jueves, 24 de septiembre de 2026

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Monumento a San Fernando de la Plaza Nueva.

En el centro de la Plaza Nueva, uno de los espacios urbanos más representativos de Sevilla, se levanta desde 1924 el monumento dedicado a Fernando III de Castilla, el rey que conquistó la ciudad en 1248 y que fue canonizado por la Iglesia católica en 1671. San Fernando es, además, patrón de Sevilla, y sus restos se conservan en la Capilla Real de la Catedral, donde reciben especial veneración cada 30 de mayo, festividad de su onomástica.

Monumento a San Fernando

Su historia se prolongó durante aproximadamente tres cuartos de siglo y estuvo marcada por proyectos sucesivos, modificaciones, paralizaciones y cambios de criterio. De hecho, entre las primeras propuestas y la inauguración transcurrieron unos 76 años.

El origen de la idea se encuentra en la configuración de la actual Plaza Nueva tras la demolición del convento Casa Grande de San Francisco (leer mas). En 1848 el Ayuntamiento aprobó un proyecto de Francisco Javier Cavestany para construir en el centro de la nueva plaza una gran fuente monumental coronada por una estatua de San Fernando. El proyecto, sin embargo, no llegó a materializarse y durante años se sucedieron distintas iniciativas.

En 1861 se recuperó la propuesta, esta vez con el apoyo expreso de Isabel II. Incluso llegó a plantearse que la plaza y el monumento estuvieran dedicados a la propia reina. Durante su visita a Sevilla en 1862, el Ayuntamiento quiso ofrecerle una estatua, pero Isabel II prefirió que se recuperase la idea original y que el espacio central se dedicara a San Fernando. Su decisión quedó expresada en un escrito fechado el 4 de octubre de 1862, en el que manifestaba su deseo de que se colocase en el lugar previsto para su estatua la del rey santo, al que admiraba como “Rey y guerrero”: “AGRADECIENDO LOS DESEOS DE LA CIUDAD DE SEVILLA, ES MI VOLUNTAD SE COLOQUE EN EL LUGAR QUE SE DESTINABA PARA MI ESTATUA, LA DE SAN FERNANDO; SANTO QUE TANTO VENERO; REY Y GUERRERO, QUE TANTO ADMIRO.- ISABEL.- 4 DE OCTUBRE DE 1862”.

El interés por concretar el proyecto continuó en 1863, cuando se presentaron varias propuestas. Demetrio de los Ríos planteó un conjunto monumental que incluía fuente, basamento y una estatua ecuestre de San Fernando con el estandarte rematado por una cruz. Otros proyectos fueron presentados por Manuel Juliano, Vicente L. Hernández, José de la Coba y Manuel Portillo Navarrete. También concurrieron dos casas francesas, Mareschal, Bernard & Magran y Philipp Lowenshalla, interesadas en la ejecución de la estatua en bronce.

En 1864 la Comisión de Obras Públicas propuso aceptar el proyecto de Manuel Portillo, por ser el más económico, aunque la necesidad de recabar la opinión de las academias de Bellas Artes y de San Fernando abrió un largo periodo de discrepancias administrativas. El expediente quedó paralizado durante doce años.

El proyecto volvió a adquirir impulso en 1876, coincidiendo con una nueva visita de Isabel II a Sevilla. Una Junta Pericial creada para promover el monumento acordó finalmente aceptar la propuesta de Demetrio de los Ríos, considerada la más grandiosa y digna. El proyecto incorporaba un complejo programa iconográfico: relieves relacionados con Herrera y Murillo, divinidades fluviales y una estatua ecuestre del santo portando el pendón.

En 1877 se decidió que el proyecto de Demetrio de los Ríos se financiara mediante suscripción nacional y Alfonso XII colocó la primera piedra, acompañado por su madre, Isabel II.

El proyecto, sin embargo, volvió a quedar interrumpido. En 1880 Joaquín Guichot presentó una nueva propuesta que incorporaba tres columnas romanas descubiertas en la calle Mármoles, pero la iniciativa fue rechazada al considerar las autoridades que aquellas piezas no debían ser trasladadas de su emplazamiento.

Habría que esperar hasta 1915 para que la iniciativa adquiriese un nuevo impulso. El concejal Ignacio de Casso promovió la creación de una nueva comisión y en 1917 se encargó a Joaquín Bilbao la estatua ecuestre de San Fernando y a Aníbal González el pedestal. Este último no pudo asumir finalmente el trabajo debido a sus compromisos con la Exposición Iberoamericana.

La solución definitiva comenzó a perfilarse en los años siguientes. En 1920 se confirmó el encargo de la estatua ecuestre a Joaquín Bilbao y se solicitaron las esculturas destinadas a los cuatro frentes del pedestal a Enrique Pérez Comendador, Adolfo López Rodríguez, Agustín Sánchez-Cid y José Lafita Díaz. El proyecto definitivo fue elaborado por el arquitecto Juan Talavera y Heredia, presentado en 1919 y firmado en 1922, integraba la estatua ecuestre de Bilbao con un pedestal de concepción arquitectónica neogótica y un amplio programa escultórico y decorativo.

El monumento quedó terminado en 1924 y fue inaugurado el 15 de agosto de ese año, festividad de la Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla. La ceremonia estuvo acompañada por una procesión extraordinaria de la Virgen, reforzando así la dimensión religiosa y simbólica del conjunto.

El monumento está concebido como una composición vertical. Una escalinata sirve de base a un pedestal de planta poligonal y configuración cruciforme, diseñado por Talavera y Heredia. Sobre él se eleva la estatua ecuestre de San Fernando, mientras que cuatro esculturas pétreas ocupan los frentes laterales. El conjunto combina arquitectura, escultura y ornamentación historicista para evocar el mundo medieval asociado al monarca y a la conquista cristiana de Sevilla.

Monumento a San Fernando


La estatua ecuestre de San Fernando

La figura principal fue realizada por Joaquín Bilbao Martínez, escultor sevillano y hermano del pintor Gonzalo Bilbao. Bilbao, discípulo de Susillo, concibió al monarca como un rey triunfante, evocando su entrada victoriosa en la ciudad conquistada. La escultura, ejecutada en bronce, estaba prácticamente terminada en 1921 y fue fundida en Madrid por los Hermanos Codina.

La representación de San Fernando combina elementos de tradición histórica, religiosa y artística. Bilbao recurrió a modelos de la pintura historicista, entre ellos la representación de Fernando III realizada por Francisco Pacheco hacia 1634, y los integró con elementos propios de la tradición sevillana.

El monarca aparece montado sobre un caballo y sostiene en la mano derecha un cetro rematado por una cruz. A su izquierda lleva la espada Lobera, pero no desenvainada, sino en su vaina. Esta elección resulta significativa: San Fernando no aparece representado en el instante del combate, sino como soberano cristiano que encarna la autoridad, la victoria y la legitimidad del poder.

Vista derecha de la estatua de San Fernando mostrando el cetro rematado con una cruz

Vista izquierda de la estatua de San Fernando mostrando la espada Lobera, en su vaina

Detalle del rostro de san Fernando

Entre las piernas del monarca se encuentra uno de los detalles iconográficos más interesantes y menos visibles del conjunto: una pequeña representación de la Virgen con el Niño, identificada con la Virgen de las Batallas. Se trata de una copia de la célebre imagen de marfil conservada en el tesoro de la Catedral de Sevilla y tradicionalmente vinculada a Fernando III, pues la tradición afirma que acompañó al monarca en sus campañas militares.

Detalle de la Virgen de las Batallas

Detalle de la Virgen de las Batallas

Detalle de la Virgen de las Batallas

La presencia de esta Virgen introduce una dimensión religiosa en la representación ecuestre. El rey guerrero queda así asociado a la protección de María, de modo que la conquista militar se presenta dentro de una lectura providencial y cristiana.

También se ha relacionado tradicionalmente la posición de las cuatro patas del caballo con una antigua interpretación simbólica de las estatuas ecuestres: las cuatro patas apoyadas indicarían que el personaje murió por causas naturales y no en combate. Se trata, sin embargo, de una convención popular muy extendida pero sin valor histórico general como código iconográfico universal.

Detalle del caballo con las cuatro patas apoyadas


El pedestal y sus cuatro personajes

Uno de los mayores valores del monumento reside en el pedestal diseñado por Juan Talavera y Heredia. Su arquitectura no funciona simplemente como soporte de la estatua ecuestre, sino como un auténtico programa histórico dedicado a quienes participaron en la conquista y organización de Sevilla.

En sus cuatro frentes se dispusieron las figuras de Alfonso X el Sabio, hijo y sucesor de Fernando III; Garci Pérez de Vargas, caballero vinculado a las campañas del monarca; Ramón Bonifaz, almirante de Castilla; y Don Remondo, figura fundamental en la organización eclesiástica de la Sevilla conquistada.

Alfonso X el Sabio está representado por Enrique Pérez Comendador. Hijo de Fernando III, sucedió a su padre en el trono y aparece en el monumento como continuidad dinástica de la obra iniciada por el Rey Santo. Su presencia permite relacionar la conquista con la consolidación posterior de la monarquía castellana en Sevilla.

Alfonso X el Sabio

Detalle

Ramón Bonifaz, realizado por José Lafita Díaz, representa la dimensión naval de la conquista. Como almirante de Castilla, desempeñó un papel decisivo en las operaciones sobre el Guadalquivir. La tradición histórica atribuye a la armada castellana dirigida por Bonifaz la ruptura del puente de barcas que unía Sevilla con Triana y que contribuía a mantener las comunicaciones de la ciudad con el Aljarafe. Su figura simboliza, por tanto, el dominio del río y la dimensión estratégica de la conquista.

Ramón Bonifaz

Detalle

Don Remondo, obra de Adolfo López Rodríguez, introduce la dimensión religiosa y administrativa. Raimundo de Losana, conocido como Don Remondo, fue el primer arzobispo de Sevilla después de la conquista cristiana. Su representación recuerda la reorganización de la ciudad y de su estructura eclesiástica tras 1248.

Don Remondo

Detalle

Garci Pérez de Vargas, uno de los 24 caballeros castellanos que acompañaron a Fernando III en sus campaña militar en Andalucía, cuya escultura se atribuye en las fuentes del documento a Agustín Sánchez-Cid. Representa a la caballería que acompañó a Fernando III durante sus campañas. Vinculado a uno de los linajes nobiliarios relacionados con la conquista, su presencia completa el programa con la representación del estamento militar.

Garci Pérez de Vargas

Detalle

De este modo, las cuatro esculturas no son figuras accesorias, sino que construyen alrededor de San Fernando una verdadera memoria de la conquista: la continuidad de la Corona en Alfonso X, la fuerza militar en Garci Pérez de Vargas, el dominio estratégico del Guadalquivir en Ramón Bonifaz y la reorganización religiosa de la ciudad en Don Remondo.

La decoración neogótica del pedestal

Talavera y Heredia desarrolló también un complejo repertorio ornamental que convierte el pedestal en una evocación arquitectónica de la Sevilla medieval. Sobre las cuatro esculturas aparece una pequeña cubierta de inspiración gótica, coherente con el carácter historicista del monumento y con la voluntad de relacionarlo visualmente con la época de Fernando III.

Cubierta de inspiración gótica

Uno de los elementos más singulares es la crestería, en la que se reproduce de manera esquemática la antigua muralla almohade de Sevilla. Entre sus elementos defensivos se alternan representaciones de la Giralda y de la Torre del Oro, evocadas con la fisonomía que se les atribuía en época medieval y sin los remates posteriores que hoy conocemos.

En los frentes delantero y trasero aparecen estrechas columnillas cuyos capiteles incorporan formas vegetales sinuosas, propias del repertorio ornamental gótico.

El conjunto se completa con una doble cornisa de inspiración medieval. La primera presenta una galería de rostros humanos y leones, mientras que la segunda desarrolla una trama geométrica de líneas zigzagueantes y pomas. En correspondencia con las hornacinas aparecen alternativamente castillos y leones, símbolos asociados a los antiguos reinos de Castilla y León. La ornamentación convierte así el propio pedestal en una síntesis visual de la historia castellana y sevillana.

Detalle de la cubierta de inspiración gótica. Capiteles de las columnillas. Doble cornisa de inspiración medieval

Detalle de una galería de rostros humanos y leones

La arquitectura de Talavera, la escultura de Joaquín Bilbao y las cuatro figuras del pedestal forman, por tanto, una unidad. El rey aparece como centro político y religioso; la Virgen de las Batallas introduce la protección mariana; los personajes del basamento evocan la continuidad dinástica, la caballería, la armada y la Iglesia; y la decoración arquitectónica remite simultáneamente a la Sevilla almohade conquistada y al reino castellano que pasó a gobernarla.

Por todo ello, el monumento de la Plaza Nueva constituye una de las obras escultóricas públicas más significativas de la Sevilla del primer tercio del siglo XX. Su larga gestación, iniciada en los proyectos de mediados del siglo XIX y culminada con su inauguración en 1924, explica también su carácter ecléctico: es una obra contemporánea que reconstruye deliberadamente una imagen idealizada del siglo XIII y de la conquista de Sevilla.

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