sábado, 7 de noviembre de 2026

AREA CENTRO 3

Calle Cardenal Sanz y Fores.

La calle Cardenal Sanz y Forés se encuentra en el distrito Casco Antiguo de Sevilla, en un entorno de gran interés histórico, muy próximo a la Catedral y a la Giralda. Es una vía corta y estrecha que discurre desde la calle Don Remondo hasta la confluencia de las calles Ángeles y Abades, formando parte del antiguo entramado urbano de la ciudad medieval.

Calle Cardenal Sanz y Forés

Su historia está estrechamente vinculada a la presencia del clero catedralicio en esta zona. En el plano de Sevilla realizado por el asistente real Pablo de Olavide en 1771 aparece integrada en el conjunto de las calles Abades Alta y Abades Baja, por lo que se la identificaba con el nombre genérico de Abades. El sector también era conocido como barrio de los Abades, debido al elevado número de clérigos vinculados a la Catedral que residían en sus inmediaciones.

Azulejo de Olavide


Posteriormente recibió el nombre de calle de la Veintena, denominación que ya debía de utilizarse con anterioridad a su rotulación oficial en 1845. El topónimo hacía referencia a los veinteros, un grupo de veinte beneficiados de la Catedral, dedicados principalmente al canto en las ceremonias litúrgicas y cuyas rentas estaban vinculadas a las casas de esta vía. Su origen se relaciona con una dotación realizada en 1364 por el arzobispo don Pedro. En 1890, la calle pasó a denominarse Cardenal Sanz y Forés, nombre que conserva en la actualidad.

El personaje que da nombre a la vía fue Benito Sanz y Forés, nacido en Gandía (Valencia) el 21 de marzo de 1828 y fallecido en Madrid el 1 de noviembre de 1895. Eclesiástico de destacada trayectoria, fue arzobispo de Valladolid antes de su vinculación con la archidiócesis hispalense. Fue nombrado arzobispo de Sevilla el 30 de diciembre de 1889 y recibió la dignidad cardenalicia el 16 de enero de 1893. Su fallecimiento, ocurrido en 1895, motivó que la ciudad perpetuara su memoria en el callejero, aunque la denominación ya se había establecido unos años antes.

Uno de los mayores atractivos históricos de esta pequeña calle se encuentra oculto bajo el edificio número 4, construido sobre una parcela que anteriormente tenía su fachada principal a la calle Abades. En sus sótanos se conservan unas importantes estructuras arqueológicas identificadas como termas romanas, conocidas desde época medieval y que durante siglos despertaron la curiosidad de historiadores y eruditos sevillanos.

Estas galerías subterráneas, construidas con bóvedas de ladrillo, recibieron interpretaciones muy diversas antes de que José Gestoso, en 1885, propusiera su identificación como baños de época romana. Rodrigo Caro había considerado que se trataba de una especie de laberinto relacionado con la mitología cretense, mientras que Argote de Molina las describió como unas supuestas “Escuelas de Magia Diabólica” atribuidas a los árabes. Las investigaciones posteriores permitieron reconocer su verdadera naturaleza y situarlas dentro del contexto de la Sevilla romana, en las proximidades de un antiguo foro y en relación con el conjunto arqueológico del que también forman parte los restos del templo romano conservados en la calle Mármoles.

Desde el punto de vista urbanístico, Cardenal Sanz y Forés mantiene el carácter recogido de las calles secundarias del barrio de Santa Cruz. Sus edificios presentan amplios portones y antiguas entradas de servicio que tradicionalmente comunicaban con las viviendas de las calles Don Remondo y Abades, permitiendo incluso el acceso de vehículos a pesar de la estrechez de la vía. El pavimento de adoquines y unas aceras reducidas, que en algunos tramos apenas cuentan con el bordillo, acentúan su aspecto tradicional.

El número 2 corresponde al lateral de una casa del siglo XVIII cuya fachada principal se abre a Don Remondo, mientras que el número 4 alberga el moderno edificio de apartamentos bajo el que se encuentran las antiguas estructuras romanas.

Hoy, la calle Cardenal Sanz y Forés conserva la tranquilidad de un rincón poco transitado del barrio de Santa Cruz. Su reducido trazado esconde, sin embargo, una interesante superposición de épocas: desde la Sevilla romana, representada por sus antiguas termas, hasta la ciudad medieval de los clérigos catedralicios y la posterior configuración urbana de la Sevilla moderna. Una pequeña vía cuyo discreto aspecto contrasta con la importancia histórica y arqueológica que encierra.

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