AREA CENTRO 1
Calle La Rábida.
La calle de la Rábida, que discurre desde la calle
Palos de la Frontera hasta el paseo de las Delicias, constituye uno de esos
rincones de Sevilla en los que la historia urbana, la arquitectura de la
Exposición Iberoamericana de 1929 y la memoria de antiguos monumentos
desaparecidos se entrelazan de manera singular.
Su trazado actual responde a las transformaciones
experimentadas por los terrenos próximos al palacio de San Telmo, cuya
evolución estuvo estrechamente vinculada a los jardines históricos que rodeaban
la antigua residencia de los duques de Montpensier.
Calle
La Rábida
La vía recibió su nombre en 1928, en vísperas de la
Exposición Iberoamericana, en referencia al monasterio franciscano de Santa
María de la Rábida, situado en la provincia de Huelva. Este convento desempeñó
un papel destacado en la historia del descubrimiento de América por su
vinculación con Cristóbal Colón y con los religiosos que apoyaron su proyecto.
La denominación era concebida para estrechar los vínculos históricos y
culturales entre España y las naciones americanas.
Antes de convertirse en calle, estos terrenos habían
formado parte del “ejido” de Sevilla y, desde el siglo XVIII, de la huerta del
Colegio de San Telmo. La institución, fundada para la formación de jóvenes
destinados a la navegación, necesitaba disponer de espacios de cultivo que
contribuyeran al abastecimiento de sus colegiales.
Posteriormente, cuando los duques de Montpensier
establecieron su residencia en el palacio de San Telmo en 1849, la huerta y las
propiedades próximas, entre ellas los terrenos relacionados con el convento de
San Diego, quedaron integradas en el conjunto de sus jardines.
Tras la muerte del duque de Montpensier, la infanta
María Luisa fue cediendo parte de los jardines a la ciudad, contribuyendo a la
creación del parque que lleva su nombre. A su fallecimiento, en 1897, legó al
arzobispado de Sevilla el palacio de San Telmo y los jardines contiguos para
destinarlos a usos eclesiásticos y a la instalación del Seminario Diocesano.
Décadas después, en 1926, la Iglesia vendió una parte
de estos terrenos para abrir una nueva calle y permitir la instalación de
pabellones vinculados a la Exposición Iberoamericana. La apertura de la vía
supuso la división del espacio mediante una tapia que separaba el recinto
palaciego del dominio público.
En la margen derecha, la calle está delimitada por la
tapia de los jardines del palacio de San Telmo, formada por pilares y paños de
fábrica con recuadros ornamentales, rematados por pequeños tejados de teja
vidriada blanca y azul.
La margen izquierda ofrece una imagen diferente. Una
verja de hierro asentada sobre un basamento de mampostería permite contemplar
parcialmente los espacios colindantes, mientras que la fachada lateral del
pabellón de Chile constituye su principal referencia arquitectónica.
Pabellón
de Chile
El desnivel existente entre la calle y los jardines de
San Telmo se salva mediante escaleras que conducen a distintos puntos del
recinto, entre ellos una entrada lateral relacionada con el antiguo Casino de
la Exposición y el sector posterior del Teatro Lope de Vega.
Durante la Exposición de 1929, la calle de la Rábida
funcionó como vía de acceso a un conjunto de pabellones. En décadas
posteriores, especialmente durante los años sesenta y en las celebraciones de
la Feria de Muestras Iberoamericana, el espacio volvió a utilizarse para
instalaciones provisionales, casetas y otros elementos expositivos.
Pero la
Rábida guarda también una sorpresa histórica que puede pasar inadvertida al
visitante: cuatro antiguas columnas de granito que sostienen una cancela de
acceso a los jardines de San Telmo. Su presencia constituye un ejemplo de la
reutilización de elementos arquitectónicos procedentes de edificios
desaparecidos, una práctica habitual en la historia urbana de Sevilla.
Detalle de las columnas
Estas
columnas pertenecieron a la antigua iglesia de Santa Cruz, situada en la plaza
del mismo nombre. Según la tradición histórica, recogida por distintos autores,
el templo cristiano ocupó el lugar de una antigua sinagoga, que a su vez habría
sucedido a un espacio de culto musulmán. La sinagoga fue una de las que, según
la tradición historiográfica, Alfonso X permitió utilizar a la comunidad judía
tras la conquista cristiana de Sevilla. Permaneció en uso hasta los sucesos de
1391, cuando la violencia contra la población judía transformó profundamente la
vida de la judería. Después, el edificio pasó a ser iglesia cristiana y
continuó abierto al culto hasta comienzos del siglo XIX.
El deterioro del inmueble motivó su cierre en 1806 y,
durante la ocupación francesa, la iglesia fue demolida. El historiador Félix
González de León describió el templo como una construcción de tres naves
desiguales, sostenidas por columnas de granito de diferentes dimensiones, con
cubierta de madera y tejas. La disparidad de las piezas ha llevado a plantear
que algunas pudieran proceder de construcciones anteriores, aunque su posible
origen romano o visigodo no debe considerarse demostrado sin estudios
arqueológicos concluyentes.
Detalle de las columnas
Tras el derribo, las columnas permanecieron durante
años en su emplazamiento original. En 1930 fueron trasladadas a las
inmediaciones de la fuente del Abanico, en la actual glorieta de Buenos Aires,
con la intención de incorporarlas a un jardín botánico que finalmente no llegó
a realizarse y acabaron reutilizándose en la cancela de los jardines de San
Telmo.
La calle de la Rábida es, en definitiva, mucho más que una vía secundaria próxima al paseo de las Delicias. En ella confluyen la memoria del antiguo Colegio de San Telmo, los jardines de los duques de Montpensier, la transformación urbana vinculada a la Exposición Iberoamericana y la arquitectura representativa del pabellón de Chile. A estos testimonios se suman las cuatro columnas de la desaparecida iglesia de Santa Cruz, discretos vestigios de un pasado mucho más remoto.


No hay comentarios:
Publicar un comentario