viernes, 6 de noviembre de 2026

AREA CENTRO 3

Plaza Virgen de los Reyes.

La plaza Virgen de los Reyes constituye uno de los espacios urbanos más emblemáticos y monumentales de Sevilla. Situada en pleno corazón del casco histórico, entre los barrios de Santa Cruz y la antigua collación de Santa María, ocupa una posición privilegiada frente a la Catedral y la Giralda, cuyos volúmenes dominan por completo su perspectiva. Su carácter excepcional procede tanto de la importancia histórica y artística de los edificios que la rodean como de su estrecha vinculación con la historia religiosa, política y urbana de la ciudad.

Desde la conquista de la ciudad (1248) recibió indistintamente las denominaciones de plaza o plazuela del Arzobispo y Corral de los Olmos (ver), por encontrarse en este lugar las casas de los arzobispos y en edificio próximo el citado corral; éste fue parte de la gran mezquita, concedida por Fernando III al cabildo eclesiástico, que tuvo allí su sede hasta el s. XVI. También fue conocida como de Santa Marta (ver), por el hospital que allí existía. Y de Santa María, en clara referencia a la Catedral puesta bajo la advocación de la Virgen. De estos dos topónimos no hay documentación fidedigna. Pablo de Olavide la rotulará en su plano (1771) como plaza del Arzobispo, y Sartorius en el suyo (1848) ya recoge la denominación oficial de plaza del Palacio Arzobispal acordada oficialmente en 1845; estas denominaciones, que se habían impuesto a las otras, estaban justificadas por tener su residencia en ella los arzobispos desde que Fernando III donara al obispo Raimundo unas casas sobre las que en el s. XVII se construyó el palacio que aún se conserva (ver). Con los cambios de rotulación que trajo la Revolución de 1868, pasó a denominarse plaza de la Giralda, en razón de la universal torre, y poco después Cardenal Lluch, en homenaje al arzobispo fray Joaquín de Lluch (1816-1882), con ocasión de su fallecimiento.

Con la Segunda República pasó a denominarse plaza de Andalucía (1931) hasta finales de 1936, en que recibió el de Virgen de los Reyes por petición de la Academia de Bellas Artes, que asimismo se comprometió a colocar un azulejo con la efigie de la patrona de Sevilla para conmemorar el 18 de julio de 1936, quedando sin efecto el acuerdo municipal de rotularla unos meses antes como Calvo Sotelo. En realidad, se trataba de una permuta, pues la Puerta de Jerez, que había sido rotulada en 1928 como Virgen de los Reyes, sería la que recibiría, con mejor criterio, la denominación de Calvo Sotelo, por las relaciones de este lugar con los comienzos de la guerra civil; y la de Andalucía, nombre poco querido por la ideología triunfante, pasó a denominarse Virgen de los Reyes.

Sobre un espacio abierto o plazuela, a la que daban las fachadas de las casas del arzobispo y del Corral de los Olmos, situado delante de la Giralda y de la cabecera de la Catedral, penetraban profundamente las viviendas que conformaban Borceguineria (hoy Mateos Gago) y las colaterales de Don Remondo y Santa Marta. También lindaba con la plazuela el Hospital de Santa Marta, separado del Corral de los Olmos por una callejuela que la comunicaba con la actual plaza del Triunfo. Cerraban la plaza otros edificios con dos arcos en ángulo; uno de ellos se apoyaba en el Palacio Arzobispal y la Giralda y servía para pasar desde el palacio a la Catedral, y el otro tenia puerta de madera y estaba próximo a la llamada de los Palos, en clara alusión a su origen.

Los lienzos de Domingo Martínez dedicados a la cabalgata celebrada en Sevilla en 1747, con motivo de la proclamación de Fernando VI y Bárbara de Braganza, muestran los dos arcos que comunicaban el recinto con el Palacio Arzobispal y permiten apreciar la relación arquitectónica entre ambos edificios.

Carro de la Común Alegría. Domingo Martínez. Hacia 1748. Museo de Bellas Artes. Sala XI. Procede de la Real Fábrica de Tabacos. Donación del Estado en 1896. 

Detalle

Sobre este espacio se comenzará a actuar a mediados del s. XVIII, siendo derribados los arcos que había entre el Palacio Arzobispal y la Puerta de los Palos. Al final del siglo se demolerán los edificios que quedaban del Corral de los Olmos, marcándose en el suelo el plano del edificio derribado, quizás por las diferencias que surgieron entre el cabildo eclesiástico y la ciudad por la incorporación de los solares a la vía pública y que terminaron en un ruidoso pleito.

Exploración arqueológica en la plaza de la Virgen de los Reyes, con restos del Corral de Olmos

Apareció a la vista la Puerta de las Campanillas de la Catedral y se construyeron rejas para ésta y la de los Palos, delimitándose el espacio sagrado con columnas unidas con cadenas. En la década de los veinte y al amparo de la legislación de la Exposición Iberoamericana, se expropiaron varias casas de la plaza, eliminándose los tacones que penetraban en ella a ambos lados de Mateas Gago, quedando alineada Don Remondo y ensanchado el acceso a la plaza de Santa Marta. Con la construcción de la fuente-farola en 1929 (ver), quedó configurada la plaza tal como se la conoce actualmente. 

En el s. XV estuvo enladrillada y posteriormente empedrada hasta 1886, en que se adoquinó; en esta operación se eliminaron las piedras que señalaban el contorno del Corral de los Olmos y que hablan sido colocadas tras su demolición (1790).

Posteriormente, a comienzos de los años 70 fue extendida una nueva capa asfáltica, la denominada “marea negra". Bajo el asfalto han quedado los raíles del tranvía que atravesaban la plaza próxima a la Catedral.

Sobre el acerado de losas de cemento, se abren alcorques con naranjos y se apoyan farolas fernandinas de tres brazos. Un verdadero monumento constituye la fuente-candelabro de cinco brazos y farolas de forja, levantada por José Lafita en 1929, inspirada en el monumento del Triunfo, rodeada por una fuente y una roseta de chino lavado y que sustituyó a un urinario pública que allí existía.

Detalle de la fuente

Esta plaza fue desde la época musulmana un centro importante, pues en ella tenía su sede la gran mezquita; tras la conquista y en el Corral de los Olmos tendrán su sede los cabildos civil y eclesiástico. Este corral, que fue abandonado primero por el cabildo civil (1533) al trasladarse a su nueva sede en la plaza de San Francisco, y posteriormente (1592) por el eclesiástico al irse a la Sala Capitular de la Catedral, pasará a ser bodegón y, finalmente, será demolido por el cabildo eclesiástico en 1790.

En la pared del Convento de la Encarnación

Placa Cervantina: El Príncipe de los Ingenios. MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA. Menciona el Corral de los Olmos dó está la Jacarandina. Sito en esta plaza, en la Comedia EL RVFIAN DICHOSO

En sus proximidades se construyó entre los s. XV y XVI la Catedral gótica, cuyo ábside y las dos puertas colaterales al mismo la delimitan. Estas presentan en sus frontales, respectivamente, la Adoración de los Reyes y la Entrada en Jerusalén, obras de Miguel Florentin (1520). Junto a ella cierra este lado la Giralda (1184-1198), torre almohade mandada construir por el sultán Abu Yacub Yusuf y ejecutada por Ali de Gomara y por Ben Baso.

Catedral y Giralda

La Plaza actual, presenta una planta irregular, resultado de la configuración histórica de este sector de la ciudad, y unas proporciones que permiten contemplar desde distintos ángulos algunos de los principales monumentos sevillanos. Su espacio, actualmente peatonal, está flanqueado por naranjos que contribuyen a su ambiente característico y proporcionan sombra durante los meses estivales. La plaza constituye, además, uno de los lugares más concurridos por visitantes y turistas, así como un punto habitual de encuentro y partida de los tradicionales paseos en coches de caballos por el centro histórico.

El conjunto monumental está presidido por la fachada oriental de la Catedral de Sevilla, donde destaca la Puerta de Palos, abierta en el brazo meridional del crucero y caracterizada por su rica decoración gótica. Su nombre procede de las antiguas rejas de madera que protegían el acceso. A su lado se levanta el ábside de la Capilla Real, cuya arquitectura renacentista contrasta con las estructuras góticas del templo. Por encima de estos elementos se alza la Giralda, antiguo alminar almohade transformado en campanario cristiano, que constituye el símbolo más reconocible de Sevilla y ofrece desde esta plaza una de sus perspectivas más bellas y características.

Catedral y Giralda

Frente a la Catedral se encuentra el Palacio Arzobispal (leer mas), residencia oficial de los arzobispos y sede de la Archidiócesis de Sevilla. Su imponente fachada, de tonalidades rojizas y ornamentación barroca, constituye uno de los principales elementos arquitectónicos de la plaza. El edificio actual es el resultado de sucesivas ampliaciones y reformas realizadas desde época medieval, aunque adquirió buena parte de su configuración monumental durante los siglos XVII y XVIII. Destacan especialmente su portada barroca, sus patios interiores y la escalera principal, considerada una de las más sobresalientes del barroco sevillano. El palacio fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1969.

Palacio Arzobispal

En uno de los laterales se encuentra el convento de la Encarnación (leer mas), también conocido como convento de Santa Marta, ocupado por religiosas agustinas ermitañas. Su iglesia conserva importantes testimonios de la arquitectura medieval sevillana y constituye uno de los rincones históricos más interesantes de este entorno. El convento se asienta sobre el antiguo Hospital de Santa Marta (leer mas), institución benéfica documentada desde el siglo XIII, cuya historia se remonta a los primeros tiempos de la Sevilla cristiana. En el conjunto todavía pueden reconocerse elementos arquitectónicos relacionados con la antigua edificación medieval y con las transformaciones posteriores del establecimiento religioso.

Plaza de la Virgen de los Reyes. Principios del siglo XX.

Convento de la Encarnación


En el centro de la plaza se dispone una elegante fuente de piedra (leer mas), de escasa altura y taza de perfil mixtilíneo, cuya composición se completa con una farola de hierro forjado de varios brazos, coronada por una pequeña cruz. Su presencia introduce un elemento ornamental en el espacio y contribuye a ordenar visualmente el conjunto monumental.

Fuente


El nombre de la plaza está dedicado a la Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla y de su Archidiócesis, cuya imagen se venera en la Capilla Real de la Catedral. La tradición relaciona su origen con el rey Fernando III de Castilla, quien conquistó Sevilla en 1248. Según la leyenda, durante el asedio de la ciudad el monarca tuvo repetidas apariciones o sueños en los que se le mostraba una imagen de la Virgen, que le anunciaba la próxima conquista de Sevilla. Tras la entrada de las tropas cristianas, el rey habría mandado realizar una imagen semejante a la que había contemplado en sus visiones, convirtiéndose en objeto de su especial devoción.

La tradición cuenta que Fernando III quiso ser enterrado a sus pies, aunque la disposición actual de su sepulcro y de la imagen responde a la organización posterior de la Capilla Real. El monarca fue canonizado en 1671 por el papa Clemente X.

Retablo cerámico de la Virgen de los Reyes en la pared del Convento de la Encarnación


En la plaza Virgen de los Reyes, frente a la fachada del convento de la Encarnación y muy próximo a la Puerta de Palos de la Catedral de Sevilla se encuentra el monumento a San Juan Pablo II (leer mas) inaugurado el 14 de agosto de 2012.

Monumento a Juan Pablo II


La plaza adquiere una especial significación durante las grandes celebraciones religiosas de la ciudad. El 15 de agosto, festividad de la Asunción de la Virgen, constituye el escenario de la procesión de la Virgen de los Reyes, que sale de la Catedral y recorre el entorno de la plaza ante la presencia de miles de fieles y devotos. Asimismo, durante la Semana Santa, su proximidad a la Catedral y a la Puerta de Palos la convierte en un espacio fundamental para el desarrollo de los itinerarios de numerosas hermandades que realizan estación de penitencia en el templo metropolitano. En estas ocasiones, el entorno se engalana y adquiere una solemnidad extraordinaria.

Todo este conjunto monumental, integrado por la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Indias, forma parte del espacio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987. La plaza Virgen de los Reyes constituye, por tanto, uno de los mejores lugares para comprender la superposición de estilos arquitectónicos y etapas históricas que caracterizan a Sevilla: desde el pasado islámico de la Giralda hasta el esplendor gótico de la Catedral y las manifestaciones barrocas del Palacio Arzobispal.

Más que una simple plaza, este espacio representa uno de los principales escenarios de la memoria histórica y religiosa de Sevilla, donde arquitectura, tradición, devoción y vida urbana se encuentran en un entorno de extraordinario valor patrimonial.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Monumento a Juan Pablo II en la Virgen de los Reyes.

El monumento a San Juan Pablo II se encuentra en la plaza Virgen de los Reyes, frente a la fachada del convento de la Encarnación y muy próximo a la Puerta de Palos de la Catedral de Sevilla. Se trata de una escultura de bronce sobre pedestal de mármol que constituye el homenaje de la ciudad al pontífice polaco, cuya figura quedó estrechamente vinculada a la historia religiosa sevillana por las dos visitas que realizó a la capital hispalense.

La obra es creación del escultor sevillano Juan Manuel Miñarro López, reconocido por su trayectoria en la imaginería religiosa y la escultura monumental. La iniciativa para levantar el monumento partió de la Asociación Promonumento a Juan Pablo II, que impulsó el proyecto y promovió su realización a partir de 2006. La escultura llegó a exponerse públicamente en el Centro Cultural Cajasol, situado en la plaza de San Francisco, mientras se estudiaban distintas ubicaciones para su emplazamiento definitivo. Entre las alternativas consideradas figuraron la plaza de la Contratación, la Puerta de Jerez y la calle Adolfo Rodríguez Jurado. Finalmente, se eligió la plaza Virgen de los Reyes, por su proximidad a la Catedral y por su especial significación dentro de la vida religiosa de Sevilla.

El monumento fue inaugurado el 14 de agosto de 2012, víspera de la festividad de la Virgen de los Reyes, en un acto al que asistieron el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, y el arzobispo de la diócesis, Juan José Asenjo, junto con representantes de las instituciones eclesiásticas y civiles.

La escultura representa al pontífice de cuerpo entero, vestido con los ornamentos propios de su dignidad papal y en actitud de bendecir. Su postura solemne, el gesto de la mano y la expresión del rostro buscan transmitir la cercanía pastoral y la dimensión espiritual que caracterizaron su personalidad. La figura, fundida en bronce, se alza sobre un pedestal de mármol blanco en el que se dispone una placa conmemorativa, creando un contraste cromático que facilita su contemplación dentro del conjunto monumental de la plaza.

Monumento

Escultura

Detalle del rostro

Detalle del crucifijo


La razón principal de este homenaje se encuentra en las dos visitas apostólicas que Juan Pablo II realizó a Sevilla. La primera tuvo lugar el 5 de noviembre de 1982, durante su histórico viaje a España, con motivo de la beatificación de sor Ángela de la Cruz, fundadora de las Hermanas de la Cruz. La celebración, que reunió a una multitud de fieles, constituyó uno de los acontecimientos religiosos más importantes de la Sevilla contemporánea. El Papa manifestó entonces su admiración por la vida de humildad, entrega y caridad de la religiosa sevillana.

La segunda visita se produjo el 13 de junio de 1993, cuando Juan Pablo II regresó a la ciudad para clausurar el XLV Congreso Eucarístico Internacional. Aquel encuentro, de extraordinaria repercusión religiosa, convirtió nuevamente a Sevilla en centro de atención de la Iglesia católica internacional y dejó un recuerdo imborrable entre los miles de participantes que acudieron a los actos presididos por el pontífice.

Juan Pablo II, cuyo nombre de nacimiento era Karol Wojtyła, ocupó el solio pontificio entre 1978 y 2005. Su largo pontificado estuvo marcado por una intensa actividad pastoral y por numerosos viajes apostólicos, que contribuyeron a proyectar internacionalmente su figura. Fue canonizado por el papa Francisco el 27 de abril de 2014, junto con Juan XXIII, por lo que el monumento sevillano, inicialmente dedicado a Juan Pablo II, pasó a rendir homenaje a san Juan Pablo II.

La escultura constituye, en definitiva, un testimonio de la huella que dejaron en Sevilla las visitas del pontífice y de la importancia que aquellos acontecimientos tuvieron para la comunidad católica de la ciudad. Su emplazamiento, en uno de los espacios de mayor significado histórico y religioso del casco antiguo, establece un vínculo entre la memoria de la Iglesia contemporánea y el extraordinario patrimonio espiritual y monumental que se concentra en la plaza Virgen de los Reyes.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

La fuente de la Plaza de la Virgen de los Reyes.

La Fuente-Farola de la plaza Virgen de los Reyes constituye uno de los elementos ornamentales más característicos y fotografiados del centro histórico de Sevilla. Situada junto a la fachada del convento de la Encarnación y muy próxima a la Puerta de Palos de la Catedral, su silueta se ha convertido en una de las estampas más reconocibles de este espacio monumental, enmarcada por la Giralda y las fachadas históricas que lo rodean.

Su origen se encuentra en el programa de embellecimiento y modernización urbana emprendido por el Ayuntamiento de Sevilla durante los años previos a la Exposición Iberoamericana de 1929. Se encargó su diseño en 1928 al pintor, arquitecto y escultor sevillano José Lafita Díaz (1887-1945), hijo del conocido pintor y paisajista José Lafita y Blanco. La obra quedó concluida e inaugurada en enero de 1930, una vez celebrada la apertura de la Exposición Iberoamericana.

Para concebir el monumento, Lafita tomó como referencia el templete del Triunfo de la Virgen del Patrocinio, situado en la cercana plaza del Triunfo. También incorporó soluciones ornamentales inspiradas en los tradicionales monumentos sevillanos, especialmente en el tratamiento de los elementos escultóricos y en la combinación de piedra y forja. Para la ejecución del remate superior contó con la colaboración del prestigioso orfebre Fernando Marmolejo, quien intervino en la elaboración de la farola y de su coronamiento.

La colaboración entre José Lafita Díaz y Fernando Marmolejo permitió reunir arquitectura, escultura, fundición y orfebrería en una obra de dimensiones modestas, pero de notable personalidad.

Desde el punto de vista arquitectónico, se levanta sobre una alberca o pilón de planta poligonal y perfiles sinuosos, en cuyo centro se dispone el cuerpo principal de la fuente. Este se caracteriza por sus molduras, pilastras y relieves ornamentales, realizados mediante la combinación de mármoles blancos, negros y rojos de Alicante, junto con piedra de Bateig.

Fuente

Fuente
Fuente

Uno de los elementos más interesantes de la composición es el cuerpo escultórico central, del que sobresalen cuatro mascarones o rostros de diferentes características, dispuestos en sus caras y utilizados como surtidores. Por sus bocas brota el agua, que cae sobre unas grandes conchas de mármol rojizo antes de llegar al recipiente inferior. 

Detalles de los mascarones

Detalles de los mascarones
Detalles de los mascarones

Sobre el cuerpo de piedra se eleva una elegante farola de hierro fundido, integrada por cinco brazos con sus correspondientes luminarias. El conjunto se remata con una pequeña cruz de forja, cuya configuración reproduce a escala reducida la célebre Cruz de la Cerrajería (ver), obra realizada por Sebastián Conde en 1692 y situada actualmente en la plaza de Santa Cruz. Este coronamiento establece así un vínculo ornamental con uno de los símbolos más representativos de la rejería histórica sevillana.

Farola

Detalle de iluminaria

Cruz de forja

Cruz de forja

En sus primeros años, el monumento no se encontraba aislado como lo contemplamos actualmente, sino que estaba integrado en un refugio octogonal para peatones, concebido para proteger a los viandantes del tránsito de vehículos que circulaban por la plaza. En torno a él se extendía una plataforma circular decorada con un pavimento de enchinado blanco y negro, dispuesto formando dibujos geométricos. Esta solución contribuía a realzar visualmente el monumento y delimitaba el espacio destinado a los peatones.

Detalle de la fuente aislada


Tanto el refugio como la plataforma ornamental desaparecieron durante la remodelación de 1994, cuando la plaza fue transformada en un espacio fundamentalmente peatonal. Desde entonces, la fuente recuperó su condición de elemento exento, aunque ha experimentado distintas intervenciones de mantenimiento y restauración. Entre las actuaciones realizadas destaca la intervención de conservación iniciada en 2011, además de las sucesivas reposiciones del pavimento y mejoras del entorno.

Su presencia, integrada en el entorno monumental de la Catedral, la Giralda y el Palacio Arzobispal, ha terminado convirtiéndola en un elemento inseparable de la plaza Virgen de los Reyes, formando parte de uno de los conjuntos históricos más valiosos de Sevilla, incluido en el ámbito declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1987.

Vista nocturna

 
Vista nocturna

AREA CENTRO 3

Barreduela Gandesa.

La barreduela de Gandesa, conocida popularmente como calle Gandesa, constituye uno de esos pequeños rincones del casco histórico de Sevilla en los que parece haberse detenido el tiempo.

Se trata de un callejón sin salida, de origen antiguo, que se abre discretamente a la derecha de la calle Corral del Rey, en dirección hacia la iglesia de San Isidoro. Su reducido acceso, protegido por una vieja cancela de hierro, permite descubrir un espacio recogido y silencioso, que conserva el carácter de las antiguas barreras urbanas de la ciudad.

Cancela de hierro

Entrada. Cancela de hierro

Su historia está vinculada a la propia calle Corral del Rey, de la que formó parte hasta el siglo XIX. Antiguamente fue conocida como calle Tabladillo y en 1869 recibió el nombre de Gandesa, en recuerdo de la victoria de las tropas liberales en esta localidad de Tarragona durante la segunda guerra carlista (1846-1849). Esta denominación se inscribe en el conjunto de nombres relacionados con la Revolución Liberal de 1868 que se incorporaron por aquellos años al callejero sevillano.

La barreduela presenta una disposición singular. Tras un pasaje corto y estrecho que comunica con Corral del Rey, el espacio se ensancha y desemboca en una pequeña plazuela de forma trapezoidal, que continúa abriéndose hasta configurar otro ensanchamiento triangular. De este modo, constituye una penetración de una manzana delimitada por las calles Muñoz y Pabón, Mármoles, Abades y Corral del Rey. Su trazado responde a una tipología urbana de raíces medievales, que favorecía la intimidad de sus moradores.

Entrada a la barreduela

En su interior se concentran únicamente cuatro casas, todas ellas situadas en torno a la plazuela, mientras que las fachadas laterales del estrecho pasaje de entrada pertenecen a inmuebles de Corral del Rey.

La casa número 2 destaca por su patio con columnas.

Entrada

Detalles del patio

Detalles del patio

Entre sus construcciones destaca especialmente la casa número 4, de dos plantas y coronada por un hermoso mirador. Su fachada presenta en la planta superior una composición de doble arcada sobre columnas, flanqueada por pilastras pareadas. Sobre la portada se conserva un interesante retablo cerámico dedicado a la Virgen del Carmen, que la descripción patrimonial tradicional sitúa probablemente en el siglo XVIII.

Hay otro azulejo mariano que merece especial atención: un panel trianero dedicado a Nuestra Señora del Coral, firmado por Montalbán y fechable en torno a los años veinte del siglo XX. Su inscripción reproduce una antigua concesión de indulgencias atribuida al arzobispo Jaime de Palafox y Cardona, en la que se recuerda la veneración de esta advocación en la iglesia de San Ildefonso y su especial protección sobre navegantes y mujeres en el trance del parto.

Casa

Verdadero retrato de la Milagrosísima imagen de Nuestra Señora del Corla que está en la iglesia de San Ildefonso de la Ciudad de Sevilla, venerada desde el tiempo de los Godos y con especial de San Isidoro, doctor de las Españas. El ilustrísimo reverendísimo señor Don Jaime de Palafox y Carmona Arzobispo de Sevilla concede cuarenta días de indulgencias a todas las personas que devotamente recen una salve a esta soberana Señora especial abogada de los Navegantes y las que están de Parto Milagroso


También merece contemplarse la vivienda contigua, cuya fachada luce un magnífico balcón enriquecido con molduras y ornamentación de rocalla. Las cancelas de las casas números 4 y 5 conservan fechas grabadas del siglo XIX.

Pero quizá el principal atractivo de Gandesa resida en la atmósfera que envuelve el lugar. El escritor y periodista sevillano Sánchez del Arco, en su obra Cruz de guía, aludía al valor del silencio como forma de expresión y señalaba esta barreduela entre los lugares de la ciudad donde todavía podía experimentarse. Un lugar para detenerse, observar sus fachadas, descubrir sus cerámicas y “escuchar el silencio”.