AREA CENTRO 1
Colegio de San Miguel (Derribado).
El antiguo Colegio de San Miguel fue una de las
instituciones educativas y musicales más vinculadas a la historia de la
Catedral de Sevilla. Durante siglos ocupó una amplia manzana situada frente a
la fachada sur del templo catedralicio, en el espacio comprendido
aproximadamente entre la actual avenida de la Constitución, las calles Arfe y
Almirantazgo y el lienzo de muralla que hoy sirve de fondo a la Plaza del
Cabildo. De aquel complejo, desaparecido casi por completo durante las
transformaciones urbanísticas del siglo XX, apenas permanece su antigua
portada, integrada en el edificio construido por José Espiau y Muñoz en 1929,
en el número 28 de la avenida de la Constitución.
Avenida
de la Constitución 28
Puerta del
antiguo Colegio de San Miguel
Un origen medieval difícil de precisar
Los orígenes del Colegio de San Miguel se encuentran
envueltos en cierta incertidumbre documental. Su tradición histórica lo
relaciona con los primeros estudios que se desarrollaron en Sevilla después de
la conquista castellana y, especialmente, con los Estudios Generales promovidos
por Alfonso X el Sabio a mediados del siglo XIII.
Placa en el Pasaje de los Seises: XXVIII andados del mes de deziembre del año 1254, el Rey Don Alonso el Sabio otorgó a Sevilla Estudio e Escuelas Generales de Latino e Aravigo, germen de nuestra Universidad, una de sus primeras sedes fue este Colegio de San Miguel. 28 de diciembre de 1995
Alonso de Morgado, a finales del siglo XVI, atribuía
al propio monarca la fundación de un colegio que, según sus palabras, todavía
florecía bajo la advocación de San Miguel. Sin embargo, es probable que Morgado
confundiera los antiguos Estudios Generales con la institución que posteriormente
conocemos como Colegio de San Miguel.
Rodrigo Caro, por su parte, consideraba el Colegio como
uno de los establecimientos docentes más antiguos de Sevilla y explicaba que en
él se formaban los jóvenes destinados al servicio del coro de la Catedral. Su
enseñanza comenzaba con las primeras letras, el latín y las humanidades,
continuaba con las artes liberales y culminaba con la formación religiosa. Con
el tiempo, la música adquirió una importancia esencial, pues los alumnos debían
estar preparados para participar en la solemne liturgia de la Iglesia
Metropolitana.
Lo que sí parece claro es que podemos
considerar el desaparecido Colegio de San Miguel como el precedente de los otros antiguos estudios que llegarían desde
comienzos del siglo XVI como el de Santa María, fundado por Maese Rodrigo en 1505 y que se considera el origen de la Universidad
de Sevilla; el de Santo
Tomás, fundado por Fray
Diego de Deza en 1516; o sucesivas instituciones
educativas similares como el colegio jesuita San
Hermenegildo; el de San Gregorio (también conocido como de los ingleses); y el de la Concepción, (conocido igualmente como de San Patricio o de los
irlandeses).
Una de las primeras noticias concretas sobre el Colegio
aparece vinculada a la construcción de la actual Catedral gótica. Según
Espinosa de los Monteros, cuando a comienzos del siglo XV se iniciaron las
obras del nuevo templo, los restos de quienes habían sido enterrados en la
antigua mezquita-catedral fueron trasladados provisionalmente al Colegio de San
Miguel hasta que concluyeran las obras. Esta referencia demuestra que para
entonces la institución ya estaba plenamente integrada en el entorno
catedralicio y gozaba de una consideración notable.
Vista aérea del entorno de la catedral donde se aprecia
el desaparecido colegio. (ver) (CC BY 3.0)
Un colegio dependiente del Cabildo
Desde sus
orígenes hasta su desaparición, el Colegio de San Miguel estuvo bajo la
autoridad del Cabildo Catedralicio. No se trataba, por tanto, de un colegio
destinado exclusivamente a la enseñanza en el sentido moderno del término, sino
de una institución concebida para proporcionar formación y alojamiento a
jóvenes vinculados al servicio de la Catedral.
En sus
dependencias residían los mozos de coro y los seises, además del maestro de
capilla y otros servidores relacionados con el culto. Algunos de los alumnos
disfrutaban de becas y, a cambio, colaboraban en las numerosas funciones
necesarias para el funcionamiento cotidiano de la Catedral. El Colegio
constituía así un espacio en el que educación, vida comunitaria y servicio
litúrgico formaban una unidad.
La formación
comprendía lectura, escritura, gramática y especialmente latín, indispensables
para la participación en la liturgia. La educación religiosa ocupaba igualmente
un lugar destacado y, con el paso del tiempo, se incorporaron estudios de
carácter teológico, en el siglo XVII. Pero fue la música la que terminó
otorgando al Colegio una personalidad particularmente significativa.
Los
jóvenes aprendían canto llano o gregoriano, canto de órgano o polifonía,
composición y diversos instrumentos. El órgano tenía especial relevancia,
aunque también se enseñaban instrumentos como el violín, el bajón o la flauta.
De este modo, el Colegio de San Miguel se convirtió durante generaciones en uno
de los principales centros de formación musical relacionados con la Catedral de
Sevilla.
San Isidoro y la evolución de la institución
La historia del Colegio estuvo estrechamente
relacionada con otros proyectos educativos promovidos por la Iglesia sevillana.
En 1532, el arzobispo Alonso Manrique impulsó en el Palacio Arzobispal el
Colegio Seminario de San Isidoro. Su finalidad era diferente y entre sus
alumnos se encontraban jóvenes procedentes del entorno catedralicio que podían
continuar allí su formación teológica. La institución, sin embargo, tuvo una
existencia breve y desapareció después de la muerte de Manrique en 1538.
Décadas más tarde se retomó la idea de disponer de una
institución destinada a la formación de jóvenes vinculados al servicio de la
Catedral. En el siglo XVII se autorizó la creación de un seminario menor y el
nombre de San Isidoro volvió a aparecer relacionado con el recinto del Colegio
de San Miguel. En sus dependencias llegaron a alojarse varias decenas de
colegiales, que recibían formación durante varios años y colaboraban en las
tareas de la Catedral como acólitos, sacristanes, monaguillos y otros
servidores del culto.
Por
ello, el recinto fue adquiriendo una configuración compleja. El Colegio de San
Miguel no era un único edificio construido de una vez, sino un conjunto de
casas y dependencias levantadas y transformadas en diferentes momentos. Todas
ellas se articulaban alrededor de espacios comunes y de un compás o patio
interior. Dentro de este amplio recinto existieron también otras dependencias
vinculadas al Cabildo, entre ellas la llamada “carnicería de los clérigos” y el
cementerio de San Miguel, que probablemente contó asimismo con una pequeña
capilla o ermita.
Antigua postal del patio de San Miguel. (ver) (CC BY 3.0)
La proximidad física entre el Colegio y la Catedral
terminó estableciendo una relación tan estrecha que incluso uno de los accesos
principales del templo quedó asociado a su nombre.
La actual Puerta del Nacimiento, situada en el lado
meridional de la Catedral y utilizada tradicionalmente para la entrada de los
pasos procesionales durante la Semana Santa, es conocida desde antiguo como
Puerta de San Miguel. La denominación procede precisamente de la institución
que se encontraba enfrente. De este modo, el nombre del desaparecido Colegio ha
sobrevivido en la propia arquitectura de la Catedral, aunque el edificio que lo
originó haya desaparecido.
La fachada del Colegio constituía además un
privilegiado lugar de contemplación de las ceremonias públicas que se
desarrollaban ante la Catedral. Sus balcones se engalanaban en las grandes
festividades y se llenaban de espectadores durante procesiones y
acontecimientos solemnes.
Una imagen especialmente interesante de aquella
relación aparece en la pintura La procesión del Corpus de Sevilla, de Manuel
Cabral y Aguado Bejarano. La obra ofrece una auténtica crónica visual de la ciudad
decimonónica y permite reconocer, junto a la Catedral, el antiguo Colegio de
San Miguel con sus balcones adornados y su portada. Por delante discurre la
procesión del Corpus, con la monumental custodia de Juan de Arfe, mientras la
comitiva atraviesa la Puerta de San Miguel.
El terremoto de 1755
El edificio desempeñó incluso una función
extraordinaria en uno de los episodios más graves sufridos por Sevilla durante
el siglo XVIII. El terremoto del 1 de noviembre de 1755, conocido como
terremoto de Lisboa, produjo importantes daños en la Catedral y obligó al
Cabildo a trasladar temporalmente la celebración de los oficios religiosos.
Una inscripción conservada en el paseo de los Seises
en relación con el antiguo Colegio recuerda que, desde aquel sábado de
noviembre hasta finales de febrero de 1756, una de sus galerías fue utilizada
como espacio provisional para celebrar los Divinos Oficios mientras se
reparaban los daños ocasionados en la Iglesia Metropolitana. El episodio
constituye una muestra excepcional de la estrecha relación funcional que
existía entre el Colegio y la Catedral.
Placa en Pasaje de los Seises: Sábado primero de noviembre de 1755 a las diez de la mañana se padeció un terremoto central que en cerca de un cuarto de hora maltrató muchos edificios y entre ellos nuestra Santa Iglesia y el Cabildo se pasó a celebrar los Divinos Oficios a este su colegio sirviendo de templo esta galería hasta el sábado 28 de febrero de 1756 años
Hilarión Eslava y la tradición musical
La tradición musical del Colegio alcanzó uno de sus
últimos momentos de especial relevancia con Hilarión Eslava (Leer mas), compositor y maestro de
capilla nacido en Burlada, Navarra. Eslava desarrolló parte importante de su
trayectoria profesional en Sevilla y tuvo su residencia en el antiguo Colegio
de San Miguel, donde ejerció también labores docentes relacionadas con la
formación musical de los jóvenes vinculados a la Catedral.
Su presencia enlaza la antigua tradición musical del
Colegio con la música sacra española del siglo XIX. Entre sus composiciones más
conocidas se encuentran los Misereres de Sevilla, Jerez y Baeza, obras que
quedaron estrechamente vinculadas a la tradición musical de estas ciudades.
En recuerdo de Eslava se colocó en la fachada una
lápida de forma ovalada, promovida por sus discípulos y admiradores. El texto
lo recuerda como sacerdote e insigne maestro del arte musical y señala que en
aquel lugar compuso obras que fueron consideradas inmortales. Gracias a esta
inscripción, la memoria del compositor permanece asociada al mismo espacio
donde durante siglos se había desarrollado la enseñanza musical de los
servidores del templo metropolitano.
Lápida de piedra: A la gloriosa memoria de Eslava, dignísimo sacerdote e insigne maestro del Arte Musical que en este edificio compuso inmortales obras. Sus discípulos y admiradores
La desaparición del Colegio
El Colegio de San Miguel sobrevivió durante siglos a
las transformaciones de Sevilla, pero no pudo escapar a la profunda renovación
urbana que experimentó el entorno de la Catedral durante las primeras décadas
del siglo XX.
La construcción de nuevos edificios y la
reorganización de la trama urbana provocaron la desaparición progresiva de las
diferentes casas que integraban el complejo. Finalmente, el antiguo conjunto
fue derribado casi por completo. La documentación y las imágenes históricas
permiten comprender que no se trataba de un edificio aislado, sino de un verdadero
conjunto institucional formado por varias construcciones de épocas diferentes.
Solar tras el derribo de las casas que formaban el
Colegio de San Miguel. (Ver) CC BY 3.0)
En su lugar
surgieron nuevas edificaciones y, posteriormente, la Plaza del Cabildo,
mientras la expansión de la avenida de la Constitución modificaba
definitivamente la relación espacial que durante siglos había existido entre el
Colegio y la Catedral.
Plaza del Cabildo
actual
Paradójicamente,
uno de los vestigios más importantes del antiguo recinto no desapareció. Su
portada fue conservada e incorporada al nuevo edificio diseñado por José Espiau
y Muñoz para Antonio González en 1929. La arquitectura neogótica de la nueva
construcción permitió integrar con bastante naturalidad la antigua puerta
medieval en la fachada contemporánea.
Portada del Colegio de San Miguel (ver) (CC BY 3.0)
La portada y el llamado Arco de Eslava
La antigua entrada del Colegio constituye hoy el
testimonio material más visible de aquella institución. Se trata de una portada
de tradición gótico-mudéjar, probablemente del siglo XIV, que originalmente
daba acceso al recinto colegial.
Actualmente aparece estrechamente encajada en la
fachada del edificio de la avenida de la Constitución número 28. Su reducido
tamaño hace que pueda pasar inadvertida para quien transita por esta concurrida
arteria de Sevilla, pese a encontrarse frente a uno de los accesos históricos
más importantes de la Catedral.
La presencia de la lápida dedicada a Hilarión Eslava
ha provocado que la antigua portada sea conocida popularmente como “Arco de
Eslava”. Sin embargo, su significación histórica es anterior y mucho más
amplia: fue la entrada principal del Colegio de San Miguel y constituye
prácticamente el último vestigio arquitectónico reconocible de una institución
que permaneció vinculada al Cabildo Catedralicio durante varios siglos.
La Virgen de los Reyes pasando ante el Colegio de San Miguel.
(ver) (CC BY 3.0)
La puerta conduce actualmente a un espacio de uso
privado y permanece habitualmente cerrada, de modo que el visitante solo puede
contemplar desde la avenida la parte exterior de esta antigua estructura.
Por eso,
aquella pequeña portada del número 28 de la avenida de la Constitución merece
ser contemplada con especial atención. A primera vista parece únicamente un
elemento arquitectónico incorporado a una construcción del siglo XX. En
realidad, es la puerta superviviente de un complejo desaparecido y el último
testimonio visible de un colegio que durante siglos estuvo al servicio de la
Catedral y que contribuyó de manera decisiva a la formación religiosa,
intelectual y musical de varias generaciones de sevillanos.
Avenida
de la Constitución 28
Puerta del antiguo Colegio de San Miguel
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