciudad medieval, como algunos restos de las cercas y el entorno del
antiguo Arquillo de Mañara, antiguo acceso relacionado con la Puerta de la
Plata.
Arquillo de Mañara
Placa Cervantina
Detalle del Arquillo de Mañara
Detalle del Arquillo de Mañara
Detalle del Arquillo de Mañara
Vendedor de leche en
el Postigo de Abd el Aziz, en la calle Miguel de Mañara. Principios del siglo
XX.
La capilla de Don Rodrigo, es el único
vestigio de la que fuera la primitiva universidad sevillana que fundó maese
Rodrigo Fernández de Santaella en el año 1506. De este gran edificio solo nos
queda este recogido templo de estilo gótico-mudéjar tardío, Monumento
Nacional gracias a la iniciativa de José Gestoso.
Capilla de Don Rodrigo
La
pavimentación de una vía privilegiada
La importancia de la avenida también
puede seguirse a través de la historia de su pavimentación. El intenso tránsito
de personas, animales, carruajes y procesiones obligó durante siglos a reparar
continuamente sus calles.
Desde finales del siglo XVI se
sucedieron las peticiones para empedrar las Gradas y Génova. En 1607, por
ejemplo, se ordenó rellenar y nivelar los numerosos hoyos existentes en las
Gradas. En otras ocasiones se procedió simplemente a limpiar el barro
acumulado.
En el siglo XVII hubo intentos de
utilizar losas en algunos tramos, aunque terminó imponiéndose nuevamente el
empedrado. Durante la primera mitad del siglo XIX se utilizó el embaldosado y,
a mediados de aquella centuria, se realizaron ensayos con adoquines.
Entre 1885 y 1913 se fueron adoquinando
los distintos tramos. En 1907 se ensayó también el asfaltado de una parte de la
vía, aunque la pavimentación moderna no se generalizaría hasta mucho después.
A comienzos de la década de 1980 se
levantó buena parte del pavimento para renovar las redes de saneamiento y
posteriormente se extendió la capa de asfalto que precedió a las
transformaciones más recientes.
La
carrera oficial de Sevilla
La posición de la avenida, entre el
Ayuntamiento, la Catedral y el Archivo de Indias, convirtió desde muy antiguo
este espacio en uno de los principales escenarios de la vida pública sevillana.
Por aquí discurrió durante siglos la
llamada carrera oficial de numerosas celebraciones religiosas y civiles. El
Corpus Christi adquirió una importancia extraordinaria. Desde la Edad Media, la
procesión atravesaba las Gradas y continuaba hacia la Plaza de San Francisco,
recorriendo después diversas calles del centro antes de regresar a la Catedral.
La procesión
del Corpus en Sevilla. Manuel Cabral y Aguado Bejarano. 1857. Óleo sobre
lienzo. 152,5 x 243,5 cm. Museo del Prado. No expuesto. (ver) (CC BY 3.0)
Las autoridades municipales reparaban y
limpiaban el recorrido, instalaban toldos y adornaban las calles con
vegetación. En determinados momentos se colocaban tapices y arcos triunfales,
mientras los vecinos contemplaban el cortejo desde ventanas y balcones.
La misma vía ha sido escenario de
procesiones extraordinarias, rogativas, acciones de gracias, recibimientos de
personajes reales, desfiles militares y acontecimientos políticos. También fue
utilizada por las cofradías sevillanas en su camino hacia la Catedral para
realizar estación de penitencia.
Durante siglos, por tanto, recorrer
este espacio significaba atravesar el centro ceremonial de Sevilla.
Un
espacio de sociabilidad
Pero la importancia de la avenida no
fue exclusivamente monumental o religiosa. Génova y las Gradas fueron también
uno de los grandes espacios de sociabilidad de la ciudad.
En las Gradas se encontraban comerciantes,
hidalgos, artesanos, trabajadores, escribanos, vendedores y personas
procedentes de todos los sectores sociales. Los negocios convivían con el paseo
y las conversaciones.
Durante el siglo XVIII aparecieron los
primeros cafés. En la zona estuvieron establecimientos como el Café de San
Fernando, que además funcionó como casino, y posteriormente otros locales como
el Caballo Blanco, La Paz y Vista Alegre. Estos establecimientos contribuyeron
a convertir el entorno en lugar de tertulia, debate político y encuentro
social.
Durante buena parte del siglo XIX y del
XX la avenida conservó esta función. Los sevillanos acudían a pasear, a
encontrarse con amigos, a entrar en los cafés o simplemente a contemplar el
movimiento de la ciudad.
La
transformación económica
El comercio, desde los años iniciales
de la Sevilla castellana, tiene un nombre propio: genoveses. La colonia
mercantil de dicho origen recibe de Fernando III, además de exenciones
fiscales, lonja y barrio o calle, a la que dan nombre. El edificio de aquélla
se conservó hasta entrado el s. XIX en la esquina con García de Vinuesa. Sin
embargo, a mediados del s. XIV esta calle ya estaba habitada en parte por
sevillanos, y desde finales de dicha centuria residen diversos artesanos,
destacando los relacionados con oficios artísticos y con el comercio, como
plateros y cambiadores.
En los siglos XV y XVI se les sumarán
los relacionados con el textil (sastres, calceteros, jubeteros, tundidores y
otros. A fines del siglo XV hacen su aparición los primeros representantes de
una actividad que también estará ligada a la historia multisecular de la calle:
los impresores y encuadernadores de libros. Muchos de los que inician la serie
son extranjeros, como Menardo Ungut y Lanzalao Polono, entre los siglos XV y
XVI; en las siguientes centurias aparecen, entre otros, Jacobo Cromberger,
Monardes, Andrea de Peseioni o Varela de Salamanca, en e l s. XVI; Andrés
Grande y Nicolás Rodríguez, en el XVII; Sánchez Reciente, en el XVIII.
El declive de Sevilla como gran centro
del comercio americano después del traslado de la Casa de la Contratación a
Cádiz modificó progresivamente la función económica de la zona.
Los antiguos comerciantes, artesanos y
pequeños establecimientos fueron dejando paso a nuevos negocios. Los cafés y
espacios de reunión adquirieron mayor protagonismo durante los siglos XVIII y
XIX, mientras que en el siglo XX se produjo una transformación profunda hacia
las actividades administrativas, financieras y de servicios.
La avenida llegó a convertirse en uno
de los principales ejes bancarios de Sevilla. Junto a los edificios
monumentales se instalaron numerosas entidades financieras, compañías
aseguradoras, oficinas públicas y empresas de servicios.
Este cambio explica una de las
características actuales de la vía: una intensa actividad durante las horas
diurnas, relacionada con oficinas, comercio, turismo y servicios, frente a una
actividad residencial relativamente reducida.
Del
tráfico a la peatonalización
Durante buena parte del siglo XX la
Avenida de la Constitución desempeñó también una función esencial en la
circulación de vehículos. La expansión urbana hacia el sur y la ausencia
durante décadas de una adecuada red de circunvalación hicieron de ella uno de
los principales ejes de comunicación de Sevilla.
Ya en el siglo XIX se habían planteado
sistemas de transporte urbano que utilizaban este recorrido. Posteriormente
circularon tranvías, autobuses y vehículos particulares.
El tranvía en la
Avenida de la Constitución a finales de los años 50
De 1863 data el proyecto de
construcción de “un camino de hierro servido con fuerza animal” para el
transporte urbano, y la única Línea de comunicación norte-sur pasa por la
avenida, pero debido al trazado que entonces tenía, dicha línea salía por la
plaza de Santo Tomás y Maese Rodrigo, y regresaba por San Gregario y plaza de
la Contratación, para acceder a la plaza de San Francisco a través de Hernando
Colón (1870); este recorrido se mantiene hasta principios del s. XX.
La intensidad del tráfico llegó a ser
especialmente problemática a finales del siglo XX. La circulación de miles de
vehículos diariamente generaba contaminación y afectaba especialmente a los
monumentos situados a ambos lados de la vía.
El proceso de transformación culminó en
el siglo XXI. El 17 de abril de 2006 se cerró definitivamente al tráfico
privado para comenzar las obras de remodelación y peatonalización. En 2007 se
inauguró la nueva configuración de la avenida, integrada en el sistema del
Metrocentro.
La transformación cambió radicalmente
la percepción del espacio. La avenida dejó de ser fundamentalmente un eje de
circulación para recuperar, en cierta medida, una función mucho más próxima a
la que había tenido históricamente: espacio de paseo, encuentro, celebración y
contemplación de los monumentos.
La
avenida en la actualidad
El recorrido actual presenta una
configuración fundamentalmente peatonal, con el tranvía y determinados
servicios autorizados como elementos de movilidad. Las antiguas calzadas fueron
sustituidas por un espacio mucho más favorable al paseo y a la contemplación
del conjunto monumental.
La vegetación acompaña el recorrido.
Los naranjos tienen especial presencia en los primeros tramos, mientras que
otros sectores incorporan arces, robinias, palmeras, prunos y otras especies.
Entre los ejemplares de mayor porte se han señalado tradicionalmente un gran
plátano de Indias y un magnolio próximo a la Catedral.
Las antiguas Gradas, con sus columnas y
cadenas, siguen marcando el límite simbólico entre la calle y el espacio
catedralicio.