sábado, 31 de octubre de 2026

AREA CENTRO 3

Mezquita de los Osos (Derribada)

En el entorno de la actual plaza de la Virgen de los Reyes, frente a la fachada principal de la Catedral de Sevilla, existió durante la época islámica un pequeño oratorio conocido después de la conquista castellana como mezquita de los Osos. Se trataba de una mezquita de barrio, destinada a atender las necesidades religiosas de los musulmanes que habitaban este sector de la antigua Isbiliya. Su reducido tamaño la diferenciaba de la gran mezquita aljama de Sevilla, situada justo enfrente, en el solar que ocupa actualmente la Catedral.

Aunque apenas se conocen datos documentales sobre sus características originales, su existencia constituye un testimonio de la organización religiosa y urbana de la Sevilla islámica. La ciudad contaba con una mezquita mayor, destinada a la oración colectiva de los viernes, y con numerosos pequeños oratorios distribuidos por los distintos barrios, que facilitaban a sus habitantes el cumplimiento cotidiano de sus prácticas religiosas. La mezquita de los Osos debió de desempeñar precisamente esta función de proximidad.

Su denominación resulta especialmente curiosa. El nombre de “mezquita de los Osos” es una adaptación castellana cuyo origen no está aclarado. Se ha propuesto que pudiera proceder de una deformación fonética o de una interpretación popular de alguna expresión árabe relacionada con el edificio. No existe, sin embargo, documentación concluyente que permita establecer su etimología. Por tanto, la referencia a los osos no debe entenderse literalmente ni asociarse a la presencia de estos animales en el lugar.

Tras la conquista cristiana de Sevilla en 1248, el edificio perdió su función religiosa islámica y pasó a integrarse en las nuevas instituciones asistenciales de la ciudad. En este espacio se estableció el Hospital de Santa Marta, vinculado al Cabildo de la Catedral, cuya actividad se desarrolló durante varios siglos. Algunas referencias sitúan su fundación o establecimiento en torno a 1260, aunque otras noticias históricas apuntan a una organización posterior. Su finalidad era proporcionar alojamiento, alimento y asistencia a los pobres, enfermos y transeúntes que necesitaban ayuda. También cumplía una función funeraria, pues en sus dependencias se depositaban y velaban los cuerpos de los canónigos fallecidos antes de su traslado al lugar de enterramiento.

El antiguo hospital desapareció como institución durante el siglo XIX, y sus dependencias fueron sustituidas por el actual Convento de la Encarnación, que ocupa parte de aquel solar. De esta manera, el lugar conserva una sucesión histórica de usos religiosos y asistenciales: primero, una mezquita de barrio de la Sevilla islámica; después, un hospital cristiano dependiente del Cabildo Catedral; y, finalmente, una comunidad conventual.

De la antigua construcción islámica han llegado hasta nosotros algunos vestigios arquitectónicos, aunque transformados por las sucesivas reformas y adaptaciones del edificio. Los más reconocibles pueden contemplarse en el exterior de la iglesia conventual, en la zona de su cabecera, hacia el callejón que comunica con la plaza de Santa Marta. Allí se conservan unos arcos ciegos polilobulados, de tradición islámica y mudéjar, que constituyen uno de los testimonios materiales de aquella primitiva edificación. También se han señalado elementos de posible origen medieval en el interior del templo, especialmente en la zona de la cúpula del presbiterio.

Callejón que comunica con la plaza de Santa Marta

Callejón que comunica con la plaza de Santa Marta

Callejón que comunica con la plaza de Santa Marta

Así, en el reducido espacio comprendido entre la plaza de la Virgen de los Reyes y la plaza de Santa Marta se superponen varias etapas fundamentales de la historia sevillana: la ciudad islámica, la reorganización cristiana posterior a 1248 y la evolución de las instituciones asistenciales y conventuales vinculadas a la Catedral.

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Corral de los Olmos (Derribado)

En el espacio que actualmente ocupa la plaza de la Virgen de los Reyes, junto a la fachada oriental de la Catedral y frente al Palacio Arzobispal, existió durante varios siglos un conjunto arquitectónico de gran importancia para la historia de Sevilla: el Corral de los Olmos. 

Aunque hoy ha desaparecido por completo, este recinto fue uno de los principales centros de la vida política, administrativa y religiosa de la ciudad, pues albergó durante siglos las sedes de los dos cabildos sevillanos, el municipal y el eclesiástico.

El Corral de los Olmos (ver) (CC BY 3.0)

Su origen se remonta al siglo XII, durante el periodo almohade, cuando se configuró este sector de la ciudad en torno a la gran mezquita aljama y al Alcázar. En el marco de las transformaciones urbanísticas impulsadas por los califas Abu Yacub Yusuf y su sucesor Abu Yusuf, se levantó un sistema de murallas destinado a delimitar y proteger el conjunto de edificios vinculados al poder religioso y político. Uno de sus tramos discurría por el lado oriental de la mezquita y enlazaba con el alminar mediante un arco de herradura, configurando el espacio que posteriormente ocuparía el Corral de los Olmos.

Su denominación procedía de los olmos que crecían en el interior del recinto, que tenía la apariencia de un patio cerrado, rodeado de construcciones y dependencias administrativas. El conjunto estaba delimitado por muros de origen almohade, a los que con el paso del tiempo se fueron adosando diferentes edificaciones. Uno de sus lados discurría paralelo a la Catedral y lo separaba de la antigua plazuela del Arzobispo, mientras que diversos pasos y arcos lo comunicaban con los espacios circundantes.

El recinto contaba con dos accesos principales. En el extremo norte se encontraba la antigua Puerta de Palos, situada junto a la Giralda y comunicada mediante un arco con el Palacio Arzobispal. Su denominación se relacionaba con los gruesos maderos que formaban su cerramiento, en lugar de los habituales elementos de hierro.

En el extremo meridional se abría la Puerta de San Cristóbal, también conocida como de las Campanillas, próxima al Alcázar y a la actual puerta catedralicia de ese nombre. Esta última denominación se ha explicado por las campanillas utilizadas para señalar las horas de trabajo de los operarios que intervenían en la construcción de la Catedral.

Asimismo, un pequeño arquillo, con una habitación en su parte superior, comunicaba el Corral con el hospital de Santa Marta, actual convento de la Encarnación.

El Corral de los Olmos adquirió una especial relevancia después de la conquista cristiana de Sevilla por Fernando III en 1248. Sus dependencias, algunas de origen almohade, fueron aprovechadas para instalar las sedes de los dos órganos de gobierno de la ciudad: el Cabildo Municipal, encargado de la administración civil, y el Cabildo Catedralicio, responsable del gobierno y la administración de la Iglesia hispalense. Aunque ambos compartían el recinto, este pertenecía a la institución catedralicia.

Durante aproximadamente tres siglos, el Corral fue escenario de importantes decisiones que marcaron el devenir de Sevilla. Entre ellas destaca la adoptada el 8 de julio de 1401, cuando los miembros del Cabildo Catedralicio acordaron construir un nuevo templo que superase en grandeza y magnificencia a cualquier otro conocido. La reunión se celebró en el Corral de los Olmos y quedó vinculada a una de las frases más célebres de la historia de la Catedral: “Hagamos una Iglesia tal y tan grande que los que la vieren labrada nos tomen por locos”. De aquella determinación nació el proyecto de la actual Catedral gótica de Santa María de la Sede, cuya construcción transformaría para siempre el paisaje monumental de Sevilla.

La construcción del nuevo templo, iniciada en el siglo XV sobre el solar de la antigua mezquita almohade, no supuso la desaparición del Corral. Sus edificios y dependencias fueron respetados, posiblemente por la importancia institucional que habían adquirido. De este modo, el recinto continuó funcionando como centro de reunión y administración de los poderes civil y religioso, integrado en el entorno de la nueva Catedral.

Sin embargo, durante el siglo XVI, las transformaciones económicas y administrativas experimentadas por Sevilla hicieron necesario disponer de instalaciones más amplias y adecuadas.

La creación de la Casa de la Contratación en 1503 y el extraordinario desarrollo comercial de la ciudad, convertida en uno de los principales centros del comercio con América, incrementaron considerablemente las necesidades administrativas del municipio. Las antiguas dependencias del Corral resultaban ya insuficientes para albergar a los miembros del Concejo y al personal que trabajaba a su servicio.

Por este motivo, el Cabildo Municipal abandonó el recinto en 1533 y trasladó su sede a las nuevas Casas Capitulares de la plaza de San Francisco. El edificio del Ayuntamiento (ver), cuya construcción había comenzado en 1527 bajo la dirección de Diego de Riaño, se convertiría en uno de los principales ejemplos de arquitectura plateresca de la ciudad.

El Cabildo Catedralicio, por su parte, permaneció en el Corral durante algunas décadas más, hasta que, a finales del siglo XVI, trasladó sus reuniones a la nueva Sala Capitular construida en el interior de la Catedral. A partir de entonces, el antiguo recinto perdió su función representativa, aunque continuó teniendo una intensa actividad administrativa y económica.

Sus dependencias fueron destinadas a diferentes servicios de la institución eclesiástica. Se instalaron el Juzgado de la Iglesia, la Sala de Rentas y las Contadurías, además de almacenes y otras dependencias. La Sala de Rentas disponía de un pórtico y una torre que sobresalía sobre las construcciones del conjunto. También existían espacios destinados al alquiler y otras instalaciones, entre ellas el Arca del Agua, relacionada con el abastecimiento y la distribución de este recurso.

El Corral de los Olmos mantuvo así una presencia importante en la vida cotidiana de Sevilla durante los siglos posteriores. Su imagen quedó recogida en diferentes representaciones artísticas y literarias, entre ellas las de Miguel de Cervantes, que contribuyeron a perpetuar la memoria de aquel singular espacio urbano.

Plaza de la Virgen de los Reyes, a los pies de la Giralda, hoy espacio abierto y despejado, antaño solar donde existió un conjunto de edificaciones conocido como el “Corral de los Olmos”, citado por Cervantes en la comedia El Rufián Dichoso. El panel está ubicado en la pared de la iglesia del Convento de la Encarnación.

El Príncipe de los Ingenios. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. Menciona el Corral de los Olmos dó está la Jacarandina. Sito en esta plaza, en la Comedia EL RVFIAN DICHOSO

La desaparición del Corral no fue una actuación puntual, sino el resultado de un proceso de transformación desarrollado entre 1756 y 1791, durante el cual fueron desapareciendo progresivamente sus edificios, dependencias, muros y elementos de comunicación con los espacios vecinos. Finalmente, después de diez años de pleitos, en 1791 se produjo el derribo definitivo de las construcciones que todavía permanecían en pie.

La demolición permitió completar el cerramiento monumental de la Catedral mediante el cerco de columnas que la rodea y organizar los atrios de sus puertas mediante rejas, abriendo el espacio que hoy reconocemos como plaza de la Virgen de los Reyes. Durante algún tiempo, el antiguo trazado del Corral quedó señalado en el pavimento mediante losas, aunque estas también terminaron desapareciendo.

De aquella época se conserva un documento de extraordinario interés: el plano del Corral de los Olmos fechado en 1781, custodiado en el Archivo de la Catedral. Se trata de una de las principales fuentes para reconstruir la disposición del conjunto antes de su desaparición. 

Los planos históricos del Corral de los Olmos. 1781

Entre estas imágenes destacan los grabados de Pedro Tortolero y Juan Fernández, así como las estampas de Matías de Arteaga y Alfaro. Especial interés tiene también el grabado realizado en 1715 por Pierre van der Aa, en el que aparece la parte posterior del Corral y su acceso por la Puerta de las Campanillas. Por su parte, los lienzos de Domingo Martínez dedicados a la cabalgata celebrada en Sevilla en 1747, con motivo de la proclamación de Fernando VI y Bárbara de Braganza, muestran los dos arcos que comunicaban el recinto con el Palacio Arzobispal y permiten apreciar la relación arquitectónica entre ambos edificios.

Pedro Tortolero. Siglo XVIII. Vista de la Giralda. Sus dibujos y grabados constituyen una fuente para conocer el aspecto de las construcciones adosadas a la Catedral y los accesos del antiguo recinto.

Juan Fernández. 1766.  A partir de un dibujo de Pedro Tortolero. La Giralda. Esta estampa permite estudiar la representación histórica del frente de la Catedral y sus construcciones anexas. Podemos ver la Puerta de Palos, parte de uno de los dos arcos que unía el Corral de los Olmos con el Palacio Arzobispal, y el chapitel de la torre de la Sala de Rentas.

Matías de Arteaga y Alfaro, 1672. Grabado al Aguafuerte. Giralda engalanada. Grabado realizado para la obra de Fernando de la Torre Farfán sobre las fiestas celebradas en Sevilla. Es una de las representaciones relacionadas con el antiguo conjunto catedralicio y permite estudiar la torre de la Giralda y las construcciones de su entorno. Se aprecia la torre de la Sala de Rentas del Corral de los Olmos.

Pieter van der Aa. 1715. Grabado en plancha. Vista de la Catedral de Sevilla. En él se observa la parte posterior del Corral de los Olmos, con el acceso por la Puerta de las Campanillas.

Carro de la Común Alegría. Domingo Martínez. Hacia 1748. Museo de Bellas Artes. Sala XI. Procede de la Real Fábrica de Tabacos. Donación del Estado en 1896. 

Detalle. Permite apreciar los dos arcos que comunicaban el recinto con el Palacio Arzobispal


Los vestigios que han sobrevivido

El primero es la Virgen de los Olmos, una pequeña escultura gótica de alabastro, obra anónima del siglo XIV, que estuvo situada sobre la puerta de acceso a las dependencias del antiguo Cabildo Catedralicio. La imagen, de 81 centímetros de altura, representa a la Virgen sosteniendo al Niño Jesús sobre su brazo izquierdo y responde al modelo iconográfico de la Hodegetria, denominación griega que significa “la que muestra el camino”. El Niño toca la diadema de su Madre, gesto que se interpreta como una alusión a la coronación de María, mientras que el ramo de flores que sostiene la Virgen simboliza su misericordia.

La escultura llegó a alcanzar una notable devoción popular. Su presencia en el recinto estuvo acompañada por exvotos pintados que recordaban los milagros atribuidos a su intercesión. En 1629 fue trasladada a la entrada del portal de los Olmos y, tras la demolición del conjunto en 1791, se instaló en una hornacina abierta en la fachada oriental de la Giralda. Allí permaneció hasta las intervenciones de restauración realizadas en el siglo XX. 

Iluminación de la escultura de la Virgen de los Olmos mediante un farol (ver)(CC BY 3.0)

La imagen que actualmente puede contemplarse en la hornacina es una réplica realizada en 1986, mientras que el original se conserva en la Capilla de San Antonio de la Catedral.

Virgen de los Olmos

Virgen de los Olmos

El segundo vestigio es de carácter toponímico: la Puerta de Palos. La antigua entrada septentrional del Corral desapareció con el derribo del recinto, pero su nombre quedó incorporado a la tradición popular sevillana y se trasladó a la cercana puerta de la Catedral dedicada a la Adoración de los Reyes Magos, situada junto a la Giralda y conocida universalmente como Puerta de Palos. 

La recuperación arqueológica

La historia del antiguo recinto volvió a despertar el interés de los investigadores con motivo de las obras de adecuación de la plaza de la Virgen de los Reyes realizadas en 1994. Durante aquellos trabajos aparecieron restos de las cimentaciones del Corral de los Olmos, que permitieron confirmar materialmente la existencia de algunas de sus estructuras. También se descubrieron restos de la sala de abluciones o midda de la antigua mezquita aljama, testimonio de la etapa almohade de este sector de la ciudad. La documentación arqueológica de estas estructuras fue limitada, debido a la premura con la que se desarrollaron las obras.

Exploración arqueológica en la plaza de la Virgen de los Reyes


El Corral de los Olmos fue, en definitiva, mucho más que un antiguo patio arbolado: constituyó uno de los centros neurálgicos de la Sevilla medieval y moderna, y su desaparición supuso la pérdida de una pieza esencial de la memoria urbana de la ciudad.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

La fuente de las Cuatro Estaciones  en la Glorieta de Don Juan de Austria.

La Fuente de las Cuatro Estaciones se encuentra en la glorieta de Don Juan de Austria, en uno de los cruces más transitados de Sevilla, donde confluyen las avenidas del Cid, Carlos V y Menéndez Pelayo con la calle San Fernando. Aunque su denominación oficial es menos conocida por muchos sevillanos, la mayoría la identifica como la fuente de la Pasarela, un nombre que conserva la memoria de la antigua estructura metálica que ocupó este mismo emplazamiento.

Glorieta de Don Juan de Austria

Glorieta de Don Juan de Austria
Glorieta de Don Juan de Austria

El monumento fue realizado en 1929 por el escultor sevillano Manuel Delgado Brackenbury, con la colaboración de Eduardo Castillo y Manuel García, en el contexto de la transformación urbanística emprendida por la ciudad con motivo de la Exposición Iberoamericana.

Durante las primeras décadas del siglo XX, Sevilla renovó sus avenidas, plazas y jardines, incorporando fuentes y esculturas que, además de embellecer los espacios públicos, servían como elementos ornamentales y puntos de referencia dentro de la nueva ordenación urbana.

La fuente nació precisamente con esa doble función, artística y urbanística, en un lugar estratégico situado junto a la antigua Fábrica de Tabacos, hoy sede del Rectorado de la Universidad de Sevilla, y próximo al Parque de María Luisa.

Inauguración de la fuente en 1929

Construida en piedra, presenta una composición ascendente de tres cuerpos superpuestos, de dimensiones decrecientes, que le confieren una silueta piramidal. Las grandes veneras o conchas que separan los distintos niveles recogen y distribuyen el agua, que desciende desde las tazas superiores hasta la alberca inferior. El conjunto se completa con elementos ornamentales vegetales y relieves que enriquecen la superficie pétrea y aportan movimiento a la composición.

Detalle de la fuente

Detalle de la base con elementos ornamentales

Detalle de la cúspide

Su principal atractivo reside en las cuatro figuras femeninas que representan las estaciones del año y que se disponen alrededor del cuerpo central, orientadas hacia distintas vías de la ciudad. Cada una aparece acompañada de atributos que permiten reconocer la época que simboliza.

Hacia el norte, mirando a la avenida de Menéndez Pelayo, se encuentra la Primavera, representada por una joven con motivos florales. 

Primavera

Hacia el este, en dirección a la calle San Fernando, se sitúa el Verano, identificado por la hoz y las espigas, alusivas a la siega y a la maduración de las cosechas. 

Verano

Hacia el sur, mirando a la avenida del Cid, aparece el Otoño, con un racimo de uvas que evoca la vendimia.

Otoño

Finalmente, hacia el oeste, en dirección a la avenida de Carlos V, se encuentra el Invierno, cuya indumentaria más larga y los elementos vegetales que la acompañan sugieren la desnudez de la naturaleza durante los meses fríos.

Invierno

Esta disposición convierte la fuente en una alegoría del ciclo anual y de su estrecha relación con la agricultura. La primavera representa el renacimiento, el verano la plenitud y la recolección, el otoño la vendimia y la abundancia, y el invierno el reposo de la tierra.

Sin embargo, el lugar había tenido anteriormente otro elemento monumental que dejó una profunda huella en la memoria colectiva. Se trataba de la Pasarela, una estructura metálica peatonal diseñada por el ingeniero Dionisio Pérez Tobía y construida por la fundición de los hermanos Perea. Inaugurada el 18 de abril de 1896, permitía cruzar por encima del tráfico mediante escaleras que conducían a una plataforma elevada con mirador. Su estructura de hierro evocaba las grandes construcciones metálicas de la época, por lo que llegó a ser conocida popularmente como la “Torre Eiffel sevillana”.

Detalle de la Pasarela

La Pasarela alcanzó una gran popularidad porque, además de facilitar el tránsito de peatones, se convirtió en una de las imágenes más características de la Feria de Abril, que entonces se celebraba en el Prado de San Sebastián. Durante años sirvió como portada permanente del recinto ferial, hasta que fue desmontada en 1921 debido a las reformas viarias y al creciente tráfico de la zona. Su desaparición dejó libre el espacio que posteriormente ocuparía la fuente, pero no consiguió borrar su recuerdo: todavía hoy el nombre de Pasarela pervive en el habla popular para designar la glorieta.

La Pasarela en la feria

Casi un siglo después de su instalación, la fuente continúa siendo un testimonio de la Sevilla que se preparaba para afrontar la modernidad a las puertas de la Exposición Iberoamericana de 1929.