viernes, 23 de octubre de 2026

AREA CENTRO 1

Paseo de Roma.

El paseo de Roma es una de las vías que articulan el entorno de la Puerta de Jerez y los jardines de Cristina con el paseo de las Delicias. Su trazado, amplio y abierto, constituye un espacio de transición entre el centro histórico de Sevilla y los terrenos que se extienden hacia el Guadalquivir. Aunque hoy destaca por su intenso tráfico rodado y por la presencia de edificios monumentales, su origen está vinculado a la evolución de los terrenos extramuros de la ciudad y a la progresiva transformación de esta zona en un espacio de paseo y representación urbana.

Imagen antigua del Palacio de San Telmo desde la actual Avenida de Roma en la Sevilla de 1910 (ver) (CC BY 3.0)

Desde la Edad Media, los terrenos situados fuera de la Puerta de Jerez fueron conocidos como arrabal o barrio de San Telmo y también como barrio de Marruecos. Esta última denominación se relacionaba con la presencia del obispo titular de la diócesis de Marruecos, sufragánea de la de Sevilla, que se estableció en la zona hacia finales del siglo XIII o comienzos del XIV. Al no poder residir en su sede norteafricana, recibió casas y tierras en las afueras de Sevilla, donde se constituyó una parroquia de jurisdicción exenta. La existencia de una ermita dedicada a san Telmo contribuyó igualmente a consolidar el nombre del lugar. Durante el primer tercio del siglo XVI también aparece documentada la denominación de los Bañuelos, posiblemente relacionada con la proximidad del río.

En sus orígenes, este espacio formaba parte del ejido de Sevilla y se encontraba delimitado por caminos que comunicaban la ciudad con distintos puntos de su entorno. Uno de ellos conducía hacia Tablada y las tierras próximas al Guadalquivir; otro enlazaba con el camino de Utrera, que atravesaba el Prado de San Sebastián. Eran vías de salida hacia lugares cercanos, como el convento de San Diego (ver) y el palacio de San Telmo (ver), y hacia poblaciones más alejadas, entre ellas Utrera y Jerez. A finales del siglo XVII se construyó un arrecife o camino acondicionado que, con el tiempo, quedaría integrado en el paseo que se desarrolló en este sector.

Un momento decisivo en la configuración de la zona fue el comienzo de las obras del Colegio de San Telmo en 1682. La construcción de este gran edificio, cuya fachada principal quedó alineada con la Puerta de Jerez, introdujo un elemento arquitectónico de notable presencia en un entorno todavía periférico. Concebido como colegio-seminario para formar a jóvenes destinados a la navegación, estuvo estrechamente vinculado a la Universidad de Mareantes y a la preparación de numerosas generaciones de marinos. Su construcción se prolongó hasta finales del siglo XVIII, y su portada barroca, rematada por Leonardo de Figueroa en 1734, junto con la torre del reloj, constituye uno de los elementos más destacados de su arquitectura.

La transformación del entorno se intensificó durante el siglo XIX, cuando se crearon los jardines de Cristina (ver), en el primer tercio de la centuria, y posteriormente los jardines de Eslava (ver). Estos espacios verdes contribuyeron a definir una vía más amplia y ordenada, destinada tanto al tránsito como al paseo. En 1832, el lugar comenzó a conocerse como paseo o salón de Cristina, en honor de María Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII y reina gobernadora durante la minoría de edad de Isabel II. En 1869 pasó a denominarse paseo de San Telmo, nombre que posteriormente se convirtió en avenida de San Telmo.

El sector experimentó otra transformación importante a partir de 1848, cuando el palacio de San Telmo fue ocupado como residencia por los duques de Montpensier. El edificio sufrió entonces profundas modificaciones, dirigidas por el arquitecto Talavera y Heredia, que afectaron tanto a su estructura como a sus elementos decorativos. Se incorporó una elevada verja de hierro, de inspiración francesa, y se enriqueció la fachada norte con esculturas de personajes sevillanos realizadas por Antonio Susillo. También se decoraron techos y paredes con pinturas de Joaquín Domínguez Bécquer. Tras su etapa como residencia de los duques, el palacio pasó al arzobispado y tuvo distintos usos religiosos y educativos. En 1989 fue adquirido por la Junta de Andalucía para instalar en él la sede de la Presidencia autonómica, función que consolidó su importancia institucional.

La configuración actual del paseo quedó prácticamente definida durante las primeras décadas del siglo XX. Entre 1916 y 1928 se construyó el hotel Alfonso XIII (ver)  sobre los terrenos de los antiguos jardines de Eslava, con el propósito de ofrecer un alojamiento representativo a las personalidades que visitaran Sevilla con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. El proyecto elegido fue obra del arquitecto José Espiau y Muñoz, siguiendo una línea regionalista que reinterpretaba elementos de la arquitectura tradicional sevillana. Las obras concluyeron en 1928 y el edificio quedó rodeado por jardines y una verja de hierro. Su presencia configuró definitivamente buena parte de la acera izquierda del paseo, caracterizada por la sucesión de grandes edificios, mientras que la acera opuesta quedó vinculada al espacio triangular de los jardines de Cristina.

En 1936, en el contexto de la sublevación militar encabezada por el general Franco y del acercamiento político al régimen fascista italiano, la vía recibió el nombre de paseo de Roma, denominación que conserva en la actualidad. Este cambio se inscribe en las modificaciones del callejero sevillano realizadas durante aquel periodo, en las que se reflejaron las nuevas orientaciones políticas y las relaciones diplomáticas del momento.

Desde el punto de vista urbanístico, el paseo se distingue por la amplitud de su calzada y de sus aceras. La antigua pavimentación de adoquines fue sustituida por asfalto durante la década de 1970, cuando también se introdujo una separación longitudinal ajardinada. Las aceras, pavimentadas con losetas de terrazo de distintos colores, cuentan con alcorques en los que se plantaron castaños de Indias. El alumbrado se resuelve mediante farolas de báculo. A lo largo del tiempo, el paseo ha mantenido su función como importante corredor de circulación, canalizando buena parte del tráfico procedente del centro y de los barrios situados al otro lado del río hacia la glorieta de Don Juan de Austria, conocida popularmente como la Pasarela.

Paseo de Roma

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