AREA CENTRO 1
Plaza de la Puerta de Jerez.
La
plaza de la Puerta de Jerez constituye uno de los espacios urbanos más
representativos de Sevilla y un punto de encuentro entre la ciudad histórica y
los ensanches desarrollados durante los siglos XIX y XX. Situada en la
confluencia de las actuales avenidas de la Constitución y de Roma, las calles
San Fernando, San Gregorio y Almirante Lobo, y la calle Maese Rodrigo, su
configuración actual es el resultado de sucesivas transformaciones que
modificaron profundamente este sector meridional del recinto histórico. Bajo su
apariencia de plaza abierta y moderna se conserva, sin embargo, la memoria de
una de las antiguas entradas de la ciudad, vinculada durante siglos a sus
murallas, a las comunicaciones con el sur y a la expansión de Sevilla más allá
de sus límites medievales.
Puerta
de Jerez. Año de 1990
Origen de la Puerta de Jerez
Los
antecedentes de este espacio se remontan a la época musulmana, cuando la
ampliación y consolidación de las defensas urbanas dotaron a Sevilla de un
sistema de murallas y puertas que regulaba el acceso a la ciudad. La Puerta de
Jerez formaba parte del frente meridional de la cerca y se encontraba próxima
al sector del alcázar. Su origen se relaciona con las fortificaciones
levantadas durante el periodo almorávide, en el siglo XII, aunque la
organización defensiva de esta zona experimentó modificaciones posteriores.
La
puerta era conocida en árabe como Bab al-Faray (leer mas) y permitía salir de Sevilla en
dirección a Jerez de la Frontera, de donde procede su denominación tradicional.
Como otras entradas de las murallas hispalenses, no desempeñaba únicamente una
función de tránsito, sino también de control militar y fiscal, pues constituía
uno de los puntos por los que personas y mercancías entraban y salían de la
ciudad.
Su estructura
original respondía a un modelo defensivo característico de la arquitectura
militar islámica. El paso estaba cubierto por una bóveda y protegido mediante
un rastrillo, mientras que dos torreones almenados flanqueaban el acceso. La
disposición inicial de las puertas musulmanas solía dificultar la entrada
directa mediante recorridos en recodo, una solución destinada a reducir la
vulnerabilidad ante posibles ataques. Con el tiempo, algunas de estas entradas
fueron rectificadas para facilitar la circulación, especialmente durante las
reformas realizadas en el siglo XVI.
Al exterior
de la muralla discurría el arroyo Tagarete, cuyo cauce se aproximaba a las
defensas y contribuía a reforzar su carácter de barrera. Este curso de agua
seguía un recorrido próximo a las actuales calles de San Fernando y Almirante
Lobo hasta desembocar en el Guadalquivir, junto a la Torre del Oro. Para
alcanzar la puerta desde el exterior era necesario salvar el arroyo mediante un
puente, de modo que el acceso combinaba las funciones de comunicación y
defensa.
Puerta de Jerez y puente sobre el
río Tagarete. Fotografia de Joseph de Vigier (ver) (CC BY 3.0)
La Puerta de
Jerez formaba parte, por tanto, de un sistema fortificado en el que las
murallas, los torreones, los fosos naturales y los puentes constituían
elementos complementarios. Su presencia condicionó durante siglos la
organización del espacio urbano situado a ambos lados de la entrada.
La puerta a través de los siglos
Tras
la conquista cristiana de Sevilla por Fernando III en 1248, la Puerta de Jerez
mantuvo su importancia como salida meridional de la ciudad. Durante la Baja
Edad Media y la Edad Moderna, el espacio inmediato a la entrada fue adquiriendo
una configuración irregular, condicionada por la muralla, las construcciones
que se adosaban a ella y los caminos que convergían en sus inmediaciones.
La
documentación histórica recoge diversas denominaciones para este lugar. Desde
el siglo XIII se conoció como Postigo o Puerta de Jerez, mientras que en los
siglos XV y XVI aparece también la denominación de plaza del Corral de Jerez.
Posteriormente, el nombre de Maese Rodrigo, o plaza del Colegio de Maese
Rodrigo, se impuso en relación con el Colegio de Santa María de Jesús (leer mas), fundado por el canónigo Rodrigo
Fernández de Santaella (1444-1509), institución que desempeñó un papel esencial
en los orígenes de la Universidad de Sevilla. De ahí derivaría asimismo la
denominación de plaza de la Universidad.
La evolución
de la puerta puede seguirse a través de las reformas que experimentó en los
siglos posteriores. Durante el siglo XVI se modificó su estructura para
adaptarla a las necesidades de circulación de una ciudad en expansión. A esta
etapa se vincula una lápida fechada en 1578, cuya inscripción, de carácter
legendario, resume una antigua tradición sobre la fundación y conquista de
Sevilla:
“Hércules me
edificó, Julio César me cercó de muros y torres altas, y el rey santo me ganó
con Garci Pérez de Vargas”.
Detalle de la placa
El texto
atribuye a Hércules la fundación de la ciudad, a Julio César la construcción de
sus murallas y a Fernando III su conquista, con la intervención del caballero
Garci Pérez de Vargas. Se trata de una formulación legendaria de los orígenes
de Sevilla, característica de una época en la que la memoria histórica y las
tradiciones míticas se incorporaban a la identidad urbana. La lápida, que
estuvo asociada a la puerta, se conserva actualmente en la calle Maese Rodrigo.
Esquina de Maeso Rodrigo
Durante la Edad Moderna, la plaza fue también escenario de
actividades festivas. En el siglo XVII, los estudiantes del Colegio de Santa
María de Jesús celebraban allí festejos taurinos durante el Carnaval. El lugar
funcionaba así como un espacio de transición entre el interior de la ciudad y
los terrenos exteriores, pero también como un ámbito de reunión y
esparcimiento.
La leyenda de la Virgen de la Antigua
La
Puerta de Jerez está vinculada a una de las tradiciones legendarias más
conocidas de la conquista cristiana de Sevilla: la aparición de la Virgen de la
Antigua a Fernando III (leer mas).
Según
el relato piadoso, durante el asedio de la ciudad, el monarca habría entrado de
incógnito por la Puerta de Jerez, guiado por su devoción mariana. La Virgen de
los Reyes le habría indicado que debía venerar la imagen de la Virgen de la
Antigua, que se encontraba oculta tras un muro de la mezquita mayor. Un ángel
habría conducido al rey hasta el lugar desde el que pudo contemplarla
milagrosamente a través de la pared. Tras la conquista de Sevilla, el monarca
habría ordenado descubrir la imagen.
La tradición relaciona estos acontecimientos con la actual
capilla de la Virgen de la Antigua de la Catedral de Sevilla. El fresco que
preside este espacio, sin embargo, está datado por los investigadores en el
siglo XIV, por lo que es posterior a la conquista cristiana de 1248. La pintura
se encuentra sobre un pilar perteneciente a la antigua mezquita almohade,
elemento arquitectónico que sobrevivió a la construcción de la Catedral. La
leyenda no constituye, por tanto, un testimonio histórico de los hechos
narrados, pero sí refleja la profunda importancia que adquirió la devoción a la
Virgen de la Antigua en la religiosidad sevillana.
Virgen de la Antigua
La transformación del siglo XIX y el derribo de la
puerta
La
desaparición de la antigua entrada se produjo en el contexto de las
transformaciones urbanas que Sevilla experimentó durante el siglo XIX. La
pérdida de su función defensiva, las necesidades de circulación y la progresiva
expansión de la ciudad favorecieron la demolición de las murallas y la apertura
de nuevos espacios públicos.
Entre 1837 y 1843 se desmontaron los torreones que flanqueaban la Puerta de Jerez y se derribaron algunas de las construcciones adosadas a la muralla. En 1846, el arquitecto municipal Balbino Marrón proyectó una profunda reforma que sustituyó la imagen medieval por una composición de carácter neoclásico. La nueva puerta presentaba un amplio vano, flanqueado por columnas, y un remate arquitectónico con friso y cornisa. En su parte central figuraba una lápida, acompañada por dos leones de piedra.
Puerta de un solo arco, que en estilo
neoclásico fue construida en el año de 1846. (ver) (CC BY 3.0)
La
intervención pretendía dotar a la entrada de una apariencia monumental y más
acorde con los criterios estéticos del siglo XIX. Sin embargo, aquella
construcción tuvo una vida breve: en 1864 fue demolida definitivamente. Sus
materiales nobles se destinaron, según la documentación recogida, al cementerio
de San Fernando.
El derribo
supuso la desaparición de uno de los elementos que durante siglos habían
definido la identidad del lugar. Al mismo tiempo, permitió ampliar el espacio y
avanzar hacia una nueva organización de las comunicaciones en el sector
meridional de Sevilla.
La
transformación del entorno estuvo estrechamente ligada a la progresiva
desaparición del arroyo Tagarete. Durante el siglo XVIII, las obras vinculadas
a la Fábrica de Tabacos y a la apertura de la calle San Fernando habían
propiciado la canalización subterránea de parte de su cauce. No obstante, la
eliminación definitiva de los obstáculos que dificultaban la circulación en las
proximidades de la Puerta de Jerez se prolongó durante el siglo XIX. En 1858 se
completaron actuaciones que permitieron cubrir otros tramos del arroyo y suprimir
los puentes que todavía condicionaban el tránsito.
El Tagarete en una
litografía de 1838 de Louis Haghe, sobre un dibujo de George Civian. Destaca en
primer lugar este riachuelo entubado entre 1849 y 1858
Con la
desaparición de la puerta, el cubrimiento del cauce y la demolición de
construcciones próximas, el antiguo acceso comenzó a convertirse en una plaza
propiamente dicha. El proceso, sin embargo, todavía distaba de haber concluido.
La apertura de la plaza moderna y la Exposición
Iberoamericana de 1929
La
configuración actual de la Puerta de Jerez se debe, en buena medida, a las
grandes reformas urbanísticas desarrolladas durante las primeras décadas del
siglo XX. La preparación de la Exposición Iberoamericana de 1929 impulsó la
transformación de amplios sectores de Sevilla, especialmente los situados al
sur del casco histórico, donde se proyectaban nuevos espacios representativos,
vías de comunicación y edificios destinados a recibir a los visitantes.
En
torno a 1920 se demolieron varias manzanas de casas que todavía ocupaban parte
del espacio, junto con buena parte de las antiguas edificaciones vinculadas al
Colegio de Santa María de Jesús. De este conjunto histórico únicamente
subsistió su capilla. La eliminación de estos obstáculos permitió unificar el
antiguo espacio intramuros con el terreno exterior y ampliar considerablemente
la plaza.
En 1929 se
acometió una intervención decisiva mediante el derribo de amplios tramos de
muralla a ambos lados de la antigua puerta y de las casas adosadas a ella. De
este modo se abrió una comunicación más directa entre el centro histórico y los
nuevos espacios urbanos del sur, a través de la actual avenida de la Constitución.
Estas
actuaciones respondían a una concepción moderna de la ciudad, en la que la
supresión de barreras físicas y la creación de grandes perspectivas urbanas se
consideraban fundamentales para facilitar el tráfico y mejorar la imagen
monumental de Sevilla. La Puerta de Jerez dejó así de ser un acceso delimitado
por las antiguas defensas para convertirse en un amplio espacio de circulación
y encuentro.
La plaza
recibió en 1928 el nombre de Virgen de los Reyes, en honor a la patrona de
Sevilla y de su archidiócesis. En 1931 pasó a denominarse plaza de Andalucía,
en consonancia con el sentimiento autonomista de aquel momento. En 1936 adoptó
el nombre de Calvo Sotelo, político fallecido ese mismo año. Finalmente, en
1980 recuperó su denominación tradicional de Puerta de Jerez, nombre que había
permanecido arraigado en la memoria popular.
La Fuente de Hispalis,
la gran protagonista de la plaza
El elemento
artístico más destacado de la plaza es la Fuente de Hispalis (leer mas), también
conocida como Fuente de Sevilla, obra del escultor Manuel Delgado Brackembury,
instalada en 1929, durante la preparación de la Exposición Iberoamericana.
Concebida
como una representación alegórica de la ciudad, la fuente ocupa el centro de la
plaza y constituye uno de los ejemplos más característicos de la escultura
ornamental sevillana de comienzos del siglo XX. Su figura principal es una
mujer entronizada que simboliza a Sevilla, elevada sobre una estructura
decorativa en la que aparecen tortugas y otros elementos de carácter simbólico.
Fuente de Hispalis
La figura
femenina se interpreta como una personificación de la ciudad, una imagen que
enlaza con la tradición clásica de representar los territorios y las
comunidades mediante figuras alegóricas. Por su disposición monumental y su
emplazamiento, la obra actúa como centro visual de la plaza y como referencia
para quienes atraviesan este importante nudo urbano.
En torno a la
figura principal se dispusieron niños con caracolas que arrojaban agua por la
boca. Estos elementos dieron origen al sobrenombre popular de los “meones”, una
denominación que terminó imponiéndose en el lenguaje cotidiano de los
sevillanos. La retirada de las figuras originales, tradicionalmente situada en
1939, aunque algunas referencias la relacionan con una remodelación posterior,
forma parte de los episodios menos esclarecidos de la historia de la fuente.
Los elementos infantiles que hoy se contemplan son reproducciones incorporadas
con posterioridad.
La fuente
tuvo que ser desmontada durante las obras del metro de Sevilla, que alteraron
profundamente el subsuelo de la plaza. En su emplazamiento se abrió una gran
excavación para acceder a las galerías subterráneas del proyecto ferroviario,
cuyas obras quedaron paralizadas durante años. Las imágenes de mediados de la
década de 1980 muestran la magnitud de aquel hueco, que llegó a convertirse en
una de las imágenes más llamativas de la Sevilla de entonces.
La puerta de Jerez sin fuente y con
obras del metro. Colección gráfica de ABC: (ver) (CC BY 3.0)
En los
primeros meses de 1987 comenzaron los trabajos para cubrir la excavación y, en
abril de ese año, se inició la reconstrucción de la fuente. La obra volvió a
ocupar el centro de la plaza, aunque con algunas modificaciones respecto a su
configuración anterior. Su recuperación permitió restablecer uno de los
principales hitos visuales de este espacio urbano.
Los edificios históricos
de la plaza
Aunque
las reformas urbanísticas alteraron de manera radical el tejido histórico de la
Puerta de Jerez, su entorno conserva edificios de gran interés arquitectónico,
representativos de diferentes etapas de la historia de Sevilla.
La capilla de Santa María de Jesús (leer mas)
El
monumento de mayor antigüedad es la capilla de Santa María de Jesús, único
vestigio conservado del antiguo Colegio de Santa María de Jesús, fundado por
Rodrigo Fernández de Santaella a finales del siglo XV. La capilla fue
construida entre 1506 y 1509 y constituye un ejemplo notable del gótico-mudéjar
tardío sevillano.
La demolición
del antiguo colegio durante las reformas del siglo XX hizo desaparecer buena
parte de sus dependencias. La conservación de la capilla constituye, por ello,
un testimonio excepcional de la antigua configuración del lugar.
La Casa Guardiola (leer mas)
Otro
edificio significativo es la Casa Guardiola, vinculada a la arquitectura
residencial sevillana y a las transformaciones de finales del siglo XIX. En el
solar se levantó en 1891 una casa promovida por Andrés Parladé, conde de Aguiar,
sobre terrenos relacionados con la antigua casa del Corzo, perteneciente a los
Vicentelo de Lecca y documentada desde el siglo XVI.
El
edificio actual se asocia a José Espiau y Gómez Otero y se considera
representativo de una interpretación culta de la arquitectura tradicional
sevillana. Su presencia recuerda la importancia que adquirió la construcción de
viviendas señoriales en el entorno de la plaza cuando las antiguas defensas
perdieron su función y la ciudad comenzó a extenderse hacia el sur.
El palacio de Yanduri (Leer mas)
En la esquina
con la calle San Gregorio se encuentra el edificio conocido como palacio de
Yanduri, construido por iniciativa de los marqueses de Yanduri entre 1900 y
1904. Su arquitectura manifiesta influencias francesas y una concepción monumental
propia de las grandes residencias burguesas de comienzos del siglo XX.
Tras el
fallecimiento de sus propietarios, el inmueble pasó a formar parte de la
Fundación Yanduri y albergó un colegio femenino religioso. Durante los primeros
meses de la Guerra Civil española fue utilizado como cuartel general de Franco.
En una etapa posterior, el inmueble pasó a albergar dependencias bancarias.
El entorno
conserva asimismo el recuerdo de Vicente Aleixandre, nacido en Sevilla en 1898
y galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1977. Una placa
conmemorativa recuerda su nacimiento en unas antiguas dependencias ferroviarias
situadas en el solar que posteriormente ocupó el palacio de Yanduri. Conviene
precisar, por tanto, que el poeta no nació en el edificio actual, sino en una
construcción anterior desaparecida.
La arquitectura regionalista y el Hotel Alfonso XIII (Leer mas)
En
las inmediaciones se encuentran otros edificios que reflejan la renovación
arquitectónica de Sevilla durante las primeras décadas del siglo XX. Entre
ellos destaca la casa promovida por Ildefonso Marañón, situada en la esquina
con la calle Almirante Lobo y construida entre 1928 y 1931 por los arquitectos
José y Aurelio Gómez Millán. Su composición neobarroca recupera elementos de la
tradición residencial sevillana y los adapta a las exigencias de la
arquitectura urbana contemporánea.
Junto
a ella se levanta otro inmueble relacionado con Juan de Talavera, arquitecto
fundamental en el desarrollo del regionalismo sevillano.
Sin
embargo, el edificio que proporciona a la plaza una de sus fachadas más
monumentales es el Hotel Alfonso XIII, proyectado por José Espiau y Muñoz y
construido con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929.
Un espacio de comunicación y vida urbana
La
Puerta de Jerez ha desempeñado históricamente una función esencial en las
comunicaciones de Sevilla. Durante siglos fue la salida hacia el sur y el
camino natural hacia Jerez de la Frontera. Más tarde, con la apertura de la
calle San Fernando y el desarrollo de los espacios situados más allá de las
murallas, se convirtió en un punto de paso hacia el Prado de San Sebastián y la
estación ferroviaria.
Por este
sector transitaban viajeros, mercancías, comitivas oficiales y tropas. También
formaba parte del recorrido de los duques de Montpensier cuando se desplazaban
desde el cercano palacio de San Telmo hasta la Catedral durante determinadas
festividades. La proximidad de los jardines de Cristina y de los desaparecidos
jardines y teatro de Eslava reforzó, además, su papel como acceso a los
espacios de ocio y expansión de la Sevilla decimonónica.
En la
actualidad, la plaza sigue siendo uno de los principales nudos de circulación
de la ciudad, tanto para peatones como para vehículos y transporte público. Su
pavimento, sus aceras arboladas y sus farolas de fundición contribuyen a
definir la imagen contemporánea del lugar. Su condición de espacio de tránsito
no ha borrado, sin embargo, su dimensión histórica. La capilla de Santa María
de Jesús, los edificios residenciales y el Hotel Alfonso XIII permiten
reconocer las diferentes etapas de su evolución, mientras que la Fuente de
Hispalis actúa como referencia central y elemento de identidad colectiva.
La plaza actual es, en definitiva, el resultado de una profunda transformación: de puerta fortificada y límite meridional de la Sevilla medieval pasó a ser un espacio abierto, adaptado a las necesidades de una ciudad moderna. La desaparición de la antigua entrada y de buena parte de las murallas supuso una pérdida patrimonial irreparable, pero también determinó la configuración de uno de los lugares más reconocibles de Sevilla. La Puerta de Jerez conserva así una doble condición: es un importante centro de comunicaciones y, al mismo tiempo, un espacio en el que permanecen superpuestas las huellas de la ciudad islámica, la Sevilla cristiana, la expansión decimonónica y la renovación urbana vinculada a la Exposición Iberoamericana de 1929.

_(Calotipo)_1850.jpg)








No hay comentarios:
Publicar un comentario