viernes, 16 de octubre de 2026

AREA CENTRO 1

Plaza de la Puerta de Jerez.

La plaza de la Puerta de Jerez constituye uno de los espacios urbanos más representativos de Sevilla y un punto de encuentro entre la ciudad histórica y los ensanches desarrollados durante los siglos XIX y XX. Situada en la confluencia de las actuales avenidas de la Constitución y de Roma, las calles San Fernando, San Gregorio y Almirante Lobo, y la calle Maese Rodrigo, su configuración actual es el resultado de sucesivas transformaciones que modificaron profundamente este sector meridional del recinto histórico. Bajo su apariencia de plaza abierta y moderna se conserva, sin embargo, la memoria de una de las antiguas entradas de la ciudad, vinculada durante siglos a sus murallas, a las comunicaciones con el sur y a la expansión de Sevilla más allá de sus límites medievales.

Puerta de Jerez. Año de 1990

Origen de la Puerta de Jerez

Los antecedentes de este espacio se remontan a la época musulmana, cuando la ampliación y consolidación de las defensas urbanas dotaron a Sevilla de un sistema de murallas y puertas que regulaba el acceso a la ciudad. La Puerta de Jerez formaba parte del frente meridional de la cerca y se encontraba próxima al sector del alcázar. Su origen se relaciona con las fortificaciones levantadas durante el periodo almorávide, en el siglo XII, aunque la organización defensiva de esta zona experimentó modificaciones posteriores.

La puerta era conocida en árabe como Bab al-Faray (leer mas) y permitía salir de Sevilla en dirección a Jerez de la Frontera, de donde procede su denominación tradicional. Como otras entradas de las murallas hispalenses, no desempeñaba únicamente una función de tránsito, sino también de control militar y fiscal, pues constituía uno de los puntos por los que personas y mercancías entraban y salían de la ciudad.

Su estructura original respondía a un modelo defensivo característico de la arquitectura militar islámica. El paso estaba cubierto por una bóveda y protegido mediante un rastrillo, mientras que dos torreones almenados flanqueaban el acceso. La disposición inicial de las puertas musulmanas solía dificultar la entrada directa mediante recorridos en recodo, una solución destinada a reducir la vulnerabilidad ante posibles ataques. Con el tiempo, algunas de estas entradas fueron rectificadas para facilitar la circulación, especialmente durante las reformas realizadas en el siglo XVI.

Al exterior de la muralla discurría el arroyo Tagarete, cuyo cauce se aproximaba a las defensas y contribuía a reforzar su carácter de barrera. Este curso de agua seguía un recorrido próximo a las actuales calles de San Fernando y Almirante Lobo hasta desembocar en el Guadalquivir, junto a la Torre del Oro. Para alcanzar la puerta desde el exterior era necesario salvar el arroyo mediante un puente, de modo que el acceso combinaba las funciones de comunicación y defensa.

Puerta de Jerez y puente sobre el río Tagarete. Fotografia de Joseph de Vigier (ver) (CC BY 3.0)

La Puerta de Jerez formaba parte, por tanto, de un sistema fortificado en el que las murallas, los torreones, los fosos naturales y los puentes constituían elementos complementarios. Su presencia condicionó durante siglos la organización del espacio urbano situado a ambos lados de la entrada.

La puerta a través de los siglos

Tras la conquista cristiana de Sevilla por Fernando III en 1248, la Puerta de Jerez mantuvo su importancia como salida meridional de la ciudad. Durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna, el espacio inmediato a la entrada fue adquiriendo una configuración irregular, condicionada por la muralla, las construcciones que se adosaban a ella y los caminos que convergían en sus inmediaciones.

La documentación histórica recoge diversas denominaciones para este lugar. Desde el siglo XIII se conoció como Postigo o Puerta de Jerez, mientras que en los siglos XV y XVI aparece también la denominación de plaza del Corral de Jerez. Posteriormente, el nombre de Maese Rodrigo, o plaza del Colegio de Maese Rodrigo, se impuso en relación con el Colegio de Santa María de Jesús (leer mas), fundado por el canónigo Rodrigo Fernández de Santaella (1444-1509), institución que desempeñó un papel esencial en los orígenes de la Universidad de Sevilla. De ahí derivaría asimismo la denominación de plaza de la Universidad.

La evolución de la puerta puede seguirse a través de las reformas que experimentó en los siglos posteriores. Durante el siglo XVI se modificó su estructura para adaptarla a las necesidades de circulación de una ciudad en expansión. A esta etapa se vincula una lápida fechada en 1578, cuya inscripción, de carácter legendario, resume una antigua tradición sobre la fundación y conquista de Sevilla:

“Hércules me edificó, Julio César me cercó de muros y torres altas, y el rey santo me ganó con Garci Pérez de Vargas”.

Detalle de la placa

El texto atribuye a Hércules la fundación de la ciudad, a Julio César la construcción de sus murallas y a Fernando III su conquista, con la intervención del caballero Garci Pérez de Vargas. Se trata de una formulación legendaria de los orígenes de Sevilla, característica de una época en la que la memoria histórica y las tradiciones míticas se incorporaban a la identidad urbana. La lápida, que estuvo asociada a la puerta, se conserva actualmente en la calle Maese Rodrigo.

Esquina de Maeso Rodrigo

Durante la Edad Moderna, la plaza fue también escenario de actividades festivas. En el siglo XVII, los estudiantes del Colegio de Santa María de Jesús celebraban allí festejos taurinos durante el Carnaval. El lugar funcionaba así como un espacio de transición entre el interior de la ciudad y los terrenos exteriores, pero también como un ámbito de reunión y esparcimiento.

La leyenda de la Virgen de la Antigua

La Puerta de Jerez está vinculada a una de las tradiciones legendarias más conocidas de la conquista cristiana de Sevilla: la aparición de la Virgen de la Antigua a Fernando III (leer mas).

Según el relato piadoso, durante el asedio de la ciudad, el monarca habría entrado de incógnito por la Puerta de Jerez, guiado por su devoción mariana. La Virgen de los Reyes le habría indicado que debía venerar la imagen de la Virgen de la Antigua, que se encontraba oculta tras un muro de la mezquita mayor. Un ángel habría conducido al rey hasta el lugar desde el que pudo contemplarla milagrosamente a través de la pared. Tras la conquista de Sevilla, el monarca habría ordenado descubrir la imagen.

La tradición relaciona estos acontecimientos con la actual capilla de la Virgen de la Antigua de la Catedral de Sevilla. El fresco que preside este espacio, sin embargo, está datado por los investigadores en el siglo XIV, por lo que es posterior a la conquista cristiana de 1248. La pintura se encuentra sobre un pilar perteneciente a la antigua mezquita almohade, elemento arquitectónico que sobrevivió a la construcción de la Catedral. La leyenda no constituye, por tanto, un testimonio histórico de los hechos narrados, pero sí refleja la profunda importancia que adquirió la devoción a la Virgen de la Antigua en la religiosidad sevillana.

Virgen de la Antigua

La transformación del siglo XIX y el derribo de la puerta

La desaparición de la antigua entrada se produjo en el contexto de las transformaciones urbanas que Sevilla experimentó durante el siglo XIX. La pérdida de su función defensiva, las necesidades de circulación y la progresiva expansión de la ciudad favorecieron la demolición de las murallas y la apertura de nuevos espacios públicos.

Entre 1837 y 1843 se desmontaron los torreones que flanqueaban la Puerta de Jerez y se derribaron algunas de las construcciones adosadas a la muralla. En 1846, el arquitecto municipal Balbino Marrón proyectó una profunda reforma que sustituyó la imagen medieval por una composición de carácter neoclásico. La nueva puerta presentaba un amplio vano, flanqueado por columnas, y un remate arquitectónico con friso y cornisa. En su parte central figuraba una lápida, acompañada por dos leones de piedra.

Puerta de un solo arco, que en estilo neoclásico fue construida en el año de 1846. (ver) (CC BY 3.0)

La intervención pretendía dotar a la entrada de una apariencia monumental y más acorde con los criterios estéticos del siglo XIX. Sin embargo, aquella construcción tuvo una vida breve: en 1864 fue demolida definitivamente. Sus materiales nobles se destinaron, según la documentación recogida, al cementerio de San Fernando.

El derribo supuso la desaparición de uno de los elementos que durante siglos habían definido la identidad del lugar. Al mismo tiempo, permitió ampliar el espacio y avanzar hacia una nueva organización de las comunicaciones en el sector meridional de Sevilla.

La transformación del entorno estuvo estrechamente ligada a la progresiva desaparición del arroyo Tagarete. Durante el siglo XVIII, las obras vinculadas a la Fábrica de Tabacos y a la apertura de la calle San Fernando habían propiciado la canalización subterránea de parte de su cauce. No obstante, la eliminación definitiva de los obstáculos que dificultaban la circulación en las proximidades de la Puerta de Jerez se prolongó durante el siglo XIX. En 1858 se completaron actuaciones que permitieron cubrir otros tramos del arroyo y suprimir los puentes que todavía condicionaban el tránsito.

El Tagarete en una litografía de 1838 de Louis Haghe, sobre un dibujo de George Civian. Destaca en primer lugar este riachuelo entubado entre 1849 y 1858

Con la desaparición de la puerta, el cubrimiento del cauce y la demolición de construcciones próximas, el antiguo acceso comenzó a convertirse en una plaza propiamente dicha. El proceso, sin embargo, todavía distaba de haber concluido.

La apertura de la plaza moderna y la Exposición Iberoamericana de 1929

La configuración actual de la Puerta de Jerez se debe, en buena medida, a las grandes reformas urbanísticas desarrolladas durante las primeras décadas del siglo XX. La preparación de la Exposición Iberoamericana de 1929 impulsó la transformación de amplios sectores de Sevilla, especialmente los situados al sur del casco histórico, donde se proyectaban nuevos espacios representativos, vías de comunicación y edificios destinados a recibir a los visitantes.

En torno a 1920 se demolieron varias manzanas de casas que todavía ocupaban parte del espacio, junto con buena parte de las antiguas edificaciones vinculadas al Colegio de Santa María de Jesús. De este conjunto histórico únicamente subsistió su capilla. La eliminación de estos obstáculos permitió unificar el antiguo espacio intramuros con el terreno exterior y ampliar considerablemente la plaza.

En 1929 se acometió una intervención decisiva mediante el derribo de amplios tramos de muralla a ambos lados de la antigua puerta y de las casas adosadas a ella. De este modo se abrió una comunicación más directa entre el centro histórico y los nuevos espacios urbanos del sur, a través de la actual avenida de la Constitución.

Estas actuaciones respondían a una concepción moderna de la ciudad, en la que la supresión de barreras físicas y la creación de grandes perspectivas urbanas se consideraban fundamentales para facilitar el tráfico y mejorar la imagen monumental de Sevilla. La Puerta de Jerez dejó así de ser un acceso delimitado por las antiguas defensas para convertirse en un amplio espacio de circulación y encuentro.

La plaza recibió en 1928 el nombre de Virgen de los Reyes, en honor a la patrona de Sevilla y de su archidiócesis. En 1931 pasó a denominarse plaza de Andalucía, en consonancia con el sentimiento autonomista de aquel momento. En 1936 adoptó el nombre de Calvo Sotelo, político fallecido ese mismo año. Finalmente, en 1980 recuperó su denominación tradicional de Puerta de Jerez, nombre que había permanecido arraigado en la memoria popular.

La Fuente de Hispalis, la gran protagonista de la plaza

El elemento artístico más destacado de la plaza es la Fuente de Hispalis (leer mas), también conocida como Fuente de Sevilla, obra del escultor Manuel Delgado Brackembury, instalada en 1929, durante la preparación de la Exposición Iberoamericana.

Concebida como una representación alegórica de la ciudad, la fuente ocupa el centro de la plaza y constituye uno de los ejemplos más característicos de la escultura ornamental sevillana de comienzos del siglo XX. Su figura principal es una mujer entronizada que simboliza a Sevilla, elevada sobre una estructura decorativa en la que aparecen tortugas y otros elementos de carácter simbólico.

Fuente de Hispalis

La figura femenina se interpreta como una personificación de la ciudad, una imagen que enlaza con la tradición clásica de representar los territorios y las comunidades mediante figuras alegóricas. Por su disposición monumental y su emplazamiento, la obra actúa como centro visual de la plaza y como referencia para quienes atraviesan este importante nudo urbano.

En torno a la figura principal se dispusieron niños con caracolas que arrojaban agua por la boca. Estos elementos dieron origen al sobrenombre popular de los “meones”, una denominación que terminó imponiéndose en el lenguaje cotidiano de los sevillanos. La retirada de las figuras originales, tradicionalmente situada en 1939, aunque algunas referencias la relacionan con una remodelación posterior, forma parte de los episodios menos esclarecidos de la historia de la fuente. Los elementos infantiles que hoy se contemplan son reproducciones incorporadas con posterioridad.

La fuente tuvo que ser desmontada durante las obras del metro de Sevilla, que alteraron profundamente el subsuelo de la plaza. En su emplazamiento se abrió una gran excavación para acceder a las galerías subterráneas del proyecto ferroviario, cuyas obras quedaron paralizadas durante años. Las imágenes de mediados de la década de 1980 muestran la magnitud de aquel hueco, que llegó a convertirse en una de las imágenes más llamativas de la Sevilla de entonces.

La puerta de Jerez sin fuente y con obras del metro. Colección gráfica de ABC: (ver) (CC BY 3.0)

En los primeros meses de 1987 comenzaron los trabajos para cubrir la excavación y, en abril de ese año, se inició la reconstrucción de la fuente. La obra volvió a ocupar el centro de la plaza, aunque con algunas modificaciones respecto a su configuración anterior. Su recuperación permitió restablecer uno de los principales hitos visuales de este espacio urbano.

Los edificios históricos de la plaza

Aunque las reformas urbanísticas alteraron de manera radical el tejido histórico de la Puerta de Jerez, su entorno conserva edificios de gran interés arquitectónico, representativos de diferentes etapas de la historia de Sevilla.

La capilla de Santa María de Jesús (leer mas)

El monumento de mayor antigüedad es la capilla de Santa María de Jesús, único vestigio conservado del antiguo Colegio de Santa María de Jesús, fundado por Rodrigo Fernández de Santaella a finales del siglo XV. La capilla fue construida entre 1506 y 1509 y constituye un ejemplo notable del gótico-mudéjar tardío sevillano.

La demolición del antiguo colegio durante las reformas del siglo XX hizo desaparecer buena parte de sus dependencias. La conservación de la capilla constituye, por ello, un testimonio excepcional de la antigua configuración del lugar.

Capilla de Santa María de Jesús

La Casa Guardiola (leer mas)

Otro edificio significativo es la Casa Guardiola, vinculada a la arquitectura residencial sevillana y a las transformaciones de finales del siglo XIX. En el solar se levantó en 1891 una casa promovida por Andrés Parladé, conde de Aguiar, sobre terrenos relacionados con la antigua casa del Corzo, perteneciente a los Vicentelo de Lecca y documentada desde el siglo XVI.

El edificio actual se asocia a José Espiau y Gómez Otero y se considera representativo de una interpretación culta de la arquitectura tradicional sevillana. Su presencia recuerda la importancia que adquirió la construcción de viviendas señoriales en el entorno de la plaza cuando las antiguas defensas perdieron su función y la ciudad comenzó a extenderse hacia el sur.

Casa Guardiola

El palacio de Yanduri (Leer mas)

En la esquina con la calle San Gregorio se encuentra el edificio conocido como palacio de Yanduri, construido por iniciativa de los marqueses de Yanduri entre 1900 y 1904. Su arquitectura manifiesta influencias francesas y una concepción monumental propia de las grandes residencias burguesas de comienzos del siglo XX.

Tras el fallecimiento de sus propietarios, el inmueble pasó a formar parte de la Fundación Yanduri y albergó un colegio femenino religioso. Durante los primeros meses de la Guerra Civil española fue utilizado como cuartel general de Franco. En una etapa posterior, el inmueble pasó a albergar dependencias bancarias.

El entorno conserva asimismo el recuerdo de Vicente Aleixandre, nacido en Sevilla en 1898 y galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1977. Una placa conmemorativa recuerda su nacimiento en unas antiguas dependencias ferroviarias situadas en el solar que posteriormente ocupó el palacio de Yanduri. Conviene precisar, por tanto, que el poeta no nació en el edificio actual, sino en una construcción anterior desaparecida.

Palacio de Yanduri 

La arquitectura regionalista y el Hotel Alfonso XIII (Leer mas)

En las inmediaciones se encuentran otros edificios que reflejan la renovación arquitectónica de Sevilla durante las primeras décadas del siglo XX. Entre ellos destaca la casa promovida por Ildefonso Marañón, situada en la esquina con la calle Almirante Lobo y construida entre 1928 y 1931 por los arquitectos José y Aurelio Gómez Millán. Su composición neobarroca recupera elementos de la tradición residencial sevillana y los adapta a las exigencias de la arquitectura urbana contemporánea.

Junto a ella se levanta otro inmueble relacionado con Juan de Talavera, arquitecto fundamental en el desarrollo del regionalismo sevillano.

Sin embargo, el edificio que proporciona a la plaza una de sus fachadas más monumentales es el Hotel Alfonso XIII, proyectado por José Espiau y Muñoz y construido con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. 

Hotel Alfonso XIII

Un espacio de comunicación y vida urbana

La Puerta de Jerez ha desempeñado históricamente una función esencial en las comunicaciones de Sevilla. Durante siglos fue la salida hacia el sur y el camino natural hacia Jerez de la Frontera. Más tarde, con la apertura de la calle San Fernando y el desarrollo de los espacios situados más allá de las murallas, se convirtió en un punto de paso hacia el Prado de San Sebastián y la estación ferroviaria.

Por este sector transitaban viajeros, mercancías, comitivas oficiales y tropas. También formaba parte del recorrido de los duques de Montpensier cuando se desplazaban desde el cercano palacio de San Telmo hasta la Catedral durante determinadas festividades. La proximidad de los jardines de Cristina y de los desaparecidos jardines y teatro de Eslava reforzó, además, su papel como acceso a los espacios de ocio y expansión de la Sevilla decimonónica.

En la actualidad, la plaza sigue siendo uno de los principales nudos de circulación de la ciudad, tanto para peatones como para vehículos y transporte público. Su pavimento, sus aceras arboladas y sus farolas de fundición contribuyen a definir la imagen contemporánea del lugar. Su condición de espacio de tránsito no ha borrado, sin embargo, su dimensión histórica. La capilla de Santa María de Jesús, los edificios residenciales y el Hotel Alfonso XIII permiten reconocer las diferentes etapas de su evolución, mientras que la Fuente de Hispalis actúa como referencia central y elemento de identidad colectiva.

La plaza actual es, en definitiva, el resultado de una profunda transformación: de puerta fortificada y límite meridional de la Sevilla medieval pasó a ser un espacio abierto, adaptado a las necesidades de una ciudad moderna. La desaparición de la antigua entrada y de buena parte de las murallas supuso una pérdida patrimonial irreparable, pero también determinó la configuración de uno de los lugares más reconocibles de Sevilla. La Puerta de Jerez conserva así una doble condición: es un importante centro de comunicaciones y, al mismo tiempo, un espacio en el que permanecen superpuestas las huellas de la ciudad islámica, la Sevilla cristiana, la expansión decimonónica y la renovación urbana vinculada a la Exposición Iberoamericana de 1929.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

La fuente Monumento a los Poetas de la Generación del 27.

La Fuente Monumento a los Poetas de la Generación del 27 se encuentra en los Jardines del Cristina, junto a la Puerta de Jerez. Realizada en 2011 por el arquitecto y escultor César Portela, en colaboración con el arquitecto Antonio Barrionuevo Ferrer, constituye un homenaje a uno de los grupos literarios más destacados de la cultura española del siglo XX.

Fuente Monumento a los Poetas de la Generación del 27

El monumento está revestido de mármol blanco de Macael y se organiza en torno a una fuente presidida por una figura femenina de bronce, que aporta un carácter simbólico y alegórico al conjunto. Su presencia, vinculada al agua y al espacio ajardinado, establece un diálogo entre la naturaleza, el arte y la poesía.

Detalle de la fuente Monumento a los Poetas de la Generación del 27
Detalle de la fuente Monumento a los Poetas de la Generación del 27

Más allá de su función ornamental, la fuente representa la voluntad de mantener viva la memoria de una generación que renovó profundamente la literatura española mediante la combinación de tradición y vanguardia. Su emplazamiento, próximo a uno de los accesos históricos al centro de Sevilla, refuerza el vínculo de la ciudad con aquel encuentro de 1927 y convierte los Jardines del Cristina en un lugar de homenaje a la poesía y a la cultura.

Detalle de la figura femenina

La obra conmemora a los poetas asociados a la Generación del 27, cuyo nombre se relaciona con el homenaje celebrado en Sevilla en diciembre de 1927 para recordar el tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora. Aquel encuentro reunió a jóvenes escritores interesados en reivindicar la modernidad de su obra y renovar la tradición poética española. Entre las figuras más representativas del grupo se encuentran Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.

El homenaje se extiende por los jardines mediante paseos, glorietas y monolitos conmemorativos que incorporan versos y referencias a estos autores. De este modo, el espacio verde se transforma en un pequeño itinerario literario al aire libre, donde la palabra escrita se integra en el paisaje y permite acercar la poesía a los visitantes.

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Hotel Alfonso XIII.

El Hotel Alfonso XIII se levanta sobre los antiguos Jardines de Eslava, un espacio de ocio sevillano que durante décadas acogió representaciones teatrales y espectáculos al aire libre (leer mas).

Está situado en la calle San Fernando, junto a la Puerta de Jerez, el Palacio de San Telmo y la antigua Fábrica de Tabacos, y constituye uno de los edificios más emblemáticos de Sevilla y una de las realizaciones más destacadas de la arquitectura regionalista vinculada a la Exposición Iberoamericana de 1929.

Hotel Alfonso XIII. Año 1929

Autobús del Alfonso XIII. Año 1932

Concebido para alojar a miembros de las casas reales, diplomáticos y visitantes ilustres que acudieran al certamen, fue proyectado por el arquitecto sevillano José Espiau y Muñoz, ganador del concurso convocado a comienzos del siglo XX bajo las directrices de Aníbal González. Las obras se desarrollaron entre 1916 y 1928, con el apoyo y la supervisión del propio rey Alfonso XIII, cuyo nombre adoptó el establecimiento.

Su inauguración oficial tuvo lugar el 28 de abril de 1929, en el marco de un solemne banquete presidido por Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, con motivo del enlace de la infanta Isabel Alfonsa con el conde Juan Zamoyski.

Durante la Segunda República recibió el nombre de Hotel Andalucía Palace, recuperando su denominación original después de la Guerra Civil.

Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio es una de las mejores muestras del historicismo regionalista sevillano, con un destacado predominio del estilo neomudéjar. Espiau recurrió a formas inspiradas en la arquitectura hispanomusulmana y en la tradición constructiva andaluza, combinando arcos, ornamentación geométrica y motivos decorativos de raíz histórica. La fachada destaca por la riqueza de sus detalles, en los que el ladrillo, la cerámica vidriada, el yeso y la madera, materiales tradicionales, adquieren un notable valor artístico. Esta combinación de recursos ornamentales y técnicas constructivas locales permitió crear una imagen monumental, armoniosa y profundamente vinculada a la identidad cultural de Sevilla.

Detalles del exterior

Detalles del exterior
Detalles del exterior
Detalles del exterior
Detalle de torreón

Detalle de la veleta

Detalle de farola


El interior mantiene esa misma voluntad de esplendor, con patios, galerías, arcos, columnas, artesonados, azulejos, lámparas ornamentales y alfombras de la Real Fábrica de Tapices. El patio central, inspirado inicialmente en el del Hospital de los Venerables, constituye uno de los espacios más representativos del conjunto, concebido como lugar de descanso y convivencia según la tradición de la arquitectura palaciega andaluza.

Entre sus dependencias sobresale el Salón Real, antiguo comedor principal, cuya monumentalidad se manifiesta en la rejería de hierro forjado de acceso, el artesonado, las grandes puertas arqueadas con detalles de caoba y azulejería, y las lámparas de bronce y cristal de Bohemia. También destacan los salones Andalucía, Híspalis y Cartuja, con ornamentación clásica, estucos dorados, lámparas de araña y pavimentos de mármol. Estas estancias, junto con los restantes salones destinados a celebraciones y actos oficiales, contribuyen a mantener el carácter ceremonial del establecimiento.

Detalles del interior

Detalles del interior
Detalles del interior
Detalles del interior

A lo largo de su historia, el hotel ha acogido a miembros de distintas casas reales, representantes políticos, artistas y personalidades internacionales.

Su vinculación con el mundo del cine quedó reflejada en el rodaje de algunas escenas de Lawrence de Arabia, en 1962, y, décadas después, en la serie The Crown.

En 1992, durante la Exposición Universal de Sevilla, volvió a desempeñar un papel destacado como alojamiento de visitantes ilustres. En 1998 fue declarado Bien de Interés Cultural y, tras una profunda reforma iniciada en 2011, reabrió sus puertas en marzo de 2012.

Propiedad del Ayuntamiento de Sevilla y explotado mediante concesión hotelera, el Alfonso XIII continúa siendo un referente de la hostelería de lujo y del patrimonio arquitectónico de la ciudad. Más allá de su función hotelera, representa uno de los testimonios más significativos del esfuerzo realizado a comienzos del siglo XX para proyectar una imagen monumental y moderna de Sevilla, sin renunciar a las formas artísticas y a las tradiciones constructivas que definen su personalidad histórica.