ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA
Monumento a San Fernando de la Plaza Nueva.
En el
centro de la Plaza Nueva, uno de los espacios urbanos más representativos de
Sevilla, se levanta desde 1924 el monumento dedicado a Fernando III de
Castilla, el rey que conquistó la ciudad en 1248 y que fue canonizado por la
Iglesia católica en 1671. San Fernando es, además, patrón de Sevilla, y sus
restos se conservan en la Capilla Real de la Catedral, donde reciben especial
veneración cada 30 de mayo, festividad de su onomástica.
Monumento a San Fernando
Su historia se prolongó durante aproximadamente tres
cuartos de siglo y estuvo marcada por proyectos sucesivos, modificaciones,
paralizaciones y cambios de criterio. De hecho, entre las primeras propuestas y
la inauguración transcurrieron unos 76 años.
El origen de la idea se encuentra en la configuración
de la actual Plaza Nueva tras la demolición del convento Casa Grande de San
Francisco (leer mas). En
1848 el Ayuntamiento aprobó un proyecto de Francisco Javier Cavestany para
construir en el centro de la nueva plaza una gran fuente monumental coronada
por una estatua de San Fernando. El proyecto, sin embargo, no llegó a
materializarse y durante años se sucedieron distintas iniciativas.
En 1861
se recuperó la propuesta, esta vez con el apoyo expreso de Isabel II. Incluso
llegó a plantearse que la plaza y el monumento estuvieran dedicados a la propia
reina. Durante su visita a Sevilla en 1862, el Ayuntamiento quiso ofrecerle una
estatua, pero Isabel II prefirió que se recuperase la idea original y que el
espacio central se dedicara a San Fernando. Su decisión quedó expresada en un escrito
fechado el 4 de octubre de 1862, en el que manifestaba su deseo de que se
colocase en el lugar previsto para su estatua la del rey santo, al que admiraba
como “Rey y guerrero”: “AGRADECIENDO
LOS DESEOS DE LA CIUDAD DE SEVILLA, ES MI VOLUNTAD SE COLOQUE EN EL LUGAR QUE
SE DESTINABA PARA MI ESTATUA, LA DE SAN FERNANDO; SANTO QUE TANTO VENERO; REY Y
GUERRERO, QUE TANTO ADMIRO.- ISABEL.- 4 DE OCTUBRE DE 1862”.
El interés por concretar el proyecto continuó en 1863,
cuando se presentaron varias propuestas. Demetrio de los Ríos planteó un
conjunto monumental que incluía fuente, basamento y una estatua ecuestre de San
Fernando con el estandarte rematado por una cruz. Otros proyectos fueron
presentados por Manuel Juliano, Vicente L. Hernández, José de la Coba y Manuel
Portillo Navarrete. También concurrieron dos casas francesas, Mareschal,
Bernard & Magran y Philipp Lowenshalla, interesadas en la ejecución de la
estatua en bronce.
En 1864 la Comisión de Obras Públicas propuso aceptar el
proyecto de Manuel Portillo, por ser el más económico, aunque la necesidad de
recabar la opinión de las academias de Bellas Artes y de San Fernando abrió un
largo periodo de discrepancias administrativas. El expediente quedó paralizado
durante doce años.
El proyecto volvió a adquirir impulso en 1876,
coincidiendo con una nueva visita de Isabel II a Sevilla. Una Junta Pericial
creada para promover el monumento acordó finalmente aceptar la propuesta de
Demetrio de los Ríos, considerada la más grandiosa y digna. El proyecto
incorporaba un complejo programa iconográfico: relieves relacionados con
Herrera y Murillo, divinidades fluviales y una estatua ecuestre del santo
portando el pendón.
En 1877 se decidió que el proyecto de Demetrio de los
Ríos se financiara mediante suscripción nacional y Alfonso XII colocó la
primera piedra, acompañado por su madre, Isabel II.
El proyecto, sin embargo, volvió a quedar interrumpido.
En 1880 Joaquín Guichot presentó una nueva propuesta que incorporaba tres
columnas romanas descubiertas en la calle Mármoles, pero la iniciativa fue
rechazada al considerar las autoridades que aquellas piezas no debían ser
trasladadas de su emplazamiento.
Habría que esperar hasta 1915 para que la iniciativa
adquiriese un nuevo impulso. El concejal Ignacio de Casso promovió la creación
de una nueva comisión y en 1917 se encargó a Joaquín Bilbao la estatua ecuestre
de San Fernando y a Aníbal González el pedestal. Este último no pudo asumir
finalmente el trabajo debido a sus compromisos con la Exposición Iberoamericana.
La solución definitiva comenzó a perfilarse en los años
siguientes. En 1920 se confirmó el encargo de la estatua ecuestre a Joaquín
Bilbao y se solicitaron las esculturas destinadas a los cuatro frentes del
pedestal a Enrique Pérez Comendador, Adolfo López Rodríguez, Agustín
Sánchez-Cid y José Lafita Díaz. El proyecto definitivo fue elaborado por el
arquitecto Juan Talavera y Heredia, presentado en 1919 y firmado en 1922,
integraba la estatua ecuestre de Bilbao con un pedestal de concepción
arquitectónica neogótica y un amplio programa escultórico y decorativo.
El monumento quedó terminado en 1924 y fue inaugurado
el 15 de agosto de ese año, festividad de la Virgen de los Reyes, patrona de
Sevilla. La ceremonia estuvo acompañada por una procesión extraordinaria de la
Virgen, reforzando así la dimensión religiosa y simbólica del conjunto.
El monumento está concebido como una composición
vertical. Una escalinata sirve de base a un pedestal de planta poligonal y
configuración cruciforme, diseñado por Talavera y Heredia. Sobre él se eleva la
estatua ecuestre de San Fernando, mientras que cuatro esculturas pétreas ocupan
los frentes laterales. El conjunto combina arquitectura, escultura y
ornamentación historicista para evocar el mundo medieval asociado al monarca y
a la conquista cristiana de Sevilla.
Monumento a San Fernando
La
estatua ecuestre de San Fernando
La
figura principal fue realizada por Joaquín Bilbao Martínez, escultor sevillano
y hermano del pintor Gonzalo Bilbao. Bilbao, discípulo de Susillo, concibió al
monarca como un rey triunfante, evocando su entrada victoriosa en la ciudad
conquistada. La escultura, ejecutada en bronce, estaba prácticamente terminada
en 1921 y fue fundida en Madrid por los Hermanos Codina.
La representación de San Fernando combina elementos de
tradición histórica, religiosa y artística. Bilbao recurrió a modelos de la
pintura historicista, entre ellos la representación de Fernando III realizada
por Francisco Pacheco hacia 1634, y los integró con elementos propios de la
tradición sevillana.
El monarca aparece montado sobre un caballo y sostiene
en la mano derecha un cetro rematado por una cruz. A su izquierda lleva la
espada Lobera, pero no desenvainada, sino en su vaina. Esta elección resulta
significativa: San Fernando no aparece representado en el instante del combate,
sino como soberano cristiano que encarna la autoridad, la victoria y la
legitimidad del poder.
Vista
derecha de la estatua de
San Fernando mostrando el cetro rematado con una cruz
Vista
izquierda de
la estatua de
San Fernando mostrando la espada Lobera, en su vaina
Detalle
del rostro de san Fernando
Entre las piernas del monarca se encuentra uno de los
detalles iconográficos más interesantes y menos visibles del conjunto: una
pequeña representación de la Virgen con el Niño, identificada con la Virgen de
las Batallas. Se trata de una copia de la célebre imagen de marfil conservada
en el tesoro de la Catedral de Sevilla y tradicionalmente vinculada a Fernando
III, pues la tradición afirma que acompañó al monarca en sus campañas
militares.
Detalle
de la Virgen de las Batallas
Detalle
de la Virgen de las Batallas
Detalle
de la Virgen de las Batallas
La presencia de esta Virgen introduce una dimensión
religiosa en la representación ecuestre. El rey guerrero queda así asociado a
la protección de María, de modo que la conquista militar se presenta dentro de
una lectura providencial y cristiana.
También se ha relacionado tradicionalmente la posición
de las cuatro patas del caballo con una antigua interpretación simbólica de las
estatuas ecuestres: las cuatro patas apoyadas indicarían que el personaje murió
por causas naturales y no en combate. Se trata, sin embargo, de una convención
popular muy extendida pero sin valor histórico general como código iconográfico
universal.
Detalle
del caballo con las cuatro patas apoyadas
El
pedestal y sus cuatro personajes
Uno de
los mayores valores del monumento reside en el pedestal diseñado por Juan
Talavera y Heredia. Su arquitectura no funciona simplemente como soporte de la
estatua ecuestre, sino como un auténtico programa histórico dedicado a quienes
participaron en la conquista y organización de Sevilla.
En sus cuatro frentes se dispusieron las figuras de
Alfonso X el Sabio, hijo y sucesor de Fernando III; Garci Pérez de Vargas,
caballero vinculado a las campañas del monarca; Ramón Bonifaz, almirante de
Castilla; y Don Remondo, figura fundamental en la organización eclesiástica de la
Sevilla conquistada.
Alfonso X el Sabio está representado por Enrique Pérez
Comendador. Hijo de Fernando III, sucedió a su padre en el trono y aparece en
el monumento como continuidad dinástica de la obra iniciada por el Rey Santo.
Su presencia permite relacionar la conquista con la consolidación posterior de
la monarquía castellana en Sevilla.
Alfonso
X el Sabio
Detalle
Ramón Bonifaz, realizado por José Lafita Díaz,
representa la dimensión naval de la conquista. Como almirante de Castilla,
desempeñó un papel decisivo en las operaciones sobre el Guadalquivir. La
tradición histórica atribuye a la armada castellana dirigida por Bonifaz la
ruptura del puente de barcas que unía Sevilla con Triana y que contribuía a
mantener las comunicaciones de la ciudad con el Aljarafe. Su figura simboliza,
por tanto, el dominio del río y la dimensión estratégica de la conquista.
Ramón
Bonifaz
Detalle
Don Remondo, obra de Adolfo López Rodríguez, introduce
la dimensión religiosa y administrativa. Raimundo de Losana, conocido como Don
Remondo, fue el primer arzobispo de Sevilla después de la conquista cristiana.
Su representación recuerda la reorganización de la ciudad y de su estructura
eclesiástica tras 1248.
Don
Remondo
Detalle
Garci Pérez de Vargas, uno de
los 24 caballeros castellanos que acompañaron a Fernando III en sus campaña
militar en Andalucía, cuya escultura
se atribuye en las fuentes del documento a Agustín Sánchez-Cid. Representa a la
caballería que acompañó a Fernando III durante sus campañas. Vinculado a uno de
los linajes nobiliarios relacionados con la conquista, su presencia completa el
programa con la representación del estamento militar.
Garci
Pérez de Vargas
Detalle
De este modo, las cuatro esculturas no son figuras
accesorias, sino que construyen alrededor de San Fernando una verdadera memoria
de la conquista: la continuidad de la Corona en Alfonso X, la fuerza militar en
Garci Pérez de Vargas, el dominio estratégico del Guadalquivir en Ramón Bonifaz
y la reorganización religiosa de la ciudad en Don Remondo.
La
decoración neogótica del pedestal
Talavera
y Heredia desarrolló también un complejo repertorio ornamental que convierte el
pedestal en una evocación arquitectónica de la Sevilla medieval. Sobre las
cuatro esculturas aparece una pequeña cubierta de inspiración gótica, coherente
con el carácter historicista del monumento y con la voluntad de relacionarlo
visualmente con la época de Fernando III.
Cubierta de
inspiración gótica
Uno de los elementos más singulares es la crestería, en
la que se reproduce de manera esquemática la antigua muralla almohade de
Sevilla. Entre sus elementos defensivos se alternan representaciones de la
Giralda y de la Torre del Oro, evocadas con la fisonomía que se les atribuía en
época medieval y sin los remates posteriores que hoy conocemos.
En los frentes delantero y trasero aparecen estrechas columnillas
cuyos capiteles incorporan formas vegetales sinuosas, propias del repertorio
ornamental gótico.
El conjunto se completa con una doble cornisa de
inspiración medieval. La primera presenta una galería de rostros humanos y
leones, mientras que la segunda desarrolla una trama geométrica de líneas
zigzagueantes y pomas. En correspondencia con las hornacinas aparecen
alternativamente castillos y leones, símbolos asociados a los antiguos reinos
de Castilla y León. La ornamentación convierte así el propio pedestal en una
síntesis visual de la historia castellana y sevillana.
Detalle de la cubierta
de inspiración gótica. Capiteles de las columnillas. Doble cornisa de
inspiración medieval
Detalle de una
galería de rostros humanos y leones
La arquitectura de Talavera, la escultura de Joaquín
Bilbao y las cuatro figuras del pedestal forman, por tanto, una unidad. El rey
aparece como centro político y religioso; la Virgen de las Batallas introduce
la protección mariana; los personajes del basamento evocan la continuidad
dinástica, la caballería, la armada y la Iglesia; y la decoración
arquitectónica remite simultáneamente a la Sevilla almohade conquistada y al
reino castellano que pasó a gobernarla.
Por todo ello, el monumento de la Plaza Nueva
constituye una de las obras escultóricas públicas más significativas de la
Sevilla del primer tercio del siglo XX. Su larga gestación, iniciada en los
proyectos de mediados del siglo XIX y culminada con su inauguración en 1924,
explica también su carácter ecléctico: es una obra contemporánea que
reconstruye deliberadamente una imagen idealizada del siglo XIII y de la
conquista de Sevilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario