sábado, 7 de noviembre de 2026

AREA CENTRO 3

Calle Cardenal Carlos Amigo.

La calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo se encuentra en el distrito Casco Antiguo, en pleno corazón monumental de Sevilla, junto a la Catedral y a los pies de la Giralda. Es una vía de especial interés histórico y urbanístico, tanto por su vinculación con el antiguo callejero medieval como por la belleza de su entorno arquitectónico y su destacado protagonismo en los recorridos procesionales de la Semana Santa.

Calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo desde la plaza Virgen de los Reyes

Calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo. Continuación de Calle Placentines


Su denominación actual es relativamente reciente. El 25 de marzo de 2019 pasó a llamarse oficialmente calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo, después de que el Pleno del Ayuntamiento aprobara por unanimidad, el 28 de diciembre de 2018, dedicarla a fray Carlos Amigo Vallejo (1934-2022), arzobispo de Sevilla entre 1982 y 2009 y nombrado cardenal en 2003. El homenaje reconocía su prolongada labor pastoral al frente de la Archidiócesis hispalense durante más de veintisiete años, así como su estrecha relación con la ciudad, sus instituciones y, especialmente, con el mundo de las hermandades y cofradías. La elección del lugar tenía también un significado simbólico, pues la calle discurre junto al Palacio Arzobispal, residencia de los prelados sevillanos y lugar estrechamente vinculado a su ministerio.

Cardenal Carlos Amigo Vallejo

La nueva vía surgió por la división al desmembrarla de la antigua calle Placentines, cuyo nombre quedó reservado para el tramo más estrecho, mientras que el sector más ancho, comprendido entre la confluencia con la propia Placentines y la plaza Virgen de los Reyes, recibió la nueva denominación. Sin embargo, ambos espacios comparten una historia urbana común que se remonta a la Edad Media.

El topónimo Placentines aparece documentado desde finales del siglo XIV y parece proceder de la lonja establecida en aquel lugar por comerciantes originarios de Piacenza, ciudad de la región italiana de Lombardía. La zona más amplia de la actual calle Cardenal Carlos Amigo tuvo anteriormente otras denominaciones. En el siglo XIII era conocida como plaza de Santa María y posteriormente como las Gradas o Gradas de Levante, por las escalinatas y desniveles existentes en el entorno de la Catedral. Estos nombres designaban el espacio comprendido entre el Patio de los Naranjos, la Giralda y el Palacio Arzobispal, que durante buena parte de su historia constituyó una zona de transición entre el recinto catedralicio y el entramado urbano circundante. En la segunda mitad del siglo XX llegó a formar parte de la entonces denominada plaza de la Giralda.

La configuración de esta vía fue resultado de sucesivas transformaciones. En sus orígenes debió de ser bastante más estrecha, hasta el punto de que en 1410 se ordenó derribar una casa sobradada perteneciente a la iglesia de Santa María la Mayor y eliminar los ajimeces de otras viviendas próximas, con objeto de despejar el paso de las cruces procesionales y de los pendones del rey y de Sevilla. Frente a la fachada lateral del Palacio Arzobispal estuvo instalada la lonja de los comerciantes placentines y milaneses, que en 1480 vendieron sus propiedades a la ciudad para permitir la construcción de una plaza y varias tiendas.

La edificación del actual Palacio Arzobispal durante la segunda mitad del siglo XVII y la desaparición, en el siglo XVIII, de un arquillo que comunicaba las dependencias arzobispales con la Catedral contribuyeron a configurar el espacio urbano que ha llegado hasta nuestros días. 

Carro de la Común Alegría. Domingo Martínez. Hacia 1748. Museo de Bellas Artes. Sala XI. Procede de la Real Fábrica de Tabacos. Donación del Estado en 1896. 

Detalle que muestra el arquillo que comunicaba las dependencias arzobispales con la Catedral

También existieron en este sector pequeñas callejas y barreras que tuvieron denominaciones propias, como Pedro Ibáñez, documentada en 1362, o Postigo del Arzobispo, en el siglo XV. A comienzos del siglo XIX, uno de estos espacios era conocido popularmente como la calle del Vapor, por la existencia de una tintorería.

La esquina del Palacio Arzobispal llegó a ser conocida popularmente como Matacanónigos, una denominación expresiva del carácter de la Sevilla tradicional. El nombre aludía a las fuertes corrientes de aire que se producían en aquel lugar durante el invierno y que, según la memoria popular, ocasionaban frecuentes pulmonías entre quienes transitaban por allí.

La calle estuvo enladrillada durante los siglos XV y XVI y posteriormente se pavimentó con empedrado. Su pavimento actual combina amplias losetas de cemento y losas de Tarifa, con los naranjos dispuestos en alcorques a ambos lados, mientras que en el lado próximo al Patio de los Naranjos se conserva una alineación de columnas de piedra unidas mediante cadenas. La iluminación se realiza mediante farolas de fundición, algunas adosadas a las fachadas y otras exentas, de inspiración fernandina.

En el aspecto arquitectónico destacan algunas viviendas tradicionales que conservan el carácter de la arquitectura civil sevillana.

Sobresale especialmente la casa del número 1, antigua Placentines 39, construida en el siglo XVIII. Presenta dos plantas y un ático con arcos rebajados, además de una portada flanqueada por pilastras toscanas y rematada por un entablamento y un cierro de madera. En su interior conserva un patio con galerías de arcos de medio punto sobre columnas toscanas en ambas plantas, ejemplo representativo de la arquitectura doméstica tradicional.

Casa del número 1

También merece atención la casa del número 3, antigua Placentines 41, cuya fachada destaca por la riqueza ornamental de los herrajes de sus balcones.

Casa del número 3

El recorrido concluye junto a la fachada lateral del Palacio Arzobispal (leer mas), cuya puerta de servicio se abre a esta calle. 

Fachada lateral del Palacio Arzobispal 

En frente la fachada lateral de la Catedral, correspondiente al Patio de los Naranjos. 

Fachada lateral de la Catedral 

La función que ha dado mayor popularidad a esta vía es su condición de escenario privilegiado de la Semana Santa sevillana. Por ella transitan numerosas cofradías después de salir de la Catedral por la Puerta de los Palos, una vez finalizada la Carrera Oficial. El paso de los cortejos por este estrecho espacio, con la Giralda como telón de fondo y las fachadas históricas como marco, proporciona algunas de las estampas más características y emocionantes de la Semana Santa. La perspectiva de los pasos procesionales, la proximidad de los edificios y la particular luminosidad del entorno convierten el recorrido en un auténtico escenario de arte, devoción y tradición.

Esta singular belleza ha inspirado también a escritores y poetas. Romero Murube evocó en su obra “Ya es tarde” el extraordinario encuadre de la Giralda que ofrece la calle; Pío Baroja situó el paso del Gran Poder en su relato “El nocturno del hermano Beltrán”; el canónigo José Sebastián y Bandarán Muñoz y Pabón dedicó referencias al paso de la Macarena en “Colorín, colorado”. La promesa, y Ramón Cué cantó en sus versos al Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad de los Estudiantes.

De este modo, la calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo reúne en un espacio reducido diferentes dimensiones de la historia sevillana: el recuerdo de las antiguas lonjas medievales, la evolución del urbanismo junto a la Catedral, la arquitectura doméstica del siglo XVIII, la presencia monumental del Palacio Arzobispal y la intensa tradición religiosa de la ciudad. Su denominación contemporánea añade a este conjunto la memoria de un prelado que mantuvo durante más de un cuarto de siglo una estrecha vinculación con Sevilla, en una de las calles más emblemáticas de su centro histórico.

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