sábado, 7 de noviembre de 2026

 ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

La tercera mano de san Pablo.

La Puerta del Perdón, antiguo acceso principal de la mezquita aljama, constituye precisamente uno de los elementos monumentales más destacados de este frente catedralicio. Su magnífico arco de herradura y su decoración de tradición almohade recuerdan el pasado islámico del edificio. Durante los primeros años del siglo XVI fue enriquecida con yeserías y esculturas, y el relieve de la expulsión de los mercaderes completó su significado religioso. En sus hojas de madera se conserva, además, una interesante decoración de tradición mudéjar.

Puerta del Perdón

A la derecha de la puerta encontramos a San Pablo, que tiene tres manos. La tercera mano en cuestión está sosteniendo la escultura, quien es una especie de hombre elástico, ya que se mete la mano en su ropa y la saca por debajo.

San Pablo

Detalle

Tercera mano

ALGUNAS CURIOSIDADES DE SEVILLA

Columnas de la calle Alemanes.

Uno de los elementos arquitectónicos más singulares de la calle Alemanes son sus antiguos soportales, sostenidos principalmente por columnas de piedra y mármol, aunque también existen pilares. Constituyen uno de los escasos testimonios que permanecen de la antigua Sevilla porticada, en la que numerosas calles y plazas disponían de galerías cubiertas para proteger a los viandantes del sol y de la lluvia. Su origen está relacionado con la intensa actividad comercial de este entorno, pues proporcionaban un espacio resguardado para el tránsito y las operaciones mercantiles. No forman actualmente una línea continua, ya que algunos desaparecieron como consecuencia de las reformas y de la construcción de nuevos edificios durante los siglos XVIII, XIX y XX. La documentación histórica señala, además, que antiguamente estaban pintados de diferentes colores.

Soportales

Entre los soportales se conservan dos curiosas inscripciones que permiten acercarse a la historia de sus antiguos propietarios y comerciantes. En el capitel de una columna situada en la esquina con la calle Hernando Colón puede leerse: “Arias Correa labró esta su casa. Año de 1591”, testimonio de la propiedad del inmueble a finales del siglo XVI.

Esquina con Hernando Colón

Leyenda en el capitel: Arias Correa

Leyenda en el capitel: labró esta su casa

Leyenda en el capitel: Año de 1591

Algo más adelante, en una viga de madera situada frente al número 9, aparece la inscripción “Soy de Kreibig”, relacionada con un comerciante de origen alemán establecido en la zona.

Soy de Kreibig

El origen de esta última inscripción ha suscitado diversas interpretaciones. Una de ellas la relaciona con un antiguo establecimiento dedicado a la venta de cristalería de Bohemia, propiedad de un comerciante alemán apellidado Kreybig o Kreibig. La viga habría servido originalmente como rótulo sobre la entrada del negocio y, tras su desaparición, habría sido reutilizada en el soportal. Otra explicación, publicada en la prensa sevillana en 1982 a partir del testimonio de un lector, atribuye la inscripción a una broma realizada en octubre de 1933 por Rodolfo, nieto de un matrimonio alemán que había establecido en el lugar una tienda de relojería y óptica. La diversidad de versiones aconseja mantener abierta la cuestión sobre su verdadero origen.

AREA CENTRO 3

Calle Cardenal Sanz y Fores.

La calle Cardenal Sanz y Forés se encuentra en el distrito Casco Antiguo de Sevilla, en un entorno de gran interés histórico, muy próximo a la Catedral y a la Giralda. Es una vía corta y estrecha que discurre desde la calle Don Remondo hasta la confluencia de las calles Ángeles y Abades, formando parte del antiguo entramado urbano de la ciudad medieval.

Calle Cardenal Sanz y Forés

Su historia está estrechamente vinculada a la presencia del clero catedralicio en esta zona. En el plano de Sevilla realizado por el asistente real Pablo de Olavide en 1771 aparece integrada en el conjunto de las calles Abades Alta y Abades Baja, por lo que se la identificaba con el nombre genérico de Abades. El sector también era conocido como barrio de los Abades, debido al elevado número de clérigos vinculados a la Catedral que residían en sus inmediaciones.

Azulejo de Olavide


Posteriormente recibió el nombre de calle de la Veintena, denominación que ya debía de utilizarse con anterioridad a su rotulación oficial en 1845. El topónimo hacía referencia a los veinteros, un grupo de veinte beneficiados de la Catedral, dedicados principalmente al canto en las ceremonias litúrgicas y cuyas rentas estaban vinculadas a las casas de esta vía. Su origen se relaciona con una dotación realizada en 1364 por el arzobispo don Pedro. En 1890, la calle pasó a denominarse Cardenal Sanz y Forés, nombre que conserva en la actualidad.

El personaje que da nombre a la vía fue Benito Sanz y Forés, nacido en Gandía (Valencia) el 21 de marzo de 1828 y fallecido en Madrid el 1 de noviembre de 1895. Eclesiástico de destacada trayectoria, fue arzobispo de Valladolid antes de su vinculación con la archidiócesis hispalense. Fue nombrado arzobispo de Sevilla el 30 de diciembre de 1889 y recibió la dignidad cardenalicia el 16 de enero de 1893. Su fallecimiento, ocurrido en 1895, motivó que la ciudad perpetuara su memoria en el callejero, aunque la denominación ya se había establecido unos años antes.

Uno de los mayores atractivos históricos de esta pequeña calle se encuentra oculto bajo el edificio número 4, construido sobre una parcela que anteriormente tenía su fachada principal a la calle Abades. En sus sótanos se conservan unas importantes estructuras arqueológicas identificadas como termas romanas, conocidas desde época medieval y que durante siglos despertaron la curiosidad de historiadores y eruditos sevillanos.

Estas galerías subterráneas, construidas con bóvedas de ladrillo, recibieron interpretaciones muy diversas antes de que José Gestoso, en 1885, propusiera su identificación como baños de época romana. Rodrigo Caro había considerado que se trataba de una especie de laberinto relacionado con la mitología cretense, mientras que Argote de Molina las describió como unas supuestas “Escuelas de Magia Diabólica” atribuidas a los árabes. Las investigaciones posteriores permitieron reconocer su verdadera naturaleza y situarlas dentro del contexto de la Sevilla romana, en las proximidades de un antiguo foro y en relación con el conjunto arqueológico del que también forman parte los restos del templo romano conservados en la calle Mármoles.

Desde el punto de vista urbanístico, Cardenal Sanz y Forés mantiene el carácter recogido de las calles secundarias del barrio de Santa Cruz. Sus edificios presentan amplios portones y antiguas entradas de servicio que tradicionalmente comunicaban con las viviendas de las calles Don Remondo y Abades, permitiendo incluso el acceso de vehículos a pesar de la estrechez de la vía. El pavimento de adoquines y unas aceras reducidas, que en algunos tramos apenas cuentan con el bordillo, acentúan su aspecto tradicional.

El número 2 corresponde al lateral de una casa del siglo XVIII cuya fachada principal se abre a Don Remondo, mientras que el número 4 alberga el moderno edificio de apartamentos bajo el que se encuentran las antiguas estructuras romanas.

Hoy, la calle Cardenal Sanz y Forés conserva la tranquilidad de un rincón poco transitado del barrio de Santa Cruz. Su reducido trazado esconde, sin embargo, una interesante superposición de épocas: desde la Sevilla romana, representada por sus antiguas termas, hasta la ciudad medieval de los clérigos catedralicios y la posterior configuración urbana de la Sevilla moderna. Una pequeña vía cuyo discreto aspecto contrasta con la importancia histórica y arqueológica que encierra.

AREA CENTRO 3

Calle Alemanes.

La calle Alemanes es una de las vías más antiguas y representativas del casco histórico de Sevilla. Situada en la fachada norte de la Catedral, discurre desde la avenida de la Constitución hasta la calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo, antigua calle Placentines, en un recorrido de aproximadamente 140 metros que permite contemplar de cerca la monumentalidad del templo y la Giralda. Su trazado, su singular arquitectura porticada y, sobre todo, su intensa historia comercial y religiosa la convierten en uno de los espacios urbanos más interesantes del entorno catedralicio.

Alemanes desde Cardenal Carlos Amigos

Alemanes desde Cardenal Carlos Amigos
Alemanes desde Cardenal Carlos Amigos

Alemanes desde Avda Constitución

Alemanes desde Avda Constitución

En la acera de los impares desembocan Hernando Colón y Álvarez Quintero, y hasta e l primer cuarto del pasado siglo XIX dos callejas que formaban parte del complejo de la desaparecida alcaicería.

Sus orígenes se remontan a los últimos años del siglo XII, cuando se construyó la nueva mezquita aljama de Sevilla, cuya fachada principal se abría hacia este sector de la ciudad. De aquella edificación islámica permanecen importantes testimonios, entre ellos la Puerta del Perdón y el Patio de los Naranjos, antiguo espacio de abluciones inaugurado en 1176. Frente a la mezquita se encontraba la Alcaicería Mayor, recinto comercial donde se concentraban numerosos establecimientos dedicados a la venta de productos de lujo. La calle formaba así parte de un importante eje mercantil que conectaba los espacios religiosos, administrativos y comerciales de la Sevilla medieval.

Su denominación ha experimentado diversas transformaciones a lo largo del tiempo. En el siglo XIII, el tramo próximo a Placentines formaba parte de un espacio conocido como plazuela de Santa María o de Santa María la Mayor. A finales del siglo XIV o comienzos del XV comenzó a utilizarse el nombre de Gradas, denominación que también recibían los otros dos frentes de la Catedral. Posteriormente aparece citada como Gradas Altas en algunos documentos del siglo XVII y como Gradas Bajas en otros de los siglos XVIII y XIX. En un acta capitular de 1607 figura incluso la expresión Gradas de los Boneteros.

El nombre de Alemanes terminó imponiéndose por la presencia de comerciantes de esa nacionalidad que establecieron sus negocios en la calle. Aunque estos mercaderes aparecen documentados a mediados del siglo XVIII, ya en 1825 se utilizaba la expresión “la acera comúnmente llamada de los alemanes”.

A comienzos del siglo XIX algunos de ellos se dedicaban al comercio de cristalería y quincalla. En 1868 se intentó sustituir la denominación tradicional por la de Sagrario, debido a la proximidad de la fachada posterior de la iglesia del mismo nombre, pero el cambio no prosperó.

En 1913 recibió oficialmente el nombre de Moret, en memoria de Segismundo Moret Prendergast (1838-1913), político liberal y varias veces ministro, fallecido cuando presidía el Congreso de los Diputados.

A la esquina formada por la Avenida de la Constitución y la Calle Alemanes, perteneciente al costado izquierdo de la iglesia del Sagrario, construida entre los años 1618 y 1662, se le llamó en el siglo XIX “Punta del Diamante”, por la dureza de la piedra que se utilizó para construir la Catedral, y al otro extremo fue denominado “Punta de las Esmeraldas”, según Álvarez-Benavides, quien también la llama Grada de los Alemanes; un documento de 1816 alude al Sitio de los Malteses, entre la avenida y Hernando Colón.

En 1936 recuperó definitivamente su antigua denominación. Como curiosidad, en 1885 algunos socios del Círculo Mercantil propusieron llamarla Islas Carolinas, en protesta por la ocupación alemana de aquel archipiélago.

La configuración urbanística de la calle está estrechamente relacionada con la presencia de la Catedral. Su trazado es recto y relativamente ancho, con una característica lonja o andén elevado que recorre toda la acera de los pares, junto a la fachada catedralicia. Este espacio está delimitado por columnas y cadenas instaladas en el siglo XIV, que establecían una separación entre el recinto sagrado y la vía pública. En el extremo próximo a Placentines se amplió el espacio a finales del siglo XV, después de que en 1479 se adquiriera la denominada lonja de los Placentines para proceder a su derribo y facilitar el ensanchamiento de la zona.

Gradas de la Catedral

Gradas de la Catedral

Recientemente, restaurada la fachada de la catedral y han aparecido los antiguamente llamados “VITOS” que son indicaciones o letreros que se colocaban antiguamente en los edificios principales, para indicar que un alumno de la Universidad de Santa María de Jesús o la de Santo Tomas (de los dos que tenía Sevilla en aquella época), había conseguido una nueva “cátedra” de enseñanzas, con el fin de prestigiar al propio alumno y a su universidad.

Pared de la Iglesia del Sagrario con “VITOS”

Uno de los elementos arquitectónicos más singulares de la calle son sus antiguos soportales, sostenidos principalmente por columnas de piedra y mármol, aunque también existen pilares. Constituyen uno de los escasos testimonios que permanecen de la antigua Sevilla porticada, en la que numerosas calles y plazas disponían de galerías cubiertas para proteger a los viandantes del sol y de la lluvia. Su origen está relacionado con la intensa actividad comercial de este entorno, pues proporcionaban un espacio resguardado para el tránsito y las operaciones mercantiles. No forman actualmente una línea continua, ya que algunos desaparecieron como consecuencia de las reformas y de la construcción de nuevos edificios durante los siglos XVIII, XIX y XX. La documentación histórica señala, además, que antiguamente estaban pintados de diferentes colores.

Soportales

Soportales
Soportales
Soportales
Soportales

Entre los soportales se conservan dos curiosas inscripciones que permiten acercarse a la historia de sus antiguos propietarios y comerciantes. En el capitel de una columna situada en la esquina con la calle Hernando Colón puede leerse: “Arias Correa labró esta su casa. Año de 1591”, testimonio de la propiedad del inmueble a finales del siglo XVI. 

Esquina con Hernando Colón

Leyenda en el capitel: Arias Correa

Leyenda en el capitel: Labró esta su casa
Leyenda en el capitel: Año de 1591

Algo más adelante, en una viga de madera situada frente al número 9, aparece la inscripción “Soy de Kreibig”, relacionada con un comerciante de origen alemán establecido en la zona.

Soy de Kreibig

El origen de esta última inscripción ha suscitado diversas interpretaciones. Una de ellas la relaciona con un antiguo establecimiento dedicado a la venta de cristalería de Bohemia, propiedad de un comerciante alemán apellidado Kreybig o Kreibig. La viga habría servido originalmente como rótulo sobre la entrada del negocio y, tras su desaparición, habría sido reutilizada en el soportal. Otra explicación, publicada en la prensa sevillana en 1982 a partir del testimonio de un lector, atribuye la inscripción a una broma realizada en octubre de 1933 por Rodolfo, nieto de un matrimonio alemán que había establecido en el lugar una tienda de relojería y óptica. La diversidad de versiones aconseja mantener abierta la cuestión sobre su verdadero origen.

Durante la Edad Media y los primeros siglos de la Edad Moderna, las Gradas constituyeron uno de los espacios comerciales más animados de Sevilla. En el siglo XV tenían allí sus establecimientos y bancos los escribanos públicos, cambiadores y plateros, mientras numerosos vendedores instalaban sus tenderetes junto a la fachada de la Catedral. También se celebraba en el Patio de los Naranjos una feria o mercado coincidiendo con la festividad de la Asunción, tradición que se mantuvo hasta 1432.

A finales del s. XV en esta calle se instaló el cadalso para los herejes, en el que tuvieron lugar varios autos de fe.

La actividad mercantil alcanzó su máximo esplendor durante el siglo XVI, coincidiendo con el descubrimiento de América y la concesión a Sevilla del monopolio del comercio con las Indias. Las Gradas se convirtieron en una auténtica lonja al aire libre, frecuentada por mercaderes, banqueros, marinos, cargadores, intermediarios y comerciantes nacionales y extranjeros. Allí se negociaban metales preciosos, joyas, sedas, tejidos y mercancías llegadas de los territorios americanos y de otros lugares del mundo. También se vendían esclavos y se instalaban puestos de buhoneros y merceros. El ambiente era tan concurrido que el Ayuntamiento llegó a crear un cuerpo de alguaciles encargado de vigilar y mantener el orden en aquel importante espacio comercial.

La animación de las Gradas se extendía a los espacios próximos y tenía también su lado popular y picaresco. A finales del siglo XVI acudían allí las amas de cría en busca de familias que las contrataran, mientras que sus inmediaciones servían de refugio a delincuentes que se acogían al carácter sagrado del recinto para escapar de la justicia. La literatura de germanía, que retrataba los ambientes marginales y la vida de pícaros y maleantes, dejó constancia de esta realidad, en el siguiente romance de Germanía:

"-Digasme tu, el picañuelo
Donde dejas a tu amo?
-Allá lo dejo, pelota,
al Corral de los Naranjos.
Queda con otros jayanes
que muy mal habian tratado,
perdidas todas las quinas,
que nada le habla quedado”.

La propia Catedral trató de poner límites a aquella intensa actividad mercantil. Resulta especialmente significativo el relieve colocado en 1519 sobre la Puerta del Perdón, que representa a Jesús expulsando a los mercaderes del templo. La escena evangélica constituía una advertencia simbólica frente a quienes habían convertido los espacios catedralicios en una prolongación del mercado exterior, llegando incluso a realizar sus transacciones en el interior del recinto religioso durante los días de lluvia.

Jesús expulsando a los mercaderes del templo 

La Puerta del Perdón, antiguo acceso principal de la mezquita aljama, constituye precisamente uno de los elementos monumentales más destacados de este frente catedralicio. Su magnífico arco de herradura y su decoración de tradición almohade recuerdan el pasado islámico del edificio. Durante los primeros años del siglo XVI fue enriquecida con yeserías y esculturas, y el relieve de la expulsión de los mercaderes completó su significado religioso. En sus hojas de madera se conserva, además, una interesante decoración de tradición mudéjar.

Puerta del Perdón

A la derecha de la puerta encontramos a San Pablo, que tiene tres manos. La tercera mano en cuestión está sosteniendo la escultura, quien es una especie de hombre elástico, ya que se mete la mano en su ropa y la saca por debajo.

San Pablo

Detalle

Tercera mano

Tercera mano

Las Gradas también fueron escenario de episodios relacionados con la historia de la navegación. En 1523 se subastó en este lugar la nao Victoria, la embarcación que había completado la primera vuelta al mundo en la expedición iniciada por Fernando de Magallanes y culminada por Juan Sebastián Elcano. A pesar de las peticiones para que se conservara como recuerdo de aquella extraordinaria hazaña, fue adquirida por el comerciante genovés Esteban Centurión y continuó utilizándose en la navegación de la Carrera de Indias hasta que se perdió su rastro en 1525.

Elcano-Magallanes

Con el traslado de buena parte de las actividades mercantiles a la Casa Lonja de Mercaderes, actual Archivo General de Indias, y la pérdida progresiva del monopolio comercial sevillano, las Gradas fueron perdiendo su protagonismo económico. Sin embargo, conservaron su importancia como espacio de encuentro y de manifestaciones religiosas. Desde antiguo formaban parte del itinerario de numerosas procesiones, especialmente la de la Virgen de los Reyes, además de las estaciones de penitencia de Semana Santa y de las procesiones de rogativas.

Durante el siglo XVII se instalaron en este frente catedralicio varios retablos y pequeñas capillas que contribuyeron a reforzar su carácter devocional.

En las proximidades de la Puerta del Perdón se conserva la pequeña capilla de la Asunción, abierta a las Gradas y protegida por una reja. En ella se venera una pintura barroca de la Virgen, donada en 1784 por el canónigo Diego Francisco de la Barra, según indica la cartela situada en la propia obra. Es un cuadro realizado al óleo sobre lienzo. No aparece firmado, aunque en su ángulo inferior izquierdo presenta una cartela pintada donde se da noticia de la donación del cuadro en 1784: “Por los Años de 1784 El Sr. Dn. Diego Frnco. de la Barra Canonigo de efta Sta. Yga.y Capellan del Ssmo. Rosaro. en reconocimo. de su devocn. dono esta Pintura”.

En este cuadro María se representa con los brazos abiertos y la mirada ascendente, en una composición piramidal cuya base la representan el coro de ángeles que la ascienden entre nubes, siendo la cúspide el rostro de María que se alza entre un cielo dorado que se abre tras ella al modo de una mandorla divina. Sus colores de blanco y celeste la definen como mujer sin mácula, pero su pequeño pañuelo ocre la identifica como Asunción, siendo un elemento reiterado en este tipo iconográfico. En el paisaje que se abre a sus pies se reproducen los atributos "del país", diferenciándolo de los del cielo, con la luna convexa y translúcida, según los cánones de Pacheco.

Capilla de la Asunción

Pintura barroca de la Virgen

En el interior de la capilla nos encontramos una placa de mármol donde se recuerda a la Sra. Doña Teresa Ybáñez y Fernández, esposa viuda del Sr. Don Manuel Vallana, por su generosidad en el pago del costo de la restauración de la capilla.

Sobre esta capilla, en un amplio balcón de arquerías, se encuentra la representación de la Inmaculada Concepción pintada por Herrera el Viejo en 1616, por encargo del gremio de gorreros y sederos, aunque su aspecto original se vio alterado por sucesivos repintes realizados para protegerla de la intemperie y de la insolación. Una restauración posterior permitió recuperar en buena medida su apariencia primitiva.

Inmaculada Concepción de Herrera el Viejo 

Inmaculada Concepción de Herrera el Viejo 

Sobre la puerta de la Biblioteca Colombina, también existe un retablo dedicado a Jesús con la Cruz a cuestas, conocido como el Señor de las Fatigas (leer mas), ante cuya imagen, según la tradición, se detenían a rezar los condenados a muerte antes de su ejecución. De este entorno partían asimismo diversos rosarios públicos dedicados a las advocaciones de la Antigua y de la Asunción.

Puerta de la Biblioteca Colombina

Dintel

Señor de las Fatigas

Entre los elementos de interés que pasan más desapercibidos para el visitante se encuentra una pequeña ventana abierta en la fachada catedralicia, junto a la Puerta del Perdón. Una inscripción de mármol situada sobre ella explica su antigua función: “Por aquí se avisa para que se administren los Santos Sacramentos a deshoras de la noche”. A través de esta abertura se comunicaba a los sacerdotes la existencia de algún enfermo grave que necesitaba recibir los últimos sacramentos durante la madrugada.

Lateral de la Puerta del Perdón

Detalle

Detalle

Placa: “Por aquí se avisa para que se administren los Santos Sacramentos a deshoras de la noche”

En el siglo XIX la calle mantuvo parte de su actividad comercial. A los establecimientos de los comerciantes alemanes se sumaron cocheras de calesas de alquiler y otros negocios. También se documentan celebraciones populares, como la iluminación especial de las Gradas durante el Corpus Christi y las animadas veladas de la festividad de la Asunción, que atraían a numerosos visitantes procedentes de los pueblos de los alrededores.

En cuanto a su evolución material, la importancia de esta vía queda reflejada en las sucesivas pavimentaciones. Desde finales del siglo XV aparece documentada como calle enladrillada; posteriormente se utilizó el empedrado y, durante el siglo XIX, se colocaron losas y aceras de piedra de Tarifa. En el siglo XX se sucedieron los pavimentos de cemento, los adoquines y, finalmente, la capa asfáltica instalada en la década de 1960.

Entre los siglos XIV y XVII existió en su confluencia con la actual avenida de la Constitución una fuente conocida como la Pila de Hierro. En 1958 se instaló alumbrado fluorescente y en 1971 se colocaron farolas de estilo fernandino en la acera de la Catedral.

En la actualidad, la calle Alemanes conserva su condición de espacio privilegiado del centro histórico sevillano. Sus establecimientos hosteleros, comercios, heladerías y alojamientos turísticos conviven con los antiguos soportales y con el incesante tránsito de visitantes. Los veladores ocupan buena parte de las zonas porticadas.

Recorrer la calle Alemanes es, en definitiva, atravesar varios siglos de historia de Sevilla: desde la antigua mezquita almohade y las actividades comerciales de la ciudad medieval hasta el esplendor mercantil del siglo XVI, cuando las Gradas fueron uno de los principales centros económicos del mundo. Sus columnas, inscripciones, capillas y soportales constituyen testimonios de una ciudad cosmopolita y bulliciosa, en la que se entrelazaban el comercio, la religiosidad y la vida cotidiana. Frente a la monumentalidad de la Catedral y la Puerta del Perdón, la calle conserva todavía la memoria de aquel extraordinario pasado.