AREA CENTRO 1
Avenida de Chile.
La avenida de Chile se extiende desde
la avenida de María Luisa hasta la confluencia de los paseos de las Delicias y
de la Rábida. Recibió su denominación en 1928, en alusión al pabellón que la
República de Chile construyó en este lugar para participar en la Exposición
Iberoamericana de 1929.
Este espacio formó parte, junto con los
terrenos de las actuales avenidas de Honduras, Uruguay y Perú, de los jardines
del palacio de San Telmo. En torno a 1920, estos terrenos fueron enajenados por
la Iglesia y destinados, en parte, a la instalación de los pabellones
internacionales de la Exposición, que transformaron profundamente esta zona de
la ciudad y dejaron un valioso conjunto de arquitectura representativa de los
países participantes.
La avenida presenta un trazado amplio,
con un paseo de albero flanqueado por grandes eucaliptos y algunas palmeras. Su
configuración ha experimentado diversas modificaciones, con la incorporación de
una franja central asfaltada y aceras en determinados tramos, especialmente
junto a las fachadas de los pabellones de Perú y Uruguay. El alumbrado se
dispone mediante farolas de fundición con bases hexagonales. A pesar de las
transformaciones sufridas, conserva el carácter arbolado y relativamente
tranquilo de este sector de los antiguos jardines de San Telmo.
Su principal interés reside en los tres
pabellones históricos que se levantan a ambos lados del paseo: los de Perú,
Chile y Uruguay. Concebidos para la Exposición Iberoamericana, constituyen
testimonios destacados de la diversidad de lenguajes arquitectónicos con los
que las naciones participantes quisieron expresar su identidad cultural.
El pabellón de Perú fue proyectado por
Manuel Piqueras Cotolí, arquitecto y profesor de la Escuela de Bellas Artes de
Lima, y construido entre 1927 y 1928. Su propuesta, conocida como estilo
neoperuano, combina elementos de la tradición arquitectónica española con
motivos procedentes del arte indígena precolombino, en una interpretación
monumental del mestizaje cultural. El resultado es un edificio de apariencia
palaciega, considerado una de las realizaciones más interesantes del recinto
expositivo. Entre sus elementos más destacados figuran los trabajos de
carpintería y los cierres de tradición limeña. Tras diversas intervenciones de
conservación y restauración, el inmueble ha quedado vinculado a actividades
científicas y de investigación, albergando la Estación Biológica de Doñana. En
su fachada posterior se encuentra también el Consulado del Perú.
Pabellón de Perú
Frente a él se sitúa el pabellón de
Chile, obra del arquitecto Juan Martínez Gutiérrez, cuya originalidad reside en
la composición de volúmenes geométricos y planos escalonados que culminan en
una torre de gran altura y rotundidad. Su lenguaje arquitectónico, alejado de
las soluciones historicistas más habituales en otros pabellones, le confiere
una personalidad propia dentro del conjunto de la Exposición. Después de su
utilización expositiva, el edificio acogió el Instituto de Bachillerato San
Isidoro y posteriormente pasó a tener uso docente, como sede de la Escuela de
Arte de Sevilla. También comparte sus dependencias con el Consulado de Chile,
cuyo acceso se encuentra por la fachada que da a la avenida de la Rábida.
Pabellón de Chile
El tercer edificio es el pabellón de
Uruguay, diseñado por el arquitecto Mauricio Cravotto. De dimensiones más
reducidas y aspecto exterior sobrio, concentra buena parte de su ornamentación
en la fachada principal. Su concepción responde a una estética nacionalista que
buscaba definir una arquitectura propia, en sintonía con las corrientes
desarrolladas en otros países del Río de la Plata durante las primeras décadas
del siglo XX. Tras la Exposición, el inmueble ha tenido diferentes usos
vinculados a la vida universitaria y actualmente acoge dependencias destinadas
al alumnado de la Universidad de Sevilla.
Pabellón de Uruguay
En las proximidades del pabellón Uruguay
se encuentran unas estructuras metálicas que han servido para guardar las carrozas
de la Cabalgata de Reyes Magos y que proceden de antiguas instalaciones
feriales. Su presencia contrasta con el valor histórico y paisajístico del
entorno. En la confluencia con el paseo de las Delicias se sitúa, además, un
establecimiento hostelero, mientras que en el lado opuesto se localiza una
caseta de transformación eléctrica.
Estructuras metálicas que han servido para guardar las
carrozas de la Cabalgata de Reyes Magos
En la actualidad, la avenida de Chile conserva el atractivo de un espacio ajardinado que reúne patrimonio arquitectónico, vegetación y usos educativos y científicos. La presencia de instituciones docentes y de investigación ha incrementado su actividad cotidiana, aunque sigue siendo un lugar menos concurrido que otras zonas próximas. La conservación de sus pabellones y la mejora de los espacios públicos resultan fundamentales para preservar la unidad de este conjunto, cuya importancia no se limita a la Exposición Iberoamericana de 1929, sino que reside también en su condición de testimonio material de las relaciones culturales entre España y los países iberoamericanos.





