jueves, 1 de octubre de 2026

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Colegio de San Miguel (Derribado).

El antiguo Colegio de San Miguel fue una de las instituciones educativas y musicales más vinculadas a la historia de la Catedral de Sevilla. Durante siglos ocupó una amplia manzana situada frente a la fachada sur del templo catedralicio, en el espacio comprendido aproximadamente entre la actual avenida de la Constitución, las calles Arfe y Almirantazgo y el lienzo de muralla que hoy sirve de fondo a la Plaza del Cabildo. De aquel complejo, desaparecido casi por completo durante las transformaciones urbanísticas del siglo XX, apenas permanece su antigua portada, integrada en el edificio construido por José Espiau y Muñoz en 1929, en el número 28 de la avenida de la Constitución.

Avenida de la Constitución 28

Puerta del antiguo Colegio de San Miguel

Un origen medieval difícil de precisar

Los orígenes del Colegio de San Miguel se encuentran envueltos en cierta incertidumbre documental. Su tradición histórica lo relaciona con los primeros estudios que se desarrollaron en Sevilla después de la conquista castellana y, especialmente, con los Estudios Generales promovidos por Alfonso X el Sabio a mediados del siglo XIII. 

Placa en el Pasaje de los Seises: XXVIII andados del mes de deziembre del año 1254, el Rey Don Alonso el Sabio otorgó a Sevilla Estudio e Escuelas Generales de Latino e Aravigo, germen de nuestra Universidad, una de sus primeras sedes fue este Colegio de San Miguel. 28 de diciembre de 1995

Alonso de Morgado, a finales del siglo XVI, atribuía al propio monarca la fundación de un colegio que, según sus palabras, todavía florecía bajo la advocación de San Miguel. Sin embargo, es probable que Morgado confundiera los antiguos Estudios Generales con la institución que posteriormente conocemos como Colegio de San Miguel.

El patio de San Miguel, en Sevilla. Raimundo de Madrazo y Garreta. 1868. Óleo sobre tabla. 15,8 x 10 cm.  Museo del Prado. Sala 062B. (ver) (CC BY 3.0)

Patio del Colegio de san Miguel. Rafael Senet. Óleo sobre tabla. 19 x 10,50mcm. Museo de Huelva(ver) (CC BY 3.0)

Rodrigo Caro, por su parte, consideraba el Colegio como uno de los establecimientos docentes más antiguos de Sevilla y explicaba que en él se formaban los jóvenes destinados al servicio del coro de la Catedral. Su enseñanza comenzaba con las primeras letras, el latín y las humanidades, continuaba con las artes liberales y culminaba con la formación religiosa. Con el tiempo, la música adquirió una importancia esencial, pues los alumnos debían estar preparados para participar en la solemne liturgia de la Iglesia Metropolitana.

Lo que sí parece claro es que podemos considerar el desaparecido Colegio de San Miguel como el precedente de los otros antiguos estudios que llegarían desde comienzos del siglo XVI como el de Santa María, fundado por Maese Rodrigo en 1505 y que se considera el origen de la Universidad de Sevilla; el de Santo Tomás, fundado por Fray Diego de Deza en 1516; o sucesivas instituciones educativas similares como el colegio jesuita San Hermenegildo; el de San Gregorio (también conocido como de los ingleses); y el de la Concepción, (conocido igualmente como de San Patricio o de los irlandeses).

Una de las primeras noticias concretas sobre el Colegio aparece vinculada a la construcción de la actual Catedral gótica. Según Espinosa de los Monteros, cuando a comienzos del siglo XV se iniciaron las obras del nuevo templo, los restos de quienes habían sido enterrados en la antigua mezquita-catedral fueron trasladados provisionalmente al Colegio de San Miguel hasta que concluyeran las obras. Esta referencia demuestra que para entonces la institución ya estaba plenamente integrada en el entorno catedralicio y gozaba de una consideración notable.

Vista aérea del entorno de la catedral donde se aprecia el desaparecido colegio. (ver) (CC BY 3.0)

Un colegio dependiente del Cabildo

Desde sus orígenes hasta su desaparición, el Colegio de San Miguel estuvo bajo la autoridad del Cabildo Catedralicio. No se trataba, por tanto, de un colegio destinado exclusivamente a la enseñanza en el sentido moderno del término, sino de una institución concebida para proporcionar formación y alojamiento a jóvenes vinculados al servicio de la Catedral.

En sus dependencias residían los mozos de coro y los seises, además del maestro de capilla y otros servidores relacionados con el culto. Algunos de los alumnos disfrutaban de becas y, a cambio, colaboraban en las numerosas funciones necesarias para el funcionamiento cotidiano de la Catedral. El Colegio constituía así un espacio en el que educación, vida comunitaria y servicio litúrgico formaban una unidad.

La formación comprendía lectura, escritura, gramática y especialmente latín, indispensables para la participación en la liturgia. La educación religiosa ocupaba igualmente un lugar destacado y, con el paso del tiempo, se incorporaron estudios de carácter teológico, en el siglo XVII. Pero fue la música la que terminó otorgando al Colegio una personalidad particularmente significativa.

Los jóvenes aprendían canto llano o gregoriano, canto de órgano o polifonía, composición y diversos instrumentos. El órgano tenía especial relevancia, aunque también se enseñaban instrumentos como el violín, el bajón o la flauta. De este modo, el Colegio de San Miguel se convirtió durante generaciones en uno de los principales centros de formación musical relacionados con la Catedral de Sevilla.

San Isidoro y la evolución de la institución

La historia del Colegio estuvo estrechamente relacionada con otros proyectos educativos promovidos por la Iglesia sevillana. En 1532, el arzobispo Alonso Manrique impulsó en el Palacio Arzobispal el Colegio Seminario de San Isidoro. Su finalidad era diferente y entre sus alumnos se encontraban jóvenes procedentes del entorno catedralicio que podían continuar allí su formación teológica. La institución, sin embargo, tuvo una existencia breve y desapareció después de la muerte de Manrique en 1538.

Décadas más tarde se retomó la idea de disponer de una institución destinada a la formación de jóvenes vinculados al servicio de la Catedral. En el siglo XVII se autorizó la creación de un seminario menor y el nombre de San Isidoro volvió a aparecer relacionado con el recinto del Colegio de San Miguel. En sus dependencias llegaron a alojarse varias decenas de colegiales, que recibían formación durante varios años y colaboraban en las tareas de la Catedral como acólitos, sacristanes, monaguillos y otros servidores del culto.

Por ello, el recinto fue adquiriendo una configuración compleja. El Colegio de San Miguel no era un único edificio construido de una vez, sino un conjunto de casas y dependencias levantadas y transformadas en diferentes momentos. Todas ellas se articulaban alrededor de espacios comunes y de un compás o patio interior. Dentro de este amplio recinto existieron también otras dependencias vinculadas al Cabildo, entre ellas la llamada “carnicería de los clérigos” y el cementerio de San Miguel, que probablemente contó asimismo con una pequeña capilla o ermita.

Antigua postal del patio de San Miguel. (ver) (CC BY 3.0)

La proximidad física entre el Colegio y la Catedral terminó estableciendo una relación tan estrecha que incluso uno de los accesos principales del templo quedó asociado a su nombre.

La actual Puerta del Nacimiento, situada en el lado meridional de la Catedral y utilizada tradicionalmente para la entrada de los pasos procesionales durante la Semana Santa, es conocida desde antiguo como Puerta de San Miguel. La denominación procede precisamente de la institución que se encontraba enfrente. De este modo, el nombre del desaparecido Colegio ha sobrevivido en la propia arquitectura de la Catedral, aunque el edificio que lo originó haya desaparecido.

La fachada del Colegio constituía además un privilegiado lugar de contemplación de las ceremonias públicas que se desarrollaban ante la Catedral. Sus balcones se engalanaban en las grandes festividades y se llenaban de espectadores durante procesiones y acontecimientos solemnes.

Una imagen especialmente interesante de aquella relación aparece en la pintura La procesión del Corpus de Sevilla, de Manuel Cabral y Aguado Bejarano. La obra ofrece una auténtica crónica visual de la ciudad decimonónica y permite reconocer, junto a la Catedral, el antiguo Colegio de San Miguel con sus balcones adornados y su portada. Por delante discurre la procesión del Corpus, con la monumental custodia de Juan de Arfe, mientras la comitiva atraviesa la Puerta de San Miguel.

La procesión del Corpus en Sevilla. Manuel Cabral y Aguado Bejarano. 1857. Óleo sobre lienzo. 152,5 x 243,5 cm. Museo del Prado. No expuesto. (ver) (CC BY 3.0)

El terremoto de 1755

El edificio desempeñó incluso una función extraordinaria en uno de los episodios más graves sufridos por Sevilla durante el siglo XVIII. El terremoto del 1 de noviembre de 1755, conocido como terremoto de Lisboa, produjo importantes daños en la Catedral y obligó al Cabildo a trasladar temporalmente la celebración de los oficios religiosos.

Una inscripción conservada en el paseo de los Seises en relación con el antiguo Colegio recuerda que, desde aquel sábado de noviembre hasta finales de febrero de 1756, una de sus galerías fue utilizada como espacio provisional para celebrar los Divinos Oficios mientras se reparaban los daños ocasionados en la Iglesia Metropolitana. El episodio constituye una muestra excepcional de la estrecha relación funcional que existía entre el Colegio y la Catedral.

Placa en Pasaje de los Seises: Sábado primero de noviembre de 1755 a las diez de la mañana se padeció un terremoto central que en cerca de un cuarto de hora maltrató muchos edificios y entre ellos nuestra Santa Iglesia y el Cabildo se pasó a celebrar los Divinos Oficios a este su colegio sirviendo de templo esta galería hasta el sábado 28 de febrero de 1756 años

Hilarión Eslava y la tradición musical

La tradición musical del Colegio alcanzó uno de sus últimos momentos de especial relevancia con Hilarión Eslava (Leer mas), compositor y maestro de capilla nacido en Burlada, Navarra. Eslava desarrolló parte importante de su trayectoria profesional en Sevilla y tuvo su residencia en el antiguo Colegio de San Miguel, donde ejerció también labores docentes relacionadas con la formación musical de los jóvenes vinculados a la Catedral.

Su presencia enlaza la antigua tradición musical del Colegio con la música sacra española del siglo XIX. Entre sus composiciones más conocidas se encuentran los Misereres de Sevilla, Jerez y Baeza, obras que quedaron estrechamente vinculadas a la tradición musical de estas ciudades.

En recuerdo de Eslava se colocó en la fachada una lápida de forma ovalada, promovida por sus discípulos y admiradores. El texto lo recuerda como sacerdote e insigne maestro del arte musical y señala que en aquel lugar compuso obras que fueron consideradas inmortales. Gracias a esta inscripción, la memoria del compositor permanece asociada al mismo espacio donde durante siglos se había desarrollado la enseñanza musical de los servidores del templo metropolitano.

Lápida de piedra: A la gloriosa memoria de Eslava, dignísimo sacerdote e insigne maestro del Arte Musical que en este edificio compuso inmortales obras. Sus discípulos y admiradores

La desaparición del Colegio

El Colegio de San Miguel sobrevivió durante siglos a las transformaciones de Sevilla, pero no pudo escapar a la profunda renovación urbana que experimentó el entorno de la Catedral durante las primeras décadas del siglo XX.

La construcción de nuevos edificios y la reorganización de la trama urbana provocaron la desaparición progresiva de las diferentes casas que integraban el complejo. Finalmente, el antiguo conjunto fue derribado casi por completo. La documentación y las imágenes históricas permiten comprender que no se trataba de un edificio aislado, sino de un verdadero conjunto institucional formado por varias construcciones de épocas diferentes.

Solar tras el derribo de las casas que formaban el Colegio de San Miguel. (Ver) CC BY 3.0)


En su lugar surgieron nuevas edificaciones y, posteriormente, la Plaza del Cabildo, mientras la expansión de la avenida de la Constitución modificaba definitivamente la relación espacial que durante siglos había existido entre el Colegio y la Catedral.

Plaza del Cabildo actual

Paradójicamente, uno de los vestigios más importantes del antiguo recinto no desapareció. Su portada fue conservada e incorporada al nuevo edificio diseñado por José Espiau y Muñoz para Antonio González en 1929. La arquitectura neogótica de la nueva construcción permitió integrar con bastante naturalidad la antigua puerta medieval en la fachada contemporánea.

Portada del Colegio de San Miguel (ver) (CC BY 3.0)

La portada y el llamado Arco de Eslava

La antigua entrada del Colegio constituye hoy el testimonio material más visible de aquella institución. Se trata de una portada de tradición gótico-mudéjar, probablemente del siglo XIV, que originalmente daba acceso al recinto colegial.

Actualmente aparece estrechamente encajada en la fachada del edificio de la avenida de la Constitución número 28. Su reducido tamaño hace que pueda pasar inadvertida para quien transita por esta concurrida arteria de Sevilla, pese a encontrarse frente a uno de los accesos históricos más importantes de la Catedral.

La presencia de la lápida dedicada a Hilarión Eslava ha provocado que la antigua portada sea conocida popularmente como “Arco de Eslava”. Sin embargo, su significación histórica es anterior y mucho más amplia: fue la entrada principal del Colegio de San Miguel y constituye prácticamente el último vestigio arquitectónico reconocible de una institución que permaneció vinculada al Cabildo Catedralicio durante varios siglos.

Antigua postal de la entrada al Colegio de San Miguel, conocido como Arco de Eslava. (ver) (CC BY 3.0)

La Virgen de los Reyes pasando ante el Colegio de San Miguel. (ver) (CC BY 3.0)

La puerta conduce actualmente a un espacio de uso privado y permanece habitualmente cerrada, de modo que el visitante solo puede contemplar desde la avenida la parte exterior de esta antigua estructura.

Por eso, aquella pequeña portada del número 28 de la avenida de la Constitución merece ser contemplada con especial atención. A primera vista parece únicamente un elemento arquitectónico incorporado a una construcción del siglo XX. En realidad, es la puerta superviviente de un complejo desaparecido y el último testimonio visible de un colegio que durante siglos estuvo al servicio de la Catedral y que contribuyó de manera decisiva a la formación religiosa, intelectual y musical de varias generaciones de sevillanos.

Avenida de la Constitución 28

Puerta del antiguo Colegio de San Miguel

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