AREA CENTRO 1
Calle Doña María de Padilla.
La calle
Doña María de Padilla, situada entre la calle San Fernando y la de Palos de la
Frontera, constituye una pequeña vía del centro histórico de Sevilla cuyo
origen está estrechamente relacionado con la construcción del Hotel Alfonso
XIII y las transformaciones urbanísticas emprendidas en la ciudad con motivo de
la Exposición Iberoamericana de 1929.
Su
apertura fue consecuencia de la decisión municipal de levantar un gran establecimiento
hotelero en los antiguos jardines del Teatro Eslava, junto a la Fábrica de
Tabacos, edificio que hoy alberga la sede principal de la Universidad de
Sevilla. La iniciativa de construir el hotel surgió en 1912 y, tras la
convocatoria de un concurso de proyectos, las obras comenzaron en 1916, bajo la
dirección del arquitecto José Espiau y Muñoz, y concluyeron en 1928. La
ocupación de una parte de aquellos jardines, que hasta entonces permitían el
acceso a una de las puertas de la fachada occidental de la antigua Fábrica de
Tabacos, hizo necesaria la apertura de esta estrecha calle, de aproximadamente
seis metros de anchura.
Desde su formación, en 1928, la vía recibió el nombre
de Doña María de Padilla, en memoria de la célebre dama castellana que mantuvo
una relación amorosa con el rey Pedro I de Castilla y a quien este reconoció
públicamente como su legítima esposa ante las Cortes reunidas en Sevilla. María
de Padilla falleció en 1361 y sus restos descansan en la Capilla Real de la
Catedral hispalense. El cronista sevillano Luis Montoto, al informar
favorablemente sobre la denominación de la nueva calle, la evocó como “prototipo
de la mujer amante”, expresión que refleja la interpretación romántica con la
que tradicionalmente se ha recordado su figura. Con anterioridad, en 1922, se
había propuesto dedicar la vía al ceramista Daniel Zuloaga, aunque aquella
denominación no llegó a consolidarse.
La calle presenta una configuración singular,
condicionada por los espacios ajardinados y las construcciones que la
delimitan. En su margen derecha se extienden la verja y las dependencias
auxiliares del Hotel Alfonso XIII, cuya arquitectura historicista constituye
uno de los elementos más destacados del entorno. En el lado opuesto, una
barandilla de hierro, apoyada sobre un banco corrido de piedra caliza, protege
el foso de la antigua Fábrica de Tabacos. Los árboles, setos y jardines que
acompañan ambos márgenes suavizan la estrechez de la calzada y contribuyen a
crear una perspectiva urbana distinta de la habitual en las calles más
compactas del casco histórico.
Margen derecha con las dependencias auxiliares del
Hotel Alfonso XIII
Margen izquierda con la Fábrica de Tabacos
Detalle
de la garita del centinela
Uno de sus elementos de mayor interés histórico es el
puente que comunica la calle con el recinto de la antigua Fábrica de Tabacos.
Construido en 1770, durante el reinado de Carlos III, fue concebido
originalmente como un puente levadizo, circunstancia que recuerda la inscripción
conservada en su estructura. Su existencia se relaciona con las necesidades de
acceso y control de un establecimiento industrial que, por sus dimensiones y
características, funcionaba como un recinto parcialmente aislado del exterior.
Durante una reforma realizada en la década de 1970, el puente fue ampliado y
transformado en una estructura fija, adaptándose a las nuevas necesidades de
circulación.
La
iluminación eléctrica de la calle se instaló en 1940, aprovechando inicialmente
las farolas del hotel. Posteriormente se incorporaron luminarias de un solo
farol, de inspiración fernandina, que contribuyen a mantener una imagen acorde
con el carácter monumental de este sector urbano. La calzada, estrecha y con
aparcamiento en línea, presenta ciertas dificultades para el tránsito,
especialmente por la limitada anchura de sus aceras. Por ello, los estudiantes
y el personal universitario suelen utilizar preferentemente los accesos
situados en el extremo próximo a la calle San Fernando.
Pese a sus reducidas dimensiones, la calle Doña María de Padilla posee un notable interés histórico y ambiental. Su trazado testimonia las transformaciones urbanísticas que acompañaron la preparación de la Exposición Iberoamericana y la construcción de uno de los hoteles más representativos de Sevilla. Al mismo tiempo, la proximidad de la antigua Fábrica de Tabacos, el puente dieciochesco y los jardines del Hotel Alfonso XIII permite reconocer en este breve recorrido la superposición de distintas etapas de la historia de la ciudad: la Sevilla industrial del siglo XVIII, las reformas urbanas de comienzos del XX y la configuración monumental concebida para proyectar internacionalmente la imagen de la capital andaluza.
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