AREA CENTRO 3
Calle Alemanes.
La calle Alemanes es una de las vías más antiguas y
representativas del casco histórico de Sevilla. Situada en la fachada norte de
la Catedral, discurre desde la avenida de la Constitución hasta la calle
Cardenal Carlos Amigo Vallejo, antigua calle Placentines, en un recorrido de
aproximadamente 140 metros que permite contemplar de cerca la monumentalidad
del templo y la Giralda. Su trazado, su singular arquitectura porticada y,
sobre todo, su intensa historia comercial y religiosa la convierten en uno de
los espacios urbanos más interesantes del entorno catedralicio.
Alemanes
desde Cardenal Carlos Amigos
Alemanes desde Cardenal Carlos Amigos
Alemanes desde Cardenal Carlos Amigos
Alemanes
desde Avda Constitución
Alemanes desde Avda Constitución
En la acera de los impares desembocan Hernando Colón
y Álvarez Quintero, y hasta e l primer cuarto
del pasado siglo XIX dos callejas que formaban
parte del complejo de la desaparecida alcaicería.
Sus orígenes se remontan a los últimos años del siglo XII,
cuando se construyó la nueva mezquita aljama de Sevilla, cuya fachada principal
se abría hacia este sector de la ciudad. De aquella edificación islámica
permanecen importantes testimonios, entre ellos la Puerta del Perdón y el Patio
de los Naranjos, antiguo espacio de abluciones inaugurado en 1176. Frente a la
mezquita se encontraba la Alcaicería Mayor, recinto comercial donde se
concentraban numerosos establecimientos dedicados a la venta de productos de
lujo. La calle formaba así parte de un importante eje mercantil que conectaba
los espacios religiosos, administrativos y comerciales de la Sevilla medieval.
Su denominación ha experimentado diversas transformaciones a
lo largo del tiempo. En el siglo XIII, el tramo próximo a Placentines formaba
parte de un espacio conocido como plazuela de Santa María o de Santa María la
Mayor. A finales del siglo XIV o comienzos del XV comenzó a utilizarse el
nombre de Gradas, denominación que también recibían los otros dos frentes de la
Catedral. Posteriormente aparece citada como Gradas Altas en algunos documentos
del siglo XVII y como Gradas Bajas en otros de los siglos XVIII y XIX. En un
acta capitular de 1607 figura incluso la expresión Gradas de los Boneteros.
El nombre de Alemanes terminó imponiéndose por la presencia
de comerciantes de esa nacionalidad que establecieron sus negocios en la calle.
Aunque estos mercaderes aparecen documentados a mediados del siglo XVIII, ya en
1825 se utilizaba la expresión “la acera comúnmente llamada de los alemanes”.
A comienzos del siglo XIX algunos de ellos se dedicaban al
comercio de cristalería y quincalla. En 1868 se intentó sustituir la
denominación tradicional por la de Sagrario, debido a la proximidad de la
fachada posterior de la iglesia del mismo nombre, pero el cambio no prosperó.
En 1913 recibió oficialmente el nombre de Moret, en memoria
de Segismundo Moret Prendergast (1838-1913), político liberal y varias veces
ministro, fallecido cuando presidía el Congreso de los Diputados.
A
la esquina formada por la Avenida de la Constitución y la Calle Alemanes,
perteneciente al costado izquierdo de la iglesia del Sagrario, construida entre
los años 1618 y 1662, se le llamó en el siglo XIX “Punta del Diamante”, por la
dureza de la piedra que se utilizó para construir la Catedral, y al otro extremo fue denominado “Punta
de las Esmeraldas”, según Álvarez-Benavides, quien también la llama Grada de
los Alemanes; un documento de 1816 alude al
Sitio de los Malteses, entre la avenida y
Hernando Colón.
En 1936 recuperó definitivamente su antigua denominación.
Como curiosidad, en 1885 algunos socios del Círculo Mercantil propusieron
llamarla Islas Carolinas, en protesta por la ocupación alemana de aquel
archipiélago.
La configuración urbanística de la calle está estrechamente
relacionada con la presencia de la Catedral. Su trazado es recto y
relativamente ancho, con una característica lonja o andén elevado que recorre
toda la acera de los pares, junto a la fachada catedralicia. Este espacio está
delimitado por columnas y cadenas instaladas en el siglo XIV, que establecían
una separación entre el recinto sagrado y la vía pública. En el extremo próximo
a Placentines se amplió el espacio a finales del siglo XV, después de que en
1479 se adquiriera la denominada lonja de los Placentines para proceder a su
derribo y facilitar el ensanchamiento de la zona.
Gradas
de la Catedral

Gradas de la Catedral
Recientemente,
restaurada la fachada de la catedral y han aparecido los antiguamente llamados
“VITOS” que son indicaciones o letreros que se colocaban antiguamente en los
edificios principales, para indicar que un alumno de la Universidad de Santa
María de Jesús o la de Santo Tomas (de los dos que tenía Sevilla en aquella
época), había conseguido una nueva “cátedra” de enseñanzas, con el fin de
prestigiar al propio alumno y a su universidad.
Pared de
la Iglesia del Sagrario con “VITOS”
Uno de los elementos arquitectónicos más singulares de la
calle son sus antiguos soportales, sostenidos principalmente por columnas de
piedra y mármol, aunque también existen pilares. Constituyen uno de los escasos
testimonios que permanecen de la antigua Sevilla porticada, en la que numerosas
calles y plazas disponían de galerías cubiertas para proteger a los viandantes
del sol y de la lluvia. Su origen está relacionado con la intensa actividad
comercial de este entorno, pues proporcionaban un espacio resguardado para el
tránsito y las operaciones mercantiles. No forman actualmente una línea
continua, ya que algunos desaparecieron como consecuencia de las reformas y de
la construcción de nuevos edificios durante los siglos XVIII, XIX y XX. La
documentación histórica señala, además, que antiguamente estaban pintados de
diferentes colores.
Soportales
Soportales
Soportales
Soportales
Entre los soportales se conservan dos curiosas inscripciones
que permiten acercarse a la historia de sus antiguos propietarios y
comerciantes. En el capitel de una columna situada en la esquina con la calle
Hernando Colón puede leerse: “Arias Correa labró esta su casa. Año de 1591”,
testimonio de la propiedad del inmueble a finales del siglo XVI.
Esquina
con Hernando Colón
Leyenda
en el capitel: Arias Correa
Leyenda en el capitel: Labró esta su casa
Leyenda en el capitel: Año de 1591
Algo más adelante, en una viga de madera situada frente al
número 9, aparece la inscripción “Soy de Kreibig”, relacionada con un
comerciante de origen alemán establecido en la zona.
Soy
de Kreibig
El origen de esta última inscripción ha suscitado diversas
interpretaciones. Una de ellas la relaciona con un antiguo establecimiento
dedicado a la venta de cristalería de Bohemia, propiedad de un comerciante
alemán apellidado Kreybig o Kreibig. La viga habría servido originalmente como
rótulo sobre la entrada del negocio y, tras su desaparición, habría sido
reutilizada en el soportal. Otra explicación, publicada en la prensa sevillana
en 1982 a partir del testimonio de un lector, atribuye la inscripción a una
broma realizada en octubre de 1933 por Rodolfo, nieto de un matrimonio alemán
que había establecido en el lugar una tienda de relojería y óptica. La
diversidad de versiones aconseja mantener abierta la cuestión sobre su
verdadero origen.
Durante la Edad Media y los primeros siglos de la Edad
Moderna, las Gradas constituyeron uno de los espacios comerciales más animados
de Sevilla. En el siglo XV tenían allí sus establecimientos y bancos los
escribanos públicos, cambiadores y plateros, mientras numerosos vendedores
instalaban sus tenderetes junto a la fachada de la Catedral. También se
celebraba en el Patio de los Naranjos una feria o mercado coincidiendo con la
festividad de la Asunción, tradición que se mantuvo hasta 1432.
A finales del s. XV en esta calle se instaló el cadalso para los herejes, en el que tuvieron lugar varios autos de fe.
La actividad mercantil alcanzó su máximo esplendor durante
el siglo XVI, coincidiendo con el descubrimiento de América y la concesión a
Sevilla del monopolio del comercio con las Indias. Las Gradas se convirtieron
en una auténtica lonja al aire libre, frecuentada por mercaderes, banqueros,
marinos, cargadores, intermediarios y comerciantes nacionales y extranjeros.
Allí se negociaban metales preciosos, joyas, sedas, tejidos y mercancías
llegadas de los territorios americanos y de otros lugares del mundo. También se
vendían esclavos y se instalaban puestos de buhoneros y merceros. El ambiente
era tan concurrido que el Ayuntamiento llegó a crear un cuerpo de alguaciles encargado
de vigilar y mantener el orden en aquel importante espacio comercial.
La animación de las Gradas se extendía a los espacios
próximos y tenía también su lado popular y picaresco. A finales del siglo XVI
acudían allí las amas de cría en busca de familias que las contrataran,
mientras que sus inmediaciones servían de refugio a delincuentes que se acogían
al carácter sagrado del recinto para escapar de la justicia. La literatura de
germanía, que retrataba los ambientes marginales y la vida de pícaros y maleantes,
dejó constancia de esta realidad, en el siguiente romance de Germanía:
"-Digasme
tu, el picañuelo
Donde dejas a tu
amo?
-Allá lo dejo,
pelota,
al Corral de los Naranjos.
Queda con otros jayanes
que muy mal habian tratado,
perdidas todas las quinas,
que nada le habla quedado”.
La propia Catedral trató de poner límites a aquella intensa
actividad mercantil. Resulta especialmente significativo el relieve colocado en
1519 sobre la Puerta del Perdón, que representa a Jesús expulsando a los
mercaderes del templo. La escena evangélica constituía una advertencia
simbólica frente a quienes habían convertido los espacios catedralicios en una
prolongación del mercado exterior, llegando incluso a realizar sus
transacciones en el interior del recinto religioso durante los días de lluvia.
Jesús
expulsando a los mercaderes del templo
La Puerta del Perdón, antiguo acceso principal de la
mezquita aljama, constituye precisamente uno de los elementos monumentales más
destacados de este frente catedralicio. Su magnífico arco de herradura y su
decoración de tradición almohade recuerdan el pasado islámico del edificio.
Durante los primeros años del siglo XVI fue enriquecida con yeserías y
esculturas, y el relieve de la expulsión de los mercaderes completó su
significado religioso. En sus hojas de madera se conserva, además, una
interesante decoración de tradición mudéjar.
Puerta
del Perdón
A la derecha de la
puerta encontramos a San Pablo, que tiene tres manos. La tercera mano en
cuestión está sosteniendo la escultura, quien es una especie de hombre
elástico, ya que se mete la mano en su ropa y la saca por debajo.
San Pablo
Detalle
Tercera mano
Tercera mano
Las Gradas también fueron escenario de episodios
relacionados con la historia de la navegación. En 1523 se subastó en este lugar
la nao Victoria, la embarcación que había completado la primera vuelta al mundo
en la expedición iniciada por Fernando de Magallanes y culminada por Juan
Sebastián Elcano. A pesar de las peticiones para que se conservara como
recuerdo de aquella extraordinaria hazaña, fue adquirida por el comerciante
genovés Esteban Centurión y continuó utilizándose en la navegación de la
Carrera de Indias hasta que se perdió su rastro en 1525.
Elcano-Magallanes
Con el traslado de buena parte de las actividades
mercantiles a la Casa Lonja de Mercaderes, actual Archivo General de Indias, y
la pérdida progresiva del monopolio comercial sevillano, las Gradas fueron
perdiendo su protagonismo económico. Sin embargo, conservaron su importancia
como espacio de encuentro y de manifestaciones religiosas. Desde antiguo
formaban parte del itinerario de numerosas procesiones, especialmente la de la
Virgen de los Reyes, además de las estaciones de penitencia de Semana Santa y
de las procesiones de rogativas.
Durante el siglo XVII se instalaron en este frente
catedralicio varios retablos y pequeñas capillas que contribuyeron a reforzar
su carácter devocional.
En las proximidades de la Puerta del Perdón se conserva la
pequeña capilla de la Asunción, abierta a las Gradas y protegida por una reja.
En ella se venera una pintura barroca de la Virgen, donada en 1784 por el
canónigo Diego Francisco de la Barra, según indica la cartela situada en la
propia obra. Es un cuadro realizado al óleo
sobre lienzo. No aparece firmado, aunque en su ángulo inferior izquierdo
presenta una cartela pintada donde se da noticia de la donación del cuadro en
1784: “Por los Años de 1784 El Sr. Dn.
Diego Frnco. de la Barra Canonigo de efta Sta. Yga.y Capellan del Ssmo. Rosaro.
en reconocimo. de su devocn. dono esta Pintura”.
En este cuadro María se representa con los brazos
abiertos y la mirada ascendente, en una composición piramidal cuya base la
representan el coro de ángeles que la ascienden entre nubes, siendo la cúspide
el rostro de María que se alza entre un cielo dorado que se abre tras ella al
modo de una mandorla divina. Sus colores de blanco y celeste la definen como
mujer sin mácula, pero su pequeño pañuelo ocre la identifica como Asunción,
siendo un elemento reiterado en este tipo iconográfico. En el paisaje que se
abre a sus pies se reproducen los atributos "del país",
diferenciándolo de los del cielo, con la luna convexa y translúcida, según los
cánones de Pacheco.
Capilla
de la Asunción
Pintura
barroca de la Virgen
En el interior de la capilla nos
encontramos una placa de mármol donde se recuerda a la Sra. Doña Teresa Ybáñez
y Fernández, esposa viuda del Sr. Don Manuel Vallana, por su generosidad en el
pago del costo de la restauración de la capilla.
Sobre esta capilla, en un amplio balcón de arquerías, se
encuentra la representación de la Inmaculada Concepción pintada por Herrera el
Viejo en 1616, por encargo del gremio de gorreros y sederos, aunque su aspecto
original se vio alterado por sucesivos repintes realizados para protegerla de
la intemperie y de la insolación. Una restauración posterior permitió recuperar
en buena medida su apariencia primitiva.
Inmaculada
Concepción de Herrera el Viejo
Inmaculada Concepción de Herrera el Viejo
Sobre la puerta de la Biblioteca Colombina, también existe
un retablo dedicado a Jesús con la Cruz a cuestas, conocido como el Señor de
las Fatigas (leer mas), ante cuya imagen, según
la tradición, se detenían a rezar los condenados a muerte antes de su
ejecución. De este entorno partían asimismo diversos rosarios públicos
dedicados a las advocaciones de la Antigua y de la Asunción.
Puerta
de la Biblioteca Colombina
Dintel
Señor
de las Fatigas
Entre los elementos de interés que pasan más desapercibidos
para el visitante se encuentra una pequeña ventana abierta en la fachada
catedralicia, junto a la Puerta del Perdón. Una inscripción de mármol situada
sobre ella explica su antigua función: “Por aquí se avisa para que se
administren los Santos Sacramentos a deshoras de la noche”. A través de esta
abertura se comunicaba a los sacerdotes la existencia de algún enfermo grave
que necesitaba recibir los últimos sacramentos durante la madrugada.
Lateral
de la Puerta del Perdón
Detalle
Detalle
Placa:
“Por aquí se avisa para que se administren los Santos Sacramentos a deshoras de
la noche”
En el siglo XIX la calle mantuvo parte de su actividad
comercial. A los establecimientos de los comerciantes alemanes se sumaron
cocheras de calesas de alquiler y otros negocios. También se documentan
celebraciones populares, como la iluminación especial de las Gradas durante el
Corpus Christi y las animadas veladas de la festividad de la Asunción, que
atraían a numerosos visitantes procedentes de los pueblos de los alrededores.
En cuanto a su evolución material, la importancia de esta
vía queda reflejada en las sucesivas pavimentaciones. Desde finales del siglo
XV aparece documentada como calle enladrillada; posteriormente se utilizó el
empedrado y, durante el siglo XIX, se colocaron losas y aceras de piedra de
Tarifa. En el siglo XX se sucedieron los pavimentos de cemento, los adoquines
y, finalmente, la capa asfáltica instalada en la década de 1960.
Entre los siglos XIV y XVII existió en su confluencia con la
actual avenida de la Constitución una fuente conocida como la Pila de Hierro.
En 1958 se instaló alumbrado fluorescente y en 1971 se colocaron farolas de
estilo fernandino en la acera de la Catedral.
En la actualidad, la calle Alemanes conserva su condición de
espacio privilegiado del centro histórico sevillano. Sus establecimientos
hosteleros, comercios, heladerías y alojamientos turísticos conviven con los
antiguos soportales y con el incesante tránsito de visitantes. Los veladores
ocupan buena parte de las zonas porticadas.
Recorrer la
calle Alemanes es, en definitiva, atravesar varios siglos de historia de
Sevilla: desde la antigua mezquita almohade y las actividades comerciales de la
ciudad medieval hasta el esplendor mercantil del siglo XVI, cuando las Gradas
fueron uno de los principales centros económicos del mundo. Sus columnas,
inscripciones, capillas y soportales constituyen testimonios de una ciudad
cosmopolita y bulliciosa, en la que se entrelazaban el comercio, la
religiosidad y la vida cotidiana. Frente a la monumentalidad de la Catedral y
la Puerta del Perdón, la calle conserva todavía la memoria de aquel
extraordinario pasado.