sábado, 19 de septiembre de 2026

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Plaza de san Francisco.

La plaza de San Francisco constituye uno de los espacios urbanos de mayor significación histórica de Sevilla. Durante siglos ha sido escenario de la vida política, religiosa, comercial, judicial y festiva de la ciudad, hasta convertirse en lo que tradicionalmente se ha considerado su plaza mayor. Su dilatada historia explica que, pese a las profundas transformaciones sufridas por su entorno, haya conservado hasta nuestros días una extraordinaria capacidad de evocación.

El nombre de San Francisco se documenta desde el siglo XIII y procede del convento franciscano (Leer mas) que se levantó en el solar que actualmente ocupa la Plaza Nueva. Aunque el acceso principal al cenobio se encontraba abierto hacia este espacio, la relación entre el convento y la plaza fue tan estrecha que su advocación terminó dando nombre al lugar. Esta denominación sobrevivió durante siglos, incluso cuando las autoridades modificaron oficialmente el rótulo en diferentes momentos de la historia contemporánea.

Grabado realizado por Pedro Tortorello en 1783 que muestra la Casa Consistorial y al fondo un remonte de la casa grande de San Francisco. Por el arco situado en la parte izquierda del grabado se accedía aun atrio del convento. (ver) (CC BY 3.0)

La plaza fue, en efecto, uno de los lugares de Sevilla donde los cambios políticos quedaron reflejados de manera más inmediata en el callejero. En 1812, tras la promulgación de la Constitución de Cádiz, pasó a llamarse plaza de la Constitución. Con la restauración del absolutismo en 1814 recibió el nombre de Fernando VII; tras el pronunciamiento de Rafael del Riego en 1820 recuperó el de Constitución. La reacción absolutista de 1823 provocó un nuevo cambio, esta vez por plaza del Rey. En 1833, con motivo de la proclamación de Isabel II, recibió el nombre de esta soberana. Dos años después volvió a denominarse Constitución y, cuando Isabel II juró la Constitución en 1836, se combinaron ambas denominaciones. En 1840 quedó nuevamente como plaza de la Constitución.

La proclamación de la Primera República en 1873 trajo consigo otro cambio: plaza de la Libertad. El retorno de la monarquía al año siguiente supuso la recuperación de Constitución. En 1931, con la proclamación de la Segunda República, volvió a modificarse el rótulo por plaza de la República. Tras el triunfo del levantamiento militar de 1936 en Sevilla, pasó a denominarse plaza de Falange Española, nombre que conservó oficialmente hasta 1980, cuando se restituyó el tradicional de San Francisco. Es significativo que, pese a todas estas modificaciones, la denominación de San Francisco nunca desapareciera completamente del uso cotidiano.

Un testimonio de estas sucesivas rotulaciones es una gran lápida de mármol con la inscripción “Constitución”, formada por letras de bronce, que fue localizada enterrada durante unas obras de restauración y que se conserva, como recuerdo de aquella etapa, en el vestíbulo de la actual sede de Cajasol, antiguo edificio de Audiencia (ver). También consta documentalmente que, en 1729, una parte de la plaza situada hacia su ángulo noroccidental era conocida como sitio o plaza de las Provincias.

Vestíbulo de la sede de Cajasol

Placa dedicada a la plaza de San Francisco

Orígenes y configuración urbana

El solar de la actual plaza se encontraba probablemente en la periferia de la Sevilla islámica durante los primeros siglos de dominación musulmana. Se ha planteado la posibilidad de que en sus inmediaciones existiera una de las puertas de la antigua muralla y, fuera del recinto, algún espacio funerario. La construcción de la gran cerca almorávide incorporó definitivamente esta zona al interior de la ciudad.

Su posición, sin embargo, presentaba dificultades. La plaza se encontraba en una zona de cota baja, afectada por la circulación de aguas procedentes de antiguos brazos del Guadalquivir y por las escorrentías de las calles próximas. Esta circunstancia condicionó durante siglos tanto su pavimentación como su mantenimiento y explica las frecuentes noticias sobre lodos, aguas estancadas, residuos y dificultades de drenaje.

Su forma general ya estaba bastante definida durante la Baja Edad Media. Presentaba una planta aproximadamente trapezoidal y unas dimensiones semejantes, en términos generales, a las actuales. Aunque fueron numerosos los proyectos de ampliación, alineación y regularización, las transformaciones más profundas se produjeron en determinadas zonas de sus cuatro frentes.

El lado occidental quedó configurado en el siglo XVI con la construcción de las Casas Capitulares, mientras que en el XIX experimentó una transformación decisiva como consecuencia de la apertura de la calle Granada y de la reforma del Ayuntamiento. En el frente septentrional se realizaron distintas operaciones de ensanche y alineación, entre ellas la adquisición y derribo, en 1734, de varias casas en la zona próxima a la actual calle Francisco Bruna. La transformación más importante de este sector tuvo lugar entre 1927 y 1931, cuando se derribaron diversas construcciones que avanzaban sobre la plaza entre las calles Sierpes y Francisco Bruna.

El frente oriental también fue objeto de reiterados intentos de regularización. Ya en 1605, aprovechando unas obras en la fachada de la Audiencia, se planteó su alineación con el edificio situado enfrente, aunque la propuesta no prosperó. En 1858 se volvió a intentar rectificar la línea comprendida entre Chicarreros y Hernando Colón, con el resultado de la desaparición de los antiguos soportales sin que llegara a conseguirse una alineación completa.

El frente meridional fue reconstruido prácticamente por completo en 1833 durante la etapa del asistente José Manuel de Arjona y volvió a transformarse en las primeras décadas del siglo XX, cuando se construyó el edificio del Banco de España (leer mas). La apertura y ensanche de la antigua calle Génova —actual avenida de la Constitución— terminaron creando un amplio espacio continuo entre la plaza de San Francisco, la Plaza Nueva y la avenida.

El agua y la fuente

Uno de los elementos más característicos de la plaza durante siglos fue su fuente. En 1416 el rey ordenó que se construyera con fondos municipales un pilar o fuente, después de conceder a la plaza dieciocho pajas de agua procedentes del Alcázar, abastecido a su vez por los Caños de Carmona. Se trataba de una dotación excepcional para la Sevilla de la época, muy superior a la de otras fuentes urbanas.

La primera fuente documentada fue levantada en 1539 y posteriormente reconstruida entre 1576 y 1578 siguiendo un diseño relacionado con Asensio de Maeda. Su aspecto debió de ser especialmente monumental. El historiador Alonso Morgado la describió como una fuente de gran altura, coronada por una figura de bronce colocada sobre un globo, de cuyo conjunto manaba abundantemente el agua hasta caer sobre sucesivas pilas de jaspe (Leer mas).

1844. Nicolás Chapuy. Plaza de san Francisco con la fuente de Mercurio de Bartolomé Morel. (ver) (CC BY 3.0)

Fuente de Mercurio

El intenso uso de la plaza, su enorme concurrencia y los frecuentes actos públicos hicieron que la escultura sufriera continuos desperfectos. En 1593 se encontraba deteriorada, hasta el punto de haber perdido una pierna, una mano y otros elementos. En distintas ocasiones de los siglos XVI y XVII se ordenó retirar la figura para repararla, y existen noticias de nuevos daños intencionados en 1619 y 1626.

En 1717 el cantero Juan de Iglesias construyó una nueva fuente de piedra coronada por una figura de bronce semejante a una Giraldilla. Esta fuente aparece representada en diversas estampas de los siglos XVIII y XIX. Finalmente fue sustituida en 1850 por otra conocida popularmente como la Pila del Pato (Leer mas), nombre relacionado con la figura ornamental que la coronaba. La prensa sevillana llegó incluso a dedicarle versos humorísticos con motivo de su funcionamiento.

La Pila del Pato en la Plaza san Francisco. Charles Clifford. 1862 (ver) (CC BY 3.0)

Alphose de Launay. 1851. Ayuntamiento de Sevilla, en primer plano la Pila del Pato (ver) (CC BY 3.0)

En 1872 la Pila del Pato fue trasladada al centro de la plaza y protegida mediante una verja. Se instalaron además dos fuentes laterales destinadas al abastecimiento de los vecinos y de los aguadores. La fuente principal adquirió entonces un carácter fundamentalmente ornamental. 

1880. Plaza de san Francisco con la Pila del Pato desplazada al centro de la plaza (ver) (CC BY 3.0)

1888. Plaza de san Francisco con la Pila del Pato, los tranvías y el montaje de las farolas (ver) (CC BY 3.0)

En 1881 fue trasladada a la Alameda de Hércules y durante décadas la plaza permaneció sin fuente.

La Pila del Pato en la Alameda (ver) (CC BY 3.0)

La reorganización del espacio realizada en 1979 permitió recuperar la presencia de este elemento. Se habilitó delante del Banco de España un espacio circular ligeramente elevado, pavimentado con chino lavado y adoquines dispuestos radialmente, en cuyo centro se instaló una fuente de mármol coronada por una figura de Mercurio, que constituye actualmente uno de los elementos ornamentales más singulares de la plaza.

Fuente de Mercurio delante de la fachada del Banco de España

Fuente de Mercurio

La fuente nunca ocupó exactamente el centro geométrico del espacio. Desde época medieval se situó desplazada hacia el frente meridional, probablemente para dejar libre el área central, imprescindible para las numerosas actividades públicas que se desarrollaban en ella.

Religiosidad y elementos simbólicos

La plaza también contó con diversos elementos de carácter religioso. En 1694 el Cabildo acordó colocar junto al arco de acceso al antiguo convento de San Francisco, conocido popularmente como el Arquillo, una cruz de piedra de jaspe sobre una peana, acompañada de un farol. Cinco años después se protegió mediante una verja. La cruz se deterioró hacia 1840 y fue sustituida posteriormente por la que todavía puede contemplarse en este lugar (leer mas).

Rincón que forman el Arquillo del Ayuntamiento de Sevilla y la puerta del Apeadero que da  acceso a la antigua Sala Capitular baja

Cruz de las Siete Cabezas

Existieron además varios retablos callejeros. Uno estuvo dedicado a la Inmaculada Concepción y fue ampliado en 1748. Otro, de grandes dimensiones, estaba dedicado al Cristo de la Expiración, representado en la cruz, y era atendido por el gremio de plateros. Estos elementos muestran cómo la plaza no era únicamente un espacio civil y comercial, sino también un lugar integrado en la religiosidad cotidiana de la ciudad.

Pavimentación, iluminación y mobiliario urbano

Los problemas derivados de las aguas fueron constantes. Las lluvias y los caños de las calles circundantes convergían hacia la plaza, a lo que se añadían las aguas procedentes de la Audiencia y de las cárceles próximas. Desde allí eran conducidas hacia la zona de la laguna de la Pajería. Las referencias históricas a suciedad, barro, escombros y residuos son numerosas, especialmente durante los siglos XVI y XVII.

La plaza estaba ya pavimentada en 1432 y consta que al menos desde 1576 disponía de empedrado. Para las corridas de toros se cubría parcialmente de arena, mientras que después de autos de fe, celebraciones y otros acontecimientos era necesario reparar los huecos producidos por las estructuras provisionales.

Una obra importante se realizó en 1617, cuando se canalizaron bajo el nuevo pavimento las corrientes de agua. En 1677 se enlosaron los laterales. En el siglo XIX, González de León describía el pavimento como un empedrado de pequeñas piedras acompañado de franjas de losas que formaban dibujos.

El adoquinado se introdujo en 1866 y fue renovado en diferentes ocasiones. Durante el siglo XX se incorporó el acerado y, posteriormente, se extendió el asfalto. La ordenación de 1979 recuperó en buena medida el adoquín que permanecía bajo la capa asfáltica y reorganizó la circulación mediante grandes macetones y espacios diferenciados para peatones y vehículos.

La iluminación también experimentó una larga evolución. Desde el siglo XVI se recurría a barriles de alquitrán durante las grandes celebraciones. En el XIX se generalizó el alumbrado mediante faroles y en 1891 llegó el gas. En 1902 fue sustituido por iluminación eléctrica. La plaza ha conocido diferentes modelos de farolas, entre los que destacan actualmente las de estilo fernandino.

Durante distintas épocas también se instalaron quioscos de agua. El primero documentado apareció en la década de 1860 y desapareció unos veinte años después. A comienzos del siglo XX llegaron a existir dos en el centro de la plaza, que permanecieron hasta décadas posteriores.

Las Casas Capitulares y el Ayuntamiento (leer mas)

La presencia del poder municipal convirtió definitivamente a San Francisco en uno de los centros fundamentales de Sevilla. El concejo había utilizado anteriormente dependencias del convento franciscano y otros espacios, pero durante el siglo XVI se decidió trasladar el gobierno municipal al entorno de la plaza.

En 1527 comenzó la construcción de las nuevas Casas Capitulares, destinadas a sustituir las dependencias del antiguo Corral de los Olmos. Diego de Riaño fue su primer arquitecto y, a partir de 1535, las obras continuaron bajo la dirección de Juan Sánchez. Aunque las dependencias comenzaron a utilizarse antes de que el conjunto estuviera completamente terminado, la construcción quedó esencialmente concluida en 1564.

El edificio original, de dos plantas, constituía una de las grandes obras del Renacimiento sevillano. Su fachada plateresca incorporaba una gran logia o balconada desde la que el Cabildo podía contemplar las ceremonias, procesiones, corridas de toros y demás acontecimientos celebrados en la plaza. El edificio sufrió posteriormente numerosas reparaciones y transformaciones.

A mediados del siglo XIX, la desaparición del convento de San Francisco y la apertura de la Plaza Nueva hicieron que incluso se planteara la demolición del Ayuntamiento para crear un enorme espacio unitario. La Comisión Central de Monumentos se opuso a esta propuesta, evitando la desaparición del histórico edificio municipal.

La reforma que finalmente se llevó a cabo fue, sin embargo, de gran importancia. Balbino Marrón proyectó hacia 1862 la nueva fachada orientada a la Plaza Nueva y remodeló la fachada de San Francisco. Se cerró la antigua balconada, se incorporó una tercera planta en el cuerpo central y se derribaron varias construcciones adosadas. Demetrio de los Ríos intervino posteriormente en la fachada situada frente a la calle Granada.

Fotografía que muestra en su totalidad la fachada del Ayuntamiento a la Plaza de San Francisco (ver) (CC BY 3.0)

Estas actuaciones proporcionaron al edificio una composición más simétrica, con los dos cuerpos laterales retranqueados que caracterizan su imagen actual. La decoración plateresca no quedó concluida de una sola vez: distintas campañas posteriores, entre ellas las realizadas en 1890, 1920 y 1980, ampliaron las zonas escultóricas de la fachada.

La Real Audiencia (Leer mas)

Frente al Ayuntamiento se encontraba otro de los grandes centros del poder sevillano: la Cuadra de la Justicia, documentada al menos desde 1481 y convertida posteriormente en sede de la Real Audiencia.

El edificio fue reconstruido en 1595 con fondos municipales, circunstancia que originó un conflicto entre la Audiencia y el Ayuntamiento acerca de la colocación de las armas reales y las de la ciudad en la fachada. En los siglos siguientes experimentó diversas reformas. Su fachada fue modificada en 1824 y nuevamente en 1860, sin que prosperaran los proyectos de alineación con la plaza.

Un incendio ocurrido en 1879 produjo daños relativamente limitados, pero el de 1918 tuvo consecuencias mucho mayores. Aníbal González dirigió la restauración y el edificio fue reinaugurado en 1924. La Audiencia permaneció aquí hasta su traslado al Prado de San Sebastián durante la década de 1960.

Posteriormente el inmueble fue adquirido por la Caja de Ahorros San Fernando para instalar en él su sede central. La restauración dirigida por Rafael Manzano culminó con su inauguración en 1987. El edificio conserva la fachada neorrenacentista proyectada por Aníbal González, con un frontón sobre el balcón central y escudos de León, Castilla, Andalucía y Sevilla.

Edificio de la antigua Real Audiencia de Sevilla, en la Plaza de San Francisco

Las viviendas y los antiguos soportales

Los restantes frentes de la plaza estuvieron ocupados históricamente por viviendas y establecimientos comerciales. Uno de sus rasgos más característicos fueron los soportales de las plantas bajas, documentados desde el siglo XIII.

Plaza de San Francisco. Año 1886


En un principio debieron ser estructuras de madera; posteriormente fueron sustituidos por soportales de piedra o mármol. Su altura permitía incluso el paso de caballerías. Bajo ellos se desarrollaba buena parte de la vida comercial de la plaza, mientras que los balcones de las plantas superiores podían alquilarse durante las corridas de toros, autos de fe y otras grandes celebraciones.

Detalle de los soportales de la Plaza de San Francisco. Año 1859

Plaza de san Francisco en 1890. Se podía pasar de punta a punta, incluso a acaballo, bajo sus soportales

A partir de finales del siglo XVI se intentó limitar su reconstrucción, pero la importancia económica de las actividades que albergaban hizo que se mantuviera una cierta tolerancia en espacios comerciales como Gradas, Salvador y San Francisco.

El frente meridional fue reconstruido prácticamente por completo en 1833 y mantuvo sus soportales durante varias décadas. Sin embargo, en 1878 se autorizó que los propietarios los incorporaran a sus edificios, ocupando el espacio abierto que había caracterizado las plantas bajas. Así desapareció, en apenas unas décadas, uno de los elementos arquitectónicos que más claramente habían definido la imagen tradicional de la plaza desde la Edad Media.

Plaza de san Francisco. Finales del siglo XIX

El frente oriental fue reconstruido principalmente durante las primeras décadas del siglo XX, aunque mantuvo la estrechez y profundidad de las parcelas medievales. Entre sus edificios destacan las casas proyectadas por José Gómez Millán, Juan Talavera y Heredia y José Espiau y Muñoz (leer mas). El conjunto mantiene una notable uniformidad de alturas, balcones y cierros, resultado de la voluntad posterior de conservar la imagen arquitectónica de este frente.

El lado meridional fue sustituido casi por completo en 1918, coincidiendo con el proyecto del nuevo Banco de España (leer mas). El concurso fue ganado por Antonio Illanes del Río y el edificio se construyó entre 1925 y 1928. Su arquitectura monumental, organizada en tres plantas y con un cuerpo central retranqueado, constituye actualmente uno de los principales hitos visuales de la plaza.

El frente norte fue el último en perder los antiguos soportales. El gran edificio regionalista que ocupa actualmente este sector se construyó en dos fases: Rafael Balbuena levantó entre 1917 y 1920 parte del inmueble en la esquina con General Polavieja, mientras que Rafael López Carmona completó el conjunto entre 1929 y 1930 hasta la esquina con Sierpes (leer mas).

Centro económico de Sevilla

Durante la Edad Media la plaza actuó como espacio de transición entre dos grandes áreas económicas de Sevilla: el entorno de la Catedral, relacionado con el comercio internacional, y el sector del Salvador, más vinculado al mercado local. Su posición estratégica permitió que en ella coexistieran numerosas actividades.

Desde el siglo XV aparecen referencias a tiendas, mesones, tintes y baños. Hubo establecimientos dedicados a la venta de carne y pescado, puestos de panaderas y fruteras, tiendas de plateros y cambiadores y diversas actividades artesanales. La pescadería más importante de la ciudad llegó a instalarse junto al convento franciscano; inicialmente construida en madera, fue sustituida por una estructura de ladrillo en 1461 y trasladada finalmente a las Atarazanas en 1493.

La actividad comercial especializada adquirió progresivamente mayor importancia. Los plateros tuvieron una presencia especialmente destacada y permanecieron vinculados a la plaza hasta tiempos relativamente recientes. A ellos se sumaron sombrereros, roperos y otros comerciantes.

La plaza fue asimismo punto de concentración de aljameles o porteadores que ofrecían sus servicios acompañados de animales de carga. La presencia de fuentes favoreció igualmente la reunión de aguadores, con sus carros y bestias. Más adelante estos grupos fueron sustituidos por las paradas de coches de alquiler y, posteriormente, por los servicios de transporte público.

Plaza de san Francisco en 1902

Durante el siglo XIX la antigua hegemonía de los plateros fue dando paso a nuevas formas de comercio especializado, como establecimientos textiles, imprentas y otros negocios. Esta tradición comercial ha pervivido, aunque profundamente transformada, hasta la actualidad.

Centro político, judicial y administrativo

La importancia de la plaza no puede entenderse únicamente desde el comercio. Desde época medieval fue un lugar estrechamente relacionado con el poder.

El concejo llegó a reunirse en el convento franciscano durante el siglo XIII. En el XV aparecen referencias a los jurados y a la Cuadra de la Justicia, mientras que durante el siglo XVI se consolidó la concentración institucional con la instalación de la Audiencia y la construcción de las Casas Capitulares.

La presencia de la Audiencia y de las cárceles próximas convirtió también la plaza en escenario de ejecuciones públicas. Desde la Edad Media se documentan ajusticiamientos y la tradición continuó hasta el siglo XIX. Todavía en 1827 se protestaba contra estas ejecuciones por considerar que se realizaban en “la más principal de la ciudad” y porque provocaban una enorme concentración de público que perjudicaba a comerciantes y autoridades.

La plaza de las grandes ceremonias

La centralidad política y económica convirtió San Francisco en escenario privilegiado de ceremonias, proclamaciones y celebraciones. Desde el siglo XVI las proclamaciones reales tuvieron aquí uno de sus principales escenarios. Las visitas de miembros de la familia real, las efemérides políticas y religiosas y otras celebraciones se acompañaban de luminarias, colgaduras, arcos triunfales y fuegos artificiales.

Las corridas de toros y los juegos caballerescos fueron también fundamentales. Desde comienzos del siglo XV existen noticias de justas y otros ejercicios ecuestres, y la plaza se convirtió durante siglos en uno de los principales escenarios taurinos de Sevilla. Para estos acontecimientos era necesario levantar estructuras provisionales, palcos y barreras que transformaban temporalmente el espacio urbano.

Cuando en el siglo XVIII se consolidó la plaza de toros de la Maestranza, San Francisco perdió progresivamente su función taurina. Durante el siglo XIX, sin embargo, continuó acogiendo otros espectáculos populares: conciertos, representaciones, títeres, ejercicios de funambulistas, saltimbanquis y numerosas formas de entretenimiento público.

Corpus Christi, autos de fe y Semana Santa

Entre todas las celebraciones que han marcado la historia de la plaza, el Corpus Christi ocupa un lugar especialmente destacado. Desde finales del siglo XIV el espacio forma parte del recorrido de la procesión. A lo largo de los siglos se limpiaba y acondicionaba especialmente para la ocasión, se instalaban toldos y altares y se adornaban las fachadas.

Grabado de 1735 Procesión del Corpus, a la derecha la logia de Hernán Ruiz II, sobre ésta, la cúpula y espadaña del convento de San Francisco (ver) (CC BY 3.0)


La presencia de la Audiencia añadió nuevos elementos al ceremonial. Ante sus dependencias se desarrollaban danzas y representaciones de autos sacramentales. La plaza quedó igualmente integrada en los recorridos de las cofradías hacia la Catedral.

Finales de 1800. Procesión de la Concepción de la Virgen

Nazarenos de la Hermandad de los Negritos por la plaza San Francisco. Año 1.926.

Plaza de san Francisco en 1940


En 1676 se autorizó por primera vez la instalación de palcos para contemplar los desfiles procesionales, destinándose los ingresos obtenidos a ayudar a las hermandades con menos recursos. Con el tiempo, estos palcos terminarían convirtiéndose en uno de los elementos más característicos de la Semana Santa sevillana.

La plaza fue también escenario de solemnes autos de fe durante la época de la Inquisición. Desde mediados del siglo XVI se organizaron aquí ceremonias de extraordinaria complejidad escenográfica. Entre las más destacadas figuran las celebradas en 1559, 1604, 1624, 1646 y 1660.

Auto de Fe en la Plaza San Francisco de Sevilla en 1660. A la derecha, las arcadas del Ayuntamiento, realizadas por Hernán Ruiz, las cuales desaparecieron en el siglo XIX. (Anónimo. Colección Particular. Iglesia de la Magdalena. Sevilla)


Una plaza literaria

La relevancia de San Francisco ha quedado reflejada de manera excepcional en la literatura. Junto a las antiguas Gradas de la Catedral, la Mancebía y la calle Sierpes, constituye uno de los lugares sevillanos más presentes en la literatura del Siglo de Oro.

Escritores como Juan de Arguijo, Vicente Espinel, Agustín de Rojas, Vélez de Guevara, Cervantes y Mateo Alemán utilizaron la plaza como escenario o referencia. En sus textos aparecen sus escribanos, procuradores, comerciantes, ociosos, vendedores, caballeros y personajes populares, componiendo una imagen extraordinariamente viva de la sociedad sevillana.

Cervantes evocó las corridas de toros celebradas en ella, mientras Mateo Alemán la relacionó con el mundo de los escribanos y la picaresca. Otros autores utilizaron el lugar para representar la mezcla de riqueza, actividad comercial, justicia, delincuencia y ocio que caracterizaba a la Sevilla de los siglos XVI y XVII.

Placa Cervantina en el interior del Arquillo


Los viajeros extranjeros de los siglos XVIII y XIX también quedaron impresionados por la plaza. Richard Ford la definió como el corazón de Sevilla, identificándola al mismo tiempo con el foro, el lugar de reunión y el escenario de las ejecuciones. Destacó asimismo su carácter pintoresco, sus soportales, balcones y tiendas de joyeros.

La literatura posterior continuó recurriendo a ella. Fernán Caballero evocó las ejecuciones públicas; Pío Baroja recordó su arquitectura, sus tiendas y sus retablos; y otros escritores recogieron el ambiente de sus soportales como lugar de reunión de trabajadores, desempleados y personajes populares.

La plaza de San Francisco en la Sevilla contemporánea

La historia reciente ha modificado profundamente las funciones tradicionales de este espacio. Durante la década de 1960 desaparecieron dos de sus grandes focos de actividad: la Real Audiencia se trasladó al Prado de San Sebastián y el acceso principal al Ayuntamiento dejó de organizarse desde la fachada histórica de la plaza. También desaparecieron progresivamente las antiguas paradas de transporte público.

La transformación urbana de las últimas décadas ha favorecido su conversión en un espacio mucho más abierto y peatonal. La retirada de los vehículos estacionados y la reorganización de la circulación han permitido recuperar parte de la condición de gran espacio público que tuvo históricamente.

Actualmente acoge ferias, exposiciones, conciertos, actos institucionales, celebraciones y actividades culturales. También se ha convertido en escenario de determinadas celebraciones de fin de año y de numerosas manifestaciones de carácter ciudadano.

Pero son el Corpus Christi y la Semana Santa los dos grandes acontecimientos que continúan devolviendo a la plaza una función ceremonial que hunde sus raíces en la Edad Media. Para el Corpus recupera su ornamentación tradicional mediante toldos, altares, decoración de fachadas y conciertos. En Semana Santa, la instalación de los palcos constituye uno de los primeros signos visibles de la llegada de la gran fiesta sevillana.

La presencia de las representaciones oficiales de la ciudad, los palcos y el paso de las cofradías otorgan al espacio una solemnidad extraordinaria. Históricamente estos lugares fueron ocupados por las élites sevillanas y por personajes ilustres; hoy su composición social es mucho más diversa, aunque siguen conservando una importante dimensión de representación y sociabilidad.

Una plaza mayor sin modelo de plaza mayor

San Francisco ha sido llamada durante siglos “plaza mayor” de Sevilla, y con razón si se atiende a su centralidad política, económica y ceremonial. Sin embargo, presenta una característica singular: nunca llegó a responder plenamente al modelo tradicional de plaza mayor castellana.

No posee la regularidad rectangular de otras grandes plazas españolas ni desarrolló de manera unitaria un conjunto arquitectónico homogéneo de soportales y fachadas. Su forma irregular, la diversidad de sus edificios y la sucesión de transformaciones que ha experimentado son precisamente algunas de sus principales señas de identidad.

Desde finales de la Edad Media fue reconocida como el espacio público más importante de Sevilla. Ya a finales del siglo XV aparece definida documentalmente como “la mayor y más principal plaza” de la ciudad. Sin embargo, esta consideración siempre convivió con críticas acerca de su pavimentación, suciedad, falta de amplitud, deterioro y escaso ornato.

Esa contradicción constituye quizá uno de los rasgos más característicos de su historia: San Francisco ha sido simultáneamente el corazón simbólico de Sevilla y uno de sus espacios urbanos más difíciles de mantener. La grandeza de sus ceremonias convivió durante siglos con el barro, los residuos, los tinglados, las aglomeraciones y el desgaste producido por una intensa actividad cotidiana.

Y, pese a todo, la plaza ha mantenido una extraordinaria continuidad histórica. Por ella han pasado reyes, caballeros, comerciantes, escribanos, plateros, aguadores, porteadores, jueces, reos, cofradías, toreros, viajeros, escritores y multitudes anónimas. Su aspecto ha cambiado profundamente, pero permanece su función esencial como lugar de encuentro y representación de la ciudad.

Quizá por ello la denominación tradicional haya demostrado ser más resistente que los sucesivos nombres impuestos por las circunstancias políticas. República, Constitución, Fernando VII, Rey o Falange Española fueron rótulos de diferentes épocas; San Francisco, en cambio, permaneció en la memoria y en el habla cotidiana de los sevillanos.

Hoy, entre el Ayuntamiento, el antiguo edificio de la Audiencia, el Banco de España y las construcciones que sustituyeron a sus antiguos soportales, la plaza continúa siendo uno de los grandes escenarios urbanos de Sevilla. En ella se superponen la ciudad medieval, la Sevilla imperial, la ciudad barroca, la urbe decimonónica, la arquitectura regionalista y la Sevilla contemporánea. Más que un simple espacio abierto, San Francisco constituye un auténtico palimpsesto urbano en el que pueden leerse muchos de los principales episodios de la historia sevillana.

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