AREA CENTRO 3
Corral de los Olmos (Derribado)
En el espacio que actualmente ocupa la
plaza de la Virgen de los Reyes, junto a la fachada oriental de la Catedral y
frente al Palacio Arzobispal, existió durante varios siglos un conjunto
arquitectónico de gran importancia para la historia de Sevilla: el Corral de
los Olmos.
Aunque hoy ha desaparecido por completo, este recinto fue uno de los
principales centros de la vida política, administrativa y religiosa de la
ciudad, pues albergó durante siglos las sedes de los dos cabildos sevillanos,
el municipal y el eclesiástico.
El Corral de los Olmos (ver) (CC
BY 3.0)
Su origen se remonta al siglo XII,
durante el periodo almohade, cuando se configuró este sector de la ciudad en
torno a la gran mezquita aljama y al Alcázar. En el marco de las
transformaciones urbanísticas impulsadas por los califas Abu Yacub Yusuf y su
sucesor Abu Yusuf, se levantó un sistema de murallas destinado a delimitar y
proteger el conjunto de edificios vinculados al poder religioso y político. Uno
de sus tramos discurría por el lado oriental de la mezquita y enlazaba con el
alminar mediante un arco de herradura, configurando el espacio que
posteriormente ocuparía el Corral de los Olmos.
Su denominación procedía de los olmos
que crecían en el interior del recinto, que tenía la apariencia de un patio
cerrado, rodeado de construcciones y dependencias administrativas. El conjunto
estaba delimitado por muros de origen almohade, a los que con el paso del
tiempo se fueron adosando diferentes edificaciones. Uno de sus lados discurría
paralelo a la Catedral y lo separaba de la antigua plazuela del Arzobispo,
mientras que diversos pasos y arcos lo comunicaban con los espacios
circundantes.
El recinto contaba con dos accesos
principales. En el extremo norte se encontraba la antigua Puerta de Palos,
situada junto a la Giralda y comunicada mediante un arco con el Palacio
Arzobispal. Su denominación se relacionaba con los gruesos maderos que formaban
su cerramiento, en lugar de los habituales elementos de hierro.
En el extremo meridional se abría la
Puerta de San Cristóbal, también conocida como de las Campanillas, próxima al
Alcázar y a la actual puerta catedralicia de ese nombre. Esta última denominación
se ha explicado por las campanillas utilizadas para señalar las horas de
trabajo de los operarios que intervenían en la construcción de la Catedral.
Asimismo, un pequeño arquillo, con una habitación en
su parte superior, comunicaba el Corral con el hospital de Santa Marta, actual
convento de la Encarnación.
El Corral de los Olmos adquirió una
especial relevancia después de la conquista cristiana de Sevilla por Fernando
III en 1248. Sus dependencias, algunas de origen almohade, fueron aprovechadas
para instalar las sedes de los dos órganos de gobierno de la ciudad: el Cabildo
Municipal, encargado de la administración civil, y el Cabildo Catedralicio,
responsable del gobierno y la administración de la Iglesia hispalense. Aunque
ambos compartían el recinto, este pertenecía a la institución catedralicia.
Durante aproximadamente tres siglos, el
Corral fue escenario de importantes decisiones que marcaron el devenir de
Sevilla. Entre ellas destaca la adoptada el 8 de julio de 1401, cuando los
miembros del Cabildo Catedralicio acordaron construir un nuevo templo que
superase en grandeza y magnificencia a cualquier otro conocido. La reunión se
celebró en el Corral de los Olmos y quedó vinculada a una de las frases más
célebres de la historia de la Catedral: “Hagamos una Iglesia tal y tan grande
que los que la vieren labrada nos tomen por locos”. De aquella determinación
nació el proyecto de la actual Catedral gótica de Santa María de la Sede, cuya
construcción transformaría para siempre el paisaje monumental de Sevilla.
La construcción del nuevo templo,
iniciada en el siglo XV sobre el solar de la antigua mezquita almohade, no
supuso la desaparición del Corral. Sus edificios y dependencias fueron
respetados, posiblemente por la importancia institucional que habían adquirido.
De este modo, el recinto continuó funcionando como centro de reunión y
administración de los poderes civil y religioso, integrado en el entorno de la
nueva Catedral.
Sin embargo, durante el siglo XVI, las
transformaciones económicas y administrativas experimentadas por Sevilla
hicieron necesario disponer de instalaciones más amplias y adecuadas.
La creación de la Casa de la
Contratación en 1503 y el extraordinario desarrollo comercial de la ciudad,
convertida en uno de los principales centros del comercio con América,
incrementaron considerablemente las necesidades administrativas del municipio.
Las antiguas dependencias del Corral resultaban ya insuficientes para albergar
a los miembros del Concejo y al personal que trabajaba a su servicio.
Por este motivo, el Cabildo Municipal
abandonó el recinto en 1533 y trasladó su sede a las nuevas Casas Capitulares
de la plaza de San Francisco. El edificio del Ayuntamiento (ver), cuya construcción había comenzado en 1527 bajo la
dirección de Diego de Riaño, se convertiría en uno de los principales ejemplos
de arquitectura plateresca de la ciudad.
El Cabildo Catedralicio, por su parte,
permaneció en el Corral durante algunas décadas más, hasta que, a finales del
siglo XVI, trasladó sus reuniones a la nueva Sala Capitular construida en el
interior de la Catedral. A partir de entonces, el antiguo recinto perdió su
función representativa, aunque continuó teniendo una intensa actividad
administrativa y económica.
Sus dependencias fueron destinadas a
diferentes servicios de la institución eclesiástica. Se instalaron el Juzgado
de la Iglesia, la Sala de Rentas y las Contadurías, además de almacenes y otras
dependencias. La Sala de Rentas disponía de un pórtico y una torre que
sobresalía sobre las construcciones del conjunto. También existían espacios
destinados al alquiler y otras instalaciones, entre ellas el Arca del Agua,
relacionada con el abastecimiento y la distribución de este recurso.
El Corral de los Olmos mantuvo así una
presencia importante en la vida cotidiana de Sevilla durante los siglos
posteriores. Su imagen quedó recogida en diferentes representaciones artísticas
y literarias, entre ellas las de Miguel de Cervantes, que contribuyeron a
perpetuar la memoria de aquel singular espacio urbano.
Plaza de la
Virgen de los Reyes, a los pies de la Giralda, hoy espacio abierto y despejado,
antaño solar donde existió un conjunto de edificaciones conocido como el
“Corral de los Olmos”, citado por Cervantes en la comedia El Rufián Dichoso. El
panel está ubicado en la pared de la iglesia del Convento de la Encarnación.
El Príncipe de los Ingenios. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.
Menciona el Corral de los Olmos dó está la Jacarandina. Sito en esta plaza, en
la Comedia EL RVFIAN DICHOSO
La desaparición del Corral no fue una
actuación puntual, sino el resultado de un proceso de transformación
desarrollado entre 1756 y 1791, durante el cual fueron desapareciendo
progresivamente sus edificios, dependencias, muros y elementos de comunicación
con los espacios vecinos. Finalmente, después de diez años de pleitos, en 1791
se produjo el derribo definitivo de las construcciones que todavía permanecían
en pie.
La demolición permitió completar el
cerramiento monumental de la Catedral mediante el cerco de columnas que la
rodea y organizar los atrios de sus puertas mediante rejas, abriendo el espacio
que hoy reconocemos como plaza de la Virgen de los Reyes. Durante algún tiempo,
el antiguo trazado del Corral quedó señalado en el pavimento mediante losas,
aunque estas también terminaron desapareciendo.
De aquella época se conserva un
documento de extraordinario interés: el plano del Corral de los Olmos fechado
en 1781, custodiado en el Archivo de la Catedral. Se trata de una de las
principales fuentes para reconstruir la disposición del conjunto antes de su
desaparición.
Los planos históricos del Corral de los Olmos. 1781
Entre estas imágenes destacan los
grabados de Pedro Tortolero y Juan Fernández, así como las estampas de Matías
de Arteaga y Alfaro. Especial interés tiene también el grabado realizado en
1715 por Pierre van der Aa, en el que aparece la parte posterior del Corral y
su acceso por la Puerta de las Campanillas. Por su parte, los lienzos de
Domingo Martínez dedicados a la cabalgata celebrada en Sevilla en 1747, con
motivo de la proclamación de Fernando VI y Bárbara de Braganza, muestran los
dos arcos que comunicaban el recinto con el Palacio Arzobispal y permiten apreciar
la relación arquitectónica entre ambos edificios.
Pedro Tortolero. Siglo XVIII. Vista de la Giralda. Sus
dibujos y grabados constituyen una fuente para conocer el aspecto de las
construcciones adosadas a la Catedral y los accesos del antiguo recinto.
Juan Fernández. 1766. A partir de
un dibujo de Pedro Tortolero. La Giralda. Esta estampa permite estudiar la
representación histórica del frente de la Catedral y sus construcciones anexas. Podemos ver la Puerta de
Palos, parte de uno de los dos arcos que unía el Corral de los Olmos con el
Palacio Arzobispal, y el chapitel de la torre de la Sala de Rentas.
Matías de Arteaga y Alfaro, 1672. Grabado al Aguafuerte. Giralda
engalanada. Grabado realizado para la obra de Fernando de la Torre Farfán sobre
las fiestas celebradas en Sevilla. Es una de las representaciones relacionadas
con el antiguo conjunto catedralicio y permite estudiar la torre de la Giralda
y las construcciones de su entorno. Se aprecia la torre de la Sala de Rentas
del Corral de los Olmos.
Pieter van der Aa. 1715. Grabado en plancha. Vista de la
Catedral de Sevilla. En él se observa la parte posterior del Corral de los Olmos, con el acceso
por la Puerta de las Campanillas.
Carro de la Común Alegría. Domingo Martínez. Hacia 1748.
Museo de Bellas Artes. Sala XI. Procede de la Real Fábrica de Tabacos. Donación
del Estado en 1896.
Detalle. Permite apreciar los dos arcos que comunicaban
el recinto con el Palacio Arzobispal
Los vestigios
que han sobrevivido
El primero es la Virgen de los Olmos,
una pequeña escultura gótica de alabastro, obra anónima del siglo XIV, que
estuvo situada sobre la puerta de acceso a las dependencias del antiguo Cabildo
Catedralicio. La imagen, de 81 centímetros de altura, representa a la Virgen
sosteniendo al Niño Jesús sobre su brazo izquierdo y responde al modelo
iconográfico de la Hodegetria, denominación griega que significa “la que
muestra el camino”. El Niño toca la diadema de su Madre, gesto que se
interpreta como una alusión a la coronación de María, mientras que el ramo de
flores que sostiene la Virgen simboliza su misericordia.
La escultura llegó a alcanzar una
notable devoción popular. Su presencia en el recinto estuvo acompañada por
exvotos pintados que recordaban los milagros atribuidos a su intercesión. En
1629 fue trasladada a la entrada del portal de los Olmos y, tras la demolición
del conjunto en 1791, se instaló en una hornacina abierta en la fachada oriental
de la Giralda. Allí permaneció hasta las intervenciones de restauración
realizadas en el siglo XX.
Iluminación de la escultura de la Virgen de los Olmos mediante un farol
(ver)(CC BY 3.0)
La imagen que actualmente puede
contemplarse en la hornacina es una réplica realizada en 1986, mientras que el
original se conserva en la Capilla de San Antonio de la Catedral.
Virgen de los Olmos
Virgen de los Olmos
El segundo vestigio es de carácter
toponímico: la Puerta de Palos. La antigua entrada septentrional del Corral
desapareció con el derribo del recinto, pero su nombre quedó incorporado a la
tradición popular sevillana y se trasladó a la cercana puerta de la Catedral
dedicada a la Adoración de los Reyes Magos, situada junto a la Giralda y
conocida universalmente como Puerta de Palos.
La
recuperación arqueológica
La historia del antiguo recinto volvió
a despertar el interés de los investigadores con motivo de las obras de
adecuación de la plaza de la Virgen de los Reyes realizadas en 1994. Durante
aquellos trabajos aparecieron restos de las cimentaciones del Corral de los
Olmos, que permitieron confirmar materialmente la existencia de algunas de sus
estructuras. También se descubrieron restos de la sala de abluciones o midda de
la antigua mezquita aljama, testimonio de la etapa almohade de este sector de
la ciudad. La documentación arqueológica de estas estructuras fue limitada,
debido a la premura con la que se desarrollaron las obras.
Exploración arqueológica en la plaza de la Virgen de los
Reyes
El Corral de
los Olmos fue, en definitiva, mucho más que un antiguo patio arbolado:
constituyó uno de los centros neurálgicos de la Sevilla medieval y moderna, y
su desaparición supuso la pérdida de una pieza esencial de la memoria urbana de
la ciudad.