viernes, 23 de octubre de 2026

 ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Columnas de la calle La Rábida.

La Rábida guarda una sorpresa histórica que puede pasar inadvertida al visitante: cuatro antiguas columnas de granito que sostienen una cancela de acceso a los jardines de San Telmo. Su presencia constituye un ejemplo de la reutilización de elementos arquitectónicos procedentes de edificios desaparecidos, una práctica habitual en la historia urbana de Sevilla.

Detalle de las columnas

Estas columnas pertenecieron a la antigua iglesia de Santa Cruz, situada en la plaza del mismo nombre. Según la tradición histórica, recogida por distintos autores, el templo cristiano ocupó el lugar de una antigua sinagoga, que a su vez habría sucedido a un espacio de culto musulmán. La sinagoga fue una de las que, según la tradición historiográfica, Alfonso X permitió utilizar a la comunidad judía tras la conquista cristiana de Sevilla. Permaneció en uso hasta los sucesos de 1391, cuando la violencia contra la población judía transformó profundamente la vida de la judería. Después, el edificio pasó a ser iglesia cristiana y continuó abierto al culto hasta comienzos del siglo XIX.

El deterioro del inmueble motivó su cierre en 1806 y, durante la ocupación francesa, la iglesia fue demolida. El historiador Félix González de León describió el templo como una construcción de tres naves desiguales, sostenidas por columnas de granito de diferentes dimensiones, con cubierta de madera y tejas. La disparidad de las piezas ha llevado a plantear que algunas pudieran proceder de construcciones anteriores, aunque su posible origen romano o visigodo no debe considerarse demostrado sin estudios arqueológicos concluyentes.

Detalle de las columnas

Tras el derribo, las columnas permanecieron durante años en su emplazamiento original. En 1930 fueron trasladadas a las inmediaciones de la fuente del Abanico, en la actual glorieta de Buenos Aires, con la intención de incorporarlas a un jardín botánico que finalmente no llegó a realizarse y acabaron reutilizándose en la cancela de los jardines de San Telmo.

AREA CENTRO 1

Calle La Rábida.

La calle de la Rábida, que discurre desde la calle Palos de la Frontera hasta el paseo de las Delicias, constituye uno de esos rincones de Sevilla en los que la historia urbana, la arquitectura de la Exposición Iberoamericana de 1929 y la memoria de antiguos monumentos desaparecidos se entrelazan de manera singular.

Su trazado actual responde a las transformaciones experimentadas por los terrenos próximos al palacio de San Telmo, cuya evolución estuvo estrechamente vinculada a los jardines históricos que rodeaban la antigua residencia de los duques de Montpensier.

Calle La Rábida

La vía recibió su nombre en 1928, en vísperas de la Exposición Iberoamericana, en referencia al monasterio franciscano de Santa María de la Rábida, situado en la provincia de Huelva. Este convento desempeñó un papel destacado en la historia del descubrimiento de América por su vinculación con Cristóbal Colón y con los religiosos que apoyaron su proyecto. La denominación era concebida para estrechar los vínculos históricos y culturales entre España y las naciones americanas.

Antes de convertirse en calle, estos terrenos habían formado parte del “ejido” de Sevilla y, desde el siglo XVIII, de la huerta del Colegio de San Telmo. La institución, fundada para la formación de jóvenes destinados a la navegación, necesitaba disponer de espacios de cultivo que contribuyeran al abastecimiento de sus colegiales.

Posteriormente, cuando los duques de Montpensier establecieron su residencia en el palacio de San Telmo en 1849, la huerta y las propiedades próximas, entre ellas los terrenos relacionados con el convento de San Diego, quedaron integradas en el conjunto de sus jardines.

Tras la muerte del duque de Montpensier, la infanta María Luisa fue cediendo parte de los jardines a la ciudad, contribuyendo a la creación del parque que lleva su nombre. A su fallecimiento, en 1897, legó al arzobispado de Sevilla el palacio de San Telmo y los jardines contiguos para destinarlos a usos eclesiásticos y a la instalación del Seminario Diocesano.

Décadas después, en 1926, la Iglesia vendió una parte de estos terrenos para abrir una nueva calle y permitir la instalación de pabellones vinculados a la Exposición Iberoamericana. La apertura de la vía supuso la división del espacio mediante una tapia que separaba el recinto palaciego del dominio público.

En la margen derecha, la calle está delimitada por la tapia de los jardines del palacio de San Telmo, formada por pilares y paños de fábrica con recuadros ornamentales, rematados por pequeños tejados de teja vidriada blanca y azul.

La margen izquierda ofrece una imagen diferente. Una verja de hierro asentada sobre un basamento de mampostería permite contemplar parcialmente los espacios colindantes, mientras que la fachada lateral del pabellón de Chile constituye su principal referencia arquitectónica. 

Pabellón de Chile

El desnivel existente entre la calle y los jardines de San Telmo se salva mediante escaleras que conducen a distintos puntos del recinto, entre ellos una entrada lateral relacionada con el antiguo Casino de la Exposición y el sector posterior del Teatro Lope de Vega.

Durante la Exposición de 1929, la calle de la Rábida funcionó como vía de acceso a un conjunto de pabellones. En décadas posteriores, especialmente durante los años sesenta y en las celebraciones de la Feria de Muestras Iberoamericana, el espacio volvió a utilizarse para instalaciones provisionales, casetas y otros elementos expositivos.

Pero la Rábida guarda también una sorpresa histórica que puede pasar inadvertida al visitante: cuatro antiguas columnas de granito que sostienen una cancela de acceso a los jardines de San Telmo. Su presencia constituye un ejemplo de la reutilización de elementos arquitectónicos procedentes de edificios desaparecidos, una práctica habitual en la historia urbana de Sevilla.

Detalle de las columnas


Estas columnas pertenecieron a la antigua iglesia de Santa Cruz, situada en la plaza del mismo nombre. Según la tradición histórica, recogida por distintos autores, el templo cristiano ocupó el lugar de una antigua sinagoga, que a su vez habría sucedido a un espacio de culto musulmán. La sinagoga fue una de las que, según la tradición historiográfica, Alfonso X permitió utilizar a la comunidad judía tras la conquista cristiana de Sevilla. Permaneció en uso hasta los sucesos de 1391, cuando la violencia contra la población judía transformó profundamente la vida de la judería. Después, el edificio pasó a ser iglesia cristiana y continuó abierto al culto hasta comienzos del siglo XIX.

El deterioro del inmueble motivó su cierre en 1806 y, durante la ocupación francesa, la iglesia fue demolida. El historiador Félix González de León describió el templo como una construcción de tres naves desiguales, sostenidas por columnas de granito de diferentes dimensiones, con cubierta de madera y tejas. La disparidad de las piezas ha llevado a plantear que algunas pudieran proceder de construcciones anteriores, aunque su posible origen romano o visigodo no debe considerarse demostrado sin estudios arqueológicos concluyentes.

Detalle de las columnas

Tras el derribo, las columnas permanecieron durante años en su emplazamiento original. En 1930 fueron trasladadas a las inmediaciones de la fuente del Abanico, en la actual glorieta de Buenos Aires, con la intención de incorporarlas a un jardín botánico que finalmente no llegó a realizarse y acabaron reutilizándose en la cancela de los jardines de San Telmo.

La calle de la Rábida es, en definitiva, mucho más que una vía secundaria próxima al paseo de las Delicias. En ella confluyen la memoria del antiguo Colegio de San Telmo, los jardines de los duques de Montpensier, la transformación urbana vinculada a la Exposición Iberoamericana y la arquitectura representativa del pabellón de Chile. A estos testimonios se suman las cuatro columnas de la desaparecida iglesia de Santa Cruz, discretos vestigios de un pasado mucho más remoto.

AREA CENTRO 1

Paseo de Roma.

El paseo de Roma es una de las vías que articulan el entorno de la Puerta de Jerez y los jardines de Cristina con el paseo de las Delicias. Su trazado, amplio y abierto, constituye un espacio de transición entre el centro histórico de Sevilla y los terrenos que se extienden hacia el Guadalquivir. Aunque hoy destaca por su intenso tráfico rodado y por la presencia de edificios monumentales, su origen está vinculado a la evolución de los terrenos extramuros de la ciudad y a la progresiva transformación de esta zona en un espacio de paseo y representación urbana.

Imagen antigua del Palacio de San Telmo desde la actual Avenida de Roma en la Sevilla de 1910 (ver) (CC BY 3.0)

Desde la Edad Media, los terrenos situados fuera de la Puerta de Jerez fueron conocidos como arrabal o barrio de San Telmo y también como barrio de Marruecos. Esta última denominación se relacionaba con la presencia del obispo titular de la diócesis de Marruecos, sufragánea de la de Sevilla, que se estableció en la zona hacia finales del siglo XIII o comienzos del XIV. Al no poder residir en su sede norteafricana, recibió casas y tierras en las afueras de Sevilla, donde se constituyó una parroquia de jurisdicción exenta. La existencia de una ermita dedicada a san Telmo contribuyó igualmente a consolidar el nombre del lugar. Durante el primer tercio del siglo XVI también aparece documentada la denominación de los Bañuelos, posiblemente relacionada con la proximidad del río.

En sus orígenes, este espacio formaba parte del ejido de Sevilla y se encontraba delimitado por caminos que comunicaban la ciudad con distintos puntos de su entorno. Uno de ellos conducía hacia Tablada y las tierras próximas al Guadalquivir; otro enlazaba con el camino de Utrera, que atravesaba el Prado de San Sebastián. Eran vías de salida hacia lugares cercanos, como el convento de San Diego (ver) y el palacio de San Telmo (ver), y hacia poblaciones más alejadas, entre ellas Utrera y Jerez. A finales del siglo XVII se construyó un arrecife o camino acondicionado que, con el tiempo, quedaría integrado en el paseo que se desarrolló en este sector.

Un momento decisivo en la configuración de la zona fue el comienzo de las obras del Colegio de San Telmo en 1682. La construcción de este gran edificio, cuya fachada principal quedó alineada con la Puerta de Jerez, introdujo un elemento arquitectónico de notable presencia en un entorno todavía periférico. Concebido como colegio-seminario para formar a jóvenes destinados a la navegación, estuvo estrechamente vinculado a la Universidad de Mareantes y a la preparación de numerosas generaciones de marinos. Su construcción se prolongó hasta finales del siglo XVIII, y su portada barroca, rematada por Leonardo de Figueroa en 1734, junto con la torre del reloj, constituye uno de los elementos más destacados de su arquitectura.

La transformación del entorno se intensificó durante el siglo XIX, cuando se crearon los jardines de Cristina (ver), en el primer tercio de la centuria, y posteriormente los jardines de Eslava (ver). Estos espacios verdes contribuyeron a definir una vía más amplia y ordenada, destinada tanto al tránsito como al paseo. En 1832, el lugar comenzó a conocerse como paseo o salón de Cristina, en honor de María Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII y reina gobernadora durante la minoría de edad de Isabel II. En 1869 pasó a denominarse paseo de San Telmo, nombre que posteriormente se convirtió en avenida de San Telmo.

El sector experimentó otra transformación importante a partir de 1848, cuando el palacio de San Telmo fue ocupado como residencia por los duques de Montpensier. El edificio sufrió entonces profundas modificaciones, dirigidas por el arquitecto Talavera y Heredia, que afectaron tanto a su estructura como a sus elementos decorativos. Se incorporó una elevada verja de hierro, de inspiración francesa, y se enriqueció la fachada norte con esculturas de personajes sevillanos realizadas por Antonio Susillo. También se decoraron techos y paredes con pinturas de Joaquín Domínguez Bécquer. Tras su etapa como residencia de los duques, el palacio pasó al arzobispado y tuvo distintos usos religiosos y educativos. En 1989 fue adquirido por la Junta de Andalucía para instalar en él la sede de la Presidencia autonómica, función que consolidó su importancia institucional.

La configuración actual del paseo quedó prácticamente definida durante las primeras décadas del siglo XX. Entre 1916 y 1928 se construyó el hotel Alfonso XIII (ver)  sobre los terrenos de los antiguos jardines de Eslava, con el propósito de ofrecer un alojamiento representativo a las personalidades que visitaran Sevilla con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. El proyecto elegido fue obra del arquitecto José Espiau y Muñoz, siguiendo una línea regionalista que reinterpretaba elementos de la arquitectura tradicional sevillana. Las obras concluyeron en 1928 y el edificio quedó rodeado por jardines y una verja de hierro. Su presencia configuró definitivamente buena parte de la acera izquierda del paseo, caracterizada por la sucesión de grandes edificios, mientras que la acera opuesta quedó vinculada al espacio triangular de los jardines de Cristina.

En 1936, en el contexto de la sublevación militar encabezada por el general Franco y del acercamiento político al régimen fascista italiano, la vía recibió el nombre de paseo de Roma, denominación que conserva en la actualidad. Este cambio se inscribe en las modificaciones del callejero sevillano realizadas durante aquel periodo, en las que se reflejaron las nuevas orientaciones políticas y las relaciones diplomáticas del momento.

Desde el punto de vista urbanístico, el paseo se distingue por la amplitud de su calzada y de sus aceras. La antigua pavimentación de adoquines fue sustituida por asfalto durante la década de 1970, cuando también se introdujo una separación longitudinal ajardinada. Las aceras, pavimentadas con losetas de terrazo de distintos colores, cuentan con alcorques en los que se plantaron castaños de Indias. El alumbrado se resuelve mediante farolas de báculo. A lo largo del tiempo, el paseo ha mantenido su función como importante corredor de circulación, canalizando buena parte del tráfico procedente del centro y de los barrios situados al otro lado del río hacia la glorieta de Don Juan de Austria, conocida popularmente como la Pasarela.

Paseo de Roma

AREA CENTRO 1

Calle Almirante Lobo.

La calle Almirante Lobo, situada en el entorno de la Puerta de Jerez, constituye una de las vías que mejor reflejan la transformación experimentada por este sector de Sevilla durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Su historia está estrechamente ligada a la desaparición de las antiguas murallas, al derribo de la Puerta de Jerez, al entubamiento del arroyo Tagarete y al progresivo desarrollo urbano de los terrenos situados entre el río Guadalquivir, los jardines de Cristina y el palacio de San Telmo.

Calle Almirante Lobo. Año 1929

Hasta mediados del siglo XIX, el entorno había mantenido un carácter periférico y estuvo relacionado con las rutas pecuarias que atravesaban la ciudad. La calle formó parte hasta 1846 de la cañada real del Juncal, que procedía del Prado de San Sebastián y discurría por la zona de San Fernando antes de continuar hacia otros terrenos.

Antes de adquirir su configuración actual, este espacio tuvo un carácter marginal por encontrarse extramuros, en las proximidades de la desembocadura del arroyo Tagarete junto a la Torre del Oro. De hecho, durante algún tiempo fue conocido como sitio del Tagarete, en referencia al cauce que atravesaba esta zona antes de desembocar en el Guadalquivir. La presencia del arroyo obligó desde antiguo a disponer pasos que facilitaran la circulación por la ribera izquierda del río. Ya en el siglo XIII existía una alcantarilla o pequeña puentecilla para cruzarlo, mientras que en el siglo XVIII se documentan dos pasos, a los que posteriormente se añadió un tercero.

La fisonomía del lugar comenzó a cambiar con la demolición, en 1828, de un tramo de muralla que unía la Torre del Oro con la Puerta de Jerez. Sin embargo, la transformación decisiva llegó a partir de 1864, cuando se derribó la propia puerta y se procedió al embovedamiento de este tramo del Tagarete, obra que se prolongó hasta 1866. Sobre el cauce cubierto se construyó un arrecife que permitió ordenar la circulación y mejorar la conexión con los espacios próximos. La nueva vía recibió inicialmente el nombre de Jerez, por su arranque junto a la puerta desaparecida. En 1869 pasó a denominarse calle de los Pilotos, en recuerdo de las enseñanzas de náutica impartidas en el cercano palacio de San Telmo, y en 1876 adoptó el nombre de Almirante Lobo, que conserva en la actualidad.

La denominación rinde homenaje a Miguel Lobo y Malagamba (1821-1876), marino militar que alcanzó notoriedad por su participación en diversas operaciones navales, entre ellas las relacionadas con la guerra de África de 1859-1860 y la campaña del Pacífico de 1864-1866. Su nombre quedó así incorporado al callejero sevillano en un momento en que la ciudad comenzaba a superar las limitaciones de su antiguo recinto amurallado.

La urbanización de la calle se desarrolló principalmente entre 1864 y 1878, periodo en el que se levantaron viviendas apoyadas en algunos tramos de la antigua muralla y se regularizaron las alineaciones, eliminando los entrantes que dificultaban la continuidad del trazado. También desaparecieron algunas casas próximas a la antigua Puerta de Jerez, demolidas hacia 1874 para ampliar el espacio de la plaza de Maese Rodrigo. Hacia 1914 se abrió una comunicación con las calles Habana y Matienzo, aunque esta última conexión debió de cerrarse posteriormente. En los planos de las reformas y ensanches de Sevilla de 1919, la vía aparece mencionada simplemente como Almirante.

Las mejoras urbanas continuaron durante las primeras décadas del siglo XX. Hacia 1903 se dotó al arrecife de amplias aceras de losas de Tarifa y pavimento de adoquines, que fue renovado en 1915 y nuevamente en 1952. En 1926 se instaló un evacuatorio público, reflejo de la creciente actividad de este sector de la ciudad. El alumbrado eléctrico llegó en 1948 y fue modernizado en 1960. En la actualidad, el asfalto y las aceras de losetas de cemento, con castaños de Indias plantados en alcorques, configuran su aspecto cotidiano, acompañado por las farolas de báculo que iluminan la vía.

El caserío conserva algunos edificios de dos, tres y cuatro plantas procedentes de su primera etapa de urbanización, muchos de ellos restaurados, aunque conviven con construcciones posteriores. Entre las más destacadas figura el inmueble de estilo neobarroco levantado entre 1928 y 1931 por los arquitectos José y Aurelio Gómez Millán en la confluencia con la Puerta de Jerez. Su composición ornamental evoca el gusto historicista que caracterizó buena parte de la arquitectura sevillana vinculada a la Exposición Iberoamericana de 1929.

En la acera opuesta se encuentra la sede central de La Previsión Española, obra del arquitecto Rafael Moneo, cuya presencia introduce un lenguaje arquitectónico contemporáneo en este entorno histórico. A través de una puerta del edificio pueden contemplarse la Torre de la Plata y un tramo de la muralla almohade, testimonios de la Sevilla medieval que han quedado integrados en la trama urbana moderna. En este solar existieron anteriormente instalaciones militares vinculadas a la Maestranza de Artillería.

La acera frontera estuvo ocupada durante décadas por el Hotel Cristina (leer mas), construido en 1929 según un proyecto de los arquitectos Modesto López Otero y Ricardo Magdalena, dentro de la corriente regionalista que caracterizó la arquitectura sevillana de aquellos años.

A comienzos del siglo XX todavía se utilizaba el entorno para depositar y trasladar las basuras recogidas en la ciudad. Con el tiempo, sin embargo, la calle adquirió una función cada vez más comercial y de servicios. Llegó a contar con una de las paradas de coches de punto más amplias de Sevilla, con ocho vehículos, y con un surtidor de gasolina, elementos que reflejan la adaptación del espacio a las nuevas formas de movilidad urbana.

En la actualidad, Almirante Lobo es una vía de intensa actividad, favorecida por su proximidad a la Puerta de Jerez, la avenida de Roma, el paseo de las Delicias y el centro histórico. Sus establecimientos comerciales, negocios de hostelería, empresas de servicios y quiosco de prensa mantienen la animación de la calle, mientras que durante décadas destacó también la presencia de la terminal de Iberia.

Calle Almirante Lobo

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Monumento a Adriano del Valle en los Jardines de la Reina Cristina.

En los Jardines de la Reina Cristina se eleva un pequeño monumento dedicado a Adriano del Valle, poeta sevillano relacionado con los círculos literarios de la primera mitad del siglo XX. Su busto de bronce, obra del escultor Durán Arregui, fue instalado en los jardines e inaugurado oficialmente en 1995, con motivo de las iniciativas conmemorativas del centenario de su nacimiento. La escultura recuerda a un autor cuya obra participó de la efervescencia estética y cultural de las primeras décadas del siglo XX.

Monumento a  Adriano del Valle

Busto

No8DO. Al poeta Sevillano Adriano del valle 1895-1957 en el centenario de su nacimiento 12-V-1995

 ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Monumento a Emilio Castelar en los Jardines de la Reina Cristina.

En los Jardines de la Reina Cristina, uno de los más elementos más destacados es el monumento dedicado a Emilio Castelar, político, orador y escritor nacido en Cádiz en 1832, que alcanzó la presidencia de la Primera República Española.

La iniciativa para erigirle un homenaje en Sevilla comenzó a plantearse en 1903 mediante una suscripción popular. Décadas después, en 1929, el escultor Manuel Echegoyán elaboró un proyecto que contó con el apoyo del periódico El Liberal. El monumento quedó instalado en los jardines a comienzos de la década de 1930.

Monumento a Emilio Castelar

La composición presenta el busto de Castelar en bronce, acompañado por figuras femeninas alegóricas relacionadas con la elocuencia y la historia, además de una ornamentación vegetal y una inscripción que recuerda su defensa de la libertad: “El Genio de la Palabra emancipó la esclavitud”. 

Detalle del busto en bronce de Castelar 

Elocuencia

Detalle

Historia

Detalle

El Genio de la Palabra emancipó la esclavitud

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Monumento a la Duquesa de Alba en los Jardines de la Reina Cristina.

Uno de los elementos que forman parte de los Jardines de la Reina Cristina es la estatua de Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, realizada en bronce por Sebastián Santos Calero. La estatua representa a la aristócrata ataviada con mantón de Manila.

La obra, donada por el propio escultor, se incorporó a los jardines por iniciativa de la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría. Su presencia añade una referencia a una personalidad estrechamente vinculada a la vida social y cultural sevillana.

Fue inaugurada en 2011, y al acto acudieron diversas personalidades de la vida social y cultural del país, destacando la presencia de familiares de la aristócrata, Curro Romero, Victorio & Lucchino o Jesús Quintero.

Glorieta de la Duquesa de Alba

Estatua de Cayetana Fitz-James Stuart

Estatua de Cayetana Fitz-James Stuart

Detalle del rostro




AREA CENTRO 1

Jardines Cristina.

Los Jardines de Cristina situados entre la avenida de Roma, el paseo de las Delicias y la plaza de la Puerta de Jerez, junto al palacio de San Telmo y el paseo de Cristina, se relacionan con las modificaciones de la ciudad que, durante el siglo XIX, comenzó a transformar sus antiguos espacios periféricos en lugares de paseo, recreo y convivencia social.

Su origen se encuentra en el programa de mejoras urbanas impulsado por José Manuel de Arjona, asistente de Sevilla entre 1825 y 1833, quien promovió la recuperación y el embellecimiento de las márgenes del Guadalquivir. El jardín fue inaugurado en julio de 1830 con el nombre de Salón Cristina, en homenaje a María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, esposa del rey Fernando VII y futura reina regente.

Vista del Paseo de Cristina. Obra anónima de hacia 1850. (Ayuntamiento de Sevilla)

La dirección técnica de las obras se atribuye al arquitecto Melchor Cano, que contó con el asesoramiento del botánico Claudio Boutelou, perteneciente a una destacada familia de especialistas en jardinería y horticultura. El resultado fue un espacio para el paseo y la contemplación de la naturaleza, en consonancia con el gusto romántico de la época.

El Salón Cristina incluía su integración en un itinerario ajardinado junto al río, en continuidad con los Jardines de las Delicias, impulsados igualmente por Arjona, para recorrer hasta las inmediaciones de la actual glorieta de México. Este conjunto se convirtió, durante el siglo XIX, en uno de los lugares preferidos para pasear para la sociedad sevillana.

Paseos

Paseos

Sin embargo, la fisonomía original de los jardines experimentó profundas transformaciones durante el siglo XX. La construcción del hotel Cristina (ver) y del hotel Alfonso XIII (ver), vinculada a los preparativos de la Exposición Iberoamericana de 1929, redujo considerablemente la superficie ajardinada. A estas modificaciones se sumaron las posteriores intervenciones viarias y la instalación de infraestructuras de transporte, con lo que el antiguo jardín, quedó reducido a una extensión mucho más limitada.

Pese a estas pérdidas, los jardines han conservado una vegetación variada que contribuye a mantener su carácter histórico. Entre sus especies más representativas figuran los plátanos de sombra, los pinos piñoneros y las casuarinas, junto a ejemplares singulares como la lagunaria, el ombú y el parasol de la China. Los setos de troana y arrayán, así como diversos arbustos ornamentales y plantas de flor, completan la composición vegetal que proporciona sombra en uno de los sectores más transitados de la ciudad.

A su interés paisajístico se añade un conjunto de monumentos y elementos conmemorativos que han convertido el recinto en un espacio de memoria cultural.

Uno de los más destacados es el monumento dedicado a Emilio Castelar, político, orador y escritor nacido en Cádiz en 1832, que alcanzó la presidencia de la Primera República Española. La iniciativa para erigirle un homenaje en Sevilla comenzó a plantearse en 1903 mediante una suscripción popular. Décadas después, en 1929, el escultor Manuel Echegoyán elaboró un proyecto que contó con el apoyo del periódico El Liberal. El monumento quedó instalado en los jardines a comienzos de la década de 1930.

Monumento a Emilio Castelar

La composición presenta el busto de Castelar en bronce, acompañado por figuras femeninas alegóricas relacionadas con la elocuencia y la historia, además de una ornamentación vegetal y una inscripción que recuerda su defensa de la libertad: “El Genio de la Palabra emancipó la esclavitud”. 

Detalle del busto en bronce de Castelar 

Elocuencia

Detalle

Historia

Detalle

El Genio de la Palabra emancipó la esclavitud

La literatura ocupa igualmente un lugar destacado en los jardines, especialmente a través de los homenajes dedicados a la Generación del 27. En 1981 se dio el nombre de Vicente Aleixandre a uno de los paseos interiores, acompañado de una placa conmemorativa. La elección tenía una razón particularmente significativa: el poeta, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1977, había nacido en Sevilla en 1898, en el cercano palacio de Yanduri. 

Paseo Vicente Aleixandre

PASEO VICENTE ALEIXANDRE

Era una gran plaza abierta, y había olor a existencia. un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo, un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano, su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba. Y era el serpear que se movía como único ser, no se si desvalido, no se si poderoso, pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra. Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse. En la Plaza (Vicente Aleixandre)

A este homenaje se sumó el dedicado a Adriano del Valle, poeta sevillano relacionado con los círculos literarios de la primera mitad del siglo XX. Su busto de bronce, obra del escultor Durán Arregui, fue instalado en los jardines e inaugurado oficialmente en 1995, con motivo de las iniciativas conmemorativas del centenario de su nacimiento. La escultura recuerda a un autor cuya obra participó de la efervescencia estética y cultural de las primeras décadas del siglo XX.

Busto de Adriano del Valle

Busto de Adriano del Valle

Detalle

No8DO. Al poeta Sevillano Adriano del valle 1895-1957 en el centenario de su nacimiento 12-V-1995

La vinculación del recinto con la Generación del 27 adquirió una nueva dimensión en la intervención culminada en 2011. En el extremo próximo a la Puerta de Jerez se instaló una fuente monumental concebida como homenaje a este grupo de poetas, en un proyecto asociado al arquitecto Antonio Barrionuevo Ferrer. Realizada con mármol blanco de Macael y pizarra verde, la composición evoca el nacimiento de un río mediante una sucesión de planos y caídas de agua. En su parte superior se dispone una figura femenina recostada, concebida como representación alegórica de la musa de la poesía. La obra establece así una relación simbólica entre el fluir del agua, la creación literaria y la inspiración artística. 

Fuente Monumento a los Poetas de la Generación del 27

Detalle de la figura femenina

El conjunto se complementa con monolitos que reproducen textos poéticos y recuerdan a figuras como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillén y Dámaso Alonso, entre otros integrantes de aquella generación.


Rafael Alberti. 1902-1999. A la Pintura. AZUL ¿Cuántos azules dio el Mediterráneo? ROJO Como el grana fugaz de una amapola. AMARILLO Temo al azul porque me pone verde. NEGRO Dio su revés la luz y nació el negro. BLANCO Espuma de la mar galopadora

Federico Garcia-Lorca1898-1936. Baladilla de los tres ríos. Para los barcos de Vela, Sevilla tiene un camino, por el agua de Granada, solo reman los suspiros. Ay amor que se fue y no vino

Pérgola a Gerardo Diego

Pedro Salinas

Pedro Salinas. 1891-1951. PRESAGIOS. El rio va a su negocio corre que te correrás, De cuando en cuando, en la orilla hay una moza que sale (Gelves es la moza humilde, Sevilla la del linaje) a ofrecerle el corazón si el rio quiere pararse. Pero el rio va a su negocio y no se casa con nadie

Glorieta Miguel Hernández

Dámaso Alonso

Dámaso Alonso. 1898-1990. EL NIÑO Y LA COMETA. El niño se sonreía mano inhábil, ojo atento y la cometa en el viento (su corazón) se cernía. Ave, cometa, de un día su corazón soñoliento. Pues el corazón quería huir, pero no podía, pero no sabía al viento

Glorieta Manuel Altolaguirre

Manuel Altolaguirre

Manuel Altolaguirre. 1905-1959. AHORA. Ahora sé que eres tú. Ahora cuando no te siento, cuando mis sentidos no te imitan. Ahora es cuando te tengo....

Glorieta Emilio Prados

Emilio Prados

Emilio Prados. 1899-1962. SUEÑOS. Te llamé, me llamaste. Brotamos como los ríos. Alzaronsé en el cielo, los nombres confundidos. Te llamé, me llamaste, brotamos como ríos. Nuestros cuerpos quedaron frente a frente, vacíos. Te llame me llamaste, brotamos como ríos Entre nuestros dos cuerpos   

Luis Cernuda

Luis Cernuda. 1902-1963. DONDE HABITE EL OLVIDO. Donde habite el olvido, En los vastos jardines sin aurora, Donde yo solo sea, Memoria de una piedra sepultada entre ortigas , sobre la cual el viento escapa a sus insomnios 

Otro de los elementos que forman parte del paisaje conmemorativo es la estatua de Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, realizada en bronce por Sebastián Santos Calero y colocada en 2011. La obra, donada por el propio escultor, se incorporó a los jardines por iniciativa de la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría. Su presencia añade una referencia a una personalidad estrechamente vinculada a la vida social y cultural sevillana.

Glorieta de la Duquesa de Alba

Estatua de Cayetana Fitz-James Stuart

Detalle del rostro

También se encuentra en el recinto una caseta de ladrillo construida en 1959 para albergar una estación meteorológica del Servicio Meteorológico Nacional. Aunque dejó de cumplir su función cuando las observaciones meteorológicas se trasladaron a otras instalaciones, la pequeña construcción permanece como testimonio de una actividad científica que tuvo su lugar en este espacio público.

Estación meteorológica del Servicio Meteorológico Nacional

Estación meteorológica del Servicio Meteorológico Nacional

La transformación más reciente de los jardines se desarrolló durante la primera década del siglo XXI y culminó en 2011, con un proyecto de recuperación paisajística y mejora del entorno peatonal. Entre las actuaciones más visibles destaca la instalación de una pérgola cubierta de glicinias, cuyas flores blancas y azuladas aportan color y aroma a la entrada. Se recuperaron los caminos de albero y se incorporaron bancos. La intervención también buscó restablecer la continuidad peatonal entre la Puerta de Jerez, el paseo de Cristina y la avenida de las Delicias,. La posterior instalación de una zona de juegos infantiles amplió sus posibilidades de uso vecinal y familiar.

Zona de juegos infantiles