viernes, 23 de octubre de 2026

AREA CENTRO 1

Calle La Rábida.

La calle de la Rábida, que discurre desde la calle Palos de la Frontera hasta el paseo de las Delicias, constituye uno de esos rincones de Sevilla en los que la historia urbana, la arquitectura de la Exposición Iberoamericana de 1929 y la memoria de antiguos monumentos desaparecidos se entrelazan de manera singular.

Su trazado actual responde a las transformaciones experimentadas por los terrenos próximos al palacio de San Telmo, cuya evolución estuvo estrechamente vinculada a los jardines históricos que rodeaban la antigua residencia de los duques de Montpensier.

Calle La Rábida

La vía recibió su nombre en 1928, en vísperas de la Exposición Iberoamericana, en referencia al monasterio franciscano de Santa María de la Rábida, situado en la provincia de Huelva. Este convento desempeñó un papel destacado en la historia del descubrimiento de América por su vinculación con Cristóbal Colón y con los religiosos que apoyaron su proyecto. La denominación era concebida para estrechar los vínculos históricos y culturales entre España y las naciones americanas.

Antes de convertirse en calle, estos terrenos habían formado parte del “ejido” de Sevilla y, desde el siglo XVIII, de la huerta del Colegio de San Telmo. La institución, fundada para la formación de jóvenes destinados a la navegación, necesitaba disponer de espacios de cultivo que contribuyeran al abastecimiento de sus colegiales.

Posteriormente, cuando los duques de Montpensier establecieron su residencia en el palacio de San Telmo en 1849, la huerta y las propiedades próximas, entre ellas los terrenos relacionados con el convento de San Diego, quedaron integradas en el conjunto de sus jardines.

Tras la muerte del duque de Montpensier, la infanta María Luisa fue cediendo parte de los jardines a la ciudad, contribuyendo a la creación del parque que lleva su nombre. A su fallecimiento, en 1897, legó al arzobispado de Sevilla el palacio de San Telmo y los jardines contiguos para destinarlos a usos eclesiásticos y a la instalación del Seminario Diocesano.

Décadas después, en 1926, la Iglesia vendió una parte de estos terrenos para abrir una nueva calle y permitir la instalación de pabellones vinculados a la Exposición Iberoamericana. La apertura de la vía supuso la división del espacio mediante una tapia que separaba el recinto palaciego del dominio público.

En la margen derecha, la calle está delimitada por la tapia de los jardines del palacio de San Telmo, formada por pilares y paños de fábrica con recuadros ornamentales, rematados por pequeños tejados de teja vidriada blanca y azul.

La margen izquierda ofrece una imagen diferente. Una verja de hierro asentada sobre un basamento de mampostería permite contemplar parcialmente los espacios colindantes, mientras que la fachada lateral del pabellón de Chile constituye su principal referencia arquitectónica. 

Pabellón de Chile

El desnivel existente entre la calle y los jardines de San Telmo se salva mediante escaleras que conducen a distintos puntos del recinto, entre ellos una entrada lateral relacionada con el antiguo Casino de la Exposición y el sector posterior del Teatro Lope de Vega.

Durante la Exposición de 1929, la calle de la Rábida funcionó como vía de acceso a un conjunto de pabellones. En décadas posteriores, especialmente durante los años sesenta y en las celebraciones de la Feria de Muestras Iberoamericana, el espacio volvió a utilizarse para instalaciones provisionales, casetas y otros elementos expositivos.

Pero la Rábida guarda también una sorpresa histórica que puede pasar inadvertida al visitante: cuatro antiguas columnas de granito que sostienen una cancela de acceso a los jardines de San Telmo. Su presencia constituye un ejemplo de la reutilización de elementos arquitectónicos procedentes de edificios desaparecidos, una práctica habitual en la historia urbana de Sevilla.

Detalle de las columnas


Estas columnas pertenecieron a la antigua iglesia de Santa Cruz, situada en la plaza del mismo nombre. Según la tradición histórica, recogida por distintos autores, el templo cristiano ocupó el lugar de una antigua sinagoga, que a su vez habría sucedido a un espacio de culto musulmán. La sinagoga fue una de las que, según la tradición historiográfica, Alfonso X permitió utilizar a la comunidad judía tras la conquista cristiana de Sevilla. Permaneció en uso hasta los sucesos de 1391, cuando la violencia contra la población judía transformó profundamente la vida de la judería. Después, el edificio pasó a ser iglesia cristiana y continuó abierto al culto hasta comienzos del siglo XIX.

El deterioro del inmueble motivó su cierre en 1806 y, durante la ocupación francesa, la iglesia fue demolida. El historiador Félix González de León describió el templo como una construcción de tres naves desiguales, sostenidas por columnas de granito de diferentes dimensiones, con cubierta de madera y tejas. La disparidad de las piezas ha llevado a plantear que algunas pudieran proceder de construcciones anteriores, aunque su posible origen romano o visigodo no debe considerarse demostrado sin estudios arqueológicos concluyentes.

Detalle de las columnas

Tras el derribo, las columnas permanecieron durante años en su emplazamiento original. En 1930 fueron trasladadas a las inmediaciones de la fuente del Abanico, en la actual glorieta de Buenos Aires, con la intención de incorporarlas a un jardín botánico que finalmente no llegó a realizarse y acabaron reutilizándose en la cancela de los jardines de San Telmo.

La calle de la Rábida es, en definitiva, mucho más que una vía secundaria próxima al paseo de las Delicias. En ella confluyen la memoria del antiguo Colegio de San Telmo, los jardines de los duques de Montpensier, la transformación urbana vinculada a la Exposición Iberoamericana y la arquitectura representativa del pabellón de Chile. A estos testimonios se suman las cuatro columnas de la desaparecida iglesia de Santa Cruz, discretos vestigios de un pasado mucho más remoto.

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