AREA CENTRO 3
Calle Cardenal Carlos Amigo.
La calle
Cardenal Carlos Amigo Vallejo se encuentra en el distrito Casco Antiguo, en
pleno corazón monumental de Sevilla, junto a la Catedral y a los pies de la
Giralda. Es una vía de especial interés histórico y urbanístico, tanto por su
vinculación con el antiguo callejero medieval como por la belleza de su entorno
arquitectónico y su destacado protagonismo en los recorridos procesionales de
la Semana Santa.
Calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo desde la plaza Virgen de los
Reyes
Calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo. Continuación de Calle
Placentines
Su
denominación actual es relativamente reciente. El 25 de marzo de 2019 pasó a
llamarse oficialmente calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo, después de que el
Pleno del Ayuntamiento aprobara por unanimidad, el 28 de diciembre de 2018,
dedicarla a fray Carlos Amigo Vallejo (1934-2022), arzobispo de Sevilla entre
1982 y 2009 y nombrado cardenal en 2003. El homenaje reconocía su prolongada
labor pastoral al frente de la Archidiócesis hispalense durante más de
veintisiete años, así como su estrecha relación con la ciudad, sus
instituciones y, especialmente, con el mundo de las hermandades y cofradías. La
elección del lugar tenía también un significado simbólico, pues la calle
discurre junto al Palacio Arzobispal, residencia de los prelados sevillanos y
lugar estrechamente vinculado a su ministerio.
Cardenal Carlos
Amigo Vallejo
La nueva vía surgió por la división al desmembrarla de
la antigua calle Placentines, cuyo nombre quedó reservado para el tramo más
estrecho, mientras que el sector más ancho, comprendido entre la confluencia
con la propia Placentines y la plaza Virgen de los Reyes, recibió la nueva
denominación. Sin embargo, ambos espacios comparten una historia urbana común
que se remonta a la Edad Media.
El topónimo Placentines aparece documentado desde
finales del siglo XIV y parece proceder de la lonja establecida en aquel lugar
por comerciantes originarios de Piacenza, ciudad de la región italiana de
Lombardía. La zona más amplia de la actual calle Cardenal Carlos Amigo tuvo
anteriormente otras denominaciones. En el siglo XIII era conocida como plaza de
Santa María y posteriormente como las Gradas o Gradas de Levante, por las
escalinatas y desniveles existentes en el entorno de la Catedral. Estos nombres
designaban el espacio comprendido entre el Patio de los Naranjos, la Giralda y
el Palacio Arzobispal, que durante buena parte de su historia constituyó una
zona de transición entre el recinto catedralicio y el entramado urbano
circundante. En la segunda mitad del siglo XX llegó a formar parte de la
entonces denominada plaza de la Giralda.
La configuración de esta vía fue resultado de sucesivas
transformaciones. En sus orígenes debió de ser bastante más estrecha, hasta el
punto de que en 1410 se ordenó derribar una casa sobradada perteneciente a la
iglesia de Santa María la Mayor y eliminar los ajimeces de otras viviendas
próximas, con objeto de despejar el paso de las cruces procesionales y de los
pendones del rey y de Sevilla. Frente a la fachada lateral del Palacio
Arzobispal estuvo instalada la lonja de los comerciantes placentines y
milaneses, que en 1480 vendieron sus propiedades a la ciudad para permitir la construcción
de una plaza y varias tiendas.
La edificación del actual Palacio Arzobispal durante la
segunda mitad del siglo XVII y la desaparición, en el siglo XVIII, de un
arquillo que comunicaba las dependencias arzobispales con la Catedral
contribuyeron a configurar el espacio urbano que ha llegado hasta nuestros
días.
Carro de la Común Alegría. Domingo Martínez. Hacia 1748.
Museo de Bellas Artes. Sala XI. Procede de la Real Fábrica de Tabacos. Donación
del Estado en 1896.
Detalle que muestra el arquillo que comunicaba las dependencias arzobispales con la
Catedral
También existieron en este sector pequeñas callejas y
barreras que tuvieron denominaciones propias, como Pedro Ibáñez, documentada en
1362, o Postigo del Arzobispo, en el siglo XV. A comienzos del siglo XIX, uno
de estos espacios era conocido popularmente como la calle del Vapor, por la
existencia de una tintorería.
La esquina del Palacio Arzobispal llegó a ser conocida
popularmente como Matacanónigos, una denominación expresiva del carácter de la
Sevilla tradicional. El nombre aludía a las fuertes corrientes de aire que se
producían en aquel lugar durante el invierno y que, según la memoria popular,
ocasionaban frecuentes pulmonías entre quienes transitaban por allí.
La calle estuvo enladrillada durante los siglos XV y
XVI y posteriormente se pavimentó con empedrado. Su pavimento actual combina
amplias losetas de cemento y losas de Tarifa, con los naranjos dispuestos en
alcorques a ambos lados, mientras que en el lado próximo al Patio de los
Naranjos se conserva una alineación de columnas de piedra unidas mediante
cadenas. La iluminación se realiza mediante farolas de fundición, algunas
adosadas a las fachadas y otras exentas, de inspiración fernandina.
En el aspecto arquitectónico destacan algunas viviendas
tradicionales que conservan el carácter de la arquitectura civil sevillana.
Sobresale especialmente la casa del número 1, antigua
Placentines 39, construida en el siglo XVIII. Presenta dos plantas y un ático
con arcos rebajados, además de una portada flanqueada por pilastras toscanas y
rematada por un entablamento y un cierro de madera. En su interior conserva un
patio con galerías de arcos de medio punto sobre columnas toscanas en ambas
plantas, ejemplo representativo de la arquitectura doméstica tradicional.
Casa
del número 1
También merece atención la casa del número 3, antigua
Placentines 41, cuya fachada destaca por la riqueza ornamental de los herrajes
de sus balcones.
Casa
del número 3
El recorrido concluye junto a la fachada lateral del
Palacio Arzobispal (leer mas), cuya
puerta de servicio se abre a esta calle.
Fachada
lateral del Palacio Arzobispal
En frente la fachada lateral de la Catedral,
correspondiente al Patio de los Naranjos.
Fachada
lateral de la Catedral
La función que ha dado mayor popularidad a esta vía es
su condición de escenario privilegiado de la Semana Santa sevillana. Por ella
transitan numerosas cofradías después de salir de la Catedral por la Puerta de
los Palos, una vez finalizada la Carrera Oficial. El paso de los cortejos por
este estrecho espacio, con la Giralda como telón de fondo y las fachadas
históricas como marco, proporciona algunas de las estampas más características
y emocionantes de la Semana Santa. La perspectiva de los pasos procesionales,
la proximidad de los edificios y la particular luminosidad del entorno
convierten el recorrido en un auténtico escenario de arte, devoción y
tradición.
Esta singular belleza ha inspirado también a escritores
y poetas. Romero Murube evocó en su obra “Ya es tarde” el extraordinario
encuadre de la Giralda que ofrece la calle; Pío Baroja situó el paso del Gran
Poder en su relato “El nocturno del hermano Beltrán”; el canónigo José
Sebastián y Bandarán Muñoz y Pabón dedicó referencias al paso de la Macarena en
“Colorín, colorado”. La promesa, y Ramón Cué cantó en sus versos al Cristo de
la Buena Muerte de la Hermandad de los Estudiantes.
De este modo, la calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo reúne en un espacio reducido diferentes dimensiones de la historia sevillana: el recuerdo de las antiguas lonjas medievales, la evolución del urbanismo junto a la Catedral, la arquitectura doméstica del siglo XVIII, la presencia monumental del Palacio Arzobispal y la intensa tradición religiosa de la ciudad. Su denominación contemporánea añade a este conjunto la memoria de un prelado que mantuvo durante más de un cuarto de siglo una estrecha vinculación con Sevilla, en una de las calles más emblemáticas de su centro histórico.
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