miércoles, 14 de octubre de 2026

ALGUNAS LEYENDAS DE SEVILLA

San Fernando y la Virgen de la Antigua.

La conquista cristiana de Sevilla por Fernando III de Castilla, en noviembre de 1248, está rodeada de relatos piadosos y tradiciones que, transmitidos a lo largo de los siglos, contribuyeron a enriquecer la memoria histórica de la ciudad. Entre ellos destaca la leyenda de la Virgen de la Antigua, estrechamente vinculada a la devoción mariana del monarca y a la antigua mezquita mayor, sobre cuyos cimientos se levantaría posteriormente la Catedral de Sevilla. La tradición relaciona asimismo estos acontecimientos con la Puerta de Jerez, uno de los accesos del recinto amurallado sevillano.

Según el relato legendario, durante el prolongado asedio de la ciudad, Fernando III, movido por su fervor religioso y su deseo de conocer personalmente las defensas de la Sevilla musulmana, habría conseguido penetrar de incógnito en el recinto amurallado.

La tradición sitúa esta entrada en la zona de la Puerta de Jerez, aprovechando que una de las puertas se abrió para el paso de gentes del campo. Su ausencia del campamento cristiano habría alarmado a sus caballeros, que, al advertir que el rey había desaparecido, emprendieron su búsqueda. Entre ellos destaca Garci Pérez de Vargas, célebre por su valor y por el papel que la tradición le atribuye en los episodios militares relacionados con la conquista.

Según la leyenda, la Virgen de los Reyes, a la que Fernando III profesaba una especial devoción, le habría indicado que debía buscar y venerar una antigua imagen mariana que permanecía oculta tras un muro de la mezquita mayor. Se decía que aquella representación de la Virgen, conocida posteriormente como la Virgen de la Antigua (leer mas), había sido venerada desde tiempos visigodos y que, había quedado escondida detrás de un muro para evitar su destrucción o profanación.

Guiado por un ángel, el monarca habría llegado hasta el lugar donde se encontraba la imagen. Aunque esta permanecía oculta tras la pared, un prodigio le habría permitido contemplarla milagrosamente a través del muro. La visión se interpretó como una señal de protección celestial y como un anuncio favorable para la empresa militar de Fernando III. De acuerdo con esta tradición, una vez conquistada Sevilla, el rey habría ordenado descubrir la pintura y devolverle el culto.

El relato vincula de este modo la victoria de 1248 con la intervención protectora de la Virgen, una interpretación acorde con la mentalidad religiosa medieval, en la que los triunfos militares podían entenderse como manifestaciones de la voluntad divina.

Sin embargo, existe una circunstancia que permite distinguir la tradición legendaria de los datos proporcionados por la investigación artística. Los estudios sitúan la ejecución de la pintura en el siglo XV, aproximadamente dos centurias después de la conquista de Sevilla. Por tanto, no puede identificarse con la imagen que Fernando III hubiera contemplado en 1248.

Así, aunque la leyenda le atribuye un origen mucho más antiguo, no existen pruebas concluyentes que permitan confirmar la existencia de esa misma pintura en época visigoda ni su ocultamiento durante el dominio musulmán.

El historiador del arte José Gudiol Ricart fue el primero en datar la pintura a comienzos del siglo XV. Su hipótesis se basa en la figura orante que aparece junto a la Virgen, abajo y a la izquierda, posiblemente un retrato de Leonor de Alburquerque, esposa del infante Fernando de Antequera, realizado entre 1410 y 1416. Algunos autores mencionaron la existencia de una figura simétrica, en el otro lado, del propio Fernando, aunque los estudios efectuados durante la restauración de 1991 descartaron tal posibilidad.

El sacerdote Gabriel de Aranda interpretó que Leonor, devota de la Virgen, quiso dejar testimonio de su fe mandando pintar su retrato a los pies de la imagen tras la muerte de su esposo en 1416.

Por su parte, José María Medianero Hernández fechó la obra entre 1425 y 1450. Se basa en que, aunque la imagen tiene reminiscencias bizantinas y franco-góticas, la impronta italo-gótica es muy clara, y este movimiento se desarrolló en Sevilla sobre todo en esa época. ​La pintura fue retocada en 1497 por Gonzalo Díaz. Posteriormente, fue retocada entre 1547 y 1548 por Antón Pérez.

Lo cierto es que la imagen se encuentra pintada directamente sobre un muro que perteneció a la antigua mezquita. Cuando esta fue demolida a inicios del siglo XV, se conservó el fragmento que contenía la pintura. Años más tarde, entre 1576 y 1578, el arquitecto Asensio de Maeda dirigió el complejo traslado del muro —de unas dieciocho toneladas— hasta la capilla actual, empleando un ingenioso sistema de grúas, cuerdas y poleas manejadas por marineros experimentados.

La leyenda de la Virgen de la Antigua debe entenderse, por tanto, como una tradición piadosa que entrelaza la conquista cristiana, la figura de Fernando III y la devoción mariana. Más allá de su exactitud histórica, el relato expresa la manera en que la sociedad sevillana interpretó espiritualmente uno de los acontecimientos decisivos de su pasado y convirtió la imagen de la Virgen de la Antigua en un símbolo de protección, identidad y continuidad religiosa.

Retablo de la Virgen de la Antigua

Detalle del primer cuerpo

Virgen de la Antigua

Detalle de Leonor de Alburquerque

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