sábado, 17 de octubre de 2026

AREA CENTRO 1

Calle Doña María de Padilla.

La calle Doña María de Padilla, situada entre la calle San Fernando y la de Palos de la Frontera, constituye una pequeña vía del centro histórico de Sevilla cuyo origen está estrechamente relacionado con la construcción del Hotel Alfonso XIII y las transformaciones urbanísticas emprendidas en la ciudad con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929.

Su apertura fue consecuencia de la decisión municipal de levantar un gran establecimiento hotelero en los antiguos jardines del Teatro Eslava, junto a la Fábrica de Tabacos, edificio que hoy alberga la sede principal de la Universidad de Sevilla. La iniciativa de construir el hotel surgió en 1912 y, tras la convocatoria de un concurso de proyectos, las obras comenzaron en 1916, bajo la dirección del arquitecto José Espiau y Muñoz, y concluyeron en 1928. La ocupación de una parte de aquellos jardines, que hasta entonces permitían el acceso a una de las puertas de la fachada occidental de la antigua Fábrica de Tabacos, hizo necesaria la apertura de esta estrecha calle, de aproximadamente seis metros de anchura.

Desde su formación, en 1928, la vía recibió el nombre de Doña María de Padilla, en memoria de la célebre dama castellana que mantuvo una relación amorosa con el rey Pedro I de Castilla y a quien este reconoció públicamente como su legítima esposa ante las Cortes reunidas en Sevilla. María de Padilla falleció en 1361 y sus restos descansan en la Capilla Real de la Catedral hispalense. El cronista sevillano Luis Montoto, al informar favorablemente sobre la denominación de la nueva calle, la evocó como “prototipo de la mujer amante”, expresión que refleja la interpretación romántica con la que tradicionalmente se ha recordado su figura. Con anterioridad, en 1922, se había propuesto dedicar la vía al ceramista Daniel Zuloaga, aunque aquella denominación no llegó a consolidarse.

La calle presenta una configuración singular, condicionada por los espacios ajardinados y las construcciones que la delimitan. En su margen derecha se extienden la verja y las dependencias auxiliares del Hotel Alfonso XIII, cuya arquitectura historicista constituye uno de los elementos más destacados del entorno. En el lado opuesto, una barandilla de hierro, apoyada sobre un banco corrido de piedra caliza, protege el foso de la antigua Fábrica de Tabacos. Los árboles, setos y jardines que acompañan ambos márgenes suavizan la estrechez de la calzada y contribuyen a crear una perspectiva urbana distinta de la habitual en las calles más compactas del casco histórico.

Margen derecha con las dependencias auxiliares del Hotel Alfonso XIII

Margen izquierda con la Fábrica de Tabacos

Detalle de la garita del centinela

Uno de sus elementos de mayor interés histórico es el puente que comunica la calle con el recinto de la antigua Fábrica de Tabacos. Construido en 1770, durante el reinado de Carlos III, fue concebido originalmente como un puente levadizo, circunstancia que recuerda la inscripción conservada en su estructura. Su existencia se relaciona con las necesidades de acceso y control de un establecimiento industrial que, por sus dimensiones y características, funcionaba como un recinto parcialmente aislado del exterior. Durante una reforma realizada en la década de 1970, el puente fue ampliado y transformado en una estructura fija, adaptándose a las nuevas necesidades de circulación.

La iluminación eléctrica de la calle se instaló en 1940, aprovechando inicialmente las farolas del hotel. Posteriormente se incorporaron luminarias de un solo farol, de inspiración fernandina, que contribuyen a mantener una imagen acorde con el carácter monumental de este sector urbano. La calzada, estrecha y con aparcamiento en línea, presenta ciertas dificultades para el tránsito, especialmente por la limitada anchura de sus aceras. Por ello, los estudiantes y el personal universitario suelen utilizar preferentemente los accesos situados en el extremo próximo a la calle San Fernando.

Pese a sus reducidas dimensiones, la calle Doña María de Padilla posee un notable interés histórico y ambiental. Su trazado testimonia las transformaciones urbanísticas que acompañaron la preparación de la Exposición Iberoamericana y la construcción de uno de los hoteles más representativos de Sevilla. Al mismo tiempo, la proximidad de la antigua Fábrica de Tabacos, el puente dieciochesco y los jardines del Hotel Alfonso XIII permite reconocer en este breve recorrido la superposición de distintas etapas de la historia de la ciudad: la Sevilla industrial del siglo XVIII, las reformas urbanas de comienzos del XX y la configuración monumental concebida para proyectar internacionalmente la imagen de la capital andaluza.

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