ALGUNAS LEYENDAS DE SEVILLA
San Fernando y la Virgen de la Antigua.
La conquista
cristiana de Sevilla por Fernando III de Castilla, en noviembre de 1248, está
rodeada de relatos piadosos y tradiciones que, transmitidos a lo largo de los
siglos, contribuyeron a enriquecer la memoria histórica de la ciudad. Entre
ellos destaca la leyenda de la Virgen de la Antigua, estrechamente vinculada a
la devoción mariana del monarca y a la antigua mezquita mayor, sobre cuyos
cimientos se levantaría posteriormente la Catedral de Sevilla. La tradición
relaciona asimismo estos acontecimientos con la Puerta de Jerez, uno de los
accesos del recinto amurallado sevillano.
Según el relato legendario, durante el prolongado asedio de
la ciudad, Fernando III, movido por su fervor religioso y su deseo de conocer
personalmente las defensas de la Sevilla musulmana, habría conseguido penetrar
de incógnito en el recinto amurallado.
La tradición sitúa esta entrada en la zona de la Puerta de
Jerez, aprovechando que una de las puertas se abrió para el paso de gentes del
campo. Su ausencia del campamento cristiano habría alarmado a sus
caballeros, que, al advertir que el rey había desaparecido, emprendieron su
búsqueda. Entre ellos destaca Garci Pérez de Vargas, célebre por su valor y por
el papel que la tradición le atribuye en los episodios militares relacionados
con la conquista.
Según la leyenda, la Virgen de los Reyes, a la que Fernando
III profesaba una especial devoción, le habría indicado que debía buscar y
venerar una antigua imagen mariana que permanecía oculta tras un muro de
la mezquita mayor. Se decía que aquella representación
de la Virgen, conocida posteriormente como la Virgen de la Antigua (leer mas), había sido venerada
desde tiempos visigodos y que, había quedado escondida detrás de un muro para
evitar su destrucción o profanación.
Guiado por un ángel, el monarca habría llegado hasta el
lugar donde se encontraba la imagen. Aunque esta permanecía oculta tras la
pared, un prodigio le habría permitido contemplarla milagrosamente a través del
muro. La visión se interpretó como una señal de protección celestial y como un
anuncio favorable para la empresa militar de Fernando III. De acuerdo con esta
tradición, una vez conquistada Sevilla, el rey habría ordenado descubrir la
pintura y devolverle el culto.
El relato vincula de este modo la victoria de 1248 con la
intervención protectora de la Virgen, una interpretación acorde con la
mentalidad religiosa medieval, en la que los triunfos militares podían
entenderse como manifestaciones de la voluntad divina.
Sin embargo, existe una circunstancia que permite distinguir
la tradición legendaria de los datos proporcionados por la investigación
artística. Los estudios sitúan la ejecución de la pintura en el siglo XV,
aproximadamente dos centurias después de la conquista de Sevilla. Por tanto, no
puede identificarse con la imagen que Fernando III hubiera contemplado en 1248.
Así, aunque la leyenda le atribuye un origen mucho más
antiguo, no existen pruebas concluyentes que permitan confirmar la existencia
de esa misma pintura en época visigoda ni su ocultamiento durante el dominio
musulmán.
El historiador del arte José Gudiol Ricart fue el
primero en datar la pintura a comienzos del siglo XV. Su hipótesis se basa en
la figura orante que aparece junto a la Virgen, abajo y a la izquierda, posiblemente
un retrato de Leonor de Alburquerque, esposa del infante Fernando de Antequera,
realizado entre 1410 y 1416. Algunos autores mencionaron la existencia de una
figura simétrica, en el otro lado, del propio Fernando, aunque los estudios
efectuados durante la restauración de 1991 descartaron tal posibilidad.
El sacerdote Gabriel de Aranda interpretó que Leonor,
devota de la Virgen, quiso dejar testimonio de su fe mandando pintar su retrato
a los pies de la imagen tras la muerte de su esposo en 1416.
Por su parte, José María Medianero Hernández fechó la
obra entre 1425 y 1450. Se basa en que, aunque la imagen tiene reminiscencias
bizantinas y franco-góticas, la impronta italo-gótica es muy clara, y este
movimiento se desarrolló en Sevilla sobre todo en esa época. La pintura fue
retocada en 1497 por Gonzalo Díaz. Posteriormente, fue retocada entre 1547 y
1548 por Antón Pérez.
Lo cierto es que la imagen se encuentra pintada
directamente sobre un muro que perteneció a la antigua mezquita. Cuando esta
fue demolida a inicios del siglo XV, se conservó el fragmento que contenía la
pintura. Años más tarde, entre 1576 y 1578, el arquitecto Asensio de Maeda
dirigió el complejo traslado del muro —de unas dieciocho toneladas— hasta la
capilla actual, empleando un ingenioso sistema de grúas, cuerdas y poleas
manejadas por marineros experimentados.
La leyenda de la Virgen de la Antigua debe entenderse, por
tanto, como una tradición piadosa que entrelaza la conquista cristiana, la
figura de Fernando III y la devoción mariana. Más allá de su exactitud
histórica, el relato expresa la manera en que la sociedad sevillana interpretó
espiritualmente uno de los acontecimientos decisivos de su pasado y convirtió
la imagen de la Virgen de la Antigua en un símbolo de protección, identidad y
continuidad religiosa.
Retablo de la Virgen de la
Antigua
Detalle del primer cuerpo
Virgen de la Antigua
Detalle de Leonor de Alburquerque



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