sábado, 24 de octubre de 2026

AREA CENTRO 1

Avenida de Chile.

La avenida de Chile se extiende desde la avenida de María Luisa hasta la confluencia de los paseos de las Delicias y de la Rábida. Recibió su denominación en 1928, en alusión al pabellón que la República de Chile construyó en este lugar para participar en la Exposición Iberoamericana de 1929.

Este espacio formó parte, junto con los terrenos de las actuales avenidas de Honduras, Uruguay y Perú, de los jardines del palacio de San Telmo. En torno a 1920, estos terrenos fueron enajenados por la Iglesia y destinados, en parte, a la instalación de los pabellones internacionales de la Exposición, que transformaron profundamente esta zona de la ciudad y dejaron un valioso conjunto de arquitectura representativa de los países participantes.

La avenida presenta un trazado amplio, con un paseo de albero flanqueado por grandes eucaliptos y algunas palmeras. Su configuración ha experimentado diversas modificaciones, con la incorporación de una franja central asfaltada y aceras en determinados tramos, especialmente junto a las fachadas de los pabellones de Perú y Uruguay. El alumbrado se dispone mediante farolas de fundición con bases hexagonales. A pesar de las transformaciones sufridas, conserva el carácter arbolado y relativamente tranquilo de este sector de los antiguos jardines de San Telmo.

Su principal interés reside en los tres pabellones históricos que se levantan a ambos lados del paseo: los de Perú, Chile y Uruguay. Concebidos para la Exposición Iberoamericana, constituyen testimonios destacados de la diversidad de lenguajes arquitectónicos con los que las naciones participantes quisieron expresar su identidad cultural.

El pabellón de Perú fue proyectado por Manuel Piqueras Cotolí, arquitecto y profesor de la Escuela de Bellas Artes de Lima, y construido entre 1927 y 1928. Su propuesta, conocida como estilo neoperuano, combina elementos de la tradición arquitectónica española con motivos procedentes del arte indígena precolombino, en una interpretación monumental del mestizaje cultural. El resultado es un edificio de apariencia palaciega, considerado una de las realizaciones más interesantes del recinto expositivo. Entre sus elementos más destacados figuran los trabajos de carpintería y los cierres de tradición limeña. Tras diversas intervenciones de conservación y restauración, el inmueble ha quedado vinculado a actividades científicas y de investigación, albergando la Estación Biológica de Doñana. En su fachada posterior se encuentra también el Consulado del Perú.

Pabellón de Perú

Frente a él se sitúa el pabellón de Chile, obra del arquitecto Juan Martínez Gutiérrez, cuya originalidad reside en la composición de volúmenes geométricos y planos escalonados que culminan en una torre de gran altura y rotundidad. Su lenguaje arquitectónico, alejado de las soluciones historicistas más habituales en otros pabellones, le confiere una personalidad propia dentro del conjunto de la Exposición. Después de su utilización expositiva, el edificio acogió el Instituto de Bachillerato San Isidoro y posteriormente pasó a tener uso docente, como sede de la Escuela de Arte de Sevilla. También comparte sus dependencias con el Consulado de Chile, cuyo acceso se encuentra por la fachada que da a la avenida de la Rábida.

Pabellón de Chile

El tercer edificio es el pabellón de Uruguay, diseñado por el arquitecto Mauricio Cravotto. De dimensiones más reducidas y aspecto exterior sobrio, concentra buena parte de su ornamentación en la fachada principal. Su concepción responde a una estética nacionalista que buscaba definir una arquitectura propia, en sintonía con las corrientes desarrolladas en otros países del Río de la Plata durante las primeras décadas del siglo XX. Tras la Exposición, el inmueble ha tenido diferentes usos vinculados a la vida universitaria y actualmente acoge dependencias destinadas al alumnado de la Universidad de Sevilla.

Pabellón de Uruguay

En las proximidades del pabellón Uruguay se encuentran unas estructuras metálicas que han servido para guardar las carrozas de la Cabalgata de Reyes Magos y que proceden de antiguas instalaciones feriales. Su presencia contrasta con el valor histórico y paisajístico del entorno. En la confluencia con el paseo de las Delicias se sitúa, además, un establecimiento hostelero, mientras que en el lado opuesto se localiza una caseta de transformación eléctrica.

Estructuras metálicas que han servido para guardar las carrozas de la Cabalgata de Reyes Magos

En la actualidad, la avenida de Chile conserva el atractivo de un espacio ajardinado que reúne patrimonio arquitectónico, vegetación y usos educativos y científicos. La presencia de instituciones docentes y de investigación ha incrementado su actividad cotidiana, aunque sigue siendo un lugar menos concurrido que otras zonas próximas. La conservación de sus pabellones y la mejora de los espacios públicos resultan fundamentales para preservar la unidad de este conjunto, cuya importancia no se limita a la Exposición Iberoamericana de 1929, sino que reside también en su condición de testimonio material de las relaciones culturales entre España y los países iberoamericanos.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Monumento a Simón Bolivar.

La estatua ecuestre de Simón Bolívar se encuentra en la glorieta de Buenos Aires, junto a una de las entradas al parque de María Luisa, en el paseo de las Delicias, frente al pabellón de Argentina construido para la Exposición Iberoamericana de 1929. El monumento fue donado a Sevilla por el Gobierno de Venezuela e inaugurado el 11 de octubre de 1981 por los reyes Juan Carlos I y Sofía, en presencia del expresidente venezolano Rafael Caldera y durante la alcaldía de Luis Uruñuela. La escultura es obra de Emilio Laiz Campos y rinde homenaje a una de las figuras fundamentales de los procesos de emancipación de Hispanoamérica.

Glorieta de Buenos Aires con la estatua ecuestre de Simón Bolívar

Simón Bolívar nació en Caracas el 24 de julio de 1783, en el seno de una familia criolla de ascendencia española, y murió en Santa Marta, en la actual Colombia, el 17 de diciembre de 1830. Conocido como el Libertador, desempeñó un papel decisivo en la independencia de Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia, aunque los procesos de emancipación de estos territorios fueron resultado de la intervención de numerosos protagonistas y de circunstancias políticas y militares diversas. La crisis de la monarquía española provocada por la invasión napoleónica de 1808 debilitó el poder de la Corona y favoreció el desarrollo de los movimientos independentistas americanos.

Bolívar no fue únicamente un jefe militar, sino también un pensador político que aspiraba a organizar las nuevas repúblicas sobre bases institucionales estables y a promover la unión de las naciones hispanoamericanas. En su Carta de Jamaica, escrita en 1815, reflexionó sobre el futuro de América y la necesidad de su emancipación. Su proyecto de unidad continental, que alcanzó una expresión política en la creación de la República de Colombia, conocida históricamente como la Gran Colombia, terminó frustrándose ante las rivalidades internas y las diferencias regionales. En sus últimos años contempló con amargura la desintegración de aquel ideal de unión.

La escultura sevillana representa al Libertador a caballo, con los brazos abiertos en un gesto de gran expresividad. Su postura ha dado lugar a una curiosa interpretación popular: al desaparecer la bandera blanca que originalmente portaba uno de sus brazos, la figura parece ejecutar el movimiento de un rejoneador al colocar un par de banderillas. De ahí que algunos sevillanos la conozcan, humorísticamente, como la estatua del banderillero. La anécdota se relaciona también con el hecho de que, según se cuenta, el escultor tomó como referencia para la montura un caballo del célebre rejoneador Ángel Peralta. La obra tuvo además otras versiones destinadas a países americanos, y su composición llegó a utilizarse como imagen política en Venezuela.

Detalle de la estatua ecuestre de Simón Bolívar

Detalle de la estatua ecuestre de Simón Bolívar

Uno de los elementos más interesantes del monumento es su pedestal, que incorpora inscripciones en sus cuatro caras y ofrece distintas perspectivas sobre la figura histórica de Bolívar. En el frente se lee: “Simón Bolívar Libertador de Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia”. 

“Simón Bolívar Libertador de Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia”

Una segunda placa recuerda su inauguración: “S. M. el Rey D. Juan Carlos I inauguró este monumento donado por la República de Venezuela el 11 de octubre de 1981, siendo alcalde D. Luis Uruñuela”.

“S. M. el Rey D. Juan Carlos I inauguró este monumento donado por la República de Venezuela el 11 de octubre de 1981, siendo alcalde D. Luis Uruñuela”

En el lateral derecho figura una reflexión de Miguel de Unamuno, procedente de su ensayo Don Quijote y Bolívar, en la que el escritor reconoce la trascendencia histórica del Libertador y su vinculación cultural con España: “Su alma creó patrias y enriqueció el alma española, el alma eterna de la España inmortal y de la humanidad con ella”. La inscripción invita a contemplar la compleja relación entre la antigua metrópoli y las naciones surgidas de su dominio americano: una historia de enfrentamientos políticos y militares, pero también de profundos vínculos culturales y lingüísticos.

“Su alma creó patrias y enriqueció el alma española, el alma eterna de la España inmortal y de la humanidad con ella”

En el lado izquierdo aparece una frase de una carta dirigida por Bolívar al rey Fernando VII, fechada en Bogotá el 24 de enero de 1821: “Es nuestra ambición ofrecer a los españoles una segunda patria, pero erguida, no abrumada de cadenas”. Estas palabras expresan la aspiración del Libertador a establecer una relación diferente entre España y los nuevos Estados americanos, basada en la libertad y no en la subordinación colonial.

“Es nuestra ambición ofrecer a los españoles una segunda patria, pero erguida, no abrumada de cadenas”. SIMON BOLIVAR. Carta al Rey de España. Bogotá 24 de enero de 1821

En la parte posterior se recuerdan sus fechas de nacimiento y muerte: Caracas, 24 de julio de 1783, y Santa Marta, 17 de diciembre de 1830. Una pequeña placa identifica al escultor Emilio Laiz Campos.

Nació en Caracas Venezuela el 24 de julio de 1783 Murió en santa Marta Colombia el 17 de diciembre de 1830

La figura también permite detenerse en una cuestión habitual en la interpretación de la escultura ecuestre: la supuesta simbología de las patas del caballo. Una tradición divulgativa sostiene que dos patas levantadas indican que el jinete murió en combate; una sola, que falleció a consecuencia de heridas recibidas en él; y las cuatro apoyadas, que murió por causas naturales. Sin embargo, esta clasificación no constituye una regla iconográfica universal ni puede aplicarse automáticamente a todas las estatuas ecuestres. En el caso de Bolívar, fallecido por enfermedad (tuberculosis), el caballo aparece con dos patas levantadas, lo que demuestra que la postura escultórica no debe interpretarse necesariamente como una referencia literal a las circunstancias de la muerte.

El monumento se integra en un entorno ajardinado que actúa como antesala del parque de María Luisa. En los parterres próximos pueden contemplarse árboles del amor, mientras que el acceso y los espacios inmediatos se adornan con diversas especies ornamentales, entre ellas cicas y lantanas. La vegetación, el enrejado y la proximidad de los pabellones de la Exposición Iberoamericana refuerzan el carácter representativo de este enclave del paseo de las Delicias.

La presencia de Bolívar en Sevilla encierra, finalmente, una paradoja histórica. La ciudad que fue uno de los grandes centros comerciales y administrativos de la América española acoge hoy la imagen de quien contribuyó decisivamente a poner fin al dominio de la monarquía sobre buena parte del continente. Más que un homenaje exento de controversia, la estatua constituye un testimonio de la compleja memoria compartida entre España y las repúblicas hispanoamericanas: una historia de ruptura política y, al mismo tiempo, de herencias culturales comunes que siguen presentes a ambos lados del Atlántico.